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6 Ibídem.
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Todo esto plantea, además de la necesaria tipificación de ese Estado, la preliminar toma de posición ante la definición de la base material sobre la que se sustenta. ¿Era una sociedad esclavista? ¿El llamado modo de producción asiático es un modo de producción especial, sui géneris?
En general es posible plantearnos: ¿Era la sociedad que analizamos una de tipo esclavista o una forma especial, distinta de los cinco modos clásicos de producción? Para la historiografía socialista el problema ha quedado resuelto, como hemos dicho, desde los alrededores de 1940. A partir de los artículos de S. I. Kovaliev, se definen las sociedades del Antiguo Oriente como correspondientes a un estadio del modo esclavista de producción; su estadio atrasado, patriarcal, primitivo.
Nosotros pensamos que en las afirmaciones de Davy hay un gran contenido: “Lo que hay de especial en el Egipto es lo que tiene de antiguo”. En general consideramos que, más que un estado obligado del desarrollo del modo esclavista de producción, podemos entender que en esos pueblos del Antiguo Oriente presenciamos una forma es pecial de la descomposición de la comunidad primitiva y una ordena ción económica y de las clases sociales totalmente singular. Esa forma corresponde a situaciones geográficas determinadas; pero, sobre todo, es correspondiente a sociedades que presencian esa liquidación de las comunidades primitivas en una época antiquísima. Debemos recordar que en todos los pueblos en que encontramos los rasgos del llamado “modo de producción asiático” —Egipto, India, Mesopotamia, Persia, China, Vietnam, Mayas, Incas, étc.— las organizaciones políticas surgen en torno al v milenio antes de nuestra era, sobre la base de producción fundamentada únicamente en el bronce y el cobre. Encontramos que esos pueblos no tienen “modelos anteriores” que copiar; carecen de emu lación externa, no pueden beber de otros pueblos más adelantados — como sucedió a los griegos o a los romanos especialmente—, nuevas organizaciones de la producción ni mejores técnicas. Son estos pueblos que presencian la aparición de las clases y del Estado en una etapa muy temprana, sobre recursos materiales muy rudimentarios, sin posibilida des del rápido desarrollo por emulación. Todo esto contribuye a que en ellos mismos, la descomposición de esa comunidad primitiva se produz ca con caracteres especiales, y conserven incluso fuertes rasgos de la vieja comunidad primitiva.
Sin duda, en esos pueblos que estudiamos los elementos de la comu nidad gentilicia perviven con gran fuerza y en ellos no se ha abierto paso la propiedad privada. Falta para eso un elemento fundamental, el cebo generador, que no es otro que el intercambio comercial. Pero ya Marx puso de manifiesto cómo estas comunidades aldeanas eran self- sustaining, es decir, se bastaban a sí mismas, y el intercambio comercial
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se encontraba “allí donde el jefe del Estado o sus sátrapas cambian sus ingresos (el plusproducto) por trabajo y lo gastan como fondo de tra bajo”. Marx destaca así como el comercio periférico, que por demás no era fundamental en todos los gobiernos despóticos orientales, se cons tituye como un monopolio del monarca, como uno de sus atributos deducidos de su condición de organizador de la producción y benefi ciario máximo de sus resultados excedentes. Esto, claro está, constituía un limitante definitivo a cualquier desarrollo ulterior de nuevas fuer zas productivas y de relaciones de producción superiores, a más de que impedía plenamente que la propiedad eminente del monarca se viera socavada por la naciente propiedad privada individual. Es de advertir que en aquellos lugares en que el comercio se liberó un poco del mono polio monárquico, como en Babilonia, encontramos gérmenes de la descomposición del despotismo oriental clásico.
No creo que podamos decir que esas sociedades son simplemente las correspondientes a un estadio normal, y dado en todo caso, del desa rrollo esclavista. En realidad esto sería una flagrante simplificación a la vista de las experiencias romana y griega que el mismo Marx recoge en el ¥ ornen como otra forma de propiedad que llama “esclavista clásica”. Si bien es cierto que esa organización socioeconómica también se en cuentra en América, en Creta y Micenas, ello no permite afirmar que todos los estados esclavistas pasaron por esa estructura. Reiteramos que en Grecia y Roma el esclavismo y el Estado se sustentan en la existencia indubitada de la propiedad privada individual y diferenciada.
Podemos arriesgar nuestras conclusiones hasta esto: en las condicio nes del advenimiento antiquísimo de la división de clases en los pue blos del Antiguo Oriente, América, Asia, Creta, Micenas, Esparta y posiblemente los etruscos, diremos que se da una forma especial de propiedad, una forma especial de descomposición de la comunidad primitiva y una vía particular, como dice Godelier, de surgimiento del Estado.
