CHAPTER 3: METHODOLOG
3.1 MATERIALS PREPARATION
Conviene tener claro, para poder adentrarnos a la siguiente parte de esta investigación, la distinción pascaliana que se puede hacer entre filosofía y teología. Como se ha visto, para Pascal la filosofía es un error fruto de la concupiscencia de los hombres,273 es puro orgullo y vanidad, de esta forma nuestro autor la caracteriza dentro
de la miseria y la locura de las ciencias, pues para él, el único interés de los filósofos es ser reconocidos, admirados y seguidos como si ellos mismos y sus enseñanzas fueran la verdad. Todo el conocimiento humano de las escuelas y en especial el de la filosofía está extraviado, pues han perdido su fin, y se han colocado ellas mismas como centro, obstaculizando el deseo de encontrar la verdad. Pascal no se considera filósofo, y no reconoce otra forma de filosofar que burlarse de la filosofía, pues burlándose es posible evitar el camino de orgullo y fantasía que la filosofía lleva, haciendo que ponga los pies en la tierra y reconozca su error.
Pascal rehúsa para sí el título de filósofo, porque reconoce que cuando un hombre abriga el deseo de buscar la verdad, al fundar una escuela o al buscar ser seguido por la claridad de su espíritu, sólo consigue ser un obstáculo entre el hombre y la verdad (Dios).
Es injusto que alguien se ate a mí, aun cuando lo haga con placer y voluntariamente. Yo engañaría a aquellos en quienes hiciera nacer este deseo, pues yo no soy el fin de nadie y no tengo cómo satisfacerles. ¿No estoy llamado a morir?, así morirá el objeto de su afecto. De modo que, al ser culpable de hacer creer una falsedad, aunque lo hiciera dulcemente, y aunque se la creyese con gusto y esto me produjera placer, soy igualmente culpable de hacerme amar. Y si atraigo a la gente para que se aproxime a mí, debo advertir a quienes estuviesen dispuestos a aceptar el engaño, que no deben creerlo, cualquiera que sea la ventaja que ello me proporcione y, de la misma manera, que no deben sumarse a mi, pues es necesario que ellos vivan su vida y cuiden de agradar a Dios o de buscarle.274
Por esta razón Pascal odia a Descartes, pues no se interesó por Dios más que para instrumentalizarlo y convertirlo en una pieza de su sistema filosófico: “No puedo
perdonar a Descartes; bien hubiera querido, en toda su filosofía, poder prescindir de Dios; pero no ha podido evitar hacerle dar un papirotazo para poner el mundo en
273 La 145 (Br 461 – Ch 373). 274 La 396 (Br 471 – Ch 831).
movimiento; después de esto, no le queda sino hacer de Dios”.275 Algo similar puede ser
dicho de Epicuro y Montaigne, no así de San Agustín que para Pascal puede ser el modelo de filósofo, ya que nada en él es referencia a sí mismo, sino sólo a Dios.
El Dios al que se debe referir la filosofía no es un ente abstracto, sino el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, es decir, el Dios de una tradición concreta, no el de los filósofos y sabios.276 Con esto Pascal marca con mucha claridad la ruptura
entre la filosofía medieval y la filosofía moderna, pues el dios de la filosofía moderna corresponde a una idea, un concepto, una parte de un sistema filosófico, no al Dios experiencial que no defrauda a quien lo busca, y al cual no se puede cosificar o llegar a Él por la razón u otra vía que no sea por el orden de la caridad.
Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de los filósofos y sabios. Certidumbre, certidumbre, sentimiento, alegría, paz.
(Dios de Jesucristo.)
Deum meum et deum vestrum.
Tu Dios será mi Dios.
Olvido del mundo y de todo, menos de Dios.
