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2.7 Materials and Method Dose Range Determination

Mc/02/01-12 Mt/09/01-08 Lc/05/17-26 Una llave para entrar

Es un episodio que documenta cómo la curación producida por Cristo es «completa», y no afecta solamente al cuerpo.

Antes de pasar al comentario detallado, quisiera subrayar algunos elementos característicos. Una clave modesta para entrar en la comprensión del texto.

1. Ver. Cristo ve la fe de los que traían al paralítico, ve el mal más profundo del hombre, y ve los pensamientos de los escribas. Se diría que Cristo, antes de actuar, se decide a la lectura de lo que está escondido y no aparece al exterior. Aquí, antes de nada, «descubre».

2. Impedimento. No es sólo la enfermedad -corporal y espiritual- lo que impide al pobre hombre caminar. Está la multitud que no le deja llegar, sostenido por los que le llevan ante Jesús. Y también están los razonamientos de los escribas que ponen obstáculos al perdón. Los que le llevan buscan un rodeo al impedimento... desde lo alto. Cristo se libera de las objeciones de los enemigos realizando el milagro de la curación, que debería remover el impedimento de su ceguera.

Al final sólo el paralítico es el que se beneficia de la remoción de los obstáculos. «A la vista de todos» (v. 12) levanta su camilla y se va de allí. La multitud, que antes le negaba la entrada, y los escribas, que pretendían bloquear la acción benéfica de Jesús, no logran ya impedirle el paso.

3. Los camilleros. Probablemente son parientes. Pero no se limitan a transportar al enfermo, llevan también la fe necesaria para el milagro. Al final, el paralítico estará en disposición de llevar su miserable camastro.

El contacto de Cristo permite al hombre recuperar la capacidad de caminar. Solamente Cristo puede llevar los pecados de los hombres. Ciertos pesos podemos compartirlos con otros. El peso del pecado, no. Únicamente él se lo puede echar encima, para aligerar nuestro peso.

La narración

Se desarrolla siguiendo el esquema acostumbrado: - presentación de la situación

- motivación del milagro (aquí es la fe de los que le llevan, y en otras partes es la compasión de Cristo, etc.),

- palabra eficaz,

- descripción del efecto que causa en el enfermo

La casa (v. 1) verosímilmente es la de Pedro. Si tiene patio podremos ver a la multitud apiñada en él, de lo contrario, en la calle.

Está el hecho de que el gentío impide a los camilleros alcanzar la entrada, y entonces adoptan una estrategia original, y también un tanto indiscreta (quién sabe cómo lo tomarían

los propietarios de la vivienda...). Se sirven seguramente de una escalera exterior para llegar al tejado.

Teniendo presente la estructura de las casas palestinas, especialmente de las que dan al lago, podemos reconstruir la operación. En primer lugar remueven una zona de fango seco (que, por otra parte, debe arreglarse siempre después de las lluvias). Después levantan el empalizado hecho de cañas y ramas en el espacio que está entre el muro y la primera de las vigas encargadas de sostener la armadura formada de tierra-ramas-cañas. A través del hueco logrado así, dejan caer la camilla hasta los pies de Jesús.

Del enfermo no sabemos nada, sino que era pobre. Lo deducimos de la palabra usada por Mc para definir su lecho: krabattos (de donde viene la palabra latina grabatus), camastro. Era la cama de la gente pobre.

Los cuatro desempeñan una función de mediadores. Existe, quizás, un parangón con los cuatro que en la misma casa, con ocasión de la curación de la suegra de Pedro, «le hablan de ella» (1, 30). Estos no hablan. El estado de aquel pobre hombre puede suplir cualquier tipo de recomendación.

Y después Jesús «ve». De hecho «viendo la fe de ellos» (v. 5)... La fe es siempre la

única condición exigida por Jesús para su intervención, el presupuesto indispensable para el milagro.

Aquí la novedad está en que la fe viene prestada, no tanto por el mismo interesado, cuanto por otros que haces sus veces. O, quizás, es la fe de todos: de los que le llevan y del "llevado", lo que hace posible el milagro.

Piensen lo que quieran algunos comentaristas, al enfermo no le debe haber sorprendido la declaración de Jesús: "tus pecados te son perdonados" (v.5). Estaba

bastante generalizada la mentalidad según la cual la enfermedad se tenía por un castigo del pecado. En algunos salmos se invoca el perdón de las culpas como presupuesto para obtener la curación. Se trataba de remover la causa.

Son significativos estos dos textos rabínicos citados por Lagrange: "No hay muerte sin pecado, ni sufrimientos sin culpas". "El enfermo no se librará de su enfermedad hasta que Dios no le haya perdonado sus pecados".

No es que Jesús establezca o legitime una relación de causa y efecto entre pecado y enfermedad. Simplemente aprovecha una ocasión, en la que la enfermedad física es la consecuencia, o al menos la señal, de un mal más profundo que golpea al hombre. Enfermedad y pecado forman parte de la desventura humana.