Sin embargo, todavía quedaría la preocupación obsesionante de Marx acerca de la falta de evolución ulterior de esos pueblos. Si solo entendié ramos que los mismos constituyen una etapa de la esclavitud, tendría mos que sorprendernos de no ver la evolución posterior a la etapa clásica. Por el contrario hemos indicado que su antigüedad, sus condiciones geográficas, su aislamiento local e histórico los caracterizan solo como pueblos que descomponen sus comunidades primitivas de una manera especial, y esta manera especial influye directamente en su estancamien to posterior, lo cual no desdice que, por excepción, u obrando condi ciones liberadoras de las trabas naturales, pueda producirse una superación de esa organización social a una etapa de esclavismo clásico.
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¿Qué impide el desarrollo de esas comunidades hacia formas supe riores? Simplemente las peculiaridades de su nacimiento y, por tanto, en última instancia, también su antigüedad y aislamiento geográfico e histórico. El surgimiento primitivísimo del Estado entre ellos condi cionó la existencia de esas monarquías centralizadas, absolutas, buro cráticas, de derecho divino, teocráticas, que ejercían su poder de función y eran las coordinadoras de la producción social. Pero he aquí que cualquier avance de las fuerzas productivas, no va a conspirar contra su existencia, sino que va a propender a su fortalecimiento. Sin embargo, esas monarquías, tienen naturalmente que limitar los ulteriores desa rrollos económicos y llegan a ser como dice Thomson “un peso muer to sobre las sociedades”; allí donde ese peso se aligera un tanto, como en Babilonia, veremos sociedades proclives a desarrollos hacia formas superiores de relaciones de producción.
En general, la antigüedad de esos estados los hace girar en círculos viciosos, que no pueden conducirlos a desarrollos, y así vemos que solo se elevan sobre sus formas primitivas cuando salen de su historia, es decir, cuando entran en la historia de otros pueblos. Podemos con cluir ateniéndonos a las frases de Marx y decir que en los pueblos del Antiguo Oriente observamos una forma especial de propiedad que, agregamos, no corresponde simplemente a un estadio normal del desa rrollo del esclavismo, sino que representa una forma especial de surgi miento de la organización política en las condiciones de la gran antigüedad de esas organizaciones sociales, su aislamiento geográfico e histórico y su natural dependencia del medio. Vemos pues en ellas, además, una forma, una vía especial de surgimiento del Estado, sin que exista propiedad privada individual, pero sí aprovechamiento de los resultados de esa propiedad por parte del monarca y su corte. Vemos que se erigen sobre tales condiciones materiales monarquías despóticas, centralizadas, absolutas, teocráticas, burocráticas, cuyas características peculiares analizaremos seguidamente al estudiar los principales pue blos del Oriente Antiguo.
En fin, el nudo ideológico de las posiciones del marxismo al respec to consiste solo en entender al Estado siempre como instrumento de la dominación de clases. Aquí descansan las líneas de estrategia revolucio naria del proletariado en su lucha contra el Estado burgués y en el establecimiento de su dictadura de clase.
Pues bien, los estados despóticos orientales no niegan estas bases ideológicas. Allí se dio la división de la sociedad en clases y, como consecuencia de ello, las viejas divisiones del trabajo, las antiguas espe- cializaciones y funciones sociales de los jefes primitivos devinieron in sensiblemente mecanismos de dominio de las masas. Los que fueron en
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su origen servidores de la comunidad se convirtieron en servidos por la comunidad. Aquí también el Estado se perfila como instrumento de dominación de las clases y esta como resultado de una forma de apro piación del plusproducto.
Marx, en el Formen, y Engels en el Anti-Düringanalizaron estos hechos históricos y de ninguna forma se comprometieron en afirma ciones parciales o limitativas sobre los mecanismos del surgimiento de las clases. Estas pueden aparecer, como en Grecia o Roma, como con secuencia del surgimiento de la propiedad privada; pero ni Engels ni Marx negaron que pudieran aparecer de la manera que lo corrobora mos en los estados despóticos orientales.
El que Engels posteriormente se atuviera —en su obra E l origen de la familia, la propiedad privada y el Estado—a una descripción del desa
rrollo de la propiedad privada como condicionante del surgimiento del Estado, no contradice sus anteriores afirmaciones, ni de ello puede deducirse absolutamente que sus criterios del Anti-Dühringhubieran sido desechados. Por el contrario, el mismo título de la primera obra indicada expresa su ámbito y el laboratorio del que se ocupa. En ella se trata exclusivamente del mecanismo de surgimiento del Estado por la vía de la aparición de la propiedad privada y los ejemplos que se estu dian son limitativos de exponentes históricos de esa forma particular y tardía de surgir las clases.
No obstante ello, ni Marx ni Engels abrigaron jamás esquemas aprisionadores de la realidad histórica, y el mismo Engels, refiriéndose al surgimiento de las clases y el Estado, señaló lo siguiente: “Por consi guiente, es la ley de la división del trabajo la que determina la escisión en clases. La división de la sociedad en una clase explotadora y otra explotada, fue la consecuencia necesaria del ínfimo desarrollo anterior de la producción. En la medida en que el trabajo colectivo social rinde un poco más de lo necesario para satisfacer la precaria subsistencia de la colectividad (...) necesariamente se divide la sociedad en clases”.7