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4.6 Conclusion

5.1.1 Market Timing

La presencia de China en África y América Latina ha activado la competencia económica imperialista entre los dos principales consumidores de petróleo en el mundo: China y Estados Unidos. Según un estudio de la Agencia Internacional de Energía, al año 2013 las inversio nes de las petroleras estatales China involucraban 40 países del mundo (AIE, 2014). En esta carrera por los recursos, que también tiene como escenario Suramérica, se da paso a la re- configuración de la geopolítica de la energía en la región.

Entre 2003 y 2008, China duplico su participación en las importaciones realizadas por los países suramericanos, aumentando de 5,38% para 12,07%, pasando de USD$6,5 billones para USD$54,6 billones. En el mismo periodo las exportaciones brasileñas pasaron de 13,8% para 19,6% y en valores absolutos, de USD$10.140 billones para USD$38.823 billones de dólares. En el caso de los mercados argentinos, la participación china subió de 21,5% a

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30,5%, y lo mismo sucede en Venezuela, donde la participación China subió de 4,4% en 2008 a 11,5% los primeros meses de 2009. La participación China también aumento en las inversiones dirigidas a la región. Hoy América Latina recibe 18% de los recursos del país asiático, segundo después de Asia donde se dirigen el 63% de sus inversiones. (Fiori, 2011:19-20).

Según el informe estadístico de BP (2012), el consumo de petróleo en China paso de los 4.859.000 barriles diarios en 2001 a 9.758.000 barriles diarios en el 2011; el consumo de gas pasó de 27.400 millones de metros cúbicos en el 2001 a 130.700 millones de metros cúbicos en 2011. En el año 2012 china concentro el 11,9% del consumo global de petróleo, detrás solo de Estados Unidos, registrando un aumento en el consumo de petróleo entre el 2010 y el 2011 del 5,5%. Hoy se ubica entre los cinco primeros destinos de las exportaciones de crudo de Venezuela, Brasil y Argentina. En relación al gas natural, también ha registrado un aumento significativo de su consumo, ligado a la progresiva disminución del consumo de carbón. Entre el 2010 y el 2011, la demanda de gas creció el 21,5%, representando en el 2011 en 4,0% del consumo global de gas. No se registran exportaciones de gas de América del Sur a China.

Otro destino importante de los flujos de petróleo y gas es India, que concentra el 4% del consumo mundial de petróleo, creciendo entre el 2010 y 2011 en 3,9%. India ha buscado fortalecer sus relaciones con Venezuela y Brasil, aspirando a co-participar –tal vez en alianza con las grandes NOC chinas- en la explotación del Presal y la Faja del Orinoco. De igual manera, cabe señalar la creciente importancia de Corea del Sur, con un participación del 2,6% en el consumo mundial de petróleo en el año 2011. Ambos países son exportadores netos de crudos, convirtiéndose en mercados de interés para las economías petroleras suramericanas.

La importancia de las reservas de petróleo en Suramérica, concentradas principalmente en Venezuela y Brasil, y en menor medida en Ecuador, Colombia, Perú y Argentina, explican, en parte, el interés de los gigantes asiaticos por ampliar sus inversio nes y firmar acuerdos de largo plazo en la región. Adquieren importancia como financistas de grandes obras de infraestructura, garantizándose a su vez el suministro en condiciones privilegiadas de materias primas. Esta diversificación del destino de las exportaciones

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suramericanas beneficia estos países, apliando el abánico de sus posibles compradores y permitiéndoles en muchos casos renegociar las condiciones de intercambio. Sin embargo el rápido ritmo de endeudamiento ya ha encendido una alerta sobre la existencia de una tendencia hacia una nueva dependencia, a la par que los beneficios relativos de esta diversificación requieren ser re-evaluados.

De igual manera, cabe señalar que la diversificación de los mercados no implica un cuestionamiento al modo de extracción que prevalece y a la concepción del petróleo y el gas como ‘commodities’ cuyo destino es alimentar el proceso de producción en el centro del sistema. Este modelo profundizan la consolidación de estos como territorios de extracción, con todas las consecuencias económicas, sociales y ambientales que esta condición acarrea (Bunker, Cap. 1:24).

Gráfico 4: Estructura de las exportaciones extra/intra regionales de la UNASUR (2010).

Fuente: Elaboración propia a partir de CEPAL, UNASUR, 2011.

La persistencia de esta lógica de visualización se evidencia si revisamos la estructura de las exportaciones de los países de Suramérica, donde se reproduce con China el mismo patrón primario exportador aque aún persiste con los Estados Unidos y en menor medida con la Unión Europea. En esta categoría se incluyen el petróleo y el gas que sale desde la región a estos mercados globales.

0 20 40 60 80 Estados Unidos

Unión Europea China Intrarregional UNASUR 66% 54,9% 59,4% 24,8% 34% 45,1% 40,6% 75,8%

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CAPITULO 3

EL PETRÓLEO Y EL GAS EN LA ORDENACIÓN REGIONAL DEL ESPACIO SURAMERICANO

Desde mediados del siglo pasado los procesos de regionalización que se han experimentado en América Latina han buscado vincular la región a los mercados internaciona les, funcionalizando el espacio a las necesidades de acumulación del capital a nivel global. Esta dinámica también podemos visualizarla en los procesos de regionalización de nuevo tipo, denominados por la academia como post-neoliberales, donde el rol renovado del Estado como motor del proceso marca sus diferencias con la integración promovida por el ALCA y el modelo neoliberal impuesto en los años ’80 en la región.

Las nuevas propuestas de integración como la UNASUR y el ALBA-TCP configura n nuevos liderazgos y evidencian las aspiraciones hegemónicas de los socios regiona les, marcando a su vez divergencias con la hegemonía estadounidense, bajo un marcado liderazgo brasileño y venezolano.

Paralelamente, surge una iniciativa que busca rescatar la esencia del ALCA, denominada Alianza del Pacífico. Esta propuesta se adhiere a los principios de la integrac ió n hemisférica, buscando consolidar a la región como aliado y socio privilegiado de los Estados Unidos, chocando con las aspiraciones brasileñas de consolidar su rol como actor hegemónico en la región a través de la UNASUR y el MERCOSUR ampliado.

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