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En cuanto al desarrollo de la empatía, Hoffman (1990) plantea su desarrollo desde una perspectiva evolutiva, en la que intervienen el desarrollo cognitivo social y las atribuciones causales. Este proceso madurativo incluye cinco modos hipotéticos de excitación empática afectiva que aparecen en la Tabla 2.

Tabla 2. Modos hipotéticos de excitación afectiva empática (Hoffman, 1990: 154; 1992:62)

I. Modalidades de excitación afectiva empática que actúan por separado o en combinación. A. Automática-no voluntaria

1. Reacción circular primaria: el neonato llora al escuchar el llanto de otro. 2. Mímica: imitación automática más retroalimentación aferente.

3. Condicionamiento y asociación directa. B. Cognitiva de nivel superior.

1. Asociación por mediación del lenguaje.

2. Ponerse en el lugar del otro: centrado en otro y centrado en sí mismo. II. Desarrollo de un sentido cognitivo de los otros.

C. Fusión sí mismo-otro.

D. Permanencia del objeto: el otro es una entidad física distinta de sí mismo. E. Toma de perspectiva: el otro tiene estados internos independientes.

F. Identidad personal. El otro tiene experiencias que transcienden la situación inmediatay la historia e identidad propias.

III. Estadios evolutivos de empatía. G. Empatía global. H. Empatía egocéntrica.

I. Empatía con los sentimientos de otro.

J. Empatía con las experiencias de otro más allá de la situación inmediata de estadogeneral y de las expectativas de futuro.

K. Empatía con todo un grupo.

IV. Transformación parcial del malestar empático en simpático. Empieza a producirse en el paso de III A a III B; después, la respuesta afectiva de uno al malestar de otro tiene un componente empático y un componente simpático.

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V. Atribución causal y modelado de la empatía en afectos morales relacionados.

A. Si la víctima es causa de malestar, puede que no siga viéndosela como una víctima y se retira la base de empatía.

B. “Malestar simpático”: la víctima no controla la causa de su malestar (accidente, enfermedad, pérdida).

C. “Culpabilidad”: el observador es causa del malestar de la víctima.

1. “Culpabilidad por falta de acción”: el observador, aunque no la causa, no hace nada y por consiguiente se considera responsable de la continuación del malestar de la víctima.

2. “Culpabilidad por asociación”: el grupo observador es causa del malestar de la víctima.

D. “Ira empática”: algún otro es la causa del malestar de la víctima.

3. La ira empática puede reducirse y/o dirigirse hacia la víctima, dependiendo del contexto, por ejemplo si el culpable ha sido previamente perjudicado por la víctima.

4. Si el culpable representa a la sociedad, la ira empática puede generar crítica social e ideología moral política.

E. “Injusticia empática” contraste entre el malestar de la víctima y su carácter.

Hoffman establece con este esquema un proceso evolutivo que refleja diferentes momentos de desarrollo de la empatía, pero sin que estas etapas lleguen por ello a constituir una secuencia estricta. Por su parte Mestre et al., (1998) constatan que “el

desarrollo cognitivo del sujeto que en definitiva posibilita el valorar los hechos más allá de la situación concreta, las consecuencias positivas o negativas para otros, el combinar con el afecto los principios de igualdad o justicia, modula el carácter moral de las decisiones y tendencias conductuales”. Para empezar, hay que considerar que estas

formas de excitación afectiva de la empatía pueden ser una respuesta cuando se está presente ante el malestar de otra persona. Además la empatía puede ser autorreforzadora, de manera que cuando alguien siente malestar y empatiza con el sufrimiento de otro, puede darse una conexión mayor y también una respuesta empática. Aumentando las posibilidades de empatizar con otras personas en el futuro.

