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El patriarcado está infiltrado por todos los poros de la sociedad y se inició hace unos miles de años como un soplo en la historia y se fue instalando aquí y allá, según las

circunstancias lo hacían propicio, y por medio de la difusión cultural siguió su expansión hasta hacerse universal. Victoria Sau 1989, define el patriarcado como una toma de poder

histórica por parte de los hombres sobre las mujeres, cuyo agente determinante fue el ámbito sexual, elevado a las categorías políticas, sociales y económicas. Dicha toma de poder “pasa forzosamente por el sometimiento de las mujeres a la maternidad, la represión de la sexualidad femenina, y la apropiación de la fuerza social de trabajo” (Victoria Sau 1989).

“El patriarcado ha mantenido a las mujeres apartadas del poder. El poder no se tiene, se ejerce: no es una esencia o una sustancia; es una red de relaciones en la cual las mujeres se han visto relegadas” (Sau, 1989, p.33).

Para Gerda Lerner (1986), el patriarcado es una creación histórica elaborada por hombres y mujeres en un proceso que tardó casi 2.500 años en completarse y la primera forma del patriarcado apareció en el estado arcaico. La unidad básica de su organización era la familia patriarcal, que expresaba y generaba constantemente sus normas y valores.

Las funciones y la conducta que se consideraba que eran las apropiadas a cada sexo venían expresadas en los valores, las costumbres, las leyes y los papeles sociales. Lerner manifiesta que el colectivo masculino tenía unos derechos sobre las mujeres que el colectivo femenino no tenía sobre los hombres. Y que las mismas mujeres se convirtieron en un recurso que los hombres adquirían igual que se adueñaban de las tierras, casi como una mercancía intercambiable y de su propiedad. (Lerner, 1986)

Lerner (1986) ha definido el patriarcado, como “la manifestación e

institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y niños/as de la familia y la ampliación de ese dominio sobre las mujeres en la sociedad en general”. Analizando y

comprendiendo mediante la estructura cultural, la autoridad absoluta del hombre sobre los niños, la autoridad sobre la esposa, la economía y la política.

La forma corporal de las mujeres se encarna en la vida social a partir de creencias, prejuicios, estereotipos, imaginarios y representaciones que moldean y organizan el deber ser mujer, que marca todos los ámbitos donde las mujeres

estamos presentes e incluso, donde estamos ausentes, pues generalmente la ausencia de las mujeres en algún ámbito social humano corresponde a procesos de

discriminación y exclusión basados en la naturalización de nuestra forma corporal (Lamas, 1995, p.52).

Identificado las particularidades que tiene el patriarcado mencionadas

anteriormente, en relación a la dominación, el poder y la mujer; se puede evidenciar que el aspecto crítico necesario para el reconocimiento de la violencia obstétrica aparece de la mano del feminismo. Para Judith Butler (1999), el feminismo aparece como una teoría y una epistemología que hace suya la contestación crítica y cuestionadora a las estructuras del poder patriarcal, al ser interés de la investigación la violencia obstétrica, en la cual se han identificado aspectos patriarcales y se ha criticado fuertemente el poder que se ejerce de forma abusiva y sin consentimiento hacia los cuerpos femeninos. Es necesario

contextualizar el movimiento que ha promovido el concepto y ha generado la reflexión crítica hacia el abuso y la denigración del cuerpo de la mujer en el periodo gestante.

Ha sido el movimiento feminista en el ámbito nacional e internacional, el que se ha dado a la ardua tarea de re-conceptualizar la violencia contra las mujeres; de desarrollar modelos de atención para mujeres en crisis y metodologías de trabajo; de visibilizar lo que ha sido un “invisible social”, de romper el silencio; de lograr colocar en la agenda política de los estados la violencia contra las mujeres como un asunto político, y por ende de competencia del mismo, de visibilizar la violencia contra las mujeres como parte de sus derechos humanos; de avanzar, aún, también tímidamente, en la formulación y aplicación de leyes que sancionen y prevengan dicha violencia (Hooks, 2017 p.64).

