III. THE DISSOLUTION BEHAVIOR OF PHOSPHATE-DOPED BOROSILICATE
2. Materials and Methods
Los clásicosLos clásicos
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Aunque en la literatura francesa la Biblia no tuvo la misma preeminencia que en la inglesa, el Romanticismo del siglo XIX produjo una reacción contra el escepticismo y una revitalización del interés por la religión, como por ejemplo en Chateaubriand -Itinerario de París a Jerusalem (1811)-, Lamartine en su tragedia Saúl (1818), y Alfred de Vigny (de quien se dice que sabía la Biblia de memoria) en sus Poemas antiguos y modernos (1826) donde se incluye Moisés, un héroe cuya grandeza lo condena a la soledad eterna:
Pronto, la cima del monte reapareció sin Moisés. Fue llorado. Dirigiéndose hacia la tierra prometida
marchaba Josué, pensativo y palideciendo, pues ya era el elegido del Todopoderoso.
En su poema La cólera de Sansón (1864) Vigny se identifica con el juez, como lo hiciera Milton, y lo transforma en un símbolo universal de resignación.
Baudelaire, en Las flores del mal (1857) incluye el poema Abel y Caín: Raza de Abel, duerme, come y bebe
Dios te sonríe complaciente
Raza de Caín, arrástrate en tu vientre y muere miserablemente ...
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El apego bíblico de los románticos llegó a su zenit en los poemas de Victor Hugo (1802-1885) quien mantuvo (en el prólogo a Odas y Baladas, 1826) que para el poeta, "dos libros solamente deben ser estudiados: Homero y la Biblia".
En su ensayo William Shakespeare (1864), Víctor Hugo hace un panegírico de Isaías y de Ezequiel.
En las letras castellanas también la inspiración bíblica se remonta a la Edad Media. El mester de clerecía, la poesía culta de la Edad Media (s XIII y XIV), fue una corriente de poesía con la que los monjes pretendían difundir los conocimientos adquiridos a través de los textos latinos. Para ello recitaban narraciones didácticas ante los peregrinos que acogían en los monasterios. Las dos obras más importantes que conservamos son Los milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo, y el Libro de buen amor, del arcipreste de Hita, ambas escritas en la estrofa llamada cuaderna vía.
Si ampliamos el espectro de influencia a la Europa continental, veremos en la Divina Comedia (1320) de Dante Alighieri un ejemplo máximo de creación basada en la Biblia. Es notable que Dante influyera, a su vez, la obra literaria medieval en hebreo. La interacción cultural de los israelitas con su medio fue generando un constante enriquecimiento mutuo.
Un poemario hebreo ("diwán") de esa época, titulado Mahaberot, narra los episodios de la vida del pueblo de Israel. Su autor, Immanuel ben Salomón de Roma (1261-1328), fue considerado un segundo Dante. Escribió asimismo comentarios simbólicos sobre todos los libros de la Biblia.
El último de sus veintiocho poemas es una visión llamada Ha-Tofet Veha- Eden (El Infierno y el Paraíso) en la que su amigo muerto Daniel lo invita a ambos confines según el modelo de la Divina Comedia.
En tres aspectos Immanuel diferencia su cielo e infierno de los de Alighieri: fiel a la teología judía excluye al purgatorio; en un gesto de tolerancia reserva un lugar de honor a los no-judíos10; y, finalmente, coloca en el infierno a
quien había sido mezquino con su sabiduría.
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Mientras Dante excluye del cielo a todos los no-cristianos (incluso a aquéllos nacidos antes del cristianismo), Immanuel incluye a todos los "justos de las naciones del mundo".
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Notablemente, en el clásico Don Quijote (1605) son frecuentes las alusiones a personajes bíblicos: Adán y Eva, David, Goliat, Sara, Lot, Sansón, Salomón, Matusalén y las doce tribus; se citan o mencionan una decena de libros del Tanáj: Génesis, Levítico, Deuteronomio, Jueces, Reyes, Ezequiel, Jonás, Salmos, Proverbios y Cantares. Todo ello pone de manifiesto a un Cervantes conocedor de la Biblia.
Ruth Fine ha ubicado en el Quijote casi unas trescientas marcas textuales de distinto grado, como por ejemplo:
Sancho dice: "Desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano" (I, 25: 273 y II, 8: 689), y Job: "Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá" (1:21).
Don Quijote dice "Que está en su lengua su vida o su muerte" (I, 22:238), y el rey Salomón: "La muerte y la vida están en el poder de la lengua" (Proverbios, 18:21).