Aunque la empatía aparece en las personas de una manera universal, no sucede de la misma manera en niños que en adultos. Mientras que de mayores se es capaz de

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ponerse en el lugar de otra persona conociendo lo que le sucede, los niños no pueden superar su egocentrismo y activar la empatía sin el conocer en primera persona lo que a otro le ocurre. Es por esto que el afecto empático corresponde al desarrollo de un sentido cognitivo de las demás personas. El afecto empático se experimenta de manera diferente a medida que el niño va atravesando estos niveles. Este desarrollo sociocognitivo y de afecto empático da lugar a cuatro niveles evolutivos de malestar empático (Hoffman, 1990-1992):

1. Empatía global: los niños muy pequeños pueden sentir malestar empático a partir de la mímica, la asociación directa, antes de adquirir un sentido de los otros como entidades distintas de uno mismo. Durante el primer año, el observar a alguien sufriendo puede dar lugar a una respuesta de malestar empático global, el niño puede actuar como si lo que le ha ocurrido a otro le ocurriera a él mismo.

2. Empatía egocéntrica: el niño puede ser consciente de que otra persona se encuentra mal (no él mismo), pero no conoce los estados internos del otro y puede asumir que son iguales a los propios (transcurso del primer a segundo año de vida).

3. La Empatía con los afectos de otro: entre los 2-3 años con el inicio de la adopción de roles y con el desarrollo del lenguaje el niño puede empatizar con emociones cada vez más complejas y puede activar la empatía a partir de la información sobre el malestar de alguien aunque esa persona no esté presente.

4. Empatía con la situación vital de otra persona: al final de la infancia el niño empieza a tomar conciencia de que otros sienten placer y dolor no solo en la situación inmediata sino también en su experiencia vital más prolongada. Aunque sigue respondiendo empáticamente al malestar inmediato de otro, su respuesta puede incrementarse al darse cuenta de que el malestar de otro es crónico y no transitorio. En este nivel el afecto empático se combina con una representación mental del nivel general de malestar o privación de otro. La víctima no necesariamente ha de estar presente, es suficiente con que se tenga información acerca de ella. A medida que el

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niño desarrolla la capacidad de formar conceptos sociales puede también empatizar con las dificultades de todo un grupo. Este nivel empático puede proporcionar una base motivacional para el desarrollo de ciertas ideologías morales o políticas, especialmente en la adolescencia.

Para Hoffman existe una semejanza entre los sentimientos y afectos con los pensamientos, principios morales y comportamentales. “Sería razonable imaginar que

en el curso de desarrollo de una persona, los afectos empáticos se irán asociando significativamente con principios morales, de modo que cuando surja una afecto empático en un encuentro moral, éste activará los principios morales. Entonces los principios, junto con el afecto empático, podrán guiar el juicio moral, la toma de decisiones y la acción del individuo. En algunos casos la secuencia puede quedar invertida; el principio puede activarse primero y luego provocarse su afecto empático asociado” (Hoffman, 1992:71).

El grado de comprensión empática puede ir desde un nivel inicial de empatía que no se corresponde con los sentimientos y experiencia del otro, implicando una patente falta de respeto, permitiendo una conversación en términos generales, vagos y anónimos o manteniendo despegado al otro, sin autodescubrimiento de los sentimientos o de la personalidad, hacia un nivel más profundo, en donde el grado de empatía exige mucha atención y respeto profundo, ayudando a expresar matices y multitud de sentimientos o experiencias personales de modo específico, concreto, global… con indicios de respuestas auténticas de modo constructivo.

Hoffman sostiene una teoría que plantea la idea que desde el nacimiento el niño es capaz de experimentar un estado de aflicción personal en respuesta a la aflicción de otros. Mientras las habilidades cognitivas del niño se desarrollan con la edad, así como también los sentimientos de simpatía y la toma de roles, disminuyen la capacidad de aflicción personal. Esto tiene que ver con la capacidad empática y no con tendencias.

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A pesar que la habilidad cognitiva del percibir puede ser condición necesaria para la empatía, no es suficiente, ya que esta requiere que el percibir como una actividad cognitiva que se basