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B. Protein expression (quantified from western blots shown in suppl Fig.2) of E-cadherin and total

6. Materials and Methods

1. En El matrimonio entre el alma V los sentidos y, más concretamente, en Sexo, ecología, espiritualidad y en Breve historia de todas las cosas se explica el significado del término "mundo chato", que yo utilizo en dos sentidos diferentes. 1) Técnicamente, se trata de la creencia de que las únicas realidades auténticamente reales son las propias de la Mano Derecha y la consiguiente reducción de todos los eventos de la Mano Izquierda a sus correlatos en la Mano Derecha. 2) En otro sentido, el término "mundo chato" se refiere a la creencia de la Mano Izquierda en

un sólo nivel de conciencia. Desde esta perspectiva, pues, los conductistas -que sólo creen en la conducta que puede ser observada de un modo objetivo- ejemplifican la primera acepción del "mundo chato", mientras que el relativisismo pluralista -que sólo reconoce los valores propios del meme verde- constituyen un ejemplo de la segunda acepción del término. El reduccionismo del mundo chato (en el primero de los sentidos) admite dos grados diferentes el reduccionismo sutil, que lo reduce todo al cuadrante inferior-derecho (como hacen los sistemas de procesos dinámicos. las teorías del caos y de la complejidad, la teoría sistémica tradicional, la autopoyesis social, la red-de-la-vida, etc.), y el reduccionismo burdo, que va todavía un paso más allá y termina reduciendo esos sistemas objetivos a átomos objetivos (reduciendo todos los fenómenos a unidades atomísticas del cuadrante superior-derecho). El reduccionismo sutil es conocido también con los nombres de holismo exterior u holismo chato (en contraste con el holismo integral, que incurre tanto en el holismo interior como en el holismo exterior). Ambos -tanto el reduccionismo burdo como el reduccionismo sutil- creen que el mundo puede ser explicado en el lenguaje en tercera persona del "ello" (es decir, ambos son monológuicos, no dialóguicos ni translóguicos). Digamos, a propósito de este punto, que el "crimen cometido por la Ilustración" no consiste tanto en el reduccionismo burdo como en el reduccionismo sutil. Los filósofos de la Ilustración pensaban en términos sistémicos, ellos fueron los primeros grandes defensores del sistema de la Naturaleza y del "gran orden interrelacionado" (Charles Taylor, Sources of the Self, véanse también los capítulos 12 y 13 de Sexo, ecología, espiritualidad).

2. La psicología conductista, el asociacionismo y la epistemología adoptaron rápidamente la visión de la mente como una tabula rasa porque, entre otras muchas razones, prometía una "perfectibilidad ilimitada" de los seres humanos mediante el uso de los distintos tipos de ingeniería social objetiva. Se trata de una visión que rechaza sumariamente de un plumazo todas las diferencias, capacidades y estructuras innatas y considera que el ser humano nace en un estado semejante a una masa de arcilla que puede verse moldeada a gusto por las fuerzas y las instituciones externas (conductismo, asociacionismo) hasta conseguir el estado deseado. En su Observations on Man, publicado en 1749, David Hartley presentó una nueva teoría psicológica -el asociacionismo- que consideraba la mente como un conjunto de sensaciones, una visión que encajaba perfectamente con la epistemología empirista de Locke. Berkeley y Hume y terminó dando origen a una nueva teoría política: el liberalismo. James Mill y su hijo John Stuart Mill abrazaron estas ideas por una razón muy sencilla: «La principal doctrina psicológica de mi padre -escribió John- sostenía que el carácter del ser humano es modelado por las circunstancias [causación objetiva] a través del principio universal de asociación, con la consiguiente posibilidad de una mejora sin fin de las condiciones morales e intelectuales de la humanidad...». Y el logro de esta mejora requería de una educación conductista que modelase el interior en función de las condiciones externas o -especialmente en las versiones posteriores- mediante el uso de las distintas formas de ingeniería social. Por ello el conductismo -por más burdo e incorrecto que fuera- acabó convirtiéndose en la psicología oficial de la Unión Soviética y sigue siendo la psicología implícita de muchas formas de liberalismo tradicional.

