C H APTER
2.2 Materials and Methods 1 Study Site
La educación es un proceso de maduración, desarrollo y crecimiento de la persona en todas sus dimensiones: cognitiva, afectiva, social, creativa (estética),... Entendemos que el objetivo final de la educación ha de ser el de favorecer que los niños y niñas se desarrollen como personas autónomas, solidarias y capaces de gestionar su futuro. "El objetivo primero y fundamental de la educación es el de proporcionar a los niños y a las niñas, a los jóvenes de uno y otro sexo, una formación plena que les permita conformar su propia y esencial identidad, (...). Tal formación plena a de ir dirigida al desarrollo de su capacidad para ejercer, de manera crítica y en una sociedad axiológicamente plural, la libertad, la tolerancia y la solidaridad" (Revista Migrante, 2010).
La escolarización es una vía de consecución de los objetivos mencionados, pero no es la única. El derecho a la educación no se agota con la escolarización. En el proceso educativo de los niños y las niñas intervienen diferentes ámbitos y agentes sociales, y sólo desde la consideración de todos ellos puede configurarse el marco educativo.
La escuela como agente socializador básico, proporciona a los niños y niñas no sólo la madurez intelectual, sino también el ajuste al contexto social. Si no se da una relación adecuada de la niña o el niño con la escuela, no será posible ni el desarrollo intelectual ni una integración social activa. Por eso, en contextos socialmente desfavorecidos, el sistema escolar no suele adaptarse a la realidad que viven los adolescentes y jóvenes; no hay un ajuste de la organización, la estructura, las programaciones, a sus motivaciones, intereses y valores.
Para González, Maribel (2006), las familias, sean del tipo que sean, juegan un rol muy importante en la sociedad ya que, es uno de los primeros entornos de socialización en los que nos vemos inmersos. También son una parte imprescindible en el proceso de formación académica de los hijos.
Así mismo esta autora destaca que las niñas y niños de las familias migrantes llegan a las aulas enriqueciendo las mismas con distintas formas, lenguas, maneras, costumbres, gustos, intereses y sueños. Esta diversidad cultural plantea necesariamente nuevas formas de pensar, de saber y de hacer dentro de la escuela. La sensibilidad y la intención con la que se aborden estas necesidades, será fundamental a la hora de considerar a la escuela como ese elemento primordial en la construcción de cualquier sociedad, y en este
caso, de una sociedad, la nuestra, cada vez más plural, más rica, más ―diferente‖.
Indica también que, este fenómeno, en vez de alimentar y enriquecer nuestros centros, plantea importantes problemas en los mismos. Por un lado los recursos destinados a paliar las desigualdades y a ofrecer oportunidades a aquellos que más lo necesitan, no han crecido en la misma proporción que el número de inmigrantes en nuestras aulas (entendemos por recursos más profesores para mejorar las atenciones personalizadas, y más y mejor formación, además actualizada, para todos los maestros).
Señala también que la escuela pública, receptora de la inmensa mayoría de este importante sector de la población, sigue bregando para intentar ofrecer, unas veces con ilusión, otras, sin medios, una educación digna basada en la ¿igualdad? Al problema de los recursos se suma el de la distribución de estos alumnos, concentrándose estos en determinados centros públicos y no en otros. En algunas aulas, los inmigrantes constituyen el 50%. Esta circunstancia lleva asociada una realidad, la realidad propia de la inmigración, una realidad que retrata fielmente la escuela, a saber: Algunos estudiantes no conocen nuestra lengua, esto dificulta su
comunicación, su relación y su aprendizaje. Por otro lado son estudiantes con un bajo nivel inicial, en la mayoría de los casos, pues provienen de países más pobres, con menos recursos. Y además de todo esto, su entorno más próximo, y educativamente hablando, no les resulta en absoluto estimulante, viviendo una realidad basada en la satisfacción de necesidades más básicas como son el trabajo o la vivienda. Tristemente hemos de reconocer que, en las grandes ciudades, además de las bolsas de marginalidad ya alojadas en los centros públicos de los barrios más desfavorecidos, aparecen otro tipo de ―guetos‖. Estos aparecen también en barrios ―dignísimos‖. Es una realidad que en determinados barrios donde desarrollan su actividad varios centros públicos, en uno de ellos el porcentaje de inmigrantes en sus aulas está en torno al 5%, mientras que en otro muy cercano (diez minutos andando) el porcentaje sobrepasa el 40%.
1.5.2. LOS MAESTROS ECUATORIANOS FRENTE A LA MIGRACIÓN.
Se ha podido evidenciar que la migración ha traído consigo muchos problemas, es allí cuando el papel de la escuela, del colegio, de los profesores adquiere un mayor protagonismo, y se vuelve vital, ya que en la práctica son ellos, los maestros, quienes quedan a cargo de los menores, como a los mismos niños, que generalmente desarrollan un vínculo de confianza con la escuela
En algunas provincias, la emigración de los maestros ha dejado a cientos de escuelas sin educadores. Algunos pueblos han quedado prácticamente en manos de las mujeres, muchas veces incapaces de mantener sus matrimonios, que se disuelven bajo las presiones del espacio y del tiempo. En otros casos, las mujeres emigran sin sus esposos y dejan sus hijos al cuidado de familiares. Intentos fallidos de emigración ha hundido en la miseria a miles de familias que se han visto obligadas a vender sus tierras para pagar los préstamos. Pero las recompensas son usualmente demasiado grandes como para perder esa oportunidad. (Wertenberg, Lucy, 2006).
Nuestro cantón no fue la acepción en la migración de maestros en 1998 hasta la actualidad muchos de ellos abandonan las escuelas para cumplir su sueño con la salida a otros países, un 50% de maestros de educación bilingüe han abandonado el magisterio para buscar mejores oportunidades en Europa.