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Chapter 3. Fieldwork methodology

3.5 Methodology for in-depth interviews

Los Trastornos de la Conducta constituyen para la comunidad un área sanitaria de gran interés debido al impacto que producen en la vida de relación. Uno de ellos es el Trastorno Disocial de la Conducta el cual, de manera especial, tiene un desfavorable efecto social en tanto cuenta entre sus características el frecuente quebrantamiento de las normas sociales. (2)

Teniendo en cuenta el interés social que implica y que para cualquier planificación de intervención resulta necesario dimensionarlo, se realizó esta investigación con el objetivo de aportar conocimiento sobre la prevalencia del Trastorno Disocial de la Conducta en los adolescentes varones escolares del distrito de Trujillo. (17)

El trastorno disocial se considera una categoría diagnóstica médico psiquiátrica codificada tanto en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) como en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) de la Asociación Psiquiátrica Americana (APA). (9, 10)

Esta categoría taxonómica brindada por la APA es más utilizada en las investigaciones tanto clínicas como epidemiológicas que las categorías de la OMS. (34)

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En este estudio se hizo uso de un cuestionario para diagnóstico de TDC basado en el criterio A del DSM – IV, los 12 meses de duración de las manifestaciones y en la edad de aparición de éstos (después de los 10 y antes de los 18 años). Cabe aclarar que los diagnósticos realizados en este estudio son solamente del tipo epidemiológico, por lo tanto, deben juzgarse y evaluarse únicamente desde esta perspectiva y no desde el punto de vista del juicio clínico aplicado de manera individual. (33)

Nuestros hallazgos muestran que la prevalencia de Conducta Antisocial del Adolescente (CAA) fue de 40.17% y para el Trastorno Disocial de la Conducta (TDC) de 7.19%. Hay que resaltar que esta prevalencia no puede generalizarse para toda la población de adolescentes, puesto que en nuestro país una parte significativa de esta población es no escolarizada, para los cuales no es aplicable y en quienes podría haber una frecuencia mayor de TDC. (30)

Nuestros datos estarían colocados dentro del rango de prevalencia que mencionan las bibliografías e informan diversos estudios, postulando que el TDC ocurre entre el 4 y el 10% de los adolescentes del sexo masculino. (13, 15, 16, 26, 35, 36)

La OMS reporta estudios en donde el rango se amplia desde 1 al 10 % en poblaciones abiertas de niños y adolescentes, incluso llegarían a 28% (14) y

hasta 54% en muestras clínicas.

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En nuestro país se ha estudiado dentro de un grupo de adolescentes atendidos en el servicio de salud mental del Hospital Hermilio Valdizán, encontrándose en una frecuencia del 2% (38), y en el hospital Larco Herrera se encontró un

21.21% como patología más frecuente entre los niños y adolescentes que ingresaron por agresividad. (21)

Asimismo comparando con un estudio colombiano de Pineda y Puerta en el año 2001 no se encontró diferencia significativa (p > 0.005), quienes encontraron una prevalencia de TDC de 8.4% en escolares varones usando el mismo instrumento. La presencia de CAA, sin embargo mostró una diferencia altamente significativa (p < 0.001) con lo informado en el mismo estudio, que constataron que la prevalencia de CAA era del 56.8% en escolares varones colombianos. (17) Otro estudio muestra una prevalencia de 65% de CAA,

alejándose más de nuestro resultado. (19)

En cuanto a esto el asunto preocupante es que se trata de adolescentes vinculados al sistema educativo, lo que haría suponer que son personas con riesgo social menores para tener problemas de este tipo. (8)

Al discutir los hallazgos cabe mencionar que puede existir la probabilidad de que los adolescentes de sexo masculino estén sobreinformando las manifestaciones de TDC, con ánimos de aparecer más rudos y obtener mayor aceptación entres sus compañeros. (15, 20, 39) Sin embargo, pensamos que

disminuye la probabilidad de este argumento debido al anonimato del cuestionario, el hecho de rellenarse de forma individual y secreta, y la posible

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desconfianza y temor de algunos participantes frente a la posibilidad de que los colegios pudieran conocer la información. Por otro lado la sobrevaloración de los síntomas no se demostró en los estudios de validación del cuestionario. (33)

Se encontró una asociación significativa entre el tipo de diagnóstico y la edad, observándose así que se da un aumento en la prevalencia de TDC conforme al aumento de edad, sin dejar de mencionar que a los 12 años se encontró una cifra mayor que en las edades posteriores, lo cual nos hace pensar que tal diferencia podría significar un inicio temprano del padecimiento para una nueva generación y que en el futuro la continuidad del trastorno sea de una manera más agresiva y severa. (40)

Hay que hacer hincapié en que las manifestaciones presentadas como criterios corresponden a la edad y a las características sociales en que se vive. (10)

Otros estudios postulan que la prevalencia del TDC es significativamente mayor en adolescentes mayores de 15 años. (15, 20) Por otro lado Pineda y

Puerta no encontraron diferencias significativas en la distribución por edad. (17)

No se encontró relación significativa entre el tipo de diagnóstico y el tipo de colegio a pesar de haberse encontrado como prevalencia de TDC en colegios públicos aproximadamente el doble de la que se dio en los colegios privados (8.87% y 4.44%, respectivamente). La diferencia encontrada de CAA según los tipos de colegio fue muy estrecha y a favor de los colegios privados, 39.25% en colegios públicos y 41.67% en colegios privados. En contraste a lo obtenido

