La crisis que protagonizaron los argentinos de diferentes clases sociales en diciembre de 2001 fue más que la respuesta social a circunstancias puntuales – como el “corralito” bancario – la detonación de un explosivo doméstico preparado cuidadosamente durante los ´90 por la dirigencia política nacional, bajo la presión ejercida por el capital internacional, como se mostró arriba.
El periodo analizado muestra la población sometida al ajuste y resignada a que el panorama que avizoraba en un horizonte cercano era poco alentador, oscuro y sin alternativas políticas o económicas. La desesperanza e incertidumbre sobre perspectivas futuras y no sólo el miedo sobre la base de la experiencia del pasado reciente aparecen entonces como los contenidos de una elaboración subjetiva que hizo la población que estalló en protestas.
127
El grupo de investigadores pertenece al Centro Cultural de la Cooperación – Dpto. de Ciencias Sociales, Area de Investigación. Coordinado por Angel Petriella. En Fajn, Gabriel (coord.) (2004) Op. Cit. Pág. 88
La protesta sólo fue un emergente público y visible de otro proceso subterráneo que la antecedió y tuvo larga continuidad. Ya antes del estallido los sujetos comenzaron a accionar colectivamente sus recursos para resolver por cuenta propia las situaciones que estaban a su alcance, tomando medidas, improvisando soluciones sin delegar protagonismo ni esperar remedios institucionales que hasta el momento no había atendido sus intereses.
Los clubes de trueque que comenzaron en 1995 plantearon una solución doméstica al intercambio del mercado cuando se autodefinieron como una red de economía alternativa a la economía formal, con una organización autónoma para resolver problemas cuya resolución a través de las instituciones estatales, sindicales y mercantiles no parecía viable. Muchos rescatan la “contracultura” generada en estos espacios, que otorgó especial importancia a la colaboración mutua y el trabajo colectivo en vez de la competencia feroz y el individualismo. (Palomino, Héctor; 2005; 420)
Las empresas tomadas por los trabajadores comparten con las asambleas barriales los procedimientos utilizados para actuar, ya que las decisiones colectivamente tomadas fueron los modos de ir definiendo el rumbo de cada caso. Tienen en común con los clubes del trueque una crítica tácita al intercambio propuesto por el mercado formal, pero no ya como propietarios de productos para cambiar según su valor de uso y su valor de cambio, sino como propietarios de la fuerza de trabajo.
Las apropiaciones se produjeron básicamente para preservar los medios de vida de sus miembros ante la urgencia del hambre y junto con ello se creó el ambiente ideológico propicio para promover las interacciones discursivas que viabilicen discusiones sobre el derecho al trabajo, para reencontrar las capacidades de trabajo propias – atesoradas o por obtener – y para aprender otras formas de relaciones sociales laborales y de propiedad posibles.
Esto indujo indirectamente un cuestionamiento a la forma de propiedad privada basada en el trabajo asalariado que, aunque en principio no fue ideológicamente elaborado ni premeditadamente articulada, conformó la crítica más certera a uno de los pilares que sostenía el Consenso de Washington, honrado largamente durante los ´90: el resguardo del derecho de propiedad privada.
La forma dominante de propiedad privada asalariada en el capitalismo fue puesta en tela de juicio y aunque no hubo en todos los trabajadores convicciones ideológicas previas, en los hechos tomaron las riendas de la empresa, se adueñaron de los medios de producción y se pusieron a trabajar y a decidir colectivamente, en lo que fue una respuesta de tipo “adaptativa”, vinculada más con la oportunidad, la necesidad y la amenaza de cierre de las empresas. Más que por la escala del fenómeno, que según diferentes fuentes 128 ronda entre los 150 a 200 casos en
todo el país – que significa una proporción mínima respecto de la cantidad total de empresas que producen en el país, así como efímera su incidencia en el producto bruto nacional, – el éxito y permanencia de las empresas recuperadas ha sido calificado por autores que las estudiaron como “escándalo cultural” porque marcaron un eje de inflexión en las formas de pensar dominantes, produjo cambios culturales y comenzaron a generar nuevas identidades que no apelan a la recreación de identidades pasadas. (Palomino, Héctor (b); 2005 En: De la Garza Toledo, Enrique (comp.); 2005; 24)
La estructura de oportunidades abierta para los trabajadores que recuperan empresas implica insertarse en una nuevo tipo de relación laboral que conlleva la ruptura de la relación
128
Los representantes de las organizaciones que nuclean a empresas apropiadas por los trabajadores, Luis Caro por el Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas (MNFR) y Eduardo Murúa por el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER) coinciden en las estimaciones referidas a la cantidad de casos de recuperación por los
trabajadores. Acuña y otros (2004) “Sin Patrón. Fábricas y Empresas Recuperadas por sus trabajadores. Una Historia, una guía”. Ed. Lavaca Cooperativa de Trabajo Ltda. Buenos Aires.
