Goals system performance measures
Section 6.09 Data Hard Copies A Printed Data
B. Media Containing Data
os mellizos ingresaron al haz de luz y regresaron al mundo de palabras de Conner. Las palabras se extendieron alrededor de ellos, y en cuestión de segundos estaban flotando en una galaxia infinita. Los rodeaban miles y miles de estrellas: era un paisaje deslumbrante, y los mellizos nunca en la vida se habían sentido tan pequeños.
L
el universoLa gravedad desapareció y la liviandad hizo que el estómago de los mellizos diera un vuelco como si estuvieran cayendo, una sensación que no se esfumó. Movieron los brazos y las piernas e intentaron nadar por el vacío, pero no había absolutamente nada que pusiera resistencia.
Conner apenas logró tomar un extremo de su carpeta antes de que flotara fuera de su alcance, y la guardó a salvo dentro de la mochila junto al frasco de la Poción Portal.
A lo lejos, Alex y Conner veían un enorme planeta blanco con nubes multicolores, pero aún estaban a miles de kilómetros de su atmósfera. El planeta lucía delicioso, como un trozo de caramelo gigante que flotaba en el espacio.
–¿Qué es eso? –preguntó Alex.
–Es Caramelópolus –respondió Conner–. Tenía antojo de algo dulce cuando escribí esta historia.
Fue difícil de distinguir al principio, pero los mellizos vieron una lucecita viajando hacia el planeta. Orbitaba alrededor de Caramelópolus, y después de la octava o novena rotación, disparó un láser verde que engulló el planeta. En cuestión de segundos, Caramelópolus se encogió y se desvaneció del universo.
–¿Qué sucedió? –preguntó Alex–. ¿Por qué desapareció el planeta?
–No desapareció, lo –explicó Conner–. Esa cosa que flotaba en círculos alrededor de Caramelópolus es K-NASTA, la nave de la Reina Cyborg. Viaja por la galaxia en busca de planetas habitables en las zonas Ricitos de Oro de otros sistemas estelares. Cuando encuentra un planeta que le agrada, su nave lo sube al disco duro y luego lo lleva al sistema solar donde vive.
subieron
–¿Qué son las zonas Ricitos de Oro? –preguntó Alex.
–Son las zonas de cada sistema solar que no son o para albergar vida –dijo Conner–. Así lo llaman los científicos; ¡juro que no lo inventé!
demasiado calientes demasiado frías
–¿Por qué la Reina Cyborg necesita tantos planetas?
–Los cyborgs tienen sobrepoblación en el planeta de donde vienen y necesitan más espacio –explicó él–. La reina viaja con un ejército a bordo de su nave en
caso de encontrar problemas. Necesitamos abordar la K-NASTA y convencerla de que nos permita tomar prestados a sus soldados.
Conner abrió la carpeta y apuntó el haz de luz en todas direcciones a su alrededor, como un faro roto, para llamar la atención de K-NASTA. Debió funcionar, porque la nave avanzó hacia los mellizos y, en cuestión de segundos, flotaba a pocos metros de distancia de ellos. La K-NASTA tenía el tamaño y la forma de un crucero. Estaba hecho de acero rojo y tenía alas como un avión. Un grupo de satélites y antenas cerca de la parte superior hacían que pareciera que la nave espacial llevaba puesta una corona.
–Pase lo que pase, sígueme la corriente –le indicó Conner a su hermana–. No les diré que soy su creador, ya aprendí la lección en , pero creo que tengo una idea que funcionará.
Estriboria
–Tú eres el jefe –dijo Alex.
Unos parlantes enormes salieron de ambos lados de la K-NASTA y alguien abordo les habló a los mellizos. Su voz era muy educada y sonaba terriblemente familiar, pero Alex no podía precisar a quién le recordaba.
–Atención, formas de vida no identificadas –dijo la voz–. Por favor, digan su nombre, especie y sistema estelar de origen.
–Soy Conner Bailey y ella es Alex –anunció–. Somos seres humanos del planeta Sycamore Drivian del sistema Willow Crestiano.
–¿Qué hacen en medio del espacio? –preguntó la voz.
–Los huerfánicos secuestraron nuestra nave –dijo Conner–. ¿Podrían llevarnos de regreso a nuestro planeta?
