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MASS Learning

Chapter VI: Minimal Achievable Sufficient Statistic Learning: Addressing

6.3 MASS Learning

Baltasar Gracián y Morales

aforismo 27

Este aforismo de Gracián nos invita a la generosidad, al servicio a los demás y en el caso de los gobernantes o dirigentes a la magnanimidad en el sentido de espí- ritu de servicio, de benevolencia y de optimismo. Tal sugerencia o consejo podría trasladarse claramente a la actualidad en el sentido de que la generosidad y la dis- posición de dar a los demás es quizás la virtud más nece- saria para cualquier empresario, dirigente o político en el momento de lograr una mayor eficiencia y éxito en los negocios o en la consecución del bien común. La disposición a la generosidad y al bien común, a con- quistar el afecto y a promover la amistad de los demás así como las buenas relaciones con las personas que componen tu entorno, tanto personal como profesional, desde ambas partes, la del compañero y la del dirigen- te, constituyen un claro signo de inteligencia por parte del que lo promueve y lo cultiva. Me refiero a la gene- rosidad de las personas que son capaces de promover y realizar acciones que producen beneficios no solo en uno mismo sino en las personas a las que gobierna o con las que trabaja y le rodean. A las personas y dirigen- tes que son capaces de generar o transformar un entor- no en el que todos sus componentes salen beneficiados y contribuyen al beneficio de los demás y donde todos sus miembros pueden desarrollan sus capacidades y

aforismo 32

V I V E S I E M P R E E N D I S P O S I C I Ó N

D E D A R A L O S D E M Á S

Q

uien gobierna gana gran crédito si da, si hace

el bien. Es la elegante manera del soberano con- quistar el afecto de todos. El principal privilegio del gobernante es poder hacer el bien más que todos. Estos actos hacen amistades. Al contrario, están otros que mandan, y que están empecinados en contrariar, en no complacer gustos, no tanto por tener dificultades para dar, sino sobre todo por hacer la maldad de no ayudar, pues están opuestos a la divina bondad.

se busca y consigue el bien común y el beneficio de todos sus componentes. En general, la inteligencia debería ser la principal virtud que orienta la vida práctica y profe- sional de cualquier persona, del hombre público y del político que toma decisiones, normalmente difíciles, en un estricto marco ético y con resultados satisfactorios para la comunidad que dirige.

En realidad si la estupidez llega al poder y gobierna, el daño que produce se amplifica enorme- mente al influir negativamente sobre países, sociedades y comunida-

des enteras. El potencial de daño que puede pro- ducir la estupidez de una persona depende de la posición de poder o de autoridad que ocupe en la sociedad. La proporción más peligrosa de estú- pidos son aquellos cuya capacidad de hacer daño al prójimo se ve potenciada o amplificada por su posición jerárquica en la escala de poder o gobier- no social, económico o político. El problema es que mientras podemos entender los comporta- mientos de los malvados o incluso de los incau- tos resulta imposible entender el comportamien- to de los estúpidos.

El aforismo de Gracián también nos advierte que el principal privilegio del gobernante o respon- sable inteligente es poder hacer el bien más que todos, pero, de igual modo, el gobernante o res- ponsable estúpido tiene la capacidad de hacer el mayor de los daños entre los subordinados o com- pañeros de grupo. Podríamos entonces, hablar del poder devastador de la estupidez. Los estúpidos suelen confundir mandar con gobernar. Así pues, teniendo en cuenta por una parte la necesidad de promover y cultivar la inte- ligencia en el sentido detallado anteriormen- te y por otra parte teniendo en cuenta que la universidad es el entorno adecuado para su cultivo y desarrollo, aunque obviamente, no

de que la universidad y los centros de educación y for- mación sean efectivamente entornos creativos e inte- ligentes.

Como rector de la Universidad Autónoma de Madrid, institución dedicada a la Educación superior, me sien- to responsable de cuidar y conseguir que la formación que reciben nuestros estudiantes como futuros profe- sionales, dirigentes y gobernantes, que alcanzan pues- tos de gran responsabilidad social, económica y políti- ca, se desarrolle en el marco de una institución donde se cultiva el conocimiento, la inteligencia y la creativi- dad junto con otros muchos valores éticos estrechamen- te relacionados con la inteligencia.

No hay duda de que en la evolución de una sociedad o país, los individuos con talento son un factor clave para su desarrollo pleno. En la nueva sociedad del conoci- miento, los países y las instituciones de enseñanza superior compiten en la captación de talento, inteligen- cia y creatividad como elemento de distinción y com-

petitividad.

Las personas inteligentes y con talento se distinguen por ser críticos, participati- vos, por la claridad de sus exposiciones, están acostumbrados a resolver problemas, a distinguir entre lo principal y lo secundario, a tolerar y respetar otra opi- nión, a no estar en posesión de la verdad. El talento, se encuentra en aquellos que muestran curiosidad, dis- posición, que preguntan continuamente porqué. En general, la inteligencia y el talento buscan entornos, donde ya existe y donde puede desarrollarse. La socie- dad innovadora y competitiva globalmente formará a sus ciudadanos en la independencia de criterio, en la iniciativa, en la búsqueda de rutas alternativas e inno- vadoras.

Sin embargo, no siempre es así y muchas sociedades prefieren estudiantes sumisos, disciplinados, dispues- tos a hacer lo que se les dice, a seguir sin discusión las enseñanzas del maestro, etc. atendiendo a requerimientos de sociedades basadas en ciu-

dadanos dóciles y sumisos.

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