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Chapter 6: Piezoelectric Response of PVDF Webs

6.2 Method for Testing Piezoelectric Performance

Hay un fuerte contraste entre la posición desesperan- zada y temerosa del cliente y la posición del terapeuta centrado en la solución. Este, poseedor de conocimientos técnicos de los que el cliente carece, debe tener la precau- ción de no controlar, influir ni aconsejar. La mejor posición que puede asumir es la de «no saber» (Anderson, 1997). Se trata de una postura de «humildad respecto de lo que uno sabe. En efecto, [cuando asume esa postura] un terapeuta está más interesado en enterarse de lo que un cliente tie- ne para decir que en reafirmar, expresar, convalidar o pro- mover sus conocimientos o preocupaciones» (Anderson, 1997, pág. 136).

El terapeuta no debe vacilar en pedir aclaraciones has- ta el punto de parecer obtuso. Las diferencias en lo que los clientes quieren decir pueden ser mínimas, pero son im- portantes para centrarse en lo que realmente quieren. La elección del momento adecuado es esencial. Interrumpir a los clientes para formular una pregunta o introducir una idea nueva es algo que debe hacerse con cautela para evi- tar que lo tomen como una falta de respeto o una muestra de rechazo.

La posición de aceptación inherente al modelo centra- do en la solución, exteriorizada por medio de una actitud comprensiva, acrítica y no antagónica, no debería ser in- terpretada en el sentido de que nunca impugnamos lo que dicen los clientes. En la mayoría de los casos, el terapeuta practicante de este modelo puede comenzar la terapia li- mitándose a escuchar con una actitud de aceptación y concentrándose poco a poco en lo que los clientes afirman querer. A veces, sin embargo, los clientes nos cuentan co- sas sobre su vida de las que tenemos la obligación profe- sional de ocuparnos independientemente de nuestra posi- ción teórica, como cuando nos hablan de abuso infantil o de pensamientos homicidas o suicidas. Estas cuestiones pueden abordarse de un modo compatible con la filosofía centrada en la solución y con la intención de proteger el

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que revelan. Cuanto más deponen su actitud defensiva, mayor es la información que proporcionan. La figura 2 ilustra el intercambio entre el terapeuta y el cliente, tanto durante una sesión como en el curso total de la terapia. El terapeuta formula una pregunta que genera una respues- ta con información ya conocida o novedosa para el cliente y el terapeuta, la cual sugiere a este una nueva pregunta. En esta pauta recurrente, el terapeuta debe decidir si ha de reflexionar, asentir, pedir una aclaración o utilizar una técnica, basándose en su juicio acerca de si ello preservará la comodidad emocional del cliente.

Por ejemplo, Tamara concurre a terapia para decidir si ha de abandonar o no a su esposo. A este no le interesa el asesoramiento de parejas. Además de mencionar su in- sensibilidad, pereza e irresponsabilidad, Tamara se queja porque él gasta los limitados ingresos de ambos sin con- sultarla. La terapeuta pregunta: «¿Qué hace usted cuan- do su esposo sale a comprar un nuevo juguete electrónico sin avisarle?». «Me enojo mucho», contesta Tamara. La te- rapeuta acepta la respuesta con un movimiento de la ca- beza, pero quiere saber más. Pregunta: «¿Cómo manifies- ta su enojo?». Tamara dice que se siente muy desilusiona- da y a veces llora y le pregunta por qué hace eso. La tera- peuta cuenta ahora con información que sugiere que la reacción de la cliente es bastante normal, dadas las cir- cunstancias.

En la sesión siguiente, la terapeuta y Tamara conti- núan hablando sobre las ventajas y desventajas presentes y futuras de la relación de la cliente con el esposo, a fin de facilitar su decisión. La terapeuta sigue aceptando la ver- sión de Tamara sobre sus reacciones ante la conducta del marido. Hacia el final de la tercera sesión, Tamara infor- ma acerca de otro de los incidentes provocados por los gas- tos compulsivos de su esposo, y la terapeuta comenta: «¡Debe ser muy duro para usted!». «Lo es, pero desearía no perder los estribos de esa manera», dice Tamara. La terapeuta se sorprende ante esta declaración. «¿Qué quie- re decir con perder los estribos?», pregunta. Tamara con- fiesa entonces que por lo general se enoja tanto que des- troza y disemina por la casa los objetos comprados por su clima emocional. Un ejemplo podría ser la revelación de

castigos corporales:

«Sé que usted se empeña en ser un buen padre y enseñar a su hija a portarse bien, y comprendo lo frustrado que de- be sentirse al ver que ella no le hace caso, pero me pregun- to si sabe que golpearla con un cinturón es ilegal. Es una actitud que estoy obligada a informar a los Servicios de Protección a la Infancia, a menos que lo haga usted mis- mo. Si lo hace por su cuenta, lo considerarán una señal de que asume la responsabilidad y desea cambiar. Esto le será útil porque influirá en la decisión que tomen sobre el manejo de su situación, y yo haré todo lo que pueda para ayudarlo a idear otro modo de conseguir que ella se porte como debe».

Por lo general, la relación terapeuta-cliente peligra menos cuando la denuncia a las autoridades es hecha por el se- gundo, y no por el primero.

En una etapa más avanzada de la terapia, cuando la relación de confianza se ha fortalecido, el riesgo de perju- dicar el clima emocional suele ser menor. No obstante, siempre debemos estar atentos a lo que parece suceder con los clientes: sólo así podremos dar una respuesta que mantenga un clima emocional positivo. Cuando adverti- mos que los clientes faltan a algunas sesiones o se mues- tran menos relajados, es preferible preguntarles si noso-

tros podemos hacer algo para corregir ese estado de cosas,

en lugar de culparlos. Una cliente puede confesarse de- cepcionada porque los cambios son pocos o porque en las conversaciones no se aborda el tema sobre el que ella de- searía realmente hablar. Esta respuesta requiere que nos disculpemos y averigüemos de qué modo, a su juicio, po- dría corregirse la situación. Este intercambio puede ser una valiosa lección de asertividad para los clientes, ade- más de un medio de hacer progresar la terapia.

Las conversaciones entre clientes y terapeutas pueden producir mucha más información para las soluciones cuando se entablan en un clima emocional favorable. Al principio, los clientes suelen ser cuidadosos respecto de lo

marido. A veces le arroja con algo y lo golpea. Al pregun- társele si cree que su temperamento afecta la relación conyugal, Tamara dice que la conducta de su esposo la exacerba, pero que ha sido un problema para ella desde su niñez.

Esta interacción demuestra que, en el contexto de un clima emocional, los clientes suelen comenzar a proporcio- nar información que puede señalar de modo más preciso el camino hacia una solución.

Solución

Figura 2. Intercambio entre el terapeuta y el cliente durante la terapia.