Conner confiaba en que aquel relato fantástico les permitiría ingresar a K- NASTA, y alzó los pulgares hacia Alex. Ella esperaba que cualquiera que fuera el plan que él había armado funcionara. Los parlantes hicieron silencio mientras quien estaba del otro lado consideraba el pedido.
–Cualquier enemigo de los huerfánicos es nuestro amigo –declaró la voz–. Por favor, suban a bordo.
La gran puerta de un compartimiento se abrió y dos garras de acero brotaron de la K-NASTA y sujetaron a los mellizos en el espacio como animales de felpa en una gran máquina de premios. Los llevaron dentro de un gran hangar donde había varias naves espaciales más pequeñas. La K-NASTA tenía gravedad artificial, así que los mellizos cayeron al suelo en cuanto ingresaron.
Cuando cerraron la puerta del compartimento detrás de ellos, un par de puertas automáticas en el extremo del hangar se abrieron. Una lagartija del tamaño de un hombre ingresó con dos cyborgs a cada lado.
La lagartija tenía grandes ojos amarillos y piel roja pegajosa, y vestía un mono gris con muchos botones. Los cyborgs eran mitad humanos, mitad robóticos en distintas combinaciones. Algunos eran humanos con brazos y piernas robóticos; otros estaban divididos perfectamente por el medio. Todos llevaban puestas gafas rojas y tenían armas con cañones que titilaban con una luz azul brillante. También llevaban puestos chalecos que monitoreaban su ritmo cardíaco y/o el porcentaje restante de batería.
Alex y Conner se pusieron de pie rápidamente y los cyborgs alzaron sus armas hacia ellos. El hombre lagartija miró a los mellizos de arriba abajo.
–Ni Sycamore Drivian ni el sistema Willow Crestiano están registrados en la base de datos intergaláctica –dijo el hombre lagartija con la misma voz que habían oído afuera.
–Oh… –intervino Conner–. Eso es porque odiamos a los abogados. El hombre lagartija avanzó hacia los mellizos para inspeccionarlos más.
–Son demasiado jóvenes para viajar solos por el universo –señaló el hombre lagartija–. ¿Había más miembros en su tripulación?
–Teníamos un acompañante androide, pero los huerfánicos también lo robaron –explicó Conner–. ¡Malditas criaturas mugrosas!
El hombre lagartija asintió hacia los cyborgs y ellos bajaron las armas.
–Soy el comandante Salamanders –dijo el hombre lagartija–. Bienvenidos a K- NASTA. Pueden quitarse los cascos: esta nave está equipada con oxígeno.
Los mellizos lo hicieron y estrecharon la mano del comandante Salamanders. –Muchas gracias por rescatarnos –dijo Conner–. Estaríamos perdidos de no haber sido por ustedes.
–Lamento oír que tuvieron un encuentro desafortunado con los huerfánicos – respondió Salamanders–. La Reina Cyborg ha hecho innumerables pedidos al Consejo Universal Unido para desterrarlos de nuestro cuadrante de la galaxia, pero no le hacen caso.
–¿Qué son los huerfánicos? –preguntó Alex, olvidando seguirle la corriente a la historia que su hermano describía–. Robaron nuestra nave tan rápido que no pude verlos bien.
–Son una especie terrible –explicó Salamanders–. Destruyeron su propio planeta, y ahora viajan a través de la galaxia robando recursos de otros sistemas estelares.
–Pero ¿no es parecido a lo que hace también la Reina Cyborg? –preguntó Alex.
–Eso es lo que el Consejo Universal Unido dijo –respondió Salamanders–. No importa, nos encantaría acompañarlos hasta su planeta. La reina adora viajar a nuevos sistemas estelares: estoy seguro de que le encantará ver Sycamore Drivian en el sistema Willow Crestiano.
exactamente
De pronto, sonó una fuerte alarma que asustó a los mellizos. Unas luces rojas destellantes invadieron el hangar. El comandante Salamanders y los cyborgs miraron a su alrededor en pánico.
–¡Ay, no! –dijo Salamanders–. ¡Esto es terrible! –¿Qué ocurre? ¿Nos atacan? –preguntó Alex.