"No quiere decir que este paralítico fuera particularmente

pecador: en él es solamente evidente de un modo especial la separación del hombre de Dios y la raíz de todo sufrimiento en esta separación" (·Schweizer-E).

Por lo que perdón y curación forman parte de una única empresa de liberación, a través de la cual Cristo "se revela Señor de un mundo nuevo, en el que será reintegrado el hombre total, alma y cuerpo" (G. Dehn).

Entran en escena los escribas

«...Estaban allí sentados algunos escribas..." (v. 6). Mc, como es su costumbre, no lo ha dicho antes. No describe estáticamente. Presenta a las personas según van entrando en acción. Los escribas ocupan un puesto relevante en su evangelio. Más que los fariseos, éstos

son los verdaderos adversarios de Jesús. En su famoso capítulo sobre "Las antipatías manifestadas por el evangelista», E. Trocmé ilustra los motivos de la "llamativa hostilidad" de Mc hacia estos intelectuales. Se daría en él un asomo de espíritu autonomista dirigido contra su centralismo religioso. Además no es casual el hecho de que el evangelista, a excepción de un caso (12, 32-33), no ponga jamás en sus labios una cita bíblica. Lo que resulta tanto más escandaloso cuanto que se trata, además de teólogos, de intérpretes oficiales de la Escritura.

"Al contrario, Mc encuentra un placer malicioso citando textos que contradicen y

deshacen las opiniones de los escribas (7, 6-7; 7, 10; 9, 12; 12, 36). Lo que éstos oponen a Jesús es su tradición casuística (7, 5), sus nociones mesiánicas (9, 11; 12, 35), su

concepto del honor de Dios (2, 6-7; 3, 22; 14, 64). En suma, se trata de un pensamiento teológico al que Mc reprocha el haberse desentendido de la Escritura que debía ser precisamente, en principio, su fundamento".

Quizás en la postura de Mc es posible adivinar un cierto antiintelectualismo, cuyo blanco, probablemente, no estaba formado sólo por los escribas...

De todos modos, aquí es Jesús quien les provoca, lee sus pensamientos, y querría hacérselos decir. "¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?" (v. 7). Algunos traducen: "sino uno,

Dios". O también: «excepto el único Dios». En este último caso, el texto podría sonar así: «¿Quién, sino el único, puede perdonar los pecados?».

Su razonamiento, deducido de la teología que conocen, es impecable. Es verdad,

solamente Dios puede perdonar los pecados. Sólo él puede derribar el muro de separación construido por la culpa del hombre.

La conclusión, sin embargo, resulta precipitada: «Está blasfemando» (v. 6). ¿Y si, por casualidad...? Pero los escribas pertenecen a una raza que se nutre de certezas consolidadas; ninguna

duda, aunque sea tímida, ninguna sospecha, aunque cauta, roza lo más mínimo su armadura de protección.

Los «¿y si...?» rebotan y van lejos. Estos, metidos en su armadura, no advierten ni siquiera el golpe. De todos modos se han dado cuenta muy bien de que la expresión de Cristo no es una

simple declaración de que los pecados han sido perdonados, sino que ha sido un perdón verdadero otorgado por él allí mismo, en aquel momento.

Jesús, después de haber hecho patente su mal profundo al paralítico, ahora descubre los razonamientos de los escribas. Y les desafía: «¿Qué es más fácil, decir... o decirle...?» (v. 9). Queda claro: la facilidad no está en el hacer sino en el decir.

Evidentemente es más difícil perdonar los pecados que curar.

Pero aquí se invierte el orden en relación al decir. En el sentido de que el perdón no

puede ser verificado, constatado. Entonces es fácil decir, dado que no existe una contraprueba. Jesús, pues, bajando al terreno de los adversarios, no tiene miedo de exponerse al

fracaso, y ofrece la prueba indiscutible, controlable, la prueba de los hechos, poniendo de pie al paralítico.

Y deja que saquen las conclusiones.

«La curación es un signo de que los pecados han sido efectivamente perdonados. El problema doctrinal de la blasfemia es ignorado» (Taylor).

En esta narración aparece por vez primera el titulo «hijo del hombre» (v. 10). Volveremos más adelante sobre el significado de esta autodefinición (1).

El motivo puede ser el aducido por Lagrange: «Jesús no ha elegido un título mesiánico corriente, porque no quería dar a entender que era el Mesías como lo esperaban entonces». "Se pasmaron todos y dieron gloria a Dios..." (v. 12).

¿Todos?

Y. sin embargo, Mc habla de todos.

Faltan los escribas, ellos se sustraen a la maravilla, pero... el total no cambia. Quedan «todos», igualmente.

Estén presentes o ausentes los personajes influyentes, nada cambia. La celebración se desarrolla lo mismo, regularmente. ¡Y están todos!

(Quién sabe si Mc no ha dado a posta este certificado de "irrelevancia" a las personas que "cuentan"...).

