engineering: a case study on tussocks of
5.2 Materials and methods
Si bien, la cobertura escolar constituyó un logro para el gobierno de Pinochet, la deserción escolar se transformó en un gran problema, pese a que no se menciona en los mensajes presidenciales, ni en otras fuentes oficiales. Pese a que intentamos buscar cifras del Ministerio de Educación que nos ayudasen a confirmar esto, éstas fueron muy esquivas. Sin embargo, para sostener la premisa de que la deserción fue un problema, revisamos otras fuentes que nos entregan algunas luces de lo que estamos sosteniendo.
Por ejemplo, se aprecia la preocupación sobre este fenómeno -aunque no se ahonda mucho en sus causas- por parte de Álvaro Arriagada, Director de Educación en 1981, quien señaló al respecto:
Los principales factores de deserción son la ruralidad, la pobreza, las insuficiencias biológicas o psicológicas y también la existencia de las minorías raciales382
Cuándo se le pregunta por las soluciones para los sectores de extrema pobreza, Arriagada respondió:
En primer término, se está propendiendo a mejorar los índices de nutrición, principalmente en la población preescolar. Luego, dentro del sistema educacional regular, se destaca la labor de la Junta Nacional de Auxilio, Escolar y Becas y la distribución gratuita de textos para todos los niños de 1° y 6° años de Enseñanza Básica.383
El foco por lo tanto, no estaba puesto, justamente en la población que suponemos era más propensa a dejar la escuela, entre los 12 años hacia arriba. Además, cuando se refiere a la pobreza no se aprecia un análisis honesto de la situación de vulnerabilidad y marginalidad vivida por muchas familias.
381 Revista Solidaridad. Segunda Quincena de Junio de 1982. P. 16. 382 Revista Amiga, Mayo-Junio de 1981. P.7
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Una publicación del CPEIP, señaló que entre 1980 y 1983, se produjo una disminución en Educación Básica en la deserción escolar; pasando de un 6,9% a un 3,8%. A su vez, los autores indican que la disminución se pudo producir más bien por cambios en los criterios para determinar lo que realmente era deserción384. Un estudio realizado en 1979, arrojó que un 18% de los niños que vivían en una población era desertores del sistema escolar385.
No fue posible encontrar series estadísticas que presentaran los niveles de deserción escolar en educación media. No obstante, el siguiente cuadro nos ayuda a comprender qué ocurría en la Educación Básica.
Cuadro 18: Tasa de deserción escolar en la educación básica de la Regiòn Metropolitana 1980-1983. años 1ero bàsico 2do bàsico 3ero bàsico 4to bàsico 5to bàsico 6to bàsico 7mo bàsico 8vo bàsico Total 1980 1981 1982 1983 9,87 9,0 7,88 7,63 6,66 5,86 4,49 4,46 6,10 6,84 4,16 4,20 5,40 5,12 4,73 4,53 6,07 7,0 4,36 4,23 5,50 5,38 4,25 4,18 6,54 6,90 4,92 4,81 5,23 5,24 4,43 4,40 6,55 6,35 4,88 4,73 Fuente: Àreas de Planficación de las Secretarías Regionales Ministeriales, en Fredy Soto, Rodrigo de las Heras, Susana Arancibia. La deserción escolar en las escuelas estatales (fiscales y municipales) de Educaciòn General Básica, en los años, 1980-1983. Centro de Perfeccionamiento Experimentación e Investigaciones Pedagògicas,CPEIP, Santiago, Noviembre de 1984
,
p. 18.Sin embargo, más allá de las cifras existe un elemento común que en todos los análisis: la pobreza como generadora de deserción.
En este contexto y habiendo confirmado que los niños y adolescentes trabajadores pertenecían a los grupos más pobres de la población que sumado a las crisis económicas e inestabilidad de los hogares ¿habrán provocado un vínculo estrecho entre deserción y trabajo? Creemos que existe una relación, pero no es definitivo. Debemos considerar, por
384 Fredy Soto. Rodrigo de las Heras. Susana Arancibia. La Deserción Escolar en las escuelas estatales (fiscales
y municipales) de Educación Básica en Chile de 1980-1983. CPEIP, 1984. P.14.