– –respondió Salamanders–. ¡Esa alarma significa que la reina ha despertado temprano de su sueño recargador! Siempre está de un humor terrible si no duerme veinte horas completas. ¡Debo llegar al centro de control antes que ella!
Peor
Salamanders y los cyborgs salieron a toda velocidad por las puertas automáticas y los mellizos los siguieron. Corrieron a través de la nave espacial y pasaron junto a varios pasillos llenos de hombres y mujeres frenéticos, mitad humanos, mitad robóticos. La alarma era incluso más fuerte fuera del hangar y la acompañaba una voz que repetía: La reina despertó, la reina despertó, la reina
despertó.
Por fin llegaron al centro de mando en medio de la nave. Era una habitación amplia con unas ventanas gigantes con vista a la galaxia. Las paredes estaban cubiertas de pantallas con información acerca de las diferentes partes de la nave, de la ubicación de la reina y del universo que los rodeaba. Había decenas de estaciones de control como si fueran escritorios en un salón de clase. Cada estación estaba cubierta con cientos de botones titilantes, diales y palancas.
Como preparación para la llegada de la Reina Cyborg, la tripulación presente en el centro de control lubricó sus articulaciones, ajustó sus tuercas y pulió el acero que cubría sus cuerpos.
–¿Qué tan cerca está? –le preguntó Salamanders al cyborg más cercano.
–Está bajando de sus aposentos ahora, comandante –respondió–. Los niveles de su chip emocional están por las nubes; ¡debe estar molesta por algo!
El cyborg señaló el elevador privado de la reina que estaba en la parte trasera del centro de control. Todos los cyborgs se pusieron de pie en sus estaciones cuando las puertas del elevador se abrieron. Hubo un siseo colectivo cuando sus
cuerpos mecánicos se plegaron en una reverencia. Alex y Conner siguieron su ejemplo y también se inclinaron.
La Reina Cyborg era más robótica que cualquiera a bordo de la K-NASTA. Era humanoide solo del pecho hacia arriba, e incluso eso era cuestionable. Su nariz, su mentón y la mayor parte de su frente estaban cubiertos de placas metálicas. Su ojo izquierdo era la lente de una cámara y en lugar de cabello, su cabeza estaba cubierta de cables entrelazados a través de una colmena de engranajes, como la cinta en un proyector. Sobre la cabeza, por encima de los cables y los engranajes, había una corona de acero. La palabra
parpadeaba en ella como los números de un reloj despertador digital.
REINA
La reina tenía brazos metálicos delgados y la forma de su cuerpo de acero hacía parecer que llevaba puesto un vestido. Tenía ruedas en lugar de piernas y rodó fuera del elevador e ingresó al centro de control. Los mellizos sabían que estaba molesta porque su lente titilaba y algunos de sus cables se rompieron y quedaron en punta hacia arriba.
–Su Majestad –dijo el comandante Salamanders con una reverencia exagerada–. No esperábamos que despertara tan temprano. ¿Ha tenido una recarga relajada?
– dejó la gravedad de mi cuarto encendida mientras estaba cargándome –replicó con brusquedad la Reina Cyborg–. Eso no solo evitó que tuviera una recarga relajada, sino que cuando desperté, ¡el lateral humano de mi rostro estaba !
Alguien
hinchado
Con ello, Alex comprendió por qué la le resultaba tan familiar; la avergonzaba haber tardado tanto en comprenderlo. Sin dudas, la Reina Cyborg estaba basada en Caperucita Roja, el comandante Salamanders estaba basado en Rani, los huerfánicos estaban basados en los huérfanos que Roja detestaba, la K-NASTA era una referencia astuta al objeto predilecto de Roja, y la
pasión de la Reina Cyborg por coleccionar planetas estaba basada en la pasión de Roja por las propiedades.
–No lo hiciste –le susurró Alex a su hermano.
Conner sabía exactamente a lo que ella se refería por su sonrisa. –Sí, lo hice –murmuró.
La Reina Cyborg rodó por el centro de control y fulminó con la mirada a su tripulación, esperando que alguno diera un paso al frente.
–¿Y bien? ¡Será mejor que alguien se haga responsable o quitaré todos los privilegios de baterías para toda la nave!