PROVOCACIONES: AUTOSUFICIENCIA:

Para saber quiénes eran los escribas no necesito leer las meticulosas descripciones que hacen de ellos los estudiosos del ambiente palestino .

Basta con que me mire al espejo.

Yo sé todo acerca de ellos, porque pertenezco a su especie. Los conozco bien, porque soy de su raza.

Estoy en disposición, por eso, de ofrecer los elementos para reconocerlos.

Uno, sobre todo. Simplicísimo. Existe un sistema seguro para definir al escriba: es alguien que no se deja desmantelar el tejado.

Su casa está a rebosar de gente. Llena, saturada. Pero también ordenada.

Cada cosa está bien puesta en su sitio. Hay de todo allá dentro. No hay espacio para más. No entra ya nada.

No entra el evento, lo imprevisto.

Se niega la entrada a lo inesperado. También porque el escriba no espera nada. El escriba es lo opuesto al hombre de deseos. Ha planificado la esperanza, cortado las alas a la fantasía, abolido el riesgo, excomulgado la duda, enjaulado el espíritu.

Su casa está vigilada por el cordón protector de las fuerzas del orden, gobernadas por el miedo, que cortan el paso, siendo ariscos con quien no está en disposición de presentar las credenciales de una vieja amistad, o de lo «ya visto».

El escriba acepta aprender únicamente lo que ya sabe. Personalmente se ha hecho vacunar contra lo nuevo.

No logra imaginar otra cosa, a no ser que sea copia bastante conforme con su modelos. Sus razonamientos corren sin tropiezos a través de los mecanismos de una lógica perfecta, construida a posta para obtener siempre el resultado apetecido.

Es un hombre de pocos principios, bien sólidos. Uno, sobre todo: la verdad está de mi parte. Lucha contra la tentación. Se ha especializado en sofocarla apenas nace una, muy

peligrosa: la que le insinúa que podría incluso no tener razón.

Ha entendido que, permitiéndolas crecer, él estaría desahuciado. El antídoto contra esa tentación lo ha encontrado sin fatiga: basta pensar que los otros no tienen razón. Muy simple. Sobre todo, es intransigente en lo que se refiere a los hechos. El sabe cómo hay que

tomarlos. Los obliga a entrar en sus esquemas, en sus métodos ya predispuestos. Y qué atentos están a no dejarse cuestionar por los eventos. Por el contrario, se necesita obligarlos a tener un lugar en las preconcebidas casillas mentales.

El escriba no logra escuchar la voz de los hechos. porque con trasplantes de experiencia, exigidos expresamente, neutraliza su carga provocadora y les hace decir lo que quiere. Les conduce, dóciles, hacia las jaulas ya preparadas.

El escriba no es un tipo que salga fuera, a la intemperie.

Como mucho, tiende a meter todo en su saber, en su posesión intelectual, en su sistema de vida. El está acostumbrado a hacer las preguntas a los otros.

completo, definitivo.

Mantiene la inquietud a distancia, exorcizada. No. El no se deja descubrir el tejado.

A su casa se entra por donde se debe entrar. Y allí nos hace anunciar. Y allí nos somete

al control minucioso de los documentos para prevenirse de las sorpresas, y de lo no programado. Lo grave es que el escriba tiene como tarea propia la de preparar a los demás para

acoger el evento. Y cuando éste llega, él está allí, sentado (v. 6), rumiando tácticas para combatirlo. Y así termina defraudando a los hombres precisamente en aquello, hacia lo que tiene la obligación y la pretensión de llevarles.

No pasa por su mente el pensamiento de que la salvación llega siempre por otra parte. Que la maldición de una casa depende de que dentro hay de todo y no hay necesidad de más.

Que el techo descubierto no es un elemento de desorden sino de acogida, signo festivo de lo inesperado.

Que en aquella casa el elemento de desorden es precisamente él... Que Cristo está, necesariamente, fuera de programa.

CONFRONTACIONES

Las personas religiosas son las que han llevado a Jesús a la muerte

Las personas religiosas son las que han llevado a Jesús a la muerte; precisamente, pues, las personas, que deberían haber sido sus seguidores más decididos y más devotos. El que anuncia los caminos de Dios es odiado y perseguido por quienes, de su parte, no se habían cansado de enseñar los caminos de Dios... El, el verdadero cumplidor de las promesas y de las profecías de la antigua alianza, se convierte en la víctima de aquellos que no habían cesado de presentarse como intérpretes elegidos de estas promesas y de estos testimonios. También en la vida de Jesús encontramos la ley común a todas las luchas religiosas: la última, la más amarga y la más grave crisis no se produce allí donde la religión se contrapone a la incredulidad y al escepticismo, sino donde rige la regla: contra la religión, en nombre de la religión (G. Dehn, o. c.)

...

1) Traducción del arameo bar nasha, que significa, simplemente. hombre. (·PRONZATO-3/1.Págs. 111-117)

LA VOCACIÓN DE LEVI