ideológico – política que supone la asalarización para afrontar una posición de “trabajador autogestivo” en la práctica y en la ideología. La ocupación de fábricas supone, para aquellos actores sin trayectoria en la lucha, poco acostumbrados a participar o a desarrollar este tipo de prácticas, la transformación de identidades y una resignificación de la situación naturalizada de asalariado. (Fajn, Gabriel; 2005; 97)
Las posibilidades abiertas por el movimiento de recuperación de empresas empujaron a que tanto desde el Estado como los empresarios, tuvieran ante sí la capacidad desarrollada por los trabajadores que mostraron otros modos de hacer y de producir teniéndolos como protagonistas. El impacto social de la ocupación de fábricas fue más un producto del cuestionamiento y transformación de los valores institucionales vigentes junto a las acciones simbólicas con repercusión en los medios de comunicación masiva que de la cantidad de personas que se involucran directamente en estas actividades. La repercusión del movimiento tuvo un poder de disciplinamiento laboral, ya que el empresariado encontró que frente a la amenaza de cierre de una unidad productiva, existía la posibilidad de continuidad de la producción a través de la autogestión de los trabajadores. (Palomino, Héctor (b); 2005; 25)
Esta circunstancia instaló en el imaginario del empresario local la presencia de un otro
colectivo que sin ser “la clase trabajadora”, podía instrumentar recursos que neutralicen las
clásicas amenazas de cierre y despidos con las que justificaba rebajas salariales o mejoras en las situaciones laborales de explotación.
El nuevo vínculo hegemónico de fines del siglo XX, articulado alrededor de “un sentimiento colectivo de descontento” 129 que autores como Alan Woods extendieron a una gran
cantidad de países de América Latina junto a la expresión de un conjunto de elementos nuevos que mostró la clase obrera Argentina, configuró “el inicio de un proceso de recomposición, tanto
de fuerzas sociales como de subjetividad” (Meyer, Laura y Gutiérrez, Gastón; 2005; 41)
En nuestro país se habló de este proceso como la “gestión de la resignación”, que muestra un proceso de desestructuración y reestructuración de la subjetividad de los trabajadores. (Fajn, G. (coord.); 2004; 121)
4.3.5 El ámbito cooperativo
Entre los años 2005 y 2007 el I.N.A.E.S. (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social) junto al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación realizaron un reempadronamiento de cooperativas y mutuales y el Censo Económico, con la colaboración de la Universidad Nacional 3 de Febrero (UNTREF). Estos datos se publicaron en 2008 y mostraron, entre otra información, la cantidad de entidades cooperativas. Sobre la base del padrón histórico que debió ser depurado, el censo realizado tomó un universo de entidades cooperativas realmente existentes de 6.020, de las cuales se reempadronaron en el operativo sólo 5.100. 130
129
Entrevista a Alan Woods “Los sectarios están cegados por su odio a Chávez, lo que los hace entrar en conflicto con las aspiraciones de las masas” en Dossier América Latina. Rev Razón y Revolución N° 18 – 2° semestre de 2008. Ed. ryr. Buenos Aires. Pág. 43
130
La fuente consultada aclara que se trata de cooperativas registradas, y que a partir de la década 41 – 50 se inicia un registro más formal de las entidades. No se incluyen aquí las cooperativas creadas durante 2003, según
resoluciones 2038/3026 I.N.A.E.S. y Ministerio de Desarrollo Social: Las cooperativas y mutuales en la República
Argentina. Reempadronamiento Nacional y Censo Económico Sectorial de Cooperativas y Mutuales. Buenos Aires
Cantidad de cooperativas por objeto social Junio de 2006
Tipos de cooperativa según objeto social
Número de Cooperativas
Porcentaje por tipo de Cooperativa sobre total