De acuerdo con lo anterior Hooks (2017), determina que el movimiento feminista surge ante la necesidad de actuar sobre un arraigado conflicto, que atraviesa a la sociedad, determinado por el hecho de nacer mujer o hombre. Si bien el análisis sobre el origen y las consecuencias de la subordinación de las mujeres ha dado lugar a distintas teorías, la teoría en relación a lo patriarcal ha definido que: masculinidad y feminidad son construcciones opuestas.

Aunque el feminismo no es homogéneo, ni constituye un cuerpo de ideas cerrado, debido a que es un movimiento donde las mismas posturas políticas e ideológicas que abarcan toda la sociedad, se entrecruzan en sus distintas corrientes internas que busca generar incidencia e impacto en los diferentes ámbitos (jurídico, ideológico y

socioeconómico), que expresen y resalten la discriminación, desigualdad e injusticia.

Hooks (2017), Plantea que las tareas y roles asignados históricamente a las mujeres no tienen su origen en la naturaleza, sino en la sociedad. La idea de la jerarquización de los sexos y de la división sexual del trabajo también es fuertemente cuestionada por el

feminismo. A partir de esta constatación, los estudios feministas se orientan en dos direcciones:

en primer lugar, analizan críticamente las construcciones teóricas

patriarcales y extraer de la historia las voces silenciadas que defendieron la igualdad entre los sexos y la emancipación de las mujeres; en segundo lugar, aportar una nueva forma de interrogar la realidad, mediante formas de percibir nuevas categorías y percepciones analíticas con el fin de explicar aspectos de la realidad que no habían sido tenidos en cuenta antes de que se hablara del aspecto social de los géneros. (Hooks, 2017, p.12)

En este mismo sentido Victoria Sau (2001) en el volumen primero de su diccionario ideológico define el feminismo como el movimiento social y político que se inicia

formalmente a finales del siglo XVIII, adoptando la denominación y toma conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano de la opresión y dominación por parte del

colectivo de los varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas partes históricas.

El feminismo propugna un cambio en las relaciones sociales, que propicie la liberación de la mujer y también del hombre, eliminando jerarquías y desigualdades entre los sexos. También para Sau, puede decirse que el feminismo es un sistema de ideas que, a partir del estudio y análisis de la condición de la mujer en todos los órdenes, se cuestiona y analiza desde una perspectiva critica el lugar de esta, en la familia, educación, política, trabajo, etc. (Sau, 1989)

“El feminismo también pretende transformar las relaciones basadas en la asimetría y opresión sexual, mediante una acción movilizadora” p,8 (Gamba, 2008). En este mismo

sentido esta autora expone la teoría feminista como el estudio sistemático de la condición de las mujeres, su papel en la sociedad y las vías para lograr su emancipación.

De acuerdo con lo anterior Hooks (2017), expone que, aunque el feminismo no es homogéneo, ni constituye un cuerpo de ideas cerrado -ya que las mismas posturas políticas e ideológicas que abarcan toda la sociedad, se entrecruzan en sus distintas corrientes internas- se puede decir que éste es un movimiento político integral contra el sexismo en todos los terrenos (jurídico, ideológico y socioeconómico), que expresa la lucha de las mujeres contra cualquier forma de discriminación.

Este referente teórico permite a la investigadora tomar postura y realizar la investigación desde una perspectiva que reconoce que el lugar físico, epistémico y simbólico, desde donde se mira, influenciará el conocimiento que se produce,

especialmente considerando que tomar una postura feminista, permitirá percibir el género desde una perspectiva menos androscentrista y concentrar el espacio en lo que implica y determina el género al ser mujer.

Tomando en cuenta los referentes teóricos que fundamentan la investigación, expuestos previamente, es evidente que, al momento de hablar de violencia obstétrica, el género aterrizado necesariamente a la estructura social que denota a la mujer, es

determinante cómo unidad de análisis y comprensión, debido a que es una característica que deja ver la desigualdad a la que se enfrentan las mujeres, las particularidades de ser una mujer en determinado contexto y la lucha histórica sobre el cuerpo. Además, la violencia obstétrica se desencadena de las afecciones del poder y especialmente del patriarcado, todo esto encaminado a los tratos denigratorios y al trato desigual al que se enfrentan muchas mujeres en instituciones de salud en su periodo de gestación.