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ejemplo, que se producía un aumento de la deserción escolar en quinto básico, sexto y séptimo básico, esto porque muchos padres aún consideraban que sus hijos se encontraban educados al saber leer, escribir y las cuatro operaciones básicas 386, además, ya se encontraban “aptos” para desempeñar alguna otra labor que no fuera la escuela ¿Y qué sucedía con los adolescentes que ingresaban a Educación Media? Si recordamos los niveles de matrícula de educación media en liceos fiscales y municipales alcanzaba un 22%. Uno de los argumentos esgrimidos era la disminución de las tasas de crecimiento poblacional, sin embargo, entre 1970 y 1982, la población entre 15 y 19 años alcanzó un 36% de crecimiento. Por lo tanto, adolescentes y jóvenes habían, pero que no estaban educándose o bien buscaban otras formas de hacerlo como educación nocturna para compatibilizar estudios y trabajo. La cobertura de educación media en la década de los ochenta avanzó, pero no al mismo ritmo que la educación básica. Así pasamos de un 65% en 1982 a un 75% en 1985387.
Por otro lado, si recordamos las distintas investigaciones que se realizaron en torno al trabajo infantil, pese a que sus universos de estudios son acotados, en general se aprecian entornos de mucha pobreza, niveles de deserción altos y en varios casos mucha desesperanza para continuar estudios de nivel medio o superiores. Además, debemos insistir que el foco estaba puesto en la educación básica, incluso para aquellos niños y jóvenes que vivían en hogares de SENAME, siendo la capacitación laboral la herramienta más utilizada.
Así, para evitar deserción de los alumnos de educación básica del sistema fiscal y municipal, se implementan diversas acciones, como el cambio en el reglamento de evaluación y promoción automática,supervisión de escuelas, capacitación y perfeccionamiento docente, programas de educación extraescolar, escuelas parar padres y una serie de programas asistenciales que consistía en programas de becas, entrega de útiles, vestuario escolar y calzado.388 Si bien se reconocen las necesidades económicas de muchos niños y sus familias, no se señala el trabajo infantil como una causa de la deserción.
386 Fredy Soto. Rodrigo de las Heras. Susana Arancibia. La Deserción Escolar en las escuelas estatales (fiscales
y municipales) de Educación Básica en Chile de 1980-1983. CPEIP, 1984. P.12.
387 Datos obtenidos de MINEDUC, 2003. En Manuel Gárate Chateau. La Revolución Capitalista, Op. cit., p.
281.
388 Fredy Soto. Rodrigo de las Heras. Susana Arancibia. La Deserción Escolar en las escuelas estatales…Op.
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Posiblemente como señalaban Cerri y Cariola389, era posible para muchos niños y adolescentes complementar estudio y trabajo porque la escuela duraba media jornada; lo que a nuestro juicio, invisibilizaba aún más el fenómeno. Como el caso de Jorge Martinez:
(…) Tiene once años, trabaja desde los ocho y actualmente es “estacionador de autos en el UNIMARC”
“Mi papá está en el mínimo. Mi hermano y yo trabajamos para pagarnos la ropa. Yo voy a la escuela hasta las seis y de ahí me paso al trabajo hasta que cierran. Empecé por ayudarle a mi papá en la casa, pero como se quedó cesante…390 Un grupo de niños entre 10 y 11 años, llamados los Parinacota, tocan sus instrumentos, como bombo, flauta dulce, maracas y panderos, vestidos con sus uniformes escolares después de una jornada de clases. Esa imagen quizás representa a muchos niños y adolescentes que buscaron enfrentar el destino con una sonrisa, con alegría, con esperanza, con tristeza y violencia en algunos casos. Esos niños que hoy son adultos y debieron enfrentarse de manera temprana al mundo del trabajo, mientras otros juegan en un Chile controlado por el miedo y la represión.391
389 Cerri, Cariola. Trabajo Infantil…Op. cit., p. 157.
390 Revista Hoy. Mientras otros juegan, 28 de septiembre al 4 de octubre de 1983. 391Ibid.
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Conclusiones
Durante la década de los sesenta el ingreso de menores a la fuerza laboral se vio disminuido, entre otras cosas, por la promoción educacional, la cobertura en la asistencia alimentaria y el mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores. No obstante, el fenómeno del trabajo infantil en el mercado informal aún era común, existiendo voces que lo denunciaban relacionándolo con los efectos del modelo de desarrollo estatal en la vida de los sectores más deprivados. Por lo tanto, gran parte de la responsabilidad estaba puesta en el rol del Estado.