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cabe resaltar que dentro de los factores de riesgo mencionados en la bibliografía, el factor socioeconómico está como uno de ellos, considerando que la mayoría de adolescentes que acuden a colegios públicos pertenecen a un bajo nivel socioeconómico. (17, 41) Costello menciona una relación de

dependencia entre el estrato socioeconómico y el TDC, asimismo incluye a la edad y el sexo. Respecto a esto último se ha postulado que la prevalencia de TDC es mayor en el sexo masculino (del 6.2 al 9%) que en el femenino (del 0 al 2.8%). (16, 25) Por otro lado De la Peña confirma que el sexo también influye en

el desarrollo de TDC presentándose una relación de 4:1 a favor del sexo masculino. (41) Aún así Pineda y Puerta no encontraron diferencias significativas

en los estratos socioeconómicos que midieron prevalencia de TDC. (17)

Además también están presentes los factores escolares en los que se incluyen malas condiciones del inmueble escolar, pobre énfasis en lo académico, poco tiempo utilizado en la preparación de las clases y métodos punitivos de enseñanza; lo cual como es sabido, es más probable encontrarlo en los colegios públicos. (42, 43)

Otro factor de riesgo que se menciona en la bibliografía es el factor comunitario, el cual hace referencia a una mayor prevalencia de TDC existente en comunidades con elevada criminalidad. En nuestra ciudad los distritos aledaños cuentan con más resonancia en cuanto a actos de delincuencia y pandillaje. Así se encontró una asociación significativa entre el diagnóstico y el lugar de procedencia, de manera que, en orden decreciente, un 17.54% de los adolescentes procedentes de La Esperanza presentaron como diagnóstico

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TDC, los procedentes de El Porvenir fueron los siguientes con 14%, luego los procedentes de Florencia de Mora con 7.5% y finalmente los adolescentes trujillanos de los que un 4.78% obtuvieron el diagnóstico de TDC. (17)

Existen además otros factores de riesgo y elementos etiológicos para el Trastorno Disocial de la Conducta agrupados en cuatro áreas: psicobiológica, socioeconómica, neuroendocrina y genética. Entre ellas se encuentra el temperamento infantil, los factores parentales, debido a la presencia de alguna psicopatología en los padres; los factores familiares, observándose presencia de TDC en familias numerosas y con poca cohesión; factores biológicos como partos traumáticos, traumatismos cráneo encefálicos y presencia de signos neurológicos blandos; factores neuroendocrinos, para lo cual se ha encontrado en líquido cefalorraquídeo un menor nivel de ácido 5-hidroxiindolacético y mayores niveles de testosterona en adolescentes con TDC; factores genéticos, y abuso, incluyendo a aquellos adolescentes que fueron víctimas de abuso físico, sexual o psicológico, o bien por negligencia por parte de los cuidadores.

(41, 44)

Por otro lado, nuestros hallazgos muestran que la manifestación más frecuente de TDC en los adolescentes está en relación con la agresión a personas (intimidar o amenazar a otras personas), seguido por las manifestaciones relacionadas con la violación grave de las normas sociales y, finalmente, por manifestaciones relacionadas con la destrucción de la propiedad ajena. En los adolescentes que obtuvieron diagnóstico de TDC las manifestaciones más frecuentes estuvieron dadas por la destrucción de propiedad ajena, sin

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embargo no pierden importancia las relacionadas con la agresión y violencia. Este perfil de trastorno de la conducta podría tener relación directa con las características de violencia y poco acatamiento de las normas que vive nuestra sociedad. (43, 45) Pineda y Puerta encontraron entre los más frecuentes los

relacionados con violación seria de las normas, síntomas de vandalismo y tendencia a ser cruel con personas y animales. Se encontró además notable diferencia en que dicho estudio determinó dentro de los síntomas más frecuentes, además, el uso de armas; concluyendo que gran parte de los adolescentes, en su país, asisten armados. (17)

Según lo encontrado cabe manifestar de suma importancia que la agresividad y la violencia son problemas que tienen cada vez mayor relevancia en nuestra vida diaria y son motivo de preocupación de los gobiernos ante el aumento de violencia que observamos en los medios de comunicación y en la creciente inseguridad a que nos vemos sometidos continuamente. (46) El TDC está

estrechamente vinculado con la violencia ya que aproximadamente 80% de los jóvenes detenidos por infracciones o delitos violentos cursan con este trastorno. (47)

Si hacemos mayor énfasis en la población adolescente y aún en quienes se encuentran entrando a ella, podemos notar desde ya, una prevalencia a considerar, pues nos sugiere una temprana aparición de las manifestaciones y como tal este problema podría manejarse como un predictor de las condiciones de nuestra sociedad en unos años. No sin ello dejar de mencionar que se ha demostrado una clara continuidad entre el Oposicionismo Desafiante en los

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niños pequeños, el TDC en los adolecentes y el Trastorno Antisocial de la Personalidad en los adultos, en quienes quizá la diferencia de los problemas de conducta estén únicamente en relación con la edad, pues para cada etapa predominan ciertas manifestaciones. (15, 35)

Muchos estudios han relacionado el consumo de alcohol y drogas con las conductas antisociales y de hecho el TDC en adolescentes, convirtiéndose en unas de las principales preocupaciones sociales (48, 49), que desde ya es

conocido, su prevalencia presenta una curva ascendente a nivel mundial. (50, 51)

Más del 60% de los adolescentes con TDC tienen algún tipo de abuso o dependencia a alcohol y drogas. (52) Hay que añadir que los jóvenes comienzan

a consumir cada vez a edades más tempranas y estas podrían ser condicionales para el desarrollo del TDC, sin embargo en contraposición Cicchetly y Cohen mencionan al TDC de aparición a edades tempranas como un factor de riesgo para el abuso de sustancias. (53)

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