Sensor data on cow activity, rumination, and ear temperature improve prediction of the start of calving in dairy cows.
MATERIAL AND METHODS
La corriente de la dependencia como un todo tiene, entre uno de sus mayores aportes, la inquietud de pensar América Latina buscando la especificidad de la región en el capitalismo mundial. Esta visión no explica las características de Latinoamérica planteando que las condiciones de vida de la región son un ‘resabio’ de modos de producción del pasado, ni tampoco sostiene que el subdesarrollo se debe a la persistencia de estructuras ‘tradicionales’ en un contexto mundial de modernización. Por lo tanto, el subdesarrollo y las peores condiciones de vida de la población no son explicados por una ‘ausencia’ de capitalismo, sino que son interpretados como la forma específica que toma el capital en la región.
La corriente de la dependencia nació en diálogo con los desarrollos del estructuralismo latinoamericano y, en el caso de su vertiente marxista, en clara polémica con éste. Tomando a esta corriente en su conjunto, puede decirse que el pensamiento dependentista superó las reminiscencias de las teorías económicas ortodoxas que se encontraban en el pensamiento de Prebisch, quien creía que el ahorro nacional podría llevar a un proceso de capitalización y desarrollo. En cambio, las primeras elaboraciones de Cardoso y la vertiente marxista de la dependencia afirmaban que la capitalización por medio del ahorro nacional era insuficiente debido a los obstáculos (ya sea económicos o políticos) constituyentes de la dependencia. También tenían en común el rechazo total al paradigma de la modernidad, ya que ambos entendían que la dependencia es una forma específica del desenvolvimiento del capitalismo en la región, y no una etapa en el tránsito de estas sociedades hacia estadios modernos.
Pero a pesar de estos puntos en común, las dos vertientes tenían diferencias en torno a dimensiones claves para entender la dependencia. El principal punto de divergencia tenía claras consecuencias políticas y tal vez por ello fue el tema más debatido por esta corriente del pensamiento. El enfoque de Cardoso y la teoría de Marini polemizaban sobre la posibilidad para los países latinoamericanos de superar los obstáculos al desarrollo en el marco del capitalismo. Para el primero, éstos podían ser superados a partir de medidas políticas reformistas y/o la asociación al capital extranjero, mientras que para la vertiente marxista los obstáculos al desarrollo eran imposibles de superar sino era mediante un cambio revolucionario del modo de producción.
Por su parte, los autores que analizamos en este capítulo tienen una diferencia en otro punto que tal vez no es central para sus teorías, y que por ello no fue objeto central de controversias, pero sí lo será para nuestra propuesta interpretativa que presentaremos en el capítulo X. Se trata de la explicación del origen de la especificidad latinoamericana en términos históricos, es decir, de cómo
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se entiende el surgimiento de espacios nacionales con determinadas características. Cardoso argumentaba que los países de lo que hoy en día es Latinoamérica existían previamente como colonias, y que el desarrollo que habían tenido durante la época colonial, junto con las alianzas de clases que se produjeron durante la independencia, explican conjuntamente las diferencias específicas entre las distintas naciones de la región. A diferencia de esta explicación, Marini ubicaba el origen de la especificidad latinoamericana (a nuestro entender, de manera acertada) en el proceso incipientemente capitalista de expansión mercantilista desde Europa en el Siglo XVI. A su vez, también pensaba que esta especificidad, que él caracterizaba como ‘de dependencia’, había cambiado drásticamente con el proceso de desarrollo del capital industrial inglés a fines del Siglo XIX. Para Marini, la configuración del rol de América Latina en la división internacional del trabajo se había dado como resultado del proceso de producción de plusvalía relativa en Europa, y había determinado que la acumulación de capital en la región girara en torno a la extracción de plusvalor absoluto.
Con respecto a las ideas de Marini en particular, entendemos que el autor presentó un interesante abordaje sobre las formas específicas que toma la explotación del trabajo en América Latina. La evolución del capitalismo en muchos países latinoamericanos corroboró una de las principales tesis de su teoría: la venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor. Con este planteo, Marini supo dar cuenta del diferencial existente entre la cantidad de mercancías que se podían adquirir con un salario medio de un país central y lo que se conseguía con los salarios de la periferia, así como también de la devastación que esto genera en la fuerza de trabajo de América Latina. Pero, una vez marcada esta coincidencia con el planteo de Marini, vale la pena hacernos la siguiente pregunta: ¿es la venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor un condicionamiento para el menor desarrollo de las fuerzas productivas en los países atrasados o, por el contrario, ésta es una de las vías de compensación que tiene el capital para sobrevivir sin desarrollarse productivamente? ¿La superexplotación afecta a toda la clase trabajadora por igual o lo hace de manera diferenciada según las distintas porciones de la fuerza de trabajo?
Para Marini, el relativo estancamiento del capitalismo periférico está estrechamente relacionado con la superexplotación y con la generación de un ciclo de capital dependiente, ya que los bajos salarios determinan la existencia de un mercado interno débil para absorber la producción nacional. De la revisión que hicimos sobre los debates más recientes entre los pensadores de la dependencia, concluimos en que Marini se equivocó al considerar que los esquemas de reproducción del capital deberían realizarse por completo en el mercado interno, cuando en realidad la exportación puede formar parte de dicha reproducción. Si se analizan los casos más contemporáneos de
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industrialización asiática, donde los bajos costos de la mano de obra y la superexplotación fueron esenciales para apuntalar al capital industrial, deberíamos desechar la relación entre bajos salarios y atraso productivo, siendo la realización de mercancías en el mercado mundial un componente central para explicar ese crecimiento.
Como quedará reflejado más adelante en esta tesis, resulta difícil establecer una causalidad desde la venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor hacia el atraso productivo de los países latinoamericanos. Por el contrario, los capitales productivamente atrasados que operan en la región pueden sobrevivir en la competencia gracias a que se pagan salarios más bajos. Por lo tanto, la sobreexplotación, lejos de ser una traba a la acumulación a escala ampliada, debería ser leída como una compensación al capital que opera en la región. La vinculación que existe según Marini entre la superexplotación y el menor desarrollo de las fuerzas productivas dentro de un país es uno de los principales problemas de su teoría, al cual nos referiremos más adelante en el capítulo X. El pensamiento dependentista está lejos de agotarse en las perspectivas que analizamos en este capítulo. Sin embargo, la revisión del enfoque de Cardoso, la teoría de Marini, el debate entre ellos y las discusiones sobre la actualidad de la teoría marinista, nos han permitido un interesante ejercicio de reflexión sobre teorías y conceptualizaciones en torno a las particularidades del capitalismo latinoamericano. Si bien no hemos abordado autores que intentaran explicar la diferenciación de la fuerza de trabajo, este recorrido sí nos permitió reflexionar sobre las formas específicas que toma la explotación del trabajo en la región. No obstante, algunos autores dependentistas abordaron el fenómeno de la diferenciación, entendiéndola como un proceso de marginalización de ciertos grupos sociales. Debido a la densidad teórica propia del tema y la entidad que tuvo la problemática en sí misma dentro del pensamiento latinoamericano, analizaremos en capítulo aparte a los estudios sobre la marginalidad.
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