• No results found

Mergers that Increase Bargaining Leverage

In document Editor s Report. What s Inside (Page 43-46)

Realizar un análisis conceptual de la agroecología resulta tarea difícil, principalmente por ser un campo de conocimiento en pleno proceso de construcción. Tal vez sea mejor adoptar el camino trillado por Caporal y Costabeber (2007) al intentar primero definir “lo que NO es agroecología”. Se puede afirmar con seguridad que no es un tipo de agricultura, aun cuando reconozca las agriculturas de base ecológicas como importante perspectiva de práctica económica, a ejemplo de la economía ecológica. No defiende “verdades” ni “generalidades”, es decir, tiene principios y por ello, sus aplicaciones dependen del agroecosistema donde está siendo vivenciada la experiencia. Se puede decir que en agroecología, “cada caso es un caso” (Tavares de Lima, 2006).

Altieri publica en 1989 el libro “Agroecología, las bases científicas de la agricultura sustentable”, donde señala importantes consideraciones para la comprensión del término agroecología. En el año 2000, Gliessman13 publica el libro “Agroecología, procesos ecológicos en agricultura sustentable”. El titulo señala, según la mirada

13 En 2001, mediante la editorial de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, en Brasil se publica la

particular de éste autor, que la agroecología “deriva de la ecología y la agronomía” así, plantea que la agroecología es la ecología aplicada a la agricultura. No obstante, no se trata de un tipo de agricultura, Eduardo Sevilla (2000, 2006a y 2006b, entre otros) defiende que la agroecología es un “campo de conocimiento” que promueve el manejo ecológico de los recursos naturales, mediante formas de acción social colectiva que representan alternativas a la actual crisis de la modernidad, a través del desarrollo participativo y el curso de coevolución social y ecológica. Caporal y Costabeber (2004), por su parte, la definen como una “ciencia para un futuro sustentable”.

En estos momentos, resulta importante detenernos un poco y buscar comprender entonces ¿qué es agricultura?, ¿cultura del agro?... Cultura inicialmente con “significados asociados al cultivo y crianza, el vocablo cultura sería aplicado solo recientemente (cercas de 1750) al ámbito de las sociedades humanas, suplantando, en parte, el término civilización” (Barrio, 2005: 27).

Conocimientos, mitos y relaciones,… conocimientos que se establecen y son aceptados por una sociedad en determinado tiempo. Así, acción humana que ocurre en determinados ambientes, puede ser de forma más intensa en el campo agrícola para producir alimentos y crianza de animales, sin embargo, puede también ser en otros ambientes para garantizar su sobrevivencia, construyendo abrigos para enfrentar los cambios climáticos.

Campo/ciudad aparecen inicialmente como caras de la misma moneda. Campo, como el espacio donde se produce y consume. Ciudad, como el espacio donde a partir de un determinado momento en que el hombre deja de ser nómada, se asienta. La separación se da a través de construcciones sociales y comprensiones que se establecen muchos años después.

La cultura permea las ideas y lo concreto. Son elementos constitutivos. Cómo queremos, cómo deseamos, éste es el campo de las ideas. Cómo somos, cómo hacemos, cómo nos relacionamos, éste es el mundo concreto que necesita de

interpretación, por lo tanto, influenciado por nuestro imaginario, se torna también lo concreto, ideas. En este caso, no es solamente una herencia biológica que se impone, sino también una herencia simbólica.

La cultura del agro significa las relaciones sociales y productivas que los hombres establecen con la naturaleza en la búsqueda de su sobrevivencia. La agricultura surge aproximadamente 10.000 años atrás, como nos indica Olivera Junior (1989), surge con la sedentarización del hombre y la construcción de espacios para reproducir su fuerza de trabajo…, construcción que hoy denominamos “ciudad”. Separación que en Brasil se caracteriza como una ruptura con la llegada de la familia real en 1808, ahí se distingue claramente quién es citadino y quién proviene del campo. Citadinos son aquellos que precisan de otros para sobrevivir, por su parte, los residentes del campo viven a partir de su trabajo y su comprensión del mundo campirano. También, con la llegada de los colonizadores, que antecede a la llegada de la familia real, se establece otro concepto central: el de la propiedad privada…, surge como construcción social una división entre los propietarios de tierras que producen mercancías y los campesinos que viven de y en el campo.

La relación hombre-naturaleza históricamente ha venido asumiendo formas diversas. Antes de la llegada de los colonizadores, por ejemplo, las poblaciones autóctonas habían realizado un sin número de domesticaciones (tanto de plantas como de animales), definiendo una relación naturaleza/hombre/naturaleza completamente distinta a la perspectiva de los colonizadores.