La Dictadura de Pinochet consideró que la infancia y la juventud eran un ámbito estratégico para consolidar su “refundación nacional” demostrando, en lo discursivo una gran preocupación. En este sentido, la acción de las esposas de los miembros de la Junta, fue fundamental. Lucía Hiriart, quie dirigía CEMA-Chile realizaba una serie de obras de caridad hacia los niños más pobres, Alicia Godoy en CORDAM se preocupaba por los menores en situación irregular y Margarita Riofrio, esposa del Almirante Merino dirigía COANIL (Corporación de Ayuda al Niño Limitado). El Régimen, además implementó una serie de acciones que comienzan por realizar un diagnóstico general entre 1974 y 1980 sobre la situación de la infancia más pobre en nuestro país. A partir de los resultados arrojados es que se deciden una serie de cambios en las políticas de alimentación, educativas, laborales y de protección. Pese que su fin era establecer una Política Integral, que vinculara a todos los ministerios y que permitiese una utilización de recursos eficientes por parte del Estado ( o por lo menos en el discurso), terminaron
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siendo descoordinadas y cubriendo a un pequeño sector de la población infantil con programas asistenciales más que con una mirada país a largo plazo. En este sentido, los más perjudicados fue el segmento etario comprendido entre los 6 y los 17 años, porque recibieron menos atención por parte del gobierno.
En el periodo que abarca esta investigación, 1974-1984, el fenómeno del trabajo infantil sigue existiendo y manteniendo ciertos visos de continuidad en relación a la década anterior. El trabajo informal, por parte de los menores es una situación que permanece pero que adquiere nuevas modalidades y complejidades, propias de los cambios que sufre el país. Sin embargo, nos atrevemos a decir, que se comenzó a percibir de manera más profunda que en décadas pasadas, posiblemente porque el nivel de vulnerabilidad infantil se acrecentó en las familias populares como resultado de las transformaciones a el modelo y las crisis que sacudieron al país, existiendo sectores como la Iglesia y grupos de la oposición que fueron capaces de denunciar la precarización de la vida de los niños.
En relación a nuestras hipótesis, sostenemos que la Dictadura de Pinochet en los periodos de crisis fue tolerante con la presencia de menores que ejecutaban diversas labores del mercado informal, tales como arregladores de autos, cargadores de feria e incluso recolectores de basura. En este sentido, también permitió que niños cooperaran con la economía familiar con labores propiciadas por ejemplo, por la Secretaría Nacional de la Mujer. Además, según el contexto, diversas labores realizadas por niños y adolescentes no se consideraban como trabajo infantil y adquirían la figura de ayudas o cooperaciones. Se aprecia, por ende, una actitud paradojal frente al tema, porque por una parte, acoge los lineamientos de UNICEF y de la OIT en relación a evitar el trabajo prematuro de menores, a partir de cambios en la legislación y de un discurso oficial que apuntaba a ello; no obstante, en la práctica era tolerante con éste. El momento en el que se apreciaba la acción del Estado en relación al trabajo de niños y adolescentes era cuando este se vinculaba a la vagancia y a la mendicidad, siendo reprimidos y llevados por carabineros a algún centro proteccional.
Por otra parte, también es cierto que la tolerancia frente a lo que puede o no considerarse trabajo infantil responde también a un patrón cultural de la sociedad. Es así como en el periodo que se llevó a cabo este estudio, muchos padres tampoco problematizaban frente al tema, ya que también sentían que las actividades que
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realizaban sus hijos respondía a la ayuda que podían entregar a su mantención o la del hogar, sobretodo en tiempos de crisis.