Como señala John Passmore en Cien años de filosofía: «En uno de sus primeros discursos, [John Stuart] Mil] anunció que compartía la creencia de su padre en la perfectibilidad, una fe que siguió manifestando hasta sus últimos escritos. Tal vez en ningún lugar expresó más abiertamente su rechazo de las diferencias innatas como en The Subjection of Women (1869), donde defendía que "hasta las diferencias más incuestionables" entre los sexos son tales que "bien pudieran deberse a las circunstancias [causación objetiva] sin que existiera. en realidad, la menor diferencia entre las capacidades naturales [causación subjetiva]"». Desde esta perspectiva, el ser humano es una tabula rasa en la que siempre puede verterse desde el exterior un mundo más perfecto, sin centrarse en la modificación de las realidades internas. Así fue como la doctrina de la tabula rasa acabó convirtiéndose en la política social radical. «Así pues, para Mill, el asociacionismo no es tan sólo una hipótesis psicológica, sino el presupuesto fundamental del radicalismo político.» Y lo mismo podríamos decir con respecto al empirismo, que no es sólo una epistemología, sino un proyecto de acción social que sólo se basaba en la causación objetiva (y en el consiguiente rechazo implícito de la causación subjetiva), uno de los principales motivos, por cierto, por los que se adoptó. «De manera similar. el empirismo es bastante más que un análisis epistemológico, porque no ser empirista supone la adhesión implícita al establishment y el compromiso con doctrinas e instituciones supuestamente "sagradas".» En opinión de Mill, «las creencias ajenas al empirismo constituyen el fundamento intelectual de las falsas doctrinas y de las malas ins- tituciones». Por ello el empirismo constituye la puerta de entrada para el modelado de los seres humanos (y, por tanto. de la "perfectibilidad", una de los proyectos fundamentales de la ingeniería social).

Como luego veremos, esta actitud reflejaba un noble empeño por pasar de las nociones etnocéntricas que hablan de "diferencias" innatas (como, por ejemplo, que los paganos nacen sin alma) tan frecuentemente excluyentes a una moralidad mundicéntrica postconvencional libre de prejuicios y sesgos (un intención que, por cierto, comparto). Porque el hecho es que el establishment -que, en la época de Mill, se centraba en las doctrinas etnocéntricas mítico-pertenencia de la Iglesia (las "instituciones sagradas")- requiere de una revisión crítica, y el empirismo puede ayudarnos a llevarla a cabo (porque cuestiona las demandas empíricas de la religión estrecha). Por otra parte. sin embargo, la psicología y la filosofía liberal, al negar la realidad de los reinos, estadios y estados interiores y reducirlos, en consecuencia, a meras improntas del mundo sensorimotor, acabarían traicionando sus propios objetivos. Porque su fidelidad al empirismo exclusivamente sensorial y a la tabula rasa acabó convirtiendo a los liberales en los primeros promotores de la visión del mundo propia del materialismo científico, una visión chata del universo que termina socavando -y, en ocasiones, llega a desbaratar- cualquier posible crecimiento y desarrollo de los dominios interiores. Si los seres humanos poseen realmente una "perfectibilidad ilimitada", ésta no yace exclusivamente en el desarrollo exterior, sino también en la espiral del desarrollo interior. Como veremos a lo largo de este capítulo, la tabula rasa liberal aspiraba noblemente a la conciencia moral mundicéntrica, pero acabó equivocándose de camino.

3. Éste es. precisamente, el motivo por el cual las sociedades más "liberales" o más "permisivas", son las que menos alientan el liberalismo. Porque el hecho es que,

cuando todas las actitudes se consideran iguales y no se establece "ningún juicio" al respecto -es decir, cuando no se "margina" ninguna-, caben todas las posturas, desde el egocentrismo hasta el etnocentrismo. en cuyo momento la existencia misma del liberalismo mundicéntrico se ve profundamente amenazada. Así es como el liberalismo tradicional acaba socavando sus cimientos. Véanse las entradas correspondientes a los días 3 y 15 de diciembre de Diario y Boomeritis.