El cyborg más pequeño en el puesto del comandante se puso tan nervioso que comenzó a hacer cortocircuitos. Las chispas volaban de su cuello mecánico y su cabeza comenzó a girar. Cayó sobre sus rodillas de metal y suplicó perdón.
–¡Lo siento tanto, Su Majestad! –dijo el pequeño cyborg–. ¡Estaba inspeccionando el generador de gravedad artificial y olvidé ajustar la presión en su recámara!
–Comandante Salamanders, por favor reinicie a este cyborg antes de que se incendie –ordenó ella–. Y hágalo reprogramar para que recuerde las prioridades de sus tareas.
–Sí, señora –respondió Salamanders y les hizo una señal con la cabeza a los soldados cyborg–. Llévenselo al Centro de Mejoras.
En contra de la voluntad del pequeño cyborg, los soldados lo escoltaron fuera del centro de control. La Reina Cyborg rodó hasta el centro de la habitación y la parte inferior de su cuerpo se transformó en un trono. La tripulación cyborg lo interpretó como señal para tomar asiento en sus estaciones.
–¿Caramelópolus subió con éxito? –preguntó la Reina Cyborg.
–Sí, Su Majestad –dijo Salamanders–. Ha sido añadido sin daños al disco duro y será una incorporación maravillosa al sistema que es su hogar.
–Entonces, ¿por qué aún estamos en sistema solar? –preguntó la reina–. ¿No deberíamos ya haber llegado a Gominolandia?
este
–Estábamos camino al siguiente planeta cuando respondimos un llamado de auxilio –informó Salamanders.
–¿Un llamado de auxilio? –preguntó la Reina Cyborg–. ¿De quién?
Salamanders carraspeó y les indicó con una seña a los mellizos que se pusieran de pie a su lado. Alex y Conner se aproximaron con cuidado a Salamanders y a la Reina Cyborg. Su lente avanzó varios centímetros fuera de su cabeza para observarlos.
–¿Quiénes son? –preguntó ella.
–Hola, Su Electridad –dijo Conner–. Me llamo Conner y ella es mi hermana Alex. Somos seres humanos del planeta Sycamore Drivian del sistema Willow Crestiano.
La Reina Cyborg entrecerró su ojo humano mientras los miraba.
–Nunca he oído de lugares semejantes –comentó ella–. ¿Qué están haciendo en esta parte de la galaxia?
–Quedamos a la deriva y nos dieron por muertos después de que los huerfánicos robaran nuestra nave –explicó Alex–. Su comandante tuvo la amabilidad de salvar nuestra vida y nos trajo a bordo.
La mención de los huerfánicos enfureció a la Reina Cyborg. Dos caños de escape surgieron de sus hombros y brotó humo de ellos.
– –gritó ella–. Admitiré que hay unas pocas especies alienígenas que tolero, pero ¡los huerfánicos son ! Les he rogado a los miembros del Consejo Universal Unido que hagan algo al respecto, pero ¡se niegan! ¡Tuvieron la audacia de decirme que coleccionar planetas es igual que la destrucción causada por esas escorias! Yo no
de otros planetas, ¡solo los traslado a un vecindario mejor!
¡ODIO a los huerfánicos!
extraterrestres extra terribles robo recursos
Conner esperó a que la Reina Cyborg liberara todo el humo antes de hablar. –Sabe, los huerfánicos tienen prohibida la entrada a nuestro sistema solar – dijo él–. Los desterraron eones atrás. Si no le molesta y nos lleva de regreso a Sycamore Drivian, nos encantaría llevarla de paseo por el sistema Willow Crestiano.
–¿Dices que no hay huerfánicos? –preguntó la Reina Cyborg–. Quizás debería mudar mis planetas a su sistema. ¿Willow Crestiano gira alrededor de qué clase de estrella? ¿Una enana blanca? ¿Enana azul? ¿Enana amarilla? ¿Roja gigante? Me gusta saber que al menos tengo doscientos mil millones de años en un nuevo sistema antes de hacer un compromiso tan grande.
Conner no estaba seguro de cómo responder.