Agropecuarias 798 9,1 % Asist Médica/Odont 59 0,7 % Ayuda/Asistencia Social 81 0,9 % Beneficios Generales 56 0,6 % Comercio 193 2,2 % Consumo 1.089 12,4 % Construcción 137 1,6 % Crédito 864 9,8 % Educación/Capacit 110 1,3 % Otros 501 5,7 % Producc. Manufacturera 204 2,3 % Provisión 928 10,5 % Seguros 153 1,7 % Sepelios 53 0,6 % Servicios Públicos 1.237 14,1 % Trabajo 1.556 + 3700= 5256 * 17,68%+42,04%= 59,70% Transporte/Mens/Logística 70 0,8 % Turismo 54 0,6 % Vivienda 1.204 13,7 % Total (5100) 8.800 ** 100 %
Fuente: I.N.A.E.S. Datos correspondientes al año 2006
* Las 3700 fueron cooperativas de trabajo creadas por Resoluciones N° 2038/03 y 2038/06
** El total incluye la suma de cooperativas de trabajo creadas por iniciativa de la sociedad civil (1556) más las que tuvieron origen en las Res. 2038/03 y 3026/06 (3700). Si no se las toma en cuenta, el total de cooperativas registradas en 2006 era de 5100. No se encontraron registros de cantidad de asociados por tipo de cooperativa correspondiente al año 2006
Aunque las cifras posiblemente subestimen la cantidad real de entidades en cada periodo histórico, se consideran aquí los datos oficiales en virtud de los cuales se advierte que los años que van entre 1986 y 1994 muestran un incremento en la cantidad total de entidades (4.347 y 7.564 respectivamente). En 2006, en cambio, la cantidad de entidades creadas por iniciativa de la sociedad civil se redujeron a un poco más de 6.000, lo que muestra una merma importante en este tipo de actividades.
En cuanto a la distribución de las entidades por tipo de objeto social, el año 2006 muestra datos organizados sobre la base de una mayor diversificación de cooperativas, por lo que sólo se podrán realizar comparaciones interanuales conforme la división establecida hasta 1994.131
Los rubros de cooperativas que muestran modificaciones considerables son las agropecuarias, que según los registros en 2006 tenía la mitad de entidades (de 1.305 en 1974 pasaron a ser 798 entidades), las de consumo que multiplicaron 10 veces su cantidad (106 a 1.089) y las cooperativas de crédito que prácticamente triplicaron su número (de 200 a 864).
Es de destacar la reducción de cooperativas de trabajo que se registró en 12 años, que pasaron de 2.632 entidades en 1994 a 1.556 en 2006. Si se incluyen las 3.700 creadas por el gobierno (Res. 2038/03 y 3026/06) en carácter de política social focalizada para reducir las cifras de pobreza y desocupación, los números muestran un incremento de cooperativas que disfraza el hecho de que las iniciativas que provienen de la sociedad civil, aún con las empresas recuperadas incorporadas en las estadísticas, se ha reducido notablemente. 132
131
Es probable que algunos de los tipos de cooperativas actualmente desagregados hayan sido incorporados en las anteriores clasificaciones dentro de otro rubro. Por este motivo la comparación interanual puede no ser exacta. En cambio se considera que para el caso de cooperativas de trabajo la comparación interanual es más difícil de desvirtuar o de incorporar a otros rubros, en virtud de ser las únicas que suponen la participación directa de los socios con el trabajo personal
132
Las 3700 cooperativas fueron creadas a partir de políticas nacionales explícitamente destinadas a “reinsertar
Por el carácter exógeno de su creación, las cooperativas creadas por el estado nacional a través de las Resoluciones mencionadas, permitieron mostrar cifras de crecimiento que difícilmente se hayan sostenido en el tiempo. En la misma publicación que muestra el reempadronamiento de cooperativas y mutuales realizado por el Estado Nacional del año 2007 se aclara que una vez concluida la actividad para la cual habían sido creadas las cooperativas, se procedía a cancelar su matrícula, quedando sólo aquellas que se hayan mostrado sustentables y que hubiesen decidido continuar siendo cooperativas.