También podemos señalar que si bien, no encontramos cifras oficiales concretas sobre la cantidad de menores que desarrollaban labores en el mercado laboral (desde los niños que realizaban actividades en el mercado informal y aquellos que desarrollaban labores mediante el contrato de aprendizaje), si podemos señalar que durante el periodo que abarca esta investigación la precarización de la vida familiar, provocó que muchos niños y adolescentes debieran buscar diversas maneras para aportar a la economía de sus hogares. Como señalamos anteriormente, pese a que al interior del gobierno se aprecian mayoritariamente silencios frente al tema, diversas publicaciones y artículos de prensa nos hacen creer que efectivamente hubo un aumento de la presencia de menores en el mercado de trabajo de tipo informal o subempleo. No obstante, al mismo tiempo se produce una tensión con aquellos cuyas edades bordeaban los 15 y 17 años, quienes al estar en condiciones de ser contratados en el mercado formal de trabajo no pudieron integrarse. Diversas investigaciones nos señalan que este grupo vio disminuidas las posibilidades incorporarse al mercado laboral formal, porque no existían las plazas suficientes debido al declive del sector productivo industrial (el cual décadas anteriores había absorbido a este sector de la PEA), además por los efectos de las crisis económicas. A las limitaciones antes señaladas, los jóvenes debían enfrentarse a la desconfianza de los empleadores por su inexperiencia y pocas destrezas en áreas productivas, pese a contar con más años de escolaridad. En el periodo que abarca esta investigación el contar con mayor escolaridad no significó que se abriesen más puertas en el ámbito del trabajo, entre otras cosas porque el sistema educativo en general era muy academicista y preparaba a los estudiantes para la educación superior ya fuese universitaria o de instituto, aspecto que complicaba aún más la situación de los jóvenes de los sectores de extrema pobreza. Si bien, la educación media científico-humanista no establecía vínculos con el mundo del trabajo, la educación técnico-profesional tampoco fue un vehículo efectivo para ello. La disminución considerable de la matrícula en este sistema así lo confirma.
Concluimos que tampoco existió hacia trabajo de adolescentes y jóvenes un programa focalizado en ellos. Los desempleados y quienes buscaban trabajo por primera vez recurrían a las mismas instancias que los adultos. Revisando la Revista de SENCE
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entre 1978 y 1981 pudimos constatar que en ningún momento existió, por ejemplo, un plan de entrega de becas de capacitación focalizado a los más jóvenes. La oferta de capacitación a jóvenes quedó relegada a las postulaciones a los cursos SENCE que otorgaban las Oficinas Municipales de Colocación, a los intereses de los empleadores en contratar los servicios de una OTEC y al sistema de educación superior que a partir de 1981 crea la figura de los IP y los CFT, cuyo acceso estuvo determinado por la capacidad de pago individual y donde los jóvenes en situación de pobreza no podían costear. Si bien, en este ámbito se puede plantear la existencia del contrato de aprendizaje, debemos pensar que sus alcances fueron limitados. Por otro lado los ingresos que percibía un aprendiz eran bastante exiguos. Este escenario otorgó pocas posibilidades de adquisición de nuevas competencias para los jóvenes, lo cual, unido al complejo momento económico contribuyó al engrosamiento de las cifras de cesantía en este sector de la población.
