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5. Primary Pilots

5.1. Method

A lo largo de 1906, el plm recogió numerosas colaboraciones de sus

partidarios en todo el país, destinadas a elaborar el programa que habría de orientar sus próximos pasos. Finalmente, el 1 de julio de 1906, se publicó el Programa del Partido Liberal, del que, según Enrique Flores Magón, se tiraron quinientos mil ejemplares.82

El programa, redactado en su forma final por Juan Sarabia, hacía un llamado a todos los grupos sociales de México para colaborar en la construcción de la “futura democracia”. Se planteaba la lucha por democratizar el sistema a político y la desaparición de la corrupción en la administración de la justicia. El programa incluía una serie

80 Rosendo Salazar, Las pugnas de la gleba, pp. 16-20.

81 Carta de Ricardo Flores Magón a su hermano Enrique, 7 y 8 de

junio, 1908. Reproducida por Eugenio Martínez Núñez, Historia de la Revolución mexicana. Perfiles revolucionarios. La vida heroica de Práxedis Gue- rrero,pp. 123-126.

82 Samuel Kaplan, “Conversaciones con Enrique Flores Magón”, en

La irrupción de la insurrección anarquista69 de demandas de los obreros de la época, consideradas sólo como un primer paso para mejorar su condición, que iban desde la de- saparición de la discriminación racial hasta el establecimiento de la jornada de ocho horas, pasando por un aumento salarial que permi- tiera la satisfacción de las necesidades mínimas de los trabajadores. Incluía también la transformación de la situación agraria, por medio de la expropiación estatal de los terrenos baldíos de los grandes propietarios, para distribuirlos, sin pago de indemnización, entre los que quisieran trabajarlos: “habrá tierras para todo el que quiera cultivarlas” —señalaron los liberales. Se proponían entregar tierras para propiciar la repatriación de los mexicanos arrojados a Estados Unidos por la miseria. El programa planteó también la reducción considerable de las contribuciones, la supresión del servicio militar obligatorio, la desaparición de los jefes políticos, la anulación de la deuda nacional, la difusión de la instrucción, la defensa de la libertad de expresión, la reducción del poder del clero y la expulsión de la fuerza de trabajo china que, según el programa, no aportaba beneficio alguno al país. Este punto fue insistentemente propuesto por los trabajadores del norte de México.

Se trataba de un programa de carácter democrático, que recogía las aspiraciones que sofocaban el dominio dictatorial. Aunque los liberales proponían la realización de un congreso nacional que legi- timase el programa, advertían a sus partidarios: “recuerden que no deben fiar demasiado en ningún gobierno por ejemplar que parezca sino que deben vigilarlo para que llene sus deberes”.83

El programa fue utilizado para agrupar a los liberales y orien- tar la insurrección, que se convirtió desde ese momento en la principal preocupación del plm. Por medio del correo y ocasional-

mente con el envío de delegados se organizó una fuerza militar. Los grupos se armaban ellos mismos o con la colaboración de la Junta que se ocupaba de pasar las armas de contrabando. Según el testimonio de Enrique Flores Magón, se organizaron cinco zonas, en cada una de las cuales se hizo jefe a un camarada de confianza, con el título de de-

83 “Programa del Partido Liberal Mexicano”, sección “Testimonios y

legado; bajo las órdenes del delegado había un jefe de guerrillas y bajo las de éste un subjefe:

Los miembros de las guerrillas conocían únicamente a sus propios jefes y subjefes, a quienes escogían democráticamente.

El jefe de guerrilla era el único que conocía al delegado [...] Un delegado general iría por el país dando a cada delegado nuestras instrucciones [de la Junta].84

Los principales delegados eran: Ángel Barrios y el profesor Ángel Gurrión, en el estado de Oaxaca; Hilario C. Salas, en Veracruz; Mateo Almanza, en San Luis Potosí, Nuevo León y parte de Tamaulipas, y Manuel Vázquez en Tamaulipas y la Huasteca veracruzana; se menciona también a Jesús María Rangel como jefe de una zona compuesta por los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.85