Aún teniendo estas consideraciones, si se relaciona el porcentual que detentan las cooperativas de trabajo originadas en la sociedad civil hacia 2006 con los otros objetos sociales, son las de mayor participación relativa (17,68 %), seguidas por los rubros Vivienda y Construcción agrupados (15,3 %), Servicios Públicos (14,1 %), Consumo (12,4 %), Provisión (10,5 %), Crédito (9,8 %) y en 6° lugar las cooperativas agropecuarias (9,1 %). Esto muestra que las cooperativas que ocupan el trabajo personal de los socios, hacia el año 2006 tenían una posición dominante dentro de la diversidad de tipos de entidades.
Por otro lado se debe destacar que las empresas recuperadas que optaron por la forma legal cooperativa constituyen aproximadamente el 10 % del total de cooperativas de trabajo y esto les otorga un espacio desde el cual pueden hacer valer públicamente un reconocimiento especial, porque la gestión construida sobre la quiebra de una empresa anterior les otorga un carácter diferente al del resto de las cooperativas de trabajo. En este sentido, los medios masivos
social: basado en la solidaridad…dejando de lado la metodología individualista que representó la década del ´90”
Así, el estado nacional creó cooperativas de trabajo con objetos sociales orientados predominantemente a la
construcción y conformadas principalmente por beneficiarios de planes oficiales de promoción social y desocupados. La Resolución 3026/06 amplió la anterior permitiendo que las cooperativas realicen otras actividades, además de la construcción. Ministerio de Desarrollo Social e Inaes : Las cooperativas y las mutuales en la República Argentina. Reempadronamiento Nacional y Censo Económico Sectorial de Cooperativas y Mutuales. Nov. 2008. Coordinado por Carmen Báez, dirigido por Martini, Guillermo. 2° Edición. Pág. 301 y 321
gráficos recuperados deberían contemplar una política especialmente destinada a la difusión del movimiento, por la particular accesibilidad al espacio público a través del producto de su trabajo.
Reflexiones finales del capítulo
En la búsqueda de las relaciones que pudiesen existir entre las condiciones objetivas económicas y políticas vinculadas con periodos de crisis sociales y las modificaciones en el número de cooperativas, se ha podido observar que no existe una relación directa y unívoca entre situaciones de crisis económicas con quiebra de empresas y fuga de capitales y la creación de cooperativas. Se pudo advertir, que aunque las crisis constituyen un contexto de oportunidades propicio y hasta necesario, no son factores suficientes para explicar los motivos por los que los grupos de sujetos en situación crítica deciden optar por organizarse en cooperativas.
El contexto económico de los años 1995 y 2001 comparten, aunque en profundidades diferentes, la recesión económica interna, la fuga de capitales internacionales, salarios deprimidos, altos niveles de desocupación y una creciente cantidad de empresas en situación de quiebra o vaciadas. En condiciones similares, las apropiaciones de empresas por parte de los trabajadores constituyeron sólo casos aislados y con escasa visibilidad a mediados de los ´90, en tanto desde 2001 adquieren una mayor extensión y un notable incremento de la presencia pública. Durante el periodo que va entre 1994 y 2006 la cantidad total de cooperativas también sufrió un descenso notorio en todos los rubros y en especial en la cantidad de cooperativas de trabajo, incluido el periodo de la crisis de 2001. Aún cuando existen factores estadísticos que relativizan la exactitud de los datos, no parecen incidir para que se pueda pensar en una tendencia contraria.133 Por otro lado se advirtió, ya desde mediados de los ’90, una modificación importante
133
Debe tenerse en cuenta que el Censo Económico de 1994, del cual se toman los datos de entidades cooperativas fue muy incompleto – se estima que alcanzó apenas al 40 % de entidades – por lo que las estimaciones oficiales
en la distribución relativa según el objeto social, que hizo retroceder las agropecuarias a una participación mínima e incrementar notablemente las cooperativas de trabajo.
En los capítulos 3 y 4 se consideraron otros factores que pudieron estar presentes en las modificaciones de la cantidad de cooperativas en los periodos de crisis, vinculados al ambiente ideológico que predominaba y las interacciones discursivas que pudieran facilitar la conformación de una subjetividad colectiva proclive a producir modificaciones en sus prácticas. Estas prácticas de subjetividad colectiva podían optar por formaciones cooperativas o, por el contrario permanecer sometidas, lúgubres y desincentivadas para provocar cambios importantes en esa dirección.
