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In document Copyright. Cindy B. Gevarter (Page 51-79)

Un tópico con posibilidades bastante más sustanciales es el impacto de las teorías relativistas en el debate entre los sustantivistas y los re-

Espacio, tiempo, m ovim iento 115 lacionistas que ya introduje anteriormente. Como veremos, las cues­ tiones aquí son diversas, sutiles y complejas. Pero como también ve­ remos, resulta, una vez más, que uno debe tener cuidado con la ten­ dencia a inferir prematuramente una concepción metafísica de los resultados de la ciencia. El tratar de llegar a alguna conclusión filosó­ fica acerca de la existencia y naturaleza del espacio y del tiempo exa­ minando lo que nos dicen las mejores teorías científicas disponibles sobre el espacio y el tiempo es una tarea digna de consideración. Pero es algo que requiere una dosis notable de cautela y prudencia filosófica.

Los relacionistas negaban que uno debiera postular el espacio y el tiempo como entidades por derecho propio, arguyendo que lo más que podía postularse eran las relaciones espaciales que los objetos materiales presentan entre sí y las relaciones temporales que los suce­ sos materiales presentan entre sí. Tras el desarrollo de la teoría espe­ cial de la relatividad, se aseguraba normalmente que Einstein había completado finalmente el programa relacionista leibniziano. Pero estas vindicaciones llamaban a engaño. Aunque la teoría especial nos dice que algunas de las características del mundo que una vez tomamos por absolutas son realmente relativas, esto no es en absolu­ to lo mismo que decir que el relacionismo es correcto. En la descrip­ ción del espacio y el tiempo por Newton, hay una separación defini­ da, no relativa, espacial y temporal entre dos sucesos cualesquiera. En la teoría de la relatividad, dichas separaciones son solamente rela­ tivas a una elección de sistema de referencia inercial y difieren en función del sistema elegido. Pero dicha relatividad no tiene nada que ver con que, a fin de dar cuenta de los fenómenos observables, deba­ mos postular el espacio y el tiempo o, ahora, el espacio-tiempo, como estructuras sobre y por encima de las cosas y características materia­ les del mundo. También debería indicarse de paso aquí que aunque la relatividad especial convierte en relativas algunas nociones previa­ mente no relativas, introduce nuevas características, no relativas, de su propia cosecha. El intervalo espacio-temporal de separación entre los sucesos es, en la teoría especial, una relación absoluta entre los sucesos y es independiente de cualquier observador, como lo es el tiempo propio transcurrido a lo largo de una trayectoria específica en el espacio-tiempo de un suceso a otro.

Si el argumento de Newton a favor de una concepción sustanti- vista del espacio-tiempo, que él utilizó con gran acierto contra Leib-

niz, luese correcto, entonces la relatividad especial parecería ser una teoría que postula asimismo un espacio-tiempo sustantivista. Como hemos señalado, la distinción, tan importante en el argumento new- toniano, entre sistemas inerciales con movimiento verdaderamente uniforme y sistemas absolutamente acelerados se conserva en la teo­ ría especial de la relatividad. En la nueva teoría, los sistemas inercia­ les son, como lo eran en la teoría newtoniana, aquellos en los que no se experimentan fuerzas inerciales. Pero ahora también se distinguen por ser los estados de movimiento en los que los experimentos ópti­ cos de ida y vuelta dan sus famosos resultados nulos. La distinción entre estar realmente en movimiento acelerado o no, central al argu­ mento de Newton contra el relacionismo, se conserva en la teoría es­ pecial de la relatividad.

¿Significa esto que si aceptamos la teoría especial, debemos aceptar la postura metafísica del antirrelacionista newtoniano (con, claro está, el espacio-tiempo minkowskiano, en lugar del espacio ab­ soluto de Newton, como la estructura del espacio-tiempo sustanti­ vista)? ¿Necesitamos todavía un «espacio-tiempo mismo» en rela­ ción al cual la aceleración absoluta es aceleración y cuya existencia se presupone como parte de la explicación de la existencia de fuer­ zas inerciales y de los efectos ópticos que ponen de manifiesto la aceleración absoluta? Quizá, pero de nuevo sería precipitado pasar sin una reflexión ulterior de una teoría científica a una conclusión metafísica. ¿No podríamos encontrar alguna forma de reconciliar la relatividad especial con una descripción relacionista del espacio- tiempo?

