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V BUSINESS DEVELOPMENT

IX. Materials Management

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El Documento Q

AI margen de otros presupuestos anticuados, como pensar que Marcos relata acontecimientos «según su orden histórico», o que Q es «una colección informal de dichos», el precedente del uso de Marcos por parte de Mateo («reordenó completamente la se- cuencia de prácticamente todas las secciones de los seis prime- ros capítulos de Marcos»), 3obre el que se basa la hipótesis de trabajo, no es un argumento adecuado. Realmente Mt 12-28 si- gue el orden de Marcos sin apenas excepciones, al menos con tanta fidelidad como Lucas. Donde no ocurre esto es en Mt 3-11 (dé ahí el reordenamiento mateano de Me 1-6). La razón es que, dentro de esta primera gran unidad redaccional de su obra, Ma- Jeo dirige la atención no tanto a Marcos como a Q, en cuyo tex- to inserta material marcano (así como bastante material posterior de Q; cf. Mt 5-7; 10) cada vez que resulta útil para desarrollar el programa de Q^'.

b) Vincent Taylor

Vincent Taylor hizo avanzar un paso más el argumento a fa- vor del orden lucano aportando la que consideraba nueva e irre- futable evidencia en relación a la coincidencia de dicho orden con el de Q, siendo su objetivo colocar la hipótesis Q sobre ba- ses sólidas Según este autor, al construir Mateo cada uno de sus cinco discursos (y, por supuesto, también al componer el «resto de Mateo»), habría recorrido cada vez todo el material de Q en su propio orden, extrayendo presumiblemente los dichos que se adecuaban al tema tratado (aunque en muchos casos la re- lación con un «tema» unificador es difícil de detectar). Puesto que, según la tesis de Taylor, el material de Q en cada discurso sigue la-secuencia lucana, esta quedaría confirmada como la se- cuencia de Q.

Sin embargo, la enorme cantidad de excepciones a una tesis tan sencilla hace que su esquematismo resulte muy poco fiable,

91. J. M. Robinson, T/ie Matthean Trajectory from Q to Mark, en A. V. Collins (ed.), Ancient and Modern Perspectives on the Bible and Culture: Es- says in Honor ofHansDieter Éetz, Scliolars, Atlanta 1998(1999), 122-154.

92. V Taylor, The Order of Q: JTS n.s. 4 (1953) 27-31, reimpreso en Id., New Testament Essays, Eerdmans, Grand Rapids MI 1972,90-94.

Introducción 61

a pesar de un segundo ensayo en el que se intenta aportar argu- mentos más detallados a su favor Cuando en muchos casos la regla resulta realmente imposible de aplicar, incluso admitiendo que Mateo podría haber recorrido Q varias veces en la composi- ción de un solo discurso, Taylor explica las divergencias en el or- den utilizando argumentos variados: la preferencia por la posi- ción de Marcos; o la preferencia por la posición de M (en la que se piensa como una fuente escrita y, por tanto, con un orden fi- jo); o la omisión de algunos dichos utilizados en discursos ante- riores; o,' simplemente, la interpretación mateana. Aunque algu- nos de estos argumentos son, sin duda, explicaciones correctas de las excepciones a la regla, todos ellos acumulados resultan poco convincentes.

Hoy el punto de partida continúa siendo la secuencia lucana, pero sin que exista prejuicio alguno en su favor. El orden de Q es una cuestión abierta que debe ser establecida en cada caso par- ticular^"*. Más arriba, inmediatamente después del Prólogo, he- mos reproducido «Los textos de Q en el orden de Mateo» y las «Divergencias respecto del orden de Lucas».

9. Proclamación y redacción

a) La revitalización de los estudios sobre Q.

Martin Dibelius y Günther Bornkamm

La revitalización del estudio de Q después de la Segunda Guerra Mundial se produjo fundamentalmente en Heildelberg bajo la dirección del sucesor de Dibelius, y discípulo de Bult- mann, Günter Bornkamm. Bornkamm fue uno de los fundado- res de la crítica redaccional, innovación exegética característica

93. Id., The Original Order of Q, en A. J. B. Higgins (ed.), New Testa- ment Essays: Studies in Memory of T. W.Manson, 1893-1958, Manchester Uni- versity Press, Manchester 1959, 246-269, reimpresa en V. Taylor, New Testa- ment Essays, 95-118.

94. J. M. Robinson, The Sequence of Q: The Lament over Jerusalem, en R. Hoppe-U. Busse (eds.). Von Jesus zum Christus: Christologische Studien. Festgabe fur Paul Hoffmann zum 65. Geburstag (BZNW 93), Walter de Gruy- ter, Berlin-New York 1998. 225-260.

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de la época de posguerra, que fue inaugurada con su análisis crítico-redaccional de la escena de la tempestad calmada en Mt 8, 23-27:

Pero esta caracterización del relato de la tempestad calmada como un «milagro de la naturaleza» no agota su significado en Mateo. Este le da un sentido nuevo, que no aparece todavía en los otros evangelistas, por la inclusión en un contexto de- terminado y por su misma presentación...

Si esta observación es correcta, significa que Mt no sólo es transmisor del relato, sino también su más antiguo exegeta, y de hecho el primer intérprete que relaciona la travesía de los discípulos con Jesús y el hecho de calmar la tormenta con el seguimiento y, de este modo, con el pequeño barco de la Iglesia

El enfoque de la crítica redaccional hizo que la reconstruc- ción del texto crítico de Q resultara metodológicamente más fac- tible, ya que permite utilizar los rasgos distintivos sintácticos, terminológicos y teológicos (en sentido amplio) de Mateo y Lu- cas, identificados mediante el análisis de sus respectivas formas de redactar ei materia! tomado de Marcos, como criterios obje- tivos con los que identificar luego sus intervenciones redaccio- nales en Q. Estas «huellas» distintivas de Mateo y Lucas sobre los dichos de Q facilitan la reconstrucción del texto crítico, por cuanto permiten identificar y eliminar los efectos de la redac- ción mateana o lucana. Esto sirve para hacer salir a la superficie el texto crítico del propio Q.