Ningún grupo importante era comunicado con los otros hasta el momento mismo de la insurrección, cuando un delegado general entregaba las últimas instrucciones. Para fines de julio había más de 40 grupos preparados para la insurrección. Como ocurrió en Chihuahua, el plm realizó propaganda entre los militares del resto

del país, llamándolos a ponerse al lado del pueblo en el conflicto con la dictadura y ofreciéndoles un ascenso de dos grados a los oficiales que se adhirieran a la causa revolucionaria.86 En una “Pro-

clama a la nación”, de septiembre de 1906, enviada por la Junta a los jefes de los grupos rebeldes para que la publicaran como suya al levantarse en armas, el plm se declaró abiertamente, por primera

vez, en rebelión contra el porfiriato. En ella señalaban que los “crí- menes cada día mayores de la dictadura, y la imposibilidad de ser

84 S. Kaplan, op. cit., p. 159.

85Ibid., pp. 167-168. Sobre la actividad de Rangel véase: José C. Vala-

dés, “Jesús María Rangel: el brazo armado del magonismo fronterizo”, en

Siempre, núm. 1773, 17 de junio, 1987, p. 36.

86 Carta de Enrique C. Creel a Ramón Corral, Chihuahua, 4 de octubre,

1906. En esta carta, Creel menciona haber sido informado de la existencia de “cuarenta centros de revolución”. El testimonio de Enrique Flores Magón señala que el plm había organizado 64 grupos armados. Véase también,

La irrupción de la insurrección anarquista71 atendidos por medios pacíficos, pues cuantas veces hemos querido ejercitar un derecho hemos sido atropellados por los tiranos, nos precipita a la revolución”.87 Anunciaban también que no depondrían

las armas hasta el triunfo del movimiento revolucionario. Ricardo Flores Magón y Juan Sarabia, que habían permanecido ocultos en Canadá, llegaron a El Paso, Texas, en donde se reunieron con Antonio I. Villarreal y Prisciliano G. Silva en septiembre.

A pesar de los preparativos, la coordinación de los grupos plan- teaba enormes dificultades. En sus instrucciones para el levanta- miento, la Junta pidió que “los liberales que estén dispuestos a empuñar las armas deberán alistarse rápidamente y obrar [...] sin esperar más aviso o señal de la Junta”. Ordenaba también que los grupos procedieran a implantar el programa en el curso mismo de la revolución, sin esperar a que se legislara sobre el asunto y pro- ceder inmediatamente a suprimir las tiendas de raya, implantar la jornada de ocho horas y establecer el pago de un salario mínimo de un peso.88 En adelante, el plm no variaría esta actitud exigiendo

sistemáticamente la realización de las transformaciones en el curso mismo de la revolución. La Junta esperaba que atacando algunos lugares clave la insurrección comenzaría a generalizarse.

El primer ataque debía tomar la aduana de Agua Prieta, Sonora, con el objeto de abrir un frente que facilitara las acciones del sur. El 5 de septiembre, el grupo de Douglas, Arizona, debía comenzar las acciones militares, pero sus planes fueron descubiertos y los miembros del grupo aprehendidos.89

El 26 de septiembre se dio un ataque aislado a Ciudad Jiménez, Coahuila, por un grupo dirigido por Juan José Arredondo y León Ibarra, que asaltaron la población con un contingente mayor de 30 hombres. Murió un revolucionario de apellido Almaraz. Las tropas federales dispersaron a los rebeldes.90 Otro levantamiento,

87 “Proclama”, en Regeneración, septiembre, 1906, en A. Bartra, op. cit.,

pp. 174-175.