Quizá. Pero las cuestiones filosóficas involucradas son complejas, sutiles y problemáticas. Hay argumentos diseñados para mostrar que el programa sustantivista de postular el espacio-tiempo como una en­ tidad necesaria para explicar la distinción entre movimientos absolu­ tamente acelerados y los no acelerados en absoluto falla y que las ex­ plicaciones ofrecidas son espurias. Las fuerzas inerciales y los efectos ópticos de la aceleración se explican por referencia a la aceleración del laboratorio respecto a «sistemas de referencia inerciales» del es­ pacio-tiempo mismo, los cuales ocupan en la relatividad especial el lugar del «espacio mismo» de Newton. Pero las mismas estructuras del espacio-tiempo permanecen, en algún sentido, inmunes a la ob- servabilidad directa, manifestándose sólo indirectamente en términos ile los efectos causales del movimiento con respecto a ellas. ¿No po­

Espacio, tiempo, movimiento 117 demos explicar todo lo que hay que explicar sin presuponer el espa­ cio-tiempo mismo?

Ahora podemos explicar las diferencias entre los efectos inercia- les percibidos en dos laboratorios por referencia a sus aceleraciones relativas entre sí. «Pero», dice el sustantivista, «no puedes explicar porqué en un conjunto de estos sistemas no se siente ningún efecto inercial en absoluto, siendo estos efectos sentidos solamente en los laboratorios en aceleración con respecto a estos laboratorios preferi­ dos. Yo», dice él, «puedo explicar porqué estos sistemas son preferi­ dos. Son los que no están acelerados con respecto al espacio-tiempo mismo». El relacionista puede contraargurrientar afirmando que, si bien no puegle explicar porqué un conjunto de estos sistemas es pre- ferencialmente inercial, puede simplemente tomar esto como un «he­ cho incuestionable básico de la naturaleza» que sencillamente nunca podrá explicarse. Después de todo, puede decir, debe haber algunos hechos incuestionables fundamentales, así que ¿porqué no éstos?; y pasa a argüir que el sustantivista requiere hechos incuestionables en cualquier caso. Para el sustantivista es un hecho incuestionable de la naturaleza que la aceleración con respecto a las geodésicas inerciales del espacio-tiempo induce los efectos inerciales. Así pues, defiende el relacionista, el sustantivista no está mejor provisto de términos ex­ plicativos que el relacionista, pero el primero debe postular la miste­ riosa entidad del «espacio-tiempo mismo», que no ejerce ninguna función explicativa real. Y una vez más, siguiendo a Leibniz, el rela­ cionista producirá una serie de argumentos en el sentido de que la concepción sustantivista postula otros hechos, como el que hace refe­ rencia a la posición del espacio-tiempo en la que ocurre un suceso particular, que no tienen ninguna consecuencia observable. Así pues, continúa el relacionista, la postulación del espacio-tiempo mismo in­ troduce «diferencias en la teoría sin una diferencia observacional». Tales diferencias en la teoría fueron una de las características proble­ máticas del espacio mismo de Newton.

Hay muchas otras características problemáticas a ambos lados del argumento. De hecho, como en cualquier debate metafísico en fi­ losofía, los mismos términos en los que el debate se plantea son su­ mamente problemáticos. ¿Comprendemos realmente lo que el sustan­ tivista está afirmando que debemos postular a fin de explicar los fenómenos observables? ¿Entendemos realmente lo que el relacionis­ ta está negando y lo que está poniendo en su lugar? En particular,

¿podemos realmente comprender completamente en qué difieren los dos enfoques? Comentaré sólo brevemente estas cuestiones más ade­ lante.

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