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La vegetación de ribera y otras formaciones vegetales derivadas de la alteración antrópica de las formas originales, en especial en el área forestal – por debajo de los 3.500 m – aunque no forman parte de un piso ecológico particular son de gran relevancia para el entendimiento de la vegetación de los valles de Cotapata, por ello se han incluido en la Tabla 2.2 (p. 73) y son descritos sucintamente a continuación.

2.5.6.1 Vegetación de riberas y quebradas

En la zona alta, en la transición del páramo al bosque nublado, entre 3600 y 3400 m, la vegetación de ribera crece en angostas playas entre paredones y adoptando una fisionomía de bosque bajo muy denso y rico en lianas donde Polylepis besseri con rosáceas arbustivas de Hesperomeles spp.o Ribes spp.son los taxones más abundantes. En el área del bosque nublado las diferencias son menos contrastadas debido al gran aporte de humedad ambiental. Más abajo, donde aumenta el déficit hídrico estacional, sobre los pisos del bosque yungueño, se pueden encontrar franjas de vegetación que se aprovecha de la proximidad del curso de agua en posiciones relativamente encajadas y con formaciones de especies relativamente diferentes al entorno y más similares a las del piso del bosque nublado. Así, la fisionomía y el cortejo de especies se mantienen en hacia los pisos inferiores aunque al abrirse los valles aparecen árboles de mayor porte como Juglans, Cedrela o Alnus acuminata y especialmente Ficus (Foto 2.11). Asimismo aumenta el epifitismo y en algunas zonas aparecen densas marañas impenetrables de Chusquea (Foto 2.10).

Aunque el encajamiento de muchas quebradas y valles han limitado la implantación de actividades y por ello se han conservado algunas formaciones riparias han de apuntarse las intervenciones en los cauces, muchas veces en la cabeceras de las quebradas – como sucede con el Proyecto vial Cotapata-Santa Barbara –, como responsables del deterioro e inclusive desaparición de estas formaciones.

Foto 2.11 Vegetación riparia a orillas del río Huarinilla junto a Villa Esmeralda

2.5.6.2 Ecosistemas alterados y vegetación secundaria

Ubicadas mayoritariamente en las zonas de mayor accesibilidad, generalmente en el fondo de los valles menos angostos, estas zonas presentan diferentes formaciones vegetales secundarias, generalmente de escasa diversidad y complejidad estructural. Pajonales o pastizales de origen antrópico, muchas veces relacionados con fuegos frecuentes, bosques alterados y/o en regeneración e incluso los cultivos y otras formas de aprovechamiento agroganadero quedarían incluidas en esta categoría.

Las actividades agrícolas son la actividad perturbadora más intensa en la actualidad y la responsable de la existencia de formaciones de bosque intervenido. Básicamente, la actividad agrícola lleva a deforestar un área, cultivarla y más tarde – de unos pocos años a más de una década, dependiendo de los cultivos – abandonarla para dejarla en barbecho. Así, dependiendo del tiempo desde el cual se abandonaron las actividades agrícolas o se deforestó la zona, aparecen diversos estadíos de bosque secundario o en recuperación donde pueden ocasionalmente reconocerse especies de las actividad agrícola pasada como frutales o la extensión de algunas matas de café (Maldonado et al. 2002).

Áreas de bosque intervenido

Sobre las tierras en barbecho la estructura inicial es de un matorral denso de entre los 3 y 5 m de altura donde abunda el helecho, vulgarmente denominado chuqui, Pteridium aquilinum19

Las áreas abandonadas de entre 10 y 20 años presentan un dosel arbóreo cuyas copas ya pueden alcanzar los 15 m como máximo, y está compuesto por una asociación de especies muy característica de Cecropia angustifolia (Urticaceae) (

, la melastomatácea Miconia clathrantha y otras como Piper psilophyllum (Piperaceae), Vernonia ferruginea (Vernoniaceae)y Mimosa spp (Fabaceae).

Foto 2.12), Piper semimetrale, Inga heterophylla, y Hyeronima alchornoides (Euphorbiaceae).

Las áreas de bosque en recuperación o tierras en descanso, con una intervención humana no muy antigua, presentan una composición florística característica en la que destaca Cecropia angustifolia. Sobre estas líneas una foto de esta especie a orillas de la nueva carretera, creciendo sobre un área deforestada durante la construcción de ésta.

Foto 2.12 Cecropia angustifolia creciendo sobre un área clareada del bosque

19

En aquellas zonas donde el bosque lleva recuperándose más de 20 años, se observa una mayor altura del dosel con algunas especies como Ceiba salmonea (Malvaceae), Cavendishia bracteata (Ericaceae), Acalypha mapirensis (Euphorbiaceae), Palicourea guianensis (Rubiaceae). También se encuentran individuos jóvenes de Ficus spp (Moraceae) y Myroxylon balsamum, ó Cinchona calisaya (Rubiaceae) – afamada quina, cuyos principios activos son empleados como remedio contra la malaria –. En estos sectores se dan rodales de vegetación en un estadío sucesional más avanzado, y que se asemejan fisonómicamente al bosque primario.

La dinámica geomorfológica natural y la actividad humana puntual que potencia a la anterior da lugar a áreas de deslizamientos y derrumbes deforestadas sobre la que se instalan o comienzan a desarrollarse formaciones vegetales características. Estas zonas se encuentran, por tanto relacionadas con las zonas de más elevada pendiente y aquellas fuertemente intervenidas por la actividad antrópica, como el Cerro Nogalani y el entrorno de la construcción de la nueva infraestructura vial. En estas áreas se encuentran formaciones sucesionales similares a las descritas anteriormente organizadas en formas de parches o manchones en las laderas y en las que destacan especies pioneras de crecimiento rápido y altamente dinámicas y competitivas frente a otras. En las áreas del entorno del Cerro Nogalani, por ejemplo, en un principio se encuentra el helecho chusi, antes citado, en áreas más evolucionadas continuan helechos arbóreos, sobre todo Cyathea, y en la inmensa mayoría de estas zonas se presentan algunas gramíneas como las del género Imperata.

Vegetación pionera de derrumbes

Otra formación vegetal de interés son las formaciones de herbazal de origen antrópico. Estas formaciones proceden de una a intensa alteración antrópica y la existencia de sectores de vegetación muy degradada sobre la que solo se mantienen formas de herbáceas o de sabana. Suelen ser producto de sucesivas quemas, lo que ha originado que la capacidad de intercambio catiónico se haya visto fuertemente reducida, hasta el punto de tener tan escasa productividad y actividad ganadera que permanecen como praderas abandonadas, en las que finalmente no se da ningún uso. Están denominadas por las poblaciones locales como pajonal y presentan una vegetación dominante de gramíneas y, ocasionalmente, algún pie de especie arbórea o subarbórea propios de formas forestales muy degradadas. Los géneros de gramíneas que comúnmente se encuentran en estos espacios abiertos son Imperata, Andropogon, Sporobolus, Setaria, que crecen entremezclados con Pteridium aquilinum y arbustos dispersos de Miconia y Baccharis (Ribera Arismendi, 1995: 33).

3. Distribución de la vegetación y los