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Freud (1925) en su texto “Ello y Yo”, señala tres instancias del aparato

psíquico, el Yo, Ello y Superyó, las cuales interactúan entre sí y por lo tanto no son independientes ni trabajan por separado. Muñoz, (2011) (citando a Freud, 1925)

explica el yo como: “una organización de los “procesos psíquicos” es un mediador,

(percepción, cuerpo, razón, reflexión, principio de realidad)” (p. 20). Freud (1925)

plantea que el yo es una estructura que está comunicada con el mundo externo, razona, reflexiona, guía, y escucha al Ello (el deseo, el placer), y por medio del superyó (abogado del mundo interno) frena los actos del Ello. El Yo termina siendo un sirviente del principio de realidad.

Así mismo, Freud (1940) en el texto “Compendio del Psicoanálisis” describe al yo como: “el yo gobierna la motilidad voluntaria. Su tarea consiste en la

autoconservación, la realiza en doble sentido. Frente al mundo exterior, se percata de los estímulos, acumula (memoria) experiencias sobre los mismos, elude (por la fuga) los que son demasiado intensos, enfrenta (por adaptación) los estímulos moderados y, por fin, aprende a modificar el mundo exterior” (p. 3380).

El Ello, contiene las pasiones, los impulsos más primitivos como el hambre, el deseo sexual, y la agresión. Pertenece al principio de placer; un ejemplo con el cual, Freud (1925) ilustra el funcionamiento de estas dos estructuras es: “el jinete

que rige y refrena la fuerza de su cabalgadura, superior a la suya, con la diferencia de que el jinete lleva esto a cabo con sus propias energías, y el yo, con energías prestadas (superyó). Pero así como el jinete se ve obligado alguna vez a dejarse conducir a donde su cabalgadura quiere, también el yo se nos muestra forzado en ocasiones a transformar en acción la voluntad del Ello, como si fuera la suya

propia” (p. 2708).

El Superyó, en Freud (1925), es construido por la relación que tuvo en la infancia con los padres, en especial la figura paterna, es la prohibición, la moral

(buena o mala), es el heredero del complejo de Edipo. Es decir, la amenaza de castración dada por el padre, no permitiéndole quedarse con el objeto deseado (la madre), por medio de la autoridad y prohibición que este ejerce, la cual, se introyecta en el yo, por medio del Superyó, que guarda el rigor del padre, perpetúa la prohibición del incesto. Esto quiere decir, que el Superyóconservará el carácter del padre, el cual, después gobernará sobre el Yo como consciencia moral, un abogado que juzga, enjuicia, señala, cuida y protege.

De igual manera, no sólo en el superyó se ve la influencia de los padres, sino también el efecto de las tradiciones familiares que estos perpetuán, se construye a través de las demandas del medio social. El superyó, incorpora en su proceso de formación aportes de sustitutos de los padres, como figuras que tienen la función de crear: normas, reglas, leyes, como: docentes, personajes de la ley o

sociedad. Freud (1940), señala que: “el Ello y el Superyó tienen una cosa en

común: ambos representan las influencias del pasado: el Ello las hereda; el Superyó, las recibe por los demás, mientras que el yo es determinado

principalmente por las vivencias propias del individuo” (p. 3381). b. Los Estados mentales

Meltzer (1975), describe cuatro tipos de estados mentales en la psiquis, los cuales, al igual que las instancias psíquicas propuestas por Freud, interactúan entre sí. Sin embargo, hay predominio de uno en la mente. A continuación se describirá cada uno de ellos.

mente, no permite distinguir la distancia, es un tiempo que se cierra, se clausura ante la realidad, no hay emocionalidad, y no hay sueños. Hay un alejamiento del objeto, es como si no tuviera mente, alejado totalmente de los pensamientos, los eventos no son registrados, y por lo tanto no están disponibles.

Bidimensional: Es un estado mental en crecimiento, en el cual, se ha vivenciado el fracaso al pasar a lo tridimensional. Así mismo, puede ser un estado defensivo, que surge por el sentimiento de persecución o abandono de un objeto interno como externo. El self, en este estado mental tiende a pegarse a las cualidades sensuales del otro, utilizando la identificación adhesiva como forma de unirse a esas cualidades, tales como: la inteligencia, forma de vestir, pensamientos, ideas, lenguaje, etc. El self está empobrecido con poca capacidad para imaginar, los hechos los vive como concretos. No hay un espacio interno en la mente, que permita la elaboración de fantasías; el self queda disminuido en memoria y deseo. Además, la percepción del tiempo en este estado mental es circular, siendo incapaz de concebir cambios perdurables (Meltzer, 1975).

Tridimensional: Es un estado de la mente donde hay un espacio mental, hay un continente y se percibe el objeto como continente de sus emociones. En esta dimensión el self y los objetos tienen características de profundidad, van más

allá de los datos sensoriales, por lo que ya supone cierto grado de “significado ya

no se requiere la presencia concreta del objeto; ya existe la posibilidad de almacenar representaciones. El mecanismo principal que se da en este estado, es la Identificación Proyectiva. El tiempo es oscilatorio, hay un presente y un futuro. Este estado por ende contiene las confusiones geográficas de las cuales hace

referencia Meltzer, donde se desdibujan los límites entre el self y el objeto, el adentro y el afuera, la realidad psíquica y externa. En ese sentido, cuando se vive un estado de la mente tridimensional, se manifiesta abiertamente la agresividad, la Identificación Proyectiva Masiva, los celos, intolerancia a la separación, control omnipotente, envidia, falta de confianza, ansiedad persecutoria excesiva. Ubicándose de esta manera en la posición esquizoparanoide de la cual hace

referencia Klein” (Meltzer, 1975).

Tetradimensional: hay una disminución del narcisismo, disminuye la omnipotencia, la cual acompaña la intrusión y el control sobre los objetos buenos, tanto en el mundo interno como externo del niño. La Identificación Proyectiva ya no predomina, dando paso a la Identificación Introyectiva (aprender de la experiencia emocional). El tiempo es lineal, es decir, que hay un pasado, presente, y futuro, reconociendo cambios y aceptando el paso del tiempo. Este estado se ubica en la posición depresiva de la que hace referencia Klein (1952).

c. Mecanismos de Defensa:

Los mecanismos de defensa, que usa el individuo son para protegerse de todo aquello que causa displacer o dolor, y que sienten peligroso. De esta forma, logran sopesar la vida y continuar de manera adaptativa o menos amenazante el día a día. Algunos de aquellos mecanismos son:

Represión:

Para Freud (1915), la represión es en un mecanismo de defensa el cual

describe como: “la esencia de la represión consiste exclusivamente en rechazar y

mantener alejados de lo consciente a determinados elementos” (p. 2054). Es

decir, que ciertos contenidos psíquicos despiertan el dolor, produciendo displacer; el sujeto deja aquellos contenidos que no le causan placer en su inconsciente, como en un baúl, que no quiere ser abierto. Aleja aquellos elementos lo más que pueda de su realidad consciente.

Escisión:

Para Freud (1940), (citado por Muñoz, 2001) la escisión (división) es: “las

exigencias instintivas poderosas a las que el niño suele satisfacer, pero también del peligro aterrador que representa una satisfacción sin límite. Recalca la solución de compromiso que adopta el niño a suspender el intento de satisfacción, negando la realidad y pensando que el peligro no existe; escinde el miedo y ya sin él como impedimento rechaza la prohibición, una parte del yo se comporta como si no reconociera ni el miedo a la castración, ni la prohibición. La negación de la realidad psíquica (miedo a la castración) y la negación a la realidad externa (prohibición) se abren camino como mecanismos para poder mantener la vigencia

del principio del placer” (p. 21).

Klein, (1952), describe la escisión del pecho odiado y amado (bueno y malo), como un mecanismo que se utiliza para apartar aspectos no deseados. Se utiliza con mayor frecuencia cuando el bebé siente la ansiedad persecutoria, y

siente que el objeto bueno hubiese sido totalmente destruido. Ogden (1986) afirma que la escisión, es un mecanismo primitivo que se utiliza como medio de dominar el peligro, una forma de construir o crear seguridad alejando lo que se siente que corre peligro. Este autor ejemplifica este concepto: “yo veo la escisión como

análoga a la respuesta no aprendida del polluelo al percibir la forma del ala del

halcón la reacción del polluelo no es atacar sino huir” (p. 45). Compulsión a la repetición:

Este mecanismo corresponde a la dimensión económica del aparato psíquico que plantea Freud (1920), definiéndolo como un comportamiento del proceso, en el cual, el sujeto repite aspectos dolorosos de su historia. Cuando el paciente está en análisis no puede recordarlo todo, muchos de sus contenidos inconscientes están bajo el mecanismo de la represión; por tanto, puede que no recuerde lo más importante. De ahí, que cuando se elabora por medio del análisis los contenidos conscientes, el paciente no entienda con exactitud lo que se le quiere comunicar; queda entonces lo reprimido a repetirse como un suceso actual. Este mecanismo lleva al sujeto a repetir ideas, pensamientos, acciones, sensaciones, que resultaron dolorosas; como una forma de actuación para evitar el contacto con lo que desea reprimir.

