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EXPERIMENTAL PROCEDURE

3.7 Mechanical Testing

No idealicemos tampoco este género de problemas y hablemos ya de que los propios negros –sometidos a esas tensiones- eran sujetos de violencia, y no sólo objeto. Ya sabemos que a María Vicenta, de Lima, la apaleó con un manglillo una negra carabalí de dieciocho años –María Francisca, esclava como ella-, y de tal suerte, que los vecinos optaron por meter a aquélla en una panadería para ponerla a salvo de nuevas agresiones. Pero bastó con la sufrida para que se le inflamase la cintura y comenzara a orinar sangre, de modo que hubo que ingresarla en el hospital de San Bartolomé: todo –lo sabemos- por haberse negado a comprar veneno para matar a un amo y haber puesto sobreaviso, además, a éste643. Ignacio, un esclavo mulato que trabajaba en una estancia de la jurisdicción de San

Miguel de Tucumán, entró un día de 1769 en casa del indio Diego Serrano, en el paraje de Gastona; dormían Diego y sus hijos; no así su esposa, María Micaela Saldaña, india también; Ignacio llevaba un pozonguito de aguardiente, la instó a beber y, como ella no quisó, comenzó a “porfiarle y manosearla con insitación a tener con ella cópula”; María

639 Ibidem, vol. 135, exp. 56 (Averiguación...), f. 183-214.

640 Vid. AGT,Sección judicial, Serie del crimen, caja 6, exp. 5 (1766). 641 Dice Cusamala.

642 Declaración de Rita, AGN(M),Criminal, vol. 695, exp. 8 (Año de 1761...), f. 220.

643 Cfr. querella de Simona de Molina, AGN(L),Real Audiencia: Causas criminales, leg. 25, c. 298 (1764), f. 1- 1v.

Micaela lo rechazó pero el mulato insistía, queriéndola llevar detrás de la cocina. Así que la india, que tenía un cuchillo en las manos, le dio una puñalada y lo mató644.

Y es que la violencia engendraba violencia. Ya hemos visto más casos en los que eran esclavos los que hacían el mal: por ejemplo, aquellos dos de Córdoba de Tucumán que agredieron a una mulata que volvía borracha a casa en 1760 e intentaron violarla y la apalearon. O el de aquel esclavo de la propia Córdoba que cometía desafueros muy lejos de su dueño, en Santiago del Estero y 1766.

Y había desde luego mucho más. En la jurisdicción de Nuestra Señora de Luján, en la Provincia de Buenos Aires, por los años de 1761, la esclava Dominga apuñaló a su ama, que estaba en la cama, porque la había castigado con una guasca (una especie de látigo) y la esclava había quedado muy sentida645.

Por su parte, el esclavo negro Julián pasó a la historia conocida porque una niña española se quejó a un fraile de que la esposa del negro hablaba mal de ella, de la niña; el fraile reconvino al negro y éste se vengó entrando esa noche en el cuarto de la niña y apuñalándola. Sucedía esto en Tarata, en el Perú, por los años de 1756, y hemos de ver cómo acabó.

No es extraño que la violencia, así difundida, alcanzara a los niños ni que por eso un chico de once años, hijo de esclavo y de parda libre, en Córdoba de Tucumán, apuñalara a una mulatita esclava hasta darle muerte. Él le había intentado quitar una ramita de duraznos, ella lo agarró y el pequeño reaccionó acuchillándola. O sea que iba armado646.

Había, aparte de esto, todo género de abusos, surgidos del propio medio social ínfimo en que estas gentes se movían. A Valentín de Aranguren, le dio su amo carta de libertad en 1763 por su fidelidad (le había servido durante veintisiete años)... y por 350 pesos. Pesos que, como no tenía el esclavo, le prestó Margarita Medina, que era una parda libre, con la condición de que, mientras no se los devolviera, le pagaría siete al mes. Lo hizo durante cuatro años (así que le pagó casi tanto como le había prestado, sin haber reducido el principal ni siquiera en un peso), y eso porque, en septiembre de 1767, tuvo un ataque de gota coral y ya no pudo trabajar de la misma manera. Así que el interés se lo redujo Margarita a cinco pesos mensuales. Que satisfizo Valentín durante otros dos años, de suerte que, entre octubre de 1763 y septiembre de 1769, debió pagar a Margarita 449. Y seguía debiendo los 350...

Pero es que, además, ella decía que no; que Valentín le había servido como esclavo ocho años (las fechas no casaban), en los cuales no le había pagado el interés (supongo que porque le pagaba con el servicio); que ella había gastado cincuenta pesos en la curación que en su día necesitó el esclavo y que, con todo esto, era mucho menos de 449 pesos lo que le había dado647.

644 AGT,Sección judicial, Serie del crimen, caja 7, exp. 8.

645 Confesión de Dominga, AGN(BA),Sala 9, 31-9-9, exp. 7 (Luxán año de 1761...), f. 4v.

646 Cfr. AHPCT,Criminal, leg. 1764-65 = Expedientes = Legajo nº 19..., núm. 23. Del caso se hizo cargo el

defensor de menores de Córdoba. Según Montecristo y las leyes castellanas -se alegó- procedía la pena capital;

pero el defensor pidió la absolución por ser menor, y la sentencia se redujo a ordenar que otro de su igual (¿edad?) le diera veinticuatro azotes y quedase bajo la tutela de un tío carnal, sastre, sin duda porque los padres no lo controlaban debidamente. El veredicto se basó en que no había existido intención de matar a la esclava.

Pero lo cierto es que lo que no le había safisfecho en dinero se lo había entregado en servicio.

Lo que sucedía, en definitiva, es que todo lo dicho sobre la esclavitud daba pie a que se configuraban trayectorias personales que mezclaban al tiempo la supeditación, la explotación, la libertad y el provecho propio, en una mezcla cuyos ingredientes, al cabo, dependían de la forma de ser de cada uno –del esclavo y del propietario-, como suele suceder en las relaciones humanas de todo espacio y tiempo. Don Manuel de Andrade Bermudes, de Córdoba de Tucumán, hablaba por ejemplo de “las muchas maulas y trampas” que tenía su esclavo Tadeo, aquel que era maestro de barbería y de peluquines. Por no poder avenirse con el amo que tuvo en Buenos Aires -decían-, éste se lo había fiado a Andrade para que lo vendiese, cosa que no había manera de conseguir, por el mal proceder de Tadeo, que debía ser conocido por doquier. Así que Andrade estaba dispuesto a otorgarle carta de libertad si le pagaba lo que había estipulado su amo, el de Buenos Aires: quinientos pesos sin herramientas y seiscientos con ellas. Pero Tadeo respondía que en realidad Andrade lo había comprado en cuatrocientos y que ya se los había dado: cien en azúcares y yerba mate y el resto en plata que le remitió desde Córdoba648, donde por lo visto

campaba por sus respetos.