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A lo largo de este capítulo, se han presentado enfoques sobre el desarrollo algo diferentes de los tradicionalmente planteados por las ciencias económicas. Varios autores, a lo largo de los años, han hecho planteamiento en este sentido y vale la pena recordar esas posturas.

a. Schumpeter14opina que el sistema capitalista es un sistema evolutivo, y que el impulso fundamental que lo pone y lo mantiene en movimiento proviene de los nuevos bienes de consumo, de los nuevos métodos de pro- ducción y transporte, de los nuevos mercados, de las nuevas formas de organización industrial que crea la empresa capitalista.

La esencia del capitalismo está en el proceso de mutación industrial que revoluciona en forma incesante la estructura económica desde adentro, des- truye de manera ininterrumpida lo antiguo y crea día tras día elementos nue- vos. Debemos comprender que la innovación es un factor puramente econó- mico de suprema importancia, y que las innovaciones son asimiladas por el sistema económico, lo que explica las continuas revoluciones económicas. Estos hechos nos indican algo que todos sabemos, y no podemos dejar de lado: la velocidad del desarrollo de América Latina en los últimos 40-50 años ha sido lenta en exceso, y se necesitan grandes cambios para poder brindar a nuestros compatriotas la calidad de vida que se merecen y han estado demandando.

b. McClelland15planteó que el éxito económico y el desarrollo tecnológico dependen más de la motivación al logro que del sistema político o de la organización administrativa. Y explicó:

La ayuda a los países en vías de desarrollo debe estar puesta en la pro- moción del espíritu empresarial en esos países y no en la donación de bienes materiales para resolver sus problemas y necesidades físicas. El desarrollo de los países no se debe a los meros recursos externos

(mercados, minerales, fábricas, rutas comerciales, etc.) sino al espíritu empresarial que explota esos recursos.

Se debe invertir en seres humanos, no en planes o cosas.

c. Timmons16 indica que, durante los últimos 30 años, la economía de los Estados Unidos ha prosperado por el impulso de una generación revolucionaria de empresarios (e-generation) que ha alterado en forma permanente las estructuras sociales y económicas de ese país y del mundo y ha establecido el “Código genético empresarial” para las generaciones futuras. Es en la capacidad empresarial de esa genera- ción donde se fortalece y asienta el gran desarrollo económico de los Estados Unidos.

d. Bill Bygrave,17 distinguido investigador y profesor de Babson College, indica: “Espíritu empresarial es la más importante ventaja competitiva de los Estados Unidos; es lo que los estadounidenses hacen mejor que los ciudadanos de las otras naciones”. Y resume el concepto en la siguiente expresión:

e. Gorbachov,18 al iniciar la perestroika en la URSS, planteaba que para lograr el desarrollo acelerado “debemos crear el espíritu empresarial en nuestra gente”.

f. Larry Farrel,19conocido investigador y conferencista mundial, plantea en su nuevo libro, The Entrepreneurial Age, una serie de ideas que si bien no son nuevas –pues las hemos estado predicando por muchos años en el Centro de Desarrollo del Espíritu Empresarial de la Universidad ICESI– son muy oportunas para el momento actual que viven nuestros países. Según Farrel, hay tres grandes aplicaciones del espíritu empresarial en el siglo XXI:

1. Desarrollar personas con cultura empresarial para que la apliquen en todas sus actividades vitales. Esto implica llevar los conceptos de edu- cación empresarial a todos los niveles del sistema educativo (primaria, secundaria, universitaria, posgrados, adultos, etc.), pues sólo así se lograrán los cambios culturales necesarios para el progreso de las per- sonas, las empresas, las regiones y el país.

2. Crear organizaciones empresariales (públicas o privadas, organizaciones con o sin fines de lucro, organizaciones sociales, etc.), todas ellas imbui- das del espíritu empresarial y no de la administración burocrática. El desarrollo de las actitudes, habilidades y conocimientos propios del espí- ritu empresarial y el desarrollo de circunstancias ambientales que estimu- len este tipo de organizaciones son vitales para el logro de este objetivo. 3. Emplear el espíritu empresarial como una estrategia de desarrollo eco-

nómico para todo el país.

g. La Comunidad Económica Europea, en su libro verde,20 otorga gran importancia al espíritu empresarial porque:

contribuye a crear empresas, pues ese espíritu se manifiesta, en forma prioritaria, en las empresas nuevas;21

contribuye al crecimiento económico;22 es crucial para la competitividad;

contribuye a fomentar la cohesión económica y social e integra a grupos desfavorecidos;23

saca partido del potencial personal produciendo mayor satisfacción laboral (45% en los empresarios frente a 27% de los empleados;24 aporta a la sociedad en todos los frentes.25

h. El ejemplo de muchos países que han formulado iniciativas en este senti- do –Competitive Future: Building the Knowledge Driven Economy, Reino Unido 1998; Decennium of Entrepreneurship, Finlandia 1995; Small Business Authority, Israel 1994; Fostering Entrepreneurship: A Thematic Review, OCDE 1998; Foundation of the Academy of Entrepreneurship: Priorities for the Future, Comisión Europea 1998; Red Policy Book, Canadá 1993; Ministry of Entrepreneurship, Malasia 1996– nos indica con claridad que el proceso de conversión de la cultura empresarial es la base de todo programa de desarrollo económico y social, es un camino válido y actual.