88 R. Flores Magón, op. cit., pp. 65-66.

89 Florencio Barrera Fuentes, Historia de la Revolución mexicana. La etapa

precursora, pp. 203-204; J. K. Turner, op. cit., pp. 132-133.

en el que participaron más de mil hombres, dirigidos por Hilario C. Salas, ocurrió en Acayucan, Veracruz, el 30 de septiembre, pero fue derrotado por las fuerzas federales, aunque lograron refugiarse en la sierra.91 En otros poblados cercanos también hubo levanta-

mientos en esa fecha (Coxcapa, Chinameca, Ixhuatlán, etcétera).92

El más importante debía ocurrir en Ciudad Juárez, que era la señal esperada por numerosos grupos revolucionarios en toda la República. En una carta, el gobernador de Chihuahua, Enrique C. Creel, le informó a Porfirio Díaz que había tendido una trampa a los revolucionarios. Se les hizo creer que una parte de la guarnición de la plaza estaba dispuesta a secundarlos, atrayéndolos así a Ciudad Juárez en donde, el 19 de octubre, fueron capturados Juan Sarabia, vicepresidente del plm, César Canales y J. de la Torre. En El Pa-

so, los agentes estadounidenses capturaron a Antonio I. Villarreal, Lauro Aguirre y al periodista J. Cano.93 Sus capturas desorganizaron

seriamente al movimiento insurreccional.

Ricardo Flores Magón logró huir a Sacramento, California. El plm, con varios de sus principales dirigentes encarcelados, su

prensa cancelada y huyendo de la persecución en Estados Unidos y en México, entró en un periodo de repliegue antes de volver a intentar nuevas insurrecciones.

En los meses siguientes, los esfuerzos de la Junta estuvieron dirigidos, primero, a reestructurar la prensa del partido. Esto lo lograron con la publicación, el 1 de junio de 1907, del periódico Revolución, en Los Ángeles, California. Antonio I. Villarreal (que había logrado escapar de manos de la policía luego de las apre- hensiones en El Paso, Texas), Librado Rivera, Lázaro Gutiérrez de Lara y Modesto Díaz eran los responsables del periódico e inme- diatamente empezaron a recibir las colaboraciones de Práxedis Guerrero y de Ricardo Flores Magón, quien abandonó su escondite en Sacramento para ponerse al frente de la Junta en Los Ángeles, a finales de junio.94

91Idem. Véase también J. D. Cockcroft, op. cit., p. 139. 92 R. Flores Magón, op. cit., p. 72.

93 E. Martínez Núñez, Historia de la Revolución mexicana..., pp. 94-95. 94Ibid., pp. 109-111. También F. Barrera Fuentes, op. cit., p. 245.

La irrupción de la insurrección anarquista73 En junio de 1907, Ricardo Flores Magón y Villarreal, como di- rigentes de la Junta, nombraron a Práxedis G. Guerrero delegado especial, con el objeto de “[activar] los trabajos del próximo levan- tamiento en México contra la dictadura de Porfirio Díaz”. Guerrero se hacía así responsable de reunir armas y dinero en nombre de la Junta.95 En realidad, el plm no había cesado de preparar la in-

surrección posterior, como lo muestra el informe (de febrero de 1909) del cónsul M. E. Diebold, quien colaboró en la persecución emprendida contra el magonismo desde octubre de 1906. El cónsul señala que de fines de 1906 a marzo de 1907:

Los Magón y socios, aunque escondidos y yendo de un lugar a otro, seguían haciendo una campaña muy activa y enérgica, or- ganizando varios clubes en diferentes ciudades, principalmente en los estados de California, Texas y Arizona; nombrando representantes y delegados de la Junta, con objeto de hacer propaganda del partido, contar con el mayor número posible de afiliados y colectar fondos. Uno de los delegados más activos y agresivos, era [...] Aarón López Manzano [...], a quien Ricardo Flores Magón había nombrado recientemente delegado gene- ral. Aarón López Manzano se radicó en San Antonio, Texas, después de haber huido de San Luis. De San Antonio hacía una propaganda muy activa a tal grado que se hizo necesario poner fin a las labores sediciosas de este individuo.96

La falta de dinero retrasaba constantemente los planes de la Junta. En junio de 1907, Ricardo Flores Magón, afirmó que contaba con suficientes hombres para lanzar la insurrección nuevamente. Sin em- bargo, no disponía de dinero para adquirir armas, por lo que intentó obtenerlo de Francisco I. Madero y de otros liberales adinerados.97

Por otra parte, la represión que enfrentaron los liberales en México y Estados Unidos representó un grave obstáculo para la preparación del movimiento armado. La actividad de los cónsules mexicanos y de los detectives estadounidenses produjo el arresto

95 E. Martínez Núñez, Historia de la Revolución mexicana..., pp. 109-111. 96 R. Flores Magón, op. cit.,pp. 109-110.

de Ricardo Flores Magón, Antonio I. Villarreal y Librado Rivera el 23 de agosto de 1907, en Los Ángeles. Días más tarde, Lázaro Gutiérrez de Lara también fue encarcelado.98

A pesar de los arrestos, la actividad de Enrique Flores Magón y de Práxedis Guerrero mantuvo en marcha la preparación de la insurrección; contaban con la ayuda de numerosos revolucionarios, como Francisco Manrique, Prisciliano Silva, Jesús María Rangel, Antonio P. Araujo y muchos otros.99 En 1908, como en la insurrec-

ción de 1906, el país quedó dividido en zonas en las que estaban distribuidos 64 grupos armados, cada uno con sus jefes, entre los que se contaban: en Sonora, Pedro Ramírez Caule y el indio yaqui Huitimea, que después fue hecho prisionero y enviado a San Juan de Ulúa; en Chihuahua, Eugenio Alzalde; en Oaxaca, Ángel Ba- rrios (quien después fue zapatista), y otros nuevos establecidos en Texas.100 Práxedis Guerrero tuvo en este periodo un papel funda-

mental en la organización y coordinación de los grupos armados en Estados Unidos y en México.101

En una carta a su hermano Enrique, del 7 y 8 de junio de 1908, Ricardo Flores Magón hace un recuento del estado en que se en- contraba la preparación de los grupos, que aún era incompleta. Sin embargo, Ricardo no deseaba el aplazamiento de la insurrec- ción ya que estimaba que:

Lo que hay que hacer, según nosotros, es obtener el “ofreci- miento solemne” de levantarse el día que se fije como quiera que se encuentren. Si la mitad, y aun la tercera parte de los grupos que hay, cumplen levantándose, la revolución estaría asegurada aunque se haya comenzado con grupos misera- blemente armados, que siendo varios los grupos rebeldes y extensa la república, no podrán ser aplastados en un día por los esclavos de la dictadura, y cada día de vida para un grupo

98 E. Martínez Núñez, Historia de la Revolución mexicana..., pp. 112-113. 99Ibid., p. 123. También S. Kaplan, op. cit., p. 197.

100 E. Martínez Núñez, Historia de la Revolución mexicana...,pp. 126-127. 101Ibid., p. 176.

La irrupción de la insurrección anarquista75 significa un aumento de personal, aumento de armas y adquisición de recursos de todo género, con la circunstancia, además, de que alen- tados los valientes en todas partes, surgirán nuevos levantamientos secundando a los bravos que prendieron la mecha.102

En la concepción de los dirigentes del plm, la insurrección tenía

el valor de una acción ejemplar, capaz de desatar la rebelión de los inconformes y, con ello, la revolución. No era tan importante el objetivo militar en sí mismo como prender la mecha.

En la revolución que se proponían hacer estallar, los magonis- tas se esforzaban por precisar sus posiciones políticas. Resultado de sus discusiones en la cárcel con Librado Rivera —no menciona a Villarreal—, Ricardo dirige una carta a Práxedis Guerrero y Enrique Flores Magón los días 13 y 15 de junio de 1908, con el objeto de orientar adecuadamente el comportamiento de los revolucionarios y las características del proceso: “Ninguna revolución —decía Ri- cardo Flores Magón— logra hacer prevalecer después del triunfo y hacer prácticos los ideales que la inflamaron y esto sucede porque se confía que el nuevo gobierno hará lo que debió hacer el pueblo durante la revolución”. Previó la mediatización de la revolución, prácticamente describiendo lo que sucedería en los años 1910-1917:

Si triunfa la revolución, se reúne un congreso encargado de reducir a leyes los ideales que hicieron tomar al pueblo las armas y batirse. Al Congreso van individuos de toda clase de ideales, avanzados unos, retrógrados otros, moderados otros más, y en la lucha de todas esas tendencias, las aspiraciones de la revolución se marchitan, se desvirtúan y después de largos meses, cuando no después de largos años, se vienen aprobando leyes en las que ni siquiera se adivinan los ideales por los cuales dio su sangre el desdichado pueblo.