Si bien no pudimos encontrar una gran cantidad de fuentes gubernamentales o pro-gobierno que nos ayudasen a comprender mejor la actitud del Estado frente al tema, si podemos hacernos una idea. Consideramos que el Estado mantuvo una actitud displicente hacia el segmento de la población conformado por niños y jóvenes entre 6 y 17 de los sectores más pobres. Al respecto, surge la duda ¿Esto se debió a un desconocimiento de la situación de precariedad en la que vivían? No obstante, el Programa de Desarrollo Integral de Menores CONICYT-UNICEF fue una herramienta que apuntaba justamente a informar a las autoridades sobre las condiciones de la niñez y la juventud de extrema pobreza. Por eso es que resulta paradójico que no se hayan diseñado programas de ninguna especie para niños y jóvenes sobre los seis años (más allá del fuerte énfasis puesto a la educación básica) y la creación de una nueva institucionalidad hacia los menores en situación irregular como SENAME. En este sentido, las políticas hacia la infancia desarrolladas en Dictadura tuvieron un énfasis asistencialista (como los subsidios a los padres, programas de alimentación, becas, etc.) y que si bien beneficiaron a algunas familias, su impacto fue reducido y limitado porque no pusieron foco en la prevención de situaciones de riesgo de los niños y jóvenes. La reducción del rol del Estado contribuyó a la precarización de la vida de las familias más modestas, generando situaciones de riesgo como vagancia, drogadicción, la prostitución, el trabajo a temprana edad. Estos problemas alcanzaron una mayor visibilidad debido a
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su magnitud en el periodo que comprende esta investigación, pero también al interés de algunos centros de estudios y ONGs.
Finalmente, consideramos que es fundamental reflexionar sobre la acción del Estado en materias vinculadas a la infancia, la adolescencia y la juventud, ya que en lo discursivo siempre se presentan buenas intenciones, pero en la práctica, la importancia que se otorga en la intervención de este sector tan importante de la población se diluye en torno a nuevas problemáticas que surgen en la agenda. Si bien en nuestro país el trabajo infantil ha disminuido debemos estar atentos frente las condiciones de trabajo de aquellos menores que ingresan y preguntarnos a su vez, cuáles son las necesidades que provocan que un adolescente de 15 años tenga que trabajar, compatibilizando esta actividad con sus estudios. Además, es de suma importancia que ellos sean educados y conozcan sus derechos como trabajadores, si es que como sociedad aceptamos que integren la fuerza laboral, para que no sean potenciales víctimas de abusos. En ese aspecto la acción mancomunada de la sociedad civil y el Estado es fundamental.
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Corolario
Políticas hacia el empleo juvenil en la actualidad
Desde la década de los noventa, Chile, al ratificar el Convenio de los Derechos del Niño, ha llevado a cabo una serie de diagnósticos, planes y programas que han apuntado a disminuir la presencia de trabajo infantil en nuestro país392. Estos esfuerzos han dado sus frutos. Nuestro país posee las tasas de participación laboral infantil más bajas de la Latinoamérica. Actualmente son 220.000 niños (6,6%) entre 0 o 18 años.
Actualmente el enfoque que se utiliza en nuestro país para abordar esta temática, es que el trabajo infantil responde a multiples causas, aunque se reconoce que su mayor vínculo es la pobreza . Para ello, la OIT insiste en la necesidad que los países se establezcan “pisos de protección social” para las familias y así evitar que los niños
392 En 1996 se constituye el Comité para la erradicación del Trabajo Infantil y la Protección del Menor
Trabajador. Actualmente corresponde al Comité Nacional Asesor para la Prevención y Erradicación Progresiva del Trabajo Infantil. El Comité publicó en el 2001 difunde el Plan de Prevención y Erradicación Progresiva del Trabajo Infantil y Adolescente en Chile. El Ministerio del Trabajo y Previsión Social y la OIT, entre los años 2002 y 2004 realizan el Diagnóstico Nacional del Trabajo Infantil y Adolescente e Identificación de sus Peores Formas, con apoyo del Servicio Nacional de Menores (SENAME) y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Véase Crecer Felices. Estrategia nacional para la erradicación del trabajo infantil y protección del adolescente trabajador (2015-2025). OIT-MINTRAB, p. 13.
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realicen actividades para cubrir sus carencias y la de sus familias.393 Continuando con el compromiso adquirido en 1990, es que en el el año 2015, se publicó la Estrategia Nacional para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil y la Protección del Adolescente trabajador 2015-2025. La finalidad de esta estrategia es:
Como Ministerio del Trabajo y Previsión Social, buscamos construir una sociedad con igualdad de oportunidades, donde la trayectoria de los trabajadores hacia el trabajo decente esté asegurada. Erradicar el trabajo infantil constituye un componente principal de este compromiso, al asegurar el derecho de los niños al juego y a la educación. Niños que no trabajan y adolescentes que trabajan de