Solamente se le encuentra a través de los caminos señalados en el evangelio.277
Para Pascal la filosofía debería ser entonces un vehículo para aquel que busca la
verdad con sinceridad, es decir una filosofía cristiana que “persuada” al hombre de que
busque y encuentre la verdad. En este caso, podemos decir que Pascal es filósofo y lo que hace es filosofía. La teología, en cambio, debe mostrar las pruebas metafísicas de la existencia de Dios, al igual que todo lo que de Él se pueda conocer. Pascal considera, por su parte que a la teología solo se accede después de que una persona ha experimentado un conocimiento sincero del Dios de Jesucristo,278 originado por la
gracia. De esta manera, la teología no sólo será posible en la Iglesia sino “para la Iglesia”. El papel de la filosofía, entonces consiste en conducir al hombre que desea conocer la verdad hasta la puerta de la experiencia religiosa, esto es, hasta la puerta de la Iglesia. Una vez el hombre ha dispuesto su exterior y Dios con su gracia ha inclinado el
275 (Br 77 – Ch 194). 276 Cf. La 913. 277 La 913.
interior, situado en el orden de la caridad, podrá hacer teología, pues es necesario que
“los fieles” den razón de su fe y se instruyan, para que quienes han conocido a Dios por
inclinación del corazón y no tengan suficiente espíritu al respecto, puedan dar cuenta de ello. Esto debido a que siempre podemos ser engañados a causa de nuestra miseria, y así como se puede ser merecedor de la gracia, también se puede ser indigno de ella y perderla. De esta forma, aún con la nula seguridad que se puede tener de que Dios quiera inclinar nuestro corazón, la verdad sigue siendo una apuesta válida para el hombre y su búsqueda una necesidad. Esta búsqueda de la verdad es para Pascal verdadera filosofía, y no se da exclusivamente dentro de la Iglesia, como la teología, sino que conduce al hombre a ella.
3.2 La Iglesia
Luego de haber examinado desde el primer capítulo la condición humana, partiendo de la pregunta por el puesto que le corresponde al hombre en el mundo, se ha visto hasta el momento el nudo de nuestra condición o las objeciones que podrían ser, en principio, un tropiezo para avanzar hacia el fin del proyecto apologético pascaliano. Lo trabajado hasta el momento, constituye la base metodológica con la que se deben abordar las pruebas de Jesucristo, lo cual es de gran importancia, ya que como mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo es insustituible para conocer a Dios.
No conocemos a Dios más que por Jesucristo. Sin ese mediador se suprime toda comunicación con Dios. Por Jesucristo conocemos a Dios. Todos los que han pretendido conocer a Dios y dar pruebas de Él sin Jesucristo no tenían más que pruebas incompletas. Pero para probar a Jesucristo tenemos las profecías, que son pruebas sólidas y palpables. Y estas profecías, estando cumplidas y probadas como verdaderas por el conocimiento, significan la certeza de estas verdades y por tanto la prueba de la divinidad de Jesucristo. En Él y por Él conocemos, pues, a Dios. Fuera de Él y sin la escritura, sin el pecado original, sin mediador necesario, prometido y llegado, no se puede probar absolutamente a Dios, ni enseñar ni buena doctrina ni buena moral. Pero por Jesucristo y en Jesucristo, se prueba a Dios y se enseña la moral y la doctrina.279
En este sentido, en el orden de la apología, lo que sigue son las pruebas de Jesucristo, las cuales darían al hombre no converso la posibilidad de examinar el
conocimiento y la solidez de las pruebas por la revelación, además de ponerlo en contacto con Dios. Pero en el orden de nuestra investigación, lo que sigue ahora es una aproximación al tema central de la apología, es decir a la Iglesia; de la cual esperamos nos muestre lo que debe hacer el ser humano, para ser en todo su sentido, hombre, pues
ella lo instruye sobre su condición. “Además, Pascal encuentra en ella un conjunto de
hechos específicos que, entre todas las demás religiones de la tierra, la hacen apta para satisfacer las necesidades del hombre, y por ello la terminará considerando como la
única verdadera”.280 Es en la Iglesia, donde se hace evidente que Jesucristo no ha
abandonado al hombre, pues permaneciendo invisible en medio de ellos, perpetúa en la Iglesia su presencia y su acción, viviendo en el corazón de sus fieles hasta el fin de los tiempos.281