Estas culturas y estos conocimientos fueron descalificados, y utilizados en aquello que los colonizadores percibieron como ventajoso para sus intereses. De esta manera, se puede hablar de tipos completamente distintos de agricultura, las de los autóctonos y la de los colonizadores. Se puede inclusive hablar de forma plural de agriculturas, en tanto el ambiente condiciona las relaciones que se establecen con la naturaleza.

Esto es fácilmente percibido en el Asentamiento de Serrinha. Aquellos cuyo origen es el “agreste”, centran su atención en los cultivos del maíz, yuca y frijol; aquellas familias de la zona de “la mata”, tienen su interés principal en la caña y la fruticultura; aquellos cuyo origen es el “semiárido”, tienen en la cría de ganado su objetivo más inmediato. Son culturas que evolucionan en correspondencia con las relaciones que el hombre va estableciendo con la naturaleza, por eso, el término es plural… agriculturas.

La simplificación llega con el avance del capital sobre la agricultura, transformándola en una simple productora de mercancías y utilizando el conocimiento acumulado, transforma y universaliza la agricultura como aquella actividad que produce mercancías a través de la acción del hombre sobre el suelo. Uniformiza para que las máquinas puedan ser utilizadas de manera intensiva. Simplifica, al intentar crear en los suelos y en los ambientes, con tecnologías modernas, las situaciones deseadas para el cultivo de determinadas variedades vegetales o animales. El capital transforma el producto agrícola en mercancía e incorpora además, por extensión, también al hombre como una mercancía. Con ello, busca establecer una cultura hegemónica, única, no obstante, la naturaleza ofrece resistencia porque ella no es de esta manera, única, por el contrario, ella es esencialmente diversa y plural. Los campesinos entienden esta pluralidad y la asumen como estrategia de vida… singular Vs plural… de ahí proviene la crisis y la necesaria exigencia de cambio de paradigma.

Por el carácter y por la dimensión de la cultura, como proceso construido por el hombre, adoptamos en éste trabajo el concepto de agroecología como la resignificación de las relaciones del hombre con la naturaleza, mediante procesos de coevolución en la promoción de vidas. Ahora, en esta perspectiva, el ambiente pasa a ser extremamente importante en esta definición, porque es él quien determinará y mediará las relaciones del hombre con la naturaleza. Por lo tanto, la agroecología es también de la ciudad, porque en estos ambientes existe la necesidad de resignificar las relaciones del hombre con la naturaleza, en sus espacios cotidianos, en las relaciones de trabajo y ocio. No está por demás recordar la gran crisis ecológica y civilizatoria en que está inmerso el actual modelo de “desarrollo”. De igual manera, no es posible utilizar el mismo

referencial teórico para salir de dicha crisis, existe la necesidad de nuevos abordajes y nuevos conceptos. La agroecología como campo de conocimiento, y como ciencia, es una alternativa… y la escuela, un instrumento.

Por otro lado, para materializarse la agroecología exige la compañía de otros conceptos, por ejemplo, campesinado, economía ecológica, equidad, participación, ecología, física, género, por citar algunos, lo que exige una interdisciplinariedad entre las ciencias. Sin embargo, ésta no es suficiente, toda vez que se reconocen diferentes tipos de conocimientos, inclusive el popular, tradicional, endógeno, local (Souza Santos, 2005). De ahí la exigencia de una transdisciplinariedad (Sevilla, 2006), donde el conocimiento científico se desplaza para el endógeno, y viceversa, construyendo una nueva forma de construcción de conocimiento mediante el dialogo de saberes, que se exige dialectico (Souza Santos, 1989).

Vale resaltar que dicha producción de conocimiento, que se da de forma colectiva, no puede tener dueños ni patentes (Souza Santos, 2008), es universal y esto exige la continua circulación/devolución de dichos conocimientos. Así, en esta perspectiva, la escuela asume un papel determinante, sea en la construcción o en la reafirmación de estos conocimientos, por lo tanto, de sus culturas e identidades. Existe la necesidad de profundizar las bases epistemológicas de la agroecología, entendida ésta como nos recomienda Costa Gomes (2005), como teoría del conocimiento. Se reconoce que existe una evolución para un nuevo paradigma y, en dicha transición, se camina hacia una ciencia posmoderna en la cual el paradigma ecológico (Garrido Peña, 1993 y 2007) resulta determinante.

Además, defiende un pluralismo epistemológico, donde la epistemología natural, evolucionista, política y de la participación, se constituyen como centrales de dicho pluralismo. Así, la agroecología propone una ruptura epistemológica, sin la cual no existe la posibilidad de avanzar en la construcción de un nuevo campo de conocimiento, y sí no ocurre esta ruptura se corre el riesgo de adoptar un mero “discurso verde”, o lo que Sevilla Guzmán y Mielgo (1995) denominan como “discurso ecotecnocrático”.

