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Member State-specific technical notes on the revised NFAPs and proposed FRLs

aquello, que vivíamos aquello, éramos un número muy reduci­ do; y tú, hoy, estás aquí presente un primer sábado, que es el de agosto y el más flojo de todo el año, y ya ves. O sea, en mayo, junio o julio, siendo tremendamente objetivo y sin dar cifras exageradas, fácil habían aquí cincuenta mil personas. Que no vienen sólo de España, sino también del extranjero, incluso de Venezuela; un sacerdote, personas que han venido de Australia,

nubes, d e vez en vez los rayos m ás ju g u e to n e s del sol realizaban ex trañ as cabriolas que de inm ed iato eran id en tificad as con la V irgen.

Hasta uno de los Apóstoles del Escorial (como yo denomino a quienes parecen controlar todo aquel tinglado) tuvo, en un momento determinado, que agarrar el micrófono para recordarle a la gente que ¡por favor!, la Virgen sólo se aparecía a Amparo Cuevas, que desistie­ sen de tratar de verla por todas partes. Y es que, ya, un grupo de personas, provistas de su botellín de agua, insistía apasionadamente en que la Virgen se les había aparecido.

Y como, según dicen, las ocasiones las pintan calvas, aproveché aquel momento para intentar mantener una conversación en directo con Amparo Cuevas, lo que resultó materialmente imposible, ya que sólo Julián Argüello Pérez — coordinador general de la aparición y uno de los máximos responsables de todo lo que allí sucede— accedió a dejarse entrevistar por mí; aunque, eso sí, con grandes y manifiestas reticencias.

G abriel Carrión: ¿Cuál es tu profesión?

Julián Argüello Pérez: Pues yo trabajo en un laboratorio de productos farmacéuticos.

G. C.: ¿Edad? J. A .: Tengo 48 años.

G. C M e han contado que eres una de las prim eras p erso ­ nas que estuvieron al lado, desde el principio.

J. A .: Bueno, pues sí, efectivamente. O sea que yo llevo en estos hechos extraordinarios desde el año 81, que fue cuando prácticamente empezó todo esto. Yo vivía aquí, en El Escorial y, porque Dios quiso, me enteré de que una señora veía a la Vir­ gen; por aquel entonces yo era un hombre creyente (porque siempre he creído que Dios existía), pero no practicante; tengo dos hijos y, bueno, cuando mi hija, que es la mayor, me comenta algo sobre una señora que ve a la Virgen, que sufre la Pasión de Cristo, pues a mí, aquello, me sonó rarísim o... Yo en aquel entonces, hombre de calle y mundo, me dije: alguna histérica que al final me va a pedir para algo o me va querer vender algo. Esto es lo que pensé. Sin embargo, porque Dios quiso y porque la Santísima Virgen lo quiso también, un día mi mujer, que se

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llama Rosa María, fue al lugar donde se rezaba el Rosario (que era justo enfrente de donde yo vivía) y tuvo la oportunidad de hablar con Amparo Cuevas, que como todos saben es el instru­ mento que la Santísima Virgen viene utilizando, desde aquellas fechas, para darnos una llamada a la conversión a través de la oración y la penitencia. Entonces tuve la oportunidad de hablar con Amparo, mi mujer le transmitió mi deseo y ella le dijo que, por su parte, no había inconveniente. O sea que yo, más que nada por curiosidad, por saber de qué iba la historia, me acerqué a ver a Amparo. Entonces me encontré a una mujer que, por aquel entonces, tenía cerca de cincuenta años; una mujer tre­ mendamente seria, que rezumaba nobleza por los cuatros costa­ dos, y esto yo lo iba percibiendo conforme mantenía el diálogo con ella. Me daba cuenta de que su nivel cultural es muy bajo, que apenas sabía leer y escribir y que, cuando yo trataba cosas del mundo, pues, tenía una gran dificultad de expresión; o sea, que no había terminado de decir algo y yo ya sabía lo que quería decir, mientras ella todavía no había encontrado las palabras. Sin embargo, cuando le hablaban de temas de moral o de religión, daba unas contestaciones lapidarias. Estuve con ella más de una hora, otras personas y yo y mi mujer, hablando con ella. Y yo, de aquella entrevista, salí tremendamente preocupado, pensan­ do: «esta mujer o es una farsante fenomental, o aquí hay algo»; y entonces, me propuse saber qué era lo que había.

G. C A partir de ese momento hay una serie de mensajes, ¿cómo puede definirse la evolución del fenóm eno hasta agosto del 90?

J. A.; Pues la evolución del fenómeno es que, cuando aquello empezó, desde el punto de vista de personas que conocíamos aquello, que vivíamos aquello, éramos un número muy reduci­ do; y tú, hoy, estás aquí presente un primer sábado, que es el de agosto y el más flojo de todo el año, y ya ves. O sea, en mayo, junio o julio, siendo tremendamente objetivo y sin dar cifras exageradas, fácil habían aquí cincuenta mil personas. Que no vienen sólo de España, sino también del extranjero, incluso de Venezuela; un sacerdote, personas que han venido de Australia,

de Suiza... La Aparición del E sc..., de la Santísima Virgen en El Escorial, en Prado Nuevo, al instrumento Luz-Amparo Cue­ vas, en este momento tiene una difusión a nivel mundial.

G. C ¿ Y cuál es su evolución?

J. A.: La evolución que tú me preguntas, yo, que he tenido la