De no suceder así, Ricardo Flores Magón esperaba el surgimiento de la contrarrevolución, el cierre de las empresas y la reducción, provocada por los patrones, del número de trabajadores, creándose el peligro de que el pueblo, llevado a una condición desesperada,

prestara oído a los burgueses: “los ricos —escribió Ricardo Flores Magón— se rebelarán cuando se trate de hacer práctico el Pro- grama del Partido Liberal, en caso de que, por un verdadero y único milagro en la historia de las revoluciones de los pueblos, se hubie- ran conservado intactos los ideales de la revolución después de su triunfo”. Para enfrentar la contrarrevolución propuso “obrar como anarquistas”, aunque sin hacerse llamar así: “Todo se reduce a mera cuestión de táctica —señaló— sin llamarnos anarquistas hemos ido prendiendo en los cerebros ideas de odio contra la clase poseedora y la casta gubernamental”. Comportarse como anarquista signifi- ca “dar las tierras al pueblo en el curso de la revolución” y también “dar posesión al pueblo de las fábricas, las minas, etcétera”. En fin, Flores Magón agregó: “nos seguimos llamando liberales en el curso de la revolución, pero en realidad iremos propagando la anarquía y ejecutando actos anárquicos. Iremos despojando a los burgueses y restituyendo al pueblo”. En esto consistía el éxito de la revolución para el plm; si se logra expropiar y restituir, entonces no importa

que se prolongue por años el movimiento.

Ricardo Flores Magón parte de la previsión de que las fábricas, las minas, las haciendas, los talleres cerrarían sus puertas, provo- cando en consecuencia el hambre. Para derrotar esta reacción de la burguesía, señaló:

Nosotros no debemos esperar a que llegue el hambre, por lo mismo, tan pronto como una hacienda paralice sus trabajos, una fábrica cierre sus puertas, una mina deje de extraer me- tal, etcétera, invocaremos la utilidad pública de que no cese el trabajo [...], daremos a los trabajadores las negociaciones que hayan cerrado los burgueses, para que ellos las sigan explotando bajo un pie de igualdad.

Las haciendas, o una parte de ellas, se entregarían a los traba- jadores de las mismas para que las trabajaran en común, logrando así, con el ejemplo, evitar que los demás campesinos trabajaran las tierras individualmente. Para proteger las conquistas logradas, “se aconsejará a los trabajadores que estén armados ellos mismos pa- ra defender lo que la revolución les ha dado de las embestidas que den los soldados de la tiranía, y la probable acometida que nos den

La irrupción de la insurrección anarquista77 los gringos o algunas otras naciones”. Previendo el caso de que los burgueses, para evitar la expropiación, no cerraran sus negociacio- nes, entonces “se agitará a los obreros para que pidan ‘imposibles’ de manera que los patrones se vean forzados a cerrar”. Las expro- piaciones, “la Junta puede decretarlas, o bien los obreros pueden consumarlas”, optando la Junta por aprobar los hechos con- sumados porque “lo que se haga por los obreros mismos, será más sólido que lo que se haga por decretos de la Junta”.

En el proyecto de Ricardo, los militantes libertarios juegan un papel central, tanto en lo político como en lo militar, por lo que deberían atraerse a México a numerosos anarquistas europeos; “Teniendo el mando los libertarios haremos una gran obra”. Ricar- do Flores Magón señalaba la necesidad de una gran propaganda libertaria.

Con esa brújula, los revolucionarios se lanzaron a la acción. La base misma de la carta del 13 y 15 de junio de 1908 establece como premisa de la actuación del plm la acción independiente de la clase

obrera, tanto por su determinación de lograr satisfacer las aspira- ciones populares en el curso mismo de la revolución —sin dejarle la tarea a un parlamento por progresista que éste fuera— como por el papel fundamental que asigna al pueblo trabajador en los logros revolucionarios. Ricardo Flores Magón decide, en función de esta

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