El ámbito ideológico de la crisis de 2001 no es semejante al que imperó durante la crisis de 1995. Según lo estudiado en el capítulo hay datos que indican que hacia mediados de la década predominaban prácticas de subjetividad colectiva impregnadas de los modos defensivos y retraídos de resolver problemas laborales arrastrados de los ´80, como fueron las formas “alternativas” de trabajo. Además había una población diezmada por la desocupación e ideológicamente impregnados de la naturalización de medidas económicas percibidas como “únicas soluciones posibles”, de lo que deriva la expresión “pensamiento único” como analizaron numerosos autores.
Uno de los logros palmarios del denominado “pensamiento único” de la década del ´90 fue el pérdida de la capacidad social de hacer circular y debatir ideologías tradicionalmente colectivizantes, muchas de ellas tildadas de “extremas”. Algunos autores extienden este
pueden a la vez subestimar la cantidad real de cooperativas y considerar algunas que no se encuentren en actividad. Por otro, el reempadronamiento encarado por Inaes entre 2005 y 2007 realizó una depuración importante en la cantidad de entidades inscriptas, por lo que es posible que el número de entidades activas esté cercana a las cifras reales de entidades activas. Pese a estas imprecisiones, los autores coinciden en el diagnóstico (Palimino, Héctor (b) (2005), Fajn, Gabriel (comp.) (2004), Acuña, Claudia y otros (2004).
fenómeno a toda Latinoamérica, afirmando que en la década la imagen de la izquierda en el continente fue la de mayor fragilidad desde que ésta surgió, en las primeras décadas del siglo XX. 134
En Argentina, fuera de la tentativa de constituir una alternativa entre la izquierda tradicional y las fuerzas neoliberales (el denominado Consenso de Buenos Aires135 que promovió la creación
de una tercera vía latinoamericana), los partidos socialistas y socialdemócratas, así como los movimientos y partidos conocidos como populistas y nacionalistas, se reciclaron hacia políticas neoliberales, como fue el caso del peronismo del presidente Carlos Menem.
La cultura de tenaz individualismo impuesta por el mercado y el consumismo instalado como horizonte de felicidad, favorecieron la disminución de discusiones ideológicas profundas y acentuaron la sensación de impotencia, sólo revertidas parcialmente frente a la crisis. 136
Hacia principios de 2001 además se hizo tangible el recrudecimiento de la pobreza, la exclusión, la depresión salarial y la desocupación, que impregnaron una gran parte de la población de diferentes estratos sociales. Los signos de una economía recesiva, que habían mostrado consecuencias negativas ya en la crisis de 1995, alimentaron hasta el extremo el paulatino incremento del descrédito en el sistema político.
Planteado así, el clima ideológico condujo a una merma sistemática de la participación ciudadana en la cosa pública, además sutilmente desalentada. El hecho de que hacia 1997 el 41 %
134
Sader, Emir “América Latina en el siglo XXI” en Borón, A., Lechini, G. (comp.) Política y Movimientos sociales
en un mundo hegemónico. Lecciones desde África, Asia y América Latina. Ed. Clacso. Buenos Aires 2006. Pág. 68 135
El documento fue redactado por Roberto Mangabeira Unger (cientista político brasileño radicado en EEUU) y Jorge Castañeda (ex ministro de Relaciones Exteriores de México) y fue firmado por dirigentes que – en su mayoría – asumieron después los gobiernos de sus países: Ricardo Lagos (Chile), Fernando de la Rúa (Argentina), Vicente Fox (México) y Ciro Gomes (Brasil. Este político no fue electo). Borón, A.: “Después del saqueo: el capitalismo latinoamericano a comienzos del nuevo siglo” en Borón, A., Lechini, G. (comp.) Op. Cit. Pág 169
136
Atilio Borón señala que los factores de “apatía e indiferencia” se suman al hecho de que “las estrategias colectivistas de intervención pública” cayeron en desgracia “a favor del acérrimo individualismo que prevalece en los mercados y la banalización de la política y de las instancias de participación ciudadana. Borón, Atilio (2006) Op. Cit. Pág. 169
de la población de la región se declarara satisfecha con la democracia137 es un indicador del
consentimiento prestado a una ideología que aunque implacable con los trabajadores y garante de