Martin Dibelius ya había anticipado el método de la crítica redaccional en el caso de Q al distinguir entre el grueso- del ma- terial más primitivo y las adiciones posteriores incorporadas en las redacciones de Q:

95. G. Bomkamm, «Die Sturmstillung im Matthäusevangelium», en Wort und Dienst: Jahrbuch der theologischen Schule Bethel, NF 1 ( 1948) 49- 54, reimpreso en G. Bomkamm-G. Barth-H. J. Held, Überlieferung und Ausle- gung im Matthäusevangelium (WMANT 1), Neukirchener Verlag, Neukirchen

1960,48-53, aquí 49.51 (versión cast.: La tempestad calmada en el evangelio de Mateo, en R. A. Monasterio-A. R. Carmena [eás.],La investigación de los evangelios sinópticos y Hechos de los apóstoles en el siglo XX, Verbo Divino, Estella 1999, 193-199, aquí 195.196).

Introducción 63 Con todo, se puede admitir que ía colección utilizada por Ma- teo y Lucas revela ciertas huellas de desarrollo: parece, en efecto, que en ella han sido asumidos textos que, aunque de origen muy diverso, desempeñan en este contexto la misma función, a saber, interpretar la tradición de los dichos de Jesús para revelar quién era aquel cuyas palabras se habían recopi- lado en la comunidad...

Todo ello respondía no a un interés histórico o biográfico, si- no práctico. Sólo que ese interés práctico fue más allá de los límites del interés que, como hemos visto, había presidido la recopilación de dichos de Jesús; lo que se pretende ahora no es sólo deducir de las palabras de Jesús soluciones y reglas para la propia vida, sino que se quiere encontrar además en ellas una respuesta a la pregunta por la naturaleza de quien las había pronunciado... Tampoco puede excluirse totalmente que tales características de la denominada fuente Q tuvieran su origen en un influjo del evangelio de Marcos. No podemos > afirmar nada cierto al respecto, ya que desconocemos total- mente la época en que nació la fuente Q y la cronología de su desarrollo

De hecho, Dibelius había coiupartido la hipótesis, entonces dominante, que fijaba el origen dé los materiales de Q en torno a la mitad del siglo I o incluso antes:,

Probablemente existió más de una colección de dichos; en cualquier caso, la existencia de colecciones semejantes a la contenida en nuestro supuesto documento Q es totalmente probable, incluso en la época en la que Pablo estaría recibien- do instrucción misionera de quienes le habían precedido en la fe, es decir, en la década de los treinta o al comienzo de la de^ los cuarenta del siglo I d.C.

Al datar las colecciones contenidas en Q incluso antes del año 50 d.C. y su redacción en una fecha probablemente posterior

96. M. Dibelius, Die Formgeschichte des Evangeliums', 245-247 {versión cast.: La historia de las formas evangélicas, 238-239).

97. Id., Die Bergpredigt, en G. Bornkamm (ed.), Botschaft und Ge- schichte: Gesammelte Aufsätze 1: Zur Evangelienforschung, Mohr-Siebeck, Tü- bingen 1953,79-174, aquí 97-98 (versión inglesa: The Sermon oftheMount, Scribners, New York 1940,28-29).

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a la de Marcos, es decir, al año 70 d.C. o incluso más tarde (ha- ciendo, por tanto, de alguna forma justicia tanto a Hamack como a Wellhausen), Dibelius invitaba a hacer el esfuerzo de distinguir entre la tendencia operativa en la última redacción y la tendencia operativa en las colecciones primitivas originales. La crítica re- daccionai de Q se había hecho inevitable.

b) El mensaje distintivo de la comunidad Q. Heinz Eduard Tödt L^ tesis doctoral de Heinz Eduard Tödt en Heidelberg el año 1956 centró la atención en el problema relativo a la falta de di- chos relacionados con la muerte y resurrección de Jesús en Q:

Harnack subraya correctamente una y otra vez que la concep- ción de la pasión de Jesús presente en el evangelio de Marcos, el así llamado paulinismo de Marcos, está ausente de Q. ¿Có- mo es posible erjtender esta ausencia en un material transmiti- do por una comunidad que, en cualquier caso, debía estar fa- miliarizada con el tema de la pasión de Jesús?

Tödt reconoció que la deducción lógica de los estudiosos de la crítica de las formas conducía a subrayar la centralidad del ke~ rigma y, en consecuencia, reducir la importancia de los dichos de Jesús, considerando de este modo a Q como secundaria:

Los maestros del método de la crítica de las formas, Bult- mann y Dibelius, establecieron ambos, cada uno a su modo, la prioridad teológica del kerigma comunitario de la pasión so- bre el material de Q.

... La fe de los primeros cristianos consistía en creer que la pa- sión y resurrección significaba el comienzo de una nueva era. En consecuencia, vivían en -la expectativa de un final inmi- nente. El punto de referencia desde el que orientaban sus vi- das era, exclusivamente, lo que Dios había realizado en la cruz y la resurrección. Sólo después de que se hiciera eviden- te el retraso del fin, los cristianos, comprendieron que necesi-

98. H. E. Tödt, Der Menschensohn in der synoptischen Überlieferung,