4. Dado que la ola mítico-pertenencia (meme azul) constituye un estadio ab- solutamente normal y necesario del desarrollo humano, cualquier política realmente integral -y que se atenga, por tanto, a la directriz primordialdebe comprender el papel absolutamente necesario (aunque ciertamente limitado) que desempeña el meme azul en cualquier sociedad y no pretender simplemente disolverlo a la menor oportunidad. Porque la animadversión que muestra el meme verde por el azul y su intención de disolverlo ha acabado convirtiéndose en una de las pesadillas políticas que asolan a este país y al mundo entero.

5. Cualquier política realmente integral debe tratar de incluir armónicamente las orientaciones políticas de todo el espectro en tres grandes regiones, al menos, de un modelo omninivel y omnicuadrante: las que se refieren a la causación social, a la relación entre lo individual y lo colectivo y a los niveles del desarrollo. Existen otros ámbitos que no necesitan ser considerados en esta breve introducción. como los que se refieren a la dirección del cambio (regresivo, progresivo o estacionario; bondad recapturada versus crecimiento hacia la bondad, etc.), los métodos de cambio (crítico, traslativo o transformador) y los tipos de libertad (negativa, positiva). Así pues. las siguientes tres regiones son las más importantes:

1) Causación social. ¿Cuál es la causa fundamental del sufrimiento, de la inferioridad o de la falta de derechos de una persona. en ella misma o en la organización social?, ¿en la naturaleza o en la educación?, ¿en la causación interior o en la causación exterior? Desde la perspectiva liberal, la causa del sufrimiento depende de las instituciones sociales objetivas: las personas sufren porque la sociedad es injusta: usted es pobre porque se ha visto oprimido, marginado o, en el mejor de los casos, porque no le han brindado otras oportunidades (J.S. Mill). El conservadurismo, por su parte, atribuye el sufrimiento a la misma persona: usted es pobre simplemente porque es perezoso. Así pues, desde el punto de vista conservador, la culpa del sufrimiento humano reside en los factores internos y las instituciones sociales no reprimen a las personas, sino que, muy al contrario, las ayudan a desarrollar sus potencialidades más elevadas (Edmund Burke). Así pues, para los conservadores, la causa básica del sufrimiento no reside en el entorno, en la educación o en las instituciones sociales sino en el mismo individuo. Ésta fue la definición de las visiones liberal y conservadora que esbocé en Después del Edén (1981), una definición que desde entonces se ha popularizado. Veamos ahora un ejemplo procedente de la revisión realizada por Lance Morrow del libro Hating Whiten, de David Horowitz, publicada en la revista Time el día 22 de noviembre de 1999: «Ésta es la línea que separa lo que podríamos denominar la visión externalista y la visión internalista. Los extemalistas -que tienden hacia la izquierda política- afirman que los pro- blemas raciales de Estados Unidos deben ser corregidos mediante intervenciones externas (acción afirmativa, transporte gratuito y otros programas gubernamentales orientados a subsanar las injusticias pasadas y robustecer la

justicia racial). Los internalistas -proclives a las soluciones conservadoras- subrayan la necesidad de adoptar soluciones que exigen esfuerzos procedentes del interior, como la educación, el trabajo duro, la automotivación, el desarrollo de la moral, los valores burgueses, la demora de la gratificación, en suma, las viejas virtudes de los inmigrantes». Así pues, la distinción entre la causación interior y la causación exterior constituye una dimensión absolutamente necesaria de cualquier abordaje integral a la política.