–Es una séptima enana –dijo él–. Sí, siete enanas blancas de la Vía galáctica Blancanieves se combinaron en una y , se conformó el sistema Willow Crestiano.
bum
La Reina Cyborg asintió mientras reflexionaba. Nunca había oído que las estrellas se combinaran de manera semejante, y la imposibilidad la intrigaba.
–Me gustaría ver el sistema Willow Crestiano –dijo ella–. Nos encantaría llevarlos a su planeta. Por desgracia, hay algunas paradas que necesitamos hacer en el camino. Debo inspeccionar y tomar algunos planetas antes de que los huerfánicos lleguen a ellos. Espero que no les importe esperar.
–No hay problema –respondió Conner–. ¡Nos encantaría acompañarla!
–Maravilloso –dijo la Reina Cyborg–. Comandante Salamanders, llévenos a Gominolandia, por favor.
–¡A toda marcha hacia Gominolandia!
La tripulación cyborg comenzó a trabajar presionando botones en sus estaciones. La K-NASTA surcó la galaxia a la velocidad de la luz. El empujón poderoso por poco hizo caer a Alex y ella gritó. La Reina Cyborg la miró de
modo extraño; sin dudas no era su primera vez experimentando la velocidad de la luz.
–Ella no sale mucho –explicó Conner.
La K-NASTA zumbó por las estrellas y luego redujo la velocidad al acercarse a un nuevo planeta. Gominolandia era naranja brillante y estaba cubierto de cadenas montañosas nevadas. La nave espacial orbitó el planeta y la información acerca de Gominolandia apareció en todas las pantallas del centro de control. Un holograma detallado del planeta apareció frente al trono de la Reina Cyborg.
–Gominolandia –leyó Salamanders de una pantalla–. Tiene un diámetro de cinco mil quinientos noventa y siete kilómetros. Las temperaturas de la superficie abarcan desde menos sesenta y siete grados a menos un grado Celsius. La atmósfera está hecha de helio. Actualmente no hay vida en el planeta, pero cuarenta por ciento de él es habitable para la población cyborg.
–Sería perfecto para el centro de esquí que quiero construir hace tiempo – comentó la Reina Cyborg–. ¡Suban el planeta!
El láser verde salió disparado de la K-NASTA y rodeó a Gominolandia. Al igual que Caramelópolus, el planeta naranja se encogió y desapareció del universo. Las palabras aparecieron en todas las pantallas del centro de control.
subida completada
–La subida fue exitosa, Su Majestad –dijo Salamanders.
–Espléndido. Por favor, proceda al siguiente planeta –ordenó la Reina Cyborg.
La K-NASTA atravesó la galaxia en otra dirección y llegó al siguiente planeta. Era verde y tenía nubes blancas girando en su atmósfera. Sin importar cuál había sido, el antojo dulce que Conner tenía cuando escribió esa historia era contagioso y de pronto Alex tuvo muchas ganas de comer dulces.
–Mentano –leyó Salamanders en la pantalla–. Su diámetro es de ochenta y siete mil novecientos veintiún kilómetros. La temperatura de la superficie abarca desde menos quince grados a noventa y cinco grados Celsius. La atmosfera está hecha de gases sulfúricos. El planeta es el hogar de una especie alienígena llamada Ballenas Gaseosas, pero solo el cinco por ciento es habitable para la población cyborg.
– –dijo la Reina Cyborg–. No vale la pena subirlo por el cinco por ciento… y odio tener vecinos. Proceda al siguiente planeta.
Paso
Le sirvieron una taza de aceite caliente a la reina mientras la K-NASTA viajaba por el espacio hacia el siguiente planeta. Sin embargo, cuando la nave espacial llegó, no hallaron más que un campo de asteroides de apariencia crujiente.
–Oh, cielos –dijo Salamanders–. Parece que un cometa cayó en Granolia y esto es lo único que queda. ¿Continuamos avanzando, Su Majestad?
Al principio, la Reina Cyborg dejó caer los hombros, decepcionada, pero su actitud cambió de pronto cuando una idea entusiasmante apareció en su cabeza. Los mellizos supieron que tuvo una idea porque una lamparita brillante sobresalió de su corona.
–Saben, a nuestro sistema solar le vendría bien un –dijo la reina–.