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Las causas de las enfermedades son numerosas, pero una de las más importantes son las con- ductas que ponen en riesgo la salud, como el sedentarismo, la obesidad, el tabaquismo, etc., así como aquellas estrategias de afrontamiento dirigidas a regular la emoción frente a situa- ciones estresantes (Lazarus, 1986) que resultan nocivas (por ejemplo, tranquilizarse mediante el consumo de drogas, o la ingesta de alcohol o excesivas cantidades de alimentos).

Alcoholismo

El alcoholismo es una enfermedad crónica, progresiva y potencialmente mortal, cuyas carac- terísticas son tolerancia y dependencia física y cambios patológicos en los órganos vitales como consecuencia directa o indirecta del consumo en exceso de bebidas alcohólicas. Estos hábitos nocivos pueden presentarse en sujetos pertenecientes a cualquier nivel socioeconó- mico, aunque los problemas se manifiestan de diferente manera en cada grupo.

En realidad, este hábito es un tipo de drogodependencia. La dependencia física se mani- fiesta cuando se interrumpe la ingesta de alcohol, y se presentan síntomas asociados con la tolerancia cada vez mayor a esta sustancia y enfermedades relacionadas con su consumo. Por otra parte, el efecto directo del alcohol en el sistema nervioso provoca una disminución de CO N D U C T A S N O C I V A S P A R A L A S A L U D

la actividad, ansiedad, depresión, tensión e inhibición social; además, las capacidades cogni- tivas se deterioran (la concentración y el juicio).

El alcohol afecta, también, a otros sistemas corporales. Puede aparecer una irritación del tracto gastrointestinal, con erosiones en las paredes del estómago debidas a las náuseas y vómitos. Las vitaminas no se absorben bien, lo cual ocasiona deficiencias nutricionales en los alcohólicos crónicos. También provoca problemas en el hígado (cirrosis hepática) y el siste- ma cardiovascular se ve afectado por cardiopatías. Pueden aparecer alteraciones sexuales que generen impotencia en el hombre y desaparición de la menstruación en la mujer. Su consu- mo durante el embarazo puede originar problemas en el desarrollo del feto, entre ellos el llamado síndrome fetal del alcohol.

No existe una causa determinada del alcoholismo, pero ciertos factores pueden jugar un papel importante en su desarrollo. Es más probable el desencadenamiento de esta enfer- medad en las personas con algún familiar alcohólico que en otras que no lo tienen, y aun- que no se conocen las causas, se podrían presuponer alteraciones genéticas o bioquímicas.

Entre los factores causales de tipo psicológico más relevantes se pueden mencionar la necesidad de reducir la ansiedad, conflictos en las relaciones personales, baja estima perso- nal, etc. En lo que se refiere a los factores sociales, se destacan la disponibilidad de consu- mo de alcohol, la aceptación social, estilos de vida estresantes y otros similares.

El alcoholismo es uno de los problemas de salud pública más grave que se presentan en la actualidad. Se considera que es la droga que más se consume y de la que más se abusa. Por otra parte, por estudios realizados se conoce que los hijos de padres alcohólicos son más vulnerables a esta adicción que los niños de padres que no lo son. Las personas que tienen una historia familiar con progenitores que han abusado del alcohol se enfrentan a un riesgo mayor. Esta conducta nociva afecta tanto a hombres como a mujeres, y se calcula que 3.3 millones de adolescentes, de entre 14 y 17 años, que toman bebidas alcohólicas presentan signos o síntomas que podrían desencadenar problemas graves relacionados con el alcohol.

En estudios recientes sobre la prevención del uso y abuso del alcohol en adolescentes se comprobó que ésta es la droga que más usan los jóvenes de entre 12 y 17 años y que los accidentes de tránsito, relacionados con su abuso, son la primera causa de mortalidad en los jóvenes de entre 15 a 24 años. En este sentido, y desde una perspectiva preventiva, los programas educativos sobre el alcohol, dirigidos a niños y adolescentes; y a sus familiares, pueden ser de gran utilidad.

Los programas de modificación cognitivo-conductuales para el tratamiento de esta adic- ción han evolucionado en las últimas décadas. En la actualidad se considera que el entrena- miento en habilidades sociales puede ser de gran utilidad, debido a que les permiten a los alcohólicos adquirir un conjunto de habilidades de automanejo (cognitivas, afectivas y con- ductuales) que los habilita para interaccionar y relacionarse satisfactoriamente con los demás.

La técnica de resolución de problemas, el entrenamiento autoinstruccional, la reestruc- turación cognitiva y las intervenciones sistémicas (especialmente centradas en el ámbito fami- liar) han resultado estrategias terapéuticas eficaces, en conjunto con terapias farmacológicas, para superar esta conducta nociva.