El campo de conocimiento que se está formando es otro. De modo claro, se perciben señales de crisis. En un primer momento era una crisis ambiental. Se adopta un modelo insustentable que fue reconocido con los estudios del Club de Roma cuando se decretó que “los recursos son finitos”. Finalmente, un documento oficial reconoce que existe una capacidad limitada en la tierra para producir y que la naturaleza posee límites para ser explotada. Hay un proceso industrial y un modelo de desarrollo, que contribuyen con “tres tipos de procesos de degradación (agotamiento, contaminación y saturación). Se establece una diabólica sinergia destructiva que acaba generando efectos como el cambio climático, de consecuencias fatales para muchas formas de vida sobre la tierra” (Garrido Peña, 2007: 32).

Al criticar una cosmovisión reduccionista, Funtowicz y Ravetz (2000) defienden que “reconocer a los sistemas naturales reales como complejos y dinámicos implica moverse hacia una ciencia cuya base es la imprevisibilidad, el control incompleto y una pluralidad de perspectivas legítimas” (Funtowicz y Ravetz, 2000: 23). En otras palabras, salir de una epistemología que reafirma certezas, para aquella que busca la incerteza como oxigeno para su propia evolución.

Hoy, éste paradigma en proceso de superación se centra en el patriarcado, en la dimensión pública de la economía y en la producción de mercancías. Mészáros (2009), en su tesis central de análisis considera la tasa de rendimientos decrecientes del valor

de uso de las cosas, defiende que “el capital no trata el valor de uso (que corresponde

directamente a las necesidades) y el valor de cambio como separados, sino a partir de una relación de dominio-subordinación” (Mészáros, 2009: 17).

Este paradigma defiende el patriarcado, la propiedad privada y la acumulación de bienes a través de una economía pública que busca el desarrollo, donde, “el sistema de capital, por no tener límites en su expansión, acaba por convertirse en una procesualidad incontrolable y profundamente destructiva” (Mészáros, 2009: 11).

Buscar alternativas significa priorizar la calidad de vida de las personas y ésta puede darse a través de una perspectiva de género donde la equidad, soberanía alimentaria, salud, nuevas relaciones de trabajo y ocio sean puntos mediados por un ambiente que nos lleve a resignificar las relaciones del hombre con la naturaleza. Esto significa otras miradas y otra sociedad, con otros referenciales, centrándose en la economía doméstica, aquella interna, denominada privada, que, en una perspectiva crematística no se considera pero que no obstante existe y permite además, al extenderse y consubstanciarse con lo público, materializarse como una economía efectiva, como afirma Martínez Alier (1999), cuando relata que “en tiempos de Aristóteles, como él mismo nos explicó en su obra La Política, ‘oikonomía’ (lo que llamaríamos hoy ecología humana) era el arte y la ciencia del aprovisionamiento material del ‘oikos’ (hogar), en tanto que la ‘crematística’ (que hoy llamamos economía) era el estudio de la formación de los precios de mercado con el fin de hacer dinero” (Martínez Alier, 1999: 7).

Como habíamos señalado, éste paradigma se fundamenta en el patriarcado y tiene como perspectiva lo privado, el mercado, consecuentemente, la mercancía y el lucro. Elementos constitutivos del neoliberalismo y de la crisis civilizatoria.

En la agroecología, sus elementos clave fueron (junto a la señalada recuperación de la Antigua Tradición de los Estudios Campesinos) la reivindicación histórica de la interdisciplinaridad, vinculada a un marxismo heterodoxo, por un lado, y la incorporación del pensamiento popular surgido de los contenidos que pueden abstraerse de las luchas campesinas y medioambientales, por otra parte, para tener en cuenta la equidad (Sevilla, 2006a y 2006b). Así, si por un lado la modernización exigió un parcelamiento de la ciencia, e inclusive la adopción de una lógica positivista, para atender a un proceso de industrialización, por otra parte y como respuesta, campesinos, mediante sus luchas y con sus formas de vida que se presentan a lo largo de los años como resistencia a esta modernización irresponsable e insustentable.

Se puede afirmar entonces, que son dos modos de vida que se confrontan. Son dos modos de construir las viviendas, de producir, de consumir, de vivir... Entonces, la

agroecología trasciende a un proceso productivo y se circunscribe en un campo de la ciencia que debe explicar y fundamentar los fenómenos y los hechos sociales, económicos, políticos y culturales del momento. Dimensiones éstas, contempladas en la agroecología y destacadas por Sevilla (2006) como aquellas que atienden las dimensiones ecológica y técnico-agronómica, socioeconómica, cultural y sociopolítica. En resumen, de nuevas formas de relaciones de producción y de relaciones sociales. Nuevas formas de relacionarse hombre/naturaleza.

Así, resulta pertinente plantearnos en estos momentos si ¿La agroecología puede ser un campo de conocimientos que contribuye para un nuevo paradigma?

1.3 Educación para la ciudadanía… Miradas y posibilidades desde la

In document Editor s Report. What s Inside (Page 43-46)

Related documents