4.5 Conclusion
5.6.5 Master to Slave: Wrong Data Package Message
n La variable edad, con una media de 38,3 años, muestra un incremento progresivo en los úl- timos años. Destaca que la mayor parte de la muestra se encuentra entre los 28 y los 47 años (68,8%), período que coincide con el de máxima ocupación de la población activa en general.
n En cuanto al promedio de edad de la muestra y la relación de dicha variable con la edad media global de inicio del consumo, podemos afirmar que el inicio del tratamiento se demora casi 20 años desde que se comienza a consumir la sustancia que motiva el tratamiento, siendo la cantidad de años aún mayor cuando se trata del alcohol como sustancia principal de demanda de tratamiento.
n Atendiendo a la distribución por sexos (83,9% hombres y 16,1% de mujeres), la mujer se incor- pora progresivamente a los programas de trata- miento de Proyecto Hombre en mayor propor- ción respecto a años anteriores (13,8% en 2012), si bien la diferencia respecto al porcentaje de hombres sigue siendo muy amplia.
n Respecto a la forma de convivencia, existe un amplio abanico de situaciones: un 25,2% convi- ve con sus padres; un 23,1% con pareja e hijos; un 14,3% vive en solitario; o un 3,5% vive en un entorno protegido.
n Cabe señalar que mientras únicamente un 1,1% de los hombres vive solo con sus hijos, esta si- tuación se da en el 9,8% de las mujeres. Este podría ser un factor clave a la hora de disponer de mayor o menor facilidad para incorporarse a los programas de tratamiento, tanto de carácter residencial como ambulatorio.
n Por otra parte, teniendo en cuenta que se trata de una mayoría de población adulta (un 86,1% tienen más de 27 años de edad), destaca el perfil de personas que mayoritariamente vive sin pa- reja (un 60%), ya que solo un 23% convivía con su pareja e hijos y otro 17% únicamente con su pareja. Esto coincide tanto con la tendencia que se viene manteniendo en años anteriores, como con los datos publicados en otros informes so- bre adicciones (Observatorio Español de la Droga
y las Toxicomanías 2015). Tal situación obedecería
a las grandes y complejas dificultades que esta población presenta en cuanto a sus relaciones interpersonales y fundamentalmente a la hora de mantener relaciones estables.
n En este sentido, los datos son coherentes con el hecho de que las relaciones con la pareja sean la principal fuente de problemas serios, tanto por lo que se refiere al último mes (32%) como a lo largo de la vida (65%). Estos datos refuerzan la idea de que las personas con problemas de adicciones presentan relaciones conflictivas en diferentes ámbitos; en cualquier caso, esa falta de estabilidad en las relaciones afectivas no es un problema puntual y pasajero sino que suele ser un patrón relacional que los acompaña a lo largo de la mayor parte de su vida. Y es que casi la mitad de los casos analizados no ha tenido relaciones estables, próximas y duraderas, con las figuras de apego más importantes a lo largo de su vida.
n La información recogida en los EuropASI, con- firma que la exposición a experiencias traumá- ticas de abusos, en general en la infancia y la vida adulta, es muy superior entre las mujeres que acuden a tratamiento a nuestros centros que entre los hombres. Así, entre las mujeres, la prevalencia de haber sufrido alguna vez en la vida abusos emocionales sería del 48,9%, de un 27,5% de abusos físicos, y de un 7,8% de abusos sexuales. Unos registros que en el caso de los hombres son sensiblemente inferiores (16,4%, 4,3% y 0,6%, respectivamente).
n En el mismo sentido, al hablar de dificultades relacionales, destaca el relativamente eleva- do porcentaje de personas que carece de ami- gos íntimos (29,6%) o tan solo cuenta con uno (17,2%). Se trata de otro indicador que señala la debilidad -cuando no la inexistencia- de la red sociofamiliar de apoyo para un porcentaje signi- ficativo de las personas que inician tratamiento. Esta variable reafirma el protagonismo que tan- to la familia como un entorno social adecuado adquieren como factor de protección ante las adicciones.
n En conjunto, las personas atendidas en Proyec- to Hombre presentan un importante déficit en formación académica. A pesar de que un 9,3% cuenta con estudios universitarios, un 67% no dispone de estudios o no ha ido más allá de pri- maria, sin que existan diferencias significativas entre hombres y mujeres.
n En contrapunto a este bajo nivel formativo, nos encontramos con un perfil mayoritariamente normalizado desde el punto de vista laboral. Así, un 72,5% de personas que acceden a trata- miento habrían estado trabajando como situa- ción más habitual en los tres años anteriores
al ingreso (54,7% a tiempo completo y 17,8% a tiempo parcial). Sin embargo, las mujeres pre- sentarían comparativamente una mayor inciden- cia de desempleo (28,2%) y de empleo a tiempo parcial (25,5%) que los hombres (16,3% y 16,1%, respectivamente).
n En relación al tipo de empleo y de categoría profesional, encontramos una representación de toda la escala sociolaboral: empresarios y direc- tivos, personal técnico altamente cualificado y también, en el extremo opuesto, trabajadores no cualificados e incluso personas que nunca han desarrollado una actividad laboral. No obstante, la mayor concentración (80%) se da entre perso- nal administrativo y de servicios y personal de la industria y la construcción.
n A pesar de este perfil profesional “normalizado”, en el momento del ingreso solo un 39,2% ha- bría recibido ingresos por empleo en los 30 días anteriores al ingreso. Esta diferencia entre la si- tuación predominante en los 3 años anteriores
respecto a la inmediatamente anterior al ingreso muestra una evolución negativa en la empleabi- lidad de las personas de la que no puede desvin- cularse el propio proceso adictivo.
n Ligado a lo anterior, debe remarcarse la depen- dencia económica de la red primaria de apoyo: más de 4 de cada 10 entrevistados (un 41%) in- forma que su soporte económico es la red pri- maria de apoyo (familia, amigos...).
n Considerando los aspectos anteriormente men- cionados no sorprende que dos de cada tres per- sonas declaren tener deudas (la media no sobre- pasa la cifra de 900 euros).
n En conjunto, y en relación al ámbito sociolaboral de las personas atendidas en Proyecto Hombre, puede afirmarse que estas comparten en un mayor o menor grado de incidencia idénticas problemáticas con otros colectivos vulnerables: bajo nivel de formación; desempleo; deterioros en los procesos vitales, relacionales y sociales; problemas legales y dependencia económica.