Tabaquismo

Numerosas investigaciones han demostrado que el tabaquismo constituye un factor de ries- go que se relaciona estrechamente con distintos tipos de enfermedades. En el sistema ner- vioso central existen receptores específicos para la nicotina, que es el agente farmacológico que causa la adicción. Sin embargo, otros componentes del tabaco poseen gran potencial cancerígeno, por ejemplo, los denominados alquitranes. Se han observado diversos tipos de cáncer (de labio, cavidad oral, faringe, esófago, páncreas, laringe, pulmón, etc.) debido a esta adicción.

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De acuerdo con Amigo y Fernández (1998) se ha calculado que 80% de las muertes atribuidas a los efectos cancerígenos del tabaco son debidos al cáncer de pulmón. Por otra parte, agregan que una quinta parte de las muertes causadas por enfermedades cardiovascu- lares son atribuibles al uso de tabaco, pues señalan que la causa de la enfermedad es la acción de la nicotina, que activa el sistema nervioso simpático y provoca un incremento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, lo cual disminuye la temperatura de la piel y cons- triñe las arteriolas. También el consumo de tabaco parece explicar 80% de los fallecimientos causados por enfermedades respiratorias (bronquitis crónica, enfisema, asma), y es evidente su relación con trastornos sexuales (impotencia), envejecimiento prematuro de la piel, apari- ción de arrugas, úlceras y osteoporosis.

Respecto a la relación del tabaco con el sexo femenino, se ha comprobado que el núme- ro de mujeres muertas en Estados Unidos a consecuencia de su consumo se ha duplicado con creces desde 1965, hasta constituir 39% de los casos de fallecimiento por esta enferme- dad. Sin embargo, este género enfrenta riesgos adicionales como peligrosos coágulos san- guíneos entre las que usan anticonceptivos, irregularidades menstruales y menopausia antici- pada, infertilidad, osteoporosis y cáncer cervical. Asimismo, creció el número de las adolescentes que fuman, y la intensificación de las campañas de promoción por parte de la industria tabaquera amenaza con neutralizar los progresos recientes en la lucha contra el ciga- rrillo.

En países industrializados, el cigarrillo no sólo es la principal causa de enfermedades prevenibles y muerte prematura, sino que varios estudios han demostrado las diferencias antropométricas y biológicas relacionadas con su consumo, las cuales pueden ser resultado de los componentes del tabaco sobre distintas reacciones metabólicas o de diferencias en el estilo de vida de los fumadores.

Dallongeville et al. (1998) investigaron los hábitos alimentarios en poblaciones de fuma- dores y no fumadores, y demostraron la existencia de diferencias en la selección de ali men- tos. Los fumadores informaron acerca de una ingesta mayor de energía, alcohol y grasa mayor, que la de los no fumadores. Para el caso del alcohol, la diferencia fue ostensible. Lo contrario tuvo lugar en el caso de los carbohidratos y las proteínas, en los que no hubo dife- rencias en función del tabaquismo. Los fumadores exhibieron una ingesta menor de fibra, grasas poliinsaturadas, de vitaminas C, E y ␤-caroteno. El mayor consumo energético, auna- do al mayor ingreso de colesterol, alcohol y grasas saturadas y la menor ingesta de fibras y vitaminas antioxidantes, destacan los hábitos alimentarios poco saludables detectados entre los fumadores, los cuales van acompañados de incremento del riesgo de cáncer y enferme- dades cardiovasculares, que se suma al ya impuesto por el consumo de cigarrillos. Por otra parte, el bajo consumo de fibra y vitaminas antioxidantes añade un peligro adicional, dado que además del papel protector de estos agentes se produce un incremento de sus requeri- mientos por el hecho de fumar. La conexión entre tabaquismo y hábitos alimentarios es com- pleja. Es probable que el humo del tabaco, asociado con un marcado descenso en la monoami- noxidasa, provoque cambios en el apetito o en las actitudes hacia los alimentos, que podrían ser perturbados, además, por los cambios en el sentido del gusto de los fumadores.

En síntesis, las medidas preventivas a implementar desde el área de la salud pública deberían no solamente desalentar el consumo del tabaco sino promover, además, la adquisi- ción de buenos hábitos alimentarios.

Abandonar el hábito de fumar requiere estar convencido de las consecuencias negati- vas que tiene para la salud y la convicción de ser capaces de adherir a un programa de cam- bio de esta adicción. En este sentido, las expectativas de autoeficacia generadas por distintas técnicas de modelado y persuasión aplicadas por profesionales de la salud, junto con infor- mación específica y detallada de las consecuencias nocivas para la salud, han resultado posi- tivas, dentro del marco de intervenciones más amplias que incluyen, por ejemplo, desde un enfoque biológico, estrategias dirigidas a superar los efectos de la adicción a la nicotina.

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