Quijote: "Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico" (II, 42:971); la Torá: "No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo" (Levítico 19:15).
El poeta uruguayo, Francisco Acuña de Figueroa, llamado "Patriarca de la literatura nacional" incluye en la séptima de las doce estrofas11 del himno
patrio (1833) del que es autor, "el código fiel veneremos inmune y glorioso, como el arca sagrada Israel".
En Inglaterra se alcanzó la cúspide de la inspiración bíblica, particularmente en la obra de John Milton: El Paraíso Perdido (1667) y Sansón Agonizante (1671).
El primero, un poema épico de más de 10.000 versos sin rima, narra la expulsión de Adán y Eva, y trata del problema del mal y del sufrimiento. Milton describe las motivaciones de los personajes12, cuyas actitudes
acaban por revelar un mensaje esperanzador. En el poema, el cielo y el infierno representan estados de ánimo antes que espacios físicos.
11 Es una de las estrofas que ya no se cantan. 12
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La obra comienza en el infierno (descrito mediante referencias a la permanente insatisfacción y desesperación de sus habitantes), desde donde Satanás (definido por el sufrimiento) decide vengarse de Dios de forma indirecta, esto es, a través de los seres recién creados que viven en un estado de felicidad permanente.
En la Universidad de Cambridge se descubrió un manuscrito que enumera los temas que Milton tenía en mente, en su juventud, para la ejecución de un gran poema. El tema más destacado era el de Sansón, y no sospechó que su propia vida se acercaría a la del héroe bíblico: moriría ciego y anciano, rodeado de enemigos. La acción de Sansón Agonizante transcurre en un día, el último del juez.
Coetáneos suyos en diversos países también escribieron obras con temas de visible influencia bíblica. Entre muchos otros: en Francia, Athalie (1679) y Esther (1681) de Racine; en Italia, Judith (1628) y Esther (1628) de Federico della Valle; en España, La cena de Baltazar (1634) de Calderón de la Barca y Los trabajos de Job (1638) de Felipe Godínez; en Alemania, Ezequías (1538) y José (1539) de Sixtus Bick; en Holanda, Sophomopaneas (1652) de Hugo Grotius, etcétera.
De los libros escritos en inglés, Bárbara Tuchman13 ha considerado que el
más leído después de la Biblia fue El progreso del peregrino (1678) de Juan Bunyan, traducido a más de cien idiomas, que relata el viaje por la vida, en camino a la salvación.
Al Juez Sansón como inspirador, ya nos hemos referido. Su figura cobró importancia durante el Renacimiento, como por ejemplo en La Rappresentationi di Sansone (1551) de Alessandro Roselli y en Simson (1556) de Hans Sach. En España, cabe recordar El Sansón Nazareno (1659) del escritor español de origen judío Antonio Enrique Gómez, y El divino nazareno Sansón de Juan Pérez de Montalván (m. 1638).
En el siglo XVIII, la más importante es Shimshom ve-haPlishtim (Sansón y los filisteos, 1724) de Hayim Luzzatto, más conocida como Ma’aseh Shimshon (Los hechos de Sansón).
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Alfred de Vigny en su "La Colère de Samson" (1864) da rienda suelta a su estoicismo y misoginia. Entre las de autores judíos se encuentra uno de los principales poemas épicos hebreos del Iluminismo alemán, La vida de Sansón, de Sueskind Raschkow (m. en 1836).
También el pionero del romanticismo hebraico, Mijal14 (Mija Joseph
Lebensohn, 1828-1852), trae motivos bíblicos en su poemario, pero en una actitud que frecuentemente difiere de la visión tradicional. Por ejemplo, es capaz de empatía con el enemigo Sísera al relatar el enfrentamiento de éste con la hebrea Iael. En lo que se refiere a Sansón, el héroe de La venganza de Sansón simboliza el ardor revolucionario.
La primera novela hebrea15 se tituló Ahavat Sión (Amor de Sión, 1853).
Para su autor, Abraham Mapu, el factor inspirador fue la belleza de la Biblia, de su idioma y su marco histórico. Mapu fue pionero en moldear el hebreo bíblico en una novela.
Por ello fue traducida a varios idiomas y también por ello, paradójicamente, fue imposible que dichas traducciones reflejaran fielmente el límpido lenguaje bíblico, su verdadero protagonista, por medio de los juegos de palabras, de los poemas intercalados y de los versículos insinuados página tras página.
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Hemos dedicado a este poeta el capítulo 22 de nuestro Violín a cuestas, Universidad ORT Uruguay, Montevideo, 2008
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