2) Individual/colectivo. ¿El establecimiento de una sociedad justa debe subrayar la importancia del individuo o de la colectividad? Éste es un dilema muy antiguo que alcanzó su punto culminante con el advenimiento de la Ilustración y el yo individualizado, una emergencia, por cierto, bastante reciente (véase Después del Edén). En Beyond Left and Right, Lawrence Chickering señala la diferencia existente entre las vertientes "libre" y "ordenada" de cualquier política partidaria. De este modo, la yuxtaposición de esta diferencia con los conceptos de liberal (izquierda) y conservador (derecha) nos proporciona cuatro grandes orientaciones políticas: izquierda libre e izquierda ordenada y derecha libre y derecha ordenada. (Véase en nota 8 la llamada matriz de Chickering/Sprecher.) Desde esta perspectiva, los defensores de la economía libre tienden a ser liberales (en el sentido de que subrayan las libertades individuales) de derechas (porque creen en la causación interior que, como el lector recordará, afirma que uno es pobre porque no trabaja lo suficientemente duro). En consecuencia, desde este punto de vista, el gobierno debe mantener las manos alejadas del mercado laboral y permitir que éste recompense la iniciativa individual). Los conservadores tradicionales, por su parte, son ordenados (porque enfatizan los valores colectivos, la virtud cívica, los valores familiares, cte.) de derechas (porque creen en la causación interior, según la cual la sociedad funciona mal porque no se han inculcado en los individuos los valores tradicionales, como la oración escolar, el trabajo ético, los valores familiares, cte.).

El liberal clásico de la Ilustración era un liberal (en el sentido de que oponía la libertad individual a la mentalidad del rebaño y la religión etnocéntrica) de izquierdas (por cuanto consideraba que la causa del sufrimiento humano radica en instituciones sociales corruptas y opresivas y sostenía la creencia de que todos los seres humanos nacen iguales, pero que la sociedad los trata injustamente). No es de extrañar, por tanto, que la orientación liberal de izquierdas asumiera una actitud política revolucionaria, según la cual, si la sociedad es injusta, basta con liberarnos de ella (como ocurrió, por cierto, en Francia y en Estados Unidos). Los partidarios de las libertades civiles siguen ateniéndose a esta orientación liberal de izquierdas que sostiene que los derechos libres del individuo se hallan por encima de casi cualquier otro desafío.

Los liberales verdes casi siempre son ordenados de izquierdas y quieren imponer sus valores -ya sean multiculturalistas, feministas o lo que fuere- a toda la sociedad a través de la educación y de la acción del gobierno. Éste es el motivo por el cual los ordenados de izquierdas y de derechas suelen establecer alianzas de lo más insólitas. El deseo de imponer sus valores sobre los demás, por ejemplo, ha llevado a los conservadores y a algunas feministas radicales, por ejemplo, a ir más allá de sus diferencias y unir sus fuerzas para solicitar la prohibición de la pornografía.

liberales de izquierdas (que afirman que el gobierno no debe inmiscuirse en la vida de los individuos) que lentamente fue escorando hacia una perspectiva de izquierda ordenada (según la cual, existen razones morales que justifican la interferencia del gobierno en la vida cotidiana del individuo). El ejemplo típico, en este sentido, nos lo proporciona la lucha por los derechos civiles ya que, si el gobierno no hubiera intervenido, todavía nos hallaríamos inmersos en plena segregación racial. Y si bien debo admitir que hay algo de cierto en todo ello, también es evidente que la postura ordenada de izquierdas -además de sus sanas e importantes contribuciones- ha termi- nado convirtiéndose en el hogar de hoomeritis (un pluralismo postconvencional verde preñado de narcisismo preconvencional), que quiere inmiscuirse en la vida de las personas por el poder que de ello se deriva. Así es como la izquierda ordenada ha acabado convirtiéndose en el hogar del feminismo hoomeritis, del multiculturalismo hoomeritis, de la ecología booateritis (es decir, del ecofascismo) etc. Quienes estén interesados en una integración de las posturas liberal y ordenada (o entre la individualidad y la relación), pueden consultar la nota 7.

