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PART II: EMPERICAL RESEARCH

Chapter 8: Analysis and results

8.3 Hypothesis III

8.3.2 Method II & Results

al exterior. En esencia, se hacen a sí mismos lo que les gustaría hacer a otros. Tienen dolores de cabeza y de estómago, se desgarran el cabello o se lesionan a sí mismos. Otros niños deflectan sus sentimientos y se alejan de los verdaderos sen- timientos de dolor o enojo. Hacen berrinches, golpean a otros o se involucran en general en conductas impulsivas. Algunos niños evitan las emociones dolorosas distanciándose, soñando despiertos o fantaseando. Otros se vuelven hiperactivos. El niño trata de adaptarse involucrándose en esas conductas inapropiadas que son intentos por sobrevivir y afrontar.

Todas esas conductas y síntomas afectan el contacto sano del niño con el am- biente y el sentido del self se ve disminuido.

Cuando los niños restringen e inhiben aspectos del organismo, en particular las emociones, el sentido del self siempre se ve afectado. La principal tarea del desarrollo de los niños, desde el nacimiento hasta la adolescencia, consiste en separar y desarrollar sus propios límites y apoyo del self. Sin embargo, los niños tienen muy poca autonomía o fuerza interna. Carecen de la capacidad para lidiar con el ambiente por sí mismos; les resulta aterrador imaginar que podrían ser desaprobados, rechazados y abandonados, sin que sus necesidades básicas fueran cubiertas. Aun así, la lucha por la separación es esencial. Cuando se ven frustrados en esta empresa, tratan de encontrar una apariencia del self de la manera que puedan, en ocasiones la deflexión, como los golpes o los arrebatos de enojo, les brindan una sensación de energía, que sin embargo desaparece muy pronto. Un niño nunca dice “Lo que estoy haciendo no funciona, no está satisfaciendo mis necesidades. Quizá pueda intentar otra cosa mejor”. Más bien continúa e incluso acelera la conducta inapropiada.

La terapia Gestalt se considera orientada al proceso; se presta atención al qué y al cómo de la conducta en lugar de al por qué. No suele ser una terapia para la solución de problemas, aunque éstos pueden usarse como ejemplos del proceso del niño. La consciencia del proceso puede dar lugar al cambio. Cuando los tera- peutas pueden ayudar a los clientes a tomar consciencia de lo que están haciendo y de cómo lo están haciendo dentro del contexto de insatisfacción, éstos tienen la opción de hacer cambios. En el trabajo con niños, la experiencia se convierte en la llave para la consciencia. Proporcionar a los niños experiencias variadas es un componente esencial del proceso terapéutico. Algunos ejemplos de esas experien- cias se presentan en los estudios de caso.

el uso de la ProYección

La proyección es una herramienta poderosa en el trabajo con niños y propor- ciona muchas de las experiencias que éstos pueden necesitar. En este contexto, pensamos en la proyección contenida en los cuentos, el trabajo artístico, el juego de roles, etcétera. En realidad, todo lo que hacemos es una proyección, una conexión con la experiencia propia. Conforme lee estas palabras, combina algo de su propia experiencia para entenderlas y darles sentido. Cuando un niño relata un cuento o hace un dibujo, lleva al cuento o al dibujo aspectos de sí mismo y de su experiencia. Cuando puede reconocer esos aspectos, fortalece su self. El trabajo en la caja de arena, los dibujos, las esculturas de plastilina,

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Principales enfoques teóricos

los cuentos, las metáforas y el trabajo con títeres son algunos de los medios de juego que brindan oportunidades excelentes para el trabajo proyectivo. Cuando el terapeuta dice “¿Hay algo en tu relato que te recuerde algo de ti o de tu vida?”, se presenta mucho material fértil.

diferencias entre el trabajo con niÑos Y adultos

Algunos terapeutas que trabajan con niños sólo atienden a menores. Por lo ge- neral, un terapeuta Gestalt tiene una consulta variada que incluye a individuos adultos, parejas, familias y niños de todas las edades. Existen algunas diferencias entre el trabajo con adultos y el trabajo con niños que es útil entender.

El trabajo con niños se hace en pequeños segmentos. Puede parecer que la ma- yor parte de la sesión se dedica a la representación o a algún tipo de juego, lo que da lugar a que el niño haga alguna afirmación como “Sí, a veces me enojo como un tigre”, para luego cerrarse y romper el contacto. Es posible que sea necesario esperar a una sesión posterior para explorar ese enojo, ya que debe respetarse la resistencia de los niños. Cuando los menores se cierran significa que no tienen el apoyo que necesitan para seguir adelante. Los adultos pueden manejar esto mucho más que los niños. El terapeuta podría decir a un adulto “Mantenga esa resistencia. ¿En qué lugar del cuerpo la siente?”, o “¿A qué le tiene miedo?” Ese tipo de preguntas ocasiona que los niños pierdan más el contacto.

A veces un niño no entiende lo que quiere decir el terapeuta cuando pregunta “¿Esto es apropiado para ti?” Puede parecer que el niño rompe el contacto y mues- tre resistencia. En ocasiones el terapeuta necesita explicar: “El tigre de tu cuento está enojado. ¿Te sientes así a veces?”

Los niños necesitan ser ayudados cuando se les pide que imaginen cosas para un ejercicio de fantasía. No basta con decirles “Imagina que eres un rosal”. Es necesario que el terapeuta le brinde algunas ideas para el rosal, como “Puedes ser un rosal pequeño o grande. Fíjate si tienes espinas”, etcétera.

Los niños no llegan a las sesiones diciendo “Necesito trabajar el tema de mi padrastro que me violó” o “Tengo que trabajar con mi enojo”. A veces el terapeuta debe ser directivo: “Hoy quiero que hagas una figura de plastilina de tu padrastro”. La terapia con niños es como un baile en el que algunas veces el terapeuta dirige y otras lo hace el niño.

Es probable que preguntar a un niño cómo se siente suscite una respuesta vaga como “bien” o “no lo sé”. Si el terapeuta pregunta “¿En qué estás pensando?”, suele obtenerse una respuesta más congruente.

Ejemplo: Un niño de 11 años que estaba en duelo por la muerte de su hermano.

Tenía una depresión severa y no podía expresar sus sentimientos. La terapeuta le pidió que hiciera una figura de plastilina de su hermano, y así lo hizo, colocándolo en la cama del hospital. Cuando se le pidió que hablara de su hermano, el chico empezó a restringirse. “No puedo”, dijo. Cuando la terapeuta le preguntó “¿En qué estás pensando ahora?”, el niño gritó con vehemencia: “¡Odio a esos doctores! No me dejaban entrar al hospital”. Después de expresar su enojo destrozando con un mazo de plástico un trozo de plastilina que representaba a los médicos, el niño pudo hablar al hermano de plastilina.

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