El problema que tenemos enfrente, no es de nuevas teorías de gerencia, o de nuevos modelos económicos, o de nuevos gurúes; es un problema de entender y aplicar bien los elementos centrales del espíritu empresarial, que han probado –durante varios siglos y en muchísimos países, empresas y personas– su efecto positivo.

Desde la óptica que nos interesa en este texto, uno de los hechos indiscu- tibles en cualquier teoría de desarrollo económico es que el proceso de crea- ción de nuevas entidades productivas tiene un efecto muy importante en él. La inversión en nuevas organizaciones opera tanto en el sector de oferta como en el sector de demanda de la ecuación de crecimiento. Al crear nuevo capital, la capacidad de producción se expande; y al crear nueva capacidad de consumo, esa capacidad de producción es utilizada. Por otro lado, este proceso de crea- ción de nuevas unidades productivas ocasiona, en general, cambios en la estructura de producción y en la sociedad. Recordemos que es imposible tener desarrollo social sin tener crecimiento económico, de forma tal que haya más para dividir.

En América Latina, el caso de Chile y su rápido desarrollo, el desarrollo del sur del Brasil, los desarrollos de algunas regiones colombianas y argentinas, el desarrollo del norte de México, nos permitan observar con facilidad la aplica- ción, por los grupos empresariales que lideran esos cambios, de las cuatro carac- terísticas del desarrollo: elasticidad, creatividad e innovación, iniciativa y diversidad. Las acciones que todo grupo con espíritu empresarial realiza se ajustan totalmente a estos valores culturales del desarrollo porque:

son expresiones operacionales de elasticidad y de respuesta a los cambios

en el ambiente, ya que parten de un proceso de detección de oportunida- des o necesidades producidas por cambios en él;

son actos creativos e innovadores, pues ellos traen al mercado nuevos pro-

ductos, nuevos servicios, nuevas formas de hacer empresas, etcétera;

son una manifestación específica de la capacidad de llevar a cabo activida-

des útiles y de toma de decisiones que den inicio a nuevas acciones;

son actividades que ayudan a la conformación del portafolio de inversio-

nes y de mercados de la comunidad. Por lo tanto, añaden diversidad y, mediante ésta, reducen el riesgo que correría la comunidad en caso de no tenerla. Cuanto más espíritu empresarial haya, mayor es la diversidad y la resistencia de la sociedad a cambios bruscos del entorno.

El espíritu empresarial es un proceso humano muy profundo y permanente, que ha vuelto a renacer en un mundo lleno de frustraciones y dificultades; es un proceso que rejuvenece y da nuevo vigor a toda sociedad que lo posea. Como dijo el director de la Fundación Nobel en Suecia –al hacer un símil entre el desarrollo empresarial y el desarrollo forestal–: “Es necesario sembrar y hacer crecer los nuevos árboles para mantener las actividades forestales”.26

El espíritu empresarial ofrece beneficios de desarrollo para el individuo, la empresa y la comunidad, como un todo.

Para el individuo, ofrece independencia, control sobre la propia vida, la creatividad, la expresión personal; brinda salud, confianza en sí mismo. Cada empresario cree con firmeza que él puede modificar los eventos mediante sus conocimientos, inteligencia, creatividad, dedicación y persistencia. Para el empresario, la nueva empresa es una expresión creativa, y el producto que fabrica y vende es sólo un medio para un fin. El empresario es optimista y tiene fe en el futuro, es capaz de manejar situaciones ambiguas en forma excelente.

Para las organizaciones, el promover el concepto de empresario producirá un incremento en la creatividad y en la toma de iniciativa, generando dinamis- mo y una alta motivación.

Para la comunidad, ese espíritu empresarial implica un impulso a los proce- sos de invención e innovación que le dan fortaleza adicional para enfrentar los eventos que el futuro depare. La idea básica es que alcanzando un gran número

de respuestas independientes y diferentes de los cambios ambientales, y mante- niendo un proceso dinámico en ese sentido, se logra una mejor chance de vivir, crecer y generar una buena calidad de vida frente a las acciones negativas que el futuro pueda deparar.

En resumen, el espíritu empresarial provee a la comunidad de una posi- bilidad real de desarrollo, pues le aporta a la cultura en la cual se mueve dicha comunidad: energía, dinamismo, orientación al trabajo, variedad, elasticidad, acción, innovación, creatividad. Todos ellos son los componentes principales de los valores culturales característicos de los grupos, las regiones y los países que han logrado el desarrollo. Además, provee a la comunidad de una posibi- lidad real de controlar su propio desarrollo; aspecto que se ampliará en el capítulo 3 al hacer referencia a importantes estudiosos, como es el caso de Schumpeter.

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