3) Niveles del desarrollo. La última gran región a considerar tiene que ver con la ola general de la existencia que pretende modificar la acción política. Así, los conservadores tienden a alentar las olas convencionales (desde azul hasta naranja), mientras que los liberales suelen abanderar las olas noconvencionales (es decir, púrpura/rojo y naranja/verde). Cualquier política auténticamente integral debe tener en cuenta dos grandes puntos: 1) Utilizar esas tres grandes dimensiones (y otra menor que apuntamos al comienzo) para cartografiar el espectro completo de las orientaciones políticas. 2) Ver el modo más adecuado de integrar plenamente todas esas orientaciones políticas (no en sus facetas extremas, sino en sus versiones sanas). Y en lo que respecta a estas tres grandes dimensiones, esto significa: a) subrayar tanto la causación interna como la causación externa y alentar, de ese modo, el desarrollo interior y el desarrollo exterior; b) reconocer una democracia auténticamente participativa en la que el individuo pueda sentirse artífice de las leyes colectivas que regulan su conducta y c) reconocer la directriz primordial de toda la espiral completa del desarrollo humano.

Para integrar estas tres dimensiones de un modo coherente necesitamos una filosofía que pueda revelarnos la relación precisa que existe entre ellas, la filosofía integral omninivel y omnicuadrante que he tratado de presentar en una serie de libros, para los cuales ésta es una buena introducción. (Quienes estén interesados en una visión más detallada de la política integral pueden consultar Boomeritis.) El uso de ese modelo nos permite integrar teóricamente esas dimensiones y todavía nos queda la labor de traducir todo ello a una práctica política que integre lo mejor del conservadurismo y lo mejor del liberalismo en una síntesis que nos deja cabalgar armónicamente la ola del futuro integral.

6. La directriz primordial nos obliga a dejar de lado el modelo de "recapturar la verdad" y asumir decididamente el modelo de "crecimiento hacia la bondad" (véase la entrada correspondiente al día 10 de diciembre de Diario y Boomeritis). El liberal tradicional cree en un estado de "bondad original" que se ve oprimido y reprimido por instituciones sociales corruptas. Y aunque esta noción encierre algún tipo de verdad -como explico en la mencionada entrada de Diario-, la investigación psicológica sostiene decididamente la versión de "crecimiento hacia la bondad",

según la cual, el desarrollo se despliega desde las fases preconvencionales hasta las convencionales y las postconvencionales. La versión liberal, la epistemología em- pírica y la psicología conductista, que sostienen la "bondad original" y la noción de tábida rasa, no ha encontrado el menor apoyo en la investigación, dejando así al liberalismo tradicional sin el sostén de una filosofía, una psicología y una ética plausible. El enfoque omninivel y omnicuadrante trata de asentar los nobles objetivos del liberalismo sobre cimientos más sólidos recurriendo, para ello, a las contribuciones positivas de la tradición conservadora.

En lo que respecta a los "estadios interiores", esto supone la existencia de estadios en todos los cuadrantes, es decir, tanto en el cuadrante subjetivo (intencional), como en el objetivo (conductual), el intersubjetivo (cultural) y el interobjetivo (social). Las olas del desarrollo se despliegan en los cuatro cuadrantes y, en consecuencia, hay que tenerlos en cuenta a todos ellos. Además, puede haber un desarrollo desigual entre los distintos cuadrantes -de modo que tecnologías muy sofisticadas ("ello") pueden ser utilizadas por culturas etnocéntricas ("nosotros") pobremente desarrolladas, con re- sultados más que desastrosos (por ejemplo, Kosovo)-, etc.

Así pues, los dos pasos técnicamente necesarios para aproximarnos a una política integral son los siguientes: 1) unir el interior y el exterior y 2) reconocer que tanto el interior como el exterior se despliegan a través de una serie de estadios y llegar así a la directriz primordial. Es evidente que todas las dimensiones esbozadas en la nota 5 son esenciales para una política auténticamente integral, pero tal vez estas dos sean las más urgentes. La implementación práctica de estos dos pasos resulta levemente diferente en el caso de los liberales que en el de los conservadores, puesto que cada uno de ellos deberá aplicarlos subrayando, precisamente, aquello de lo que carecen. Así, en el caso de los conservadores (que creen en la causación interior y en los niveles interiores,

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