Identificación Proyectiva:

Klein (1952), explica la Identificación Proyectiva como un mecanismo de defensa temprano. Consiste en que el bebé escinde y expulsa los contenidos que él siente como malos, y se los proyecta a la madre u objeto externo quedando

éste controlado por esas partes expulsadas e identificándose con ellas. En esa medida en que el sujeto se siente identificado con las partes malas del objeto, no se le siente como un ser separado, si no como el yo malo. Es por ello, que el uso de este mecanismo genera confusiones entre el sí mismo (self) y el objeto. En el bebé esta identificación se incrementa cuando siente temor a los perseguidores internos. Ahora bien, este mecanismo también es utilizado para proyectar partes buenas en el objeto, evitando así la separación.

Cuando las proyecciones de los sentimientos son de amor, Klein afirma que

“la introyección de un objeto bueno estimula la proyección de sentimientos buenos hacía el exterior y esto, a su vez, por reintroyección, fortalece el sentimiento de poseer un objeto bueno interno. Así, pues la relación con ambos mundos, interno y externo, mejora simultáneamente, y el yo adquiere mayor fuerza e integración” (p.

78). Por otro lado, Ogden (1986) hace referencia a la identificación proyectiva (medre-bebé) como el mecanismos que: “permite al bebé elaborar vivencias de

una manera que difiere cualitativamente de todo lo que el bebé ha podido hacer por sí solo, induce un estado de sentimiento al objeto que éste a su vez es capaz

de vivenciarlo por sí mismo” (p. 38) Reparación:

La reparación mencionada por Klein (1952) está ligada a los sentimientos de amor y odio, en especial los que le genera el odio hacia el objeto total, ese deseo de destrucción. El bebé comienza a sentir culpa, por tanto, empieza a construir un sentimiento de querer reparar, conservar, proteger o revivir el objeto

dañado, permitiéndole al yo defenderse de los sentimientos depresivos; Klein

afirma “que estas emociones conducen a estadios de duelo, y las defensas movilizadas, a tentativas por parte del yo para superar el duelo” (p. 83). A través

del sentimiento de culpa que nace en el bebé, lleva al yo a reconstruir el objeto dañado.

Somatización

Bransky y Padilla (2009) describen el soma como sensaciones que emana el bebé y expresa por medio del llanto buscando un objeto (madre) para descargar todas aquellas sensaciones manifestadas, la madre retira el componente angustioso y las devuelve cargadas de sentido, de esta manera, el soma va dando paso al cuerpo. Esto quiere decir, que el cuerpo como el soma adquiere una representación simbólica.

El soma antecede al cuerpo, y se torna cuerpo cargado de sentido mediante la relación con el otro, el objeto que fue capaz de sostenerlo, brindándole capacidad psíquica para tolerar la frustración del bebé; continua el objeto con la capacidad de la caricia, la palabra, la mirada y culmina con el lenguaje verbal (Bransky y Padilla, 2009).

Cuando lo anterior no se presenta, Brainsky y Padilla lo llaman censura de sentido, las cuales quedan grabadas en el soma; así comienza este a esconder una historia, relato, una vivencia, que no han sido elaborados, aparece así la enfermedad psicosomática como signo o imagen de lo no elaborado puesto en el cuerpo. La enfermedad busca preservar el peligro. McDougall (1989) (citado por

Bransky y Padilla, 2009) “subraya que en los estado psicosomáticos el cuerpo

reacciona ante una amenaza psicológica como si ésta fuera de orden fisiológico, para mantener a toda costa una estructura mental que se siente peligrar y en riesgo de destructurarse. Se produce entonces una escisión aguda entre psique y soma y este último recibe todo el impacto de las temidas situaciones cargadas de

emociones” (p. 27).

Así mismo, McDougall (1989) (citado por Bransky y Padilla, 2009) plantea,

“que el sujeto que no ha logrado reconocer e integrar su cuerpo y mente como propiedades personales es incapaz de sentir, integrar o manejar sus emociones. Esto lleva a que las personas con tendencia a somatizar sus conflictos sean con frecuencia incapaces de ocuparse de sí mismas de una manera amorosa, ya que no cuentan con la certeza interna de unos padres que pudieron atender sus

necesidades físicas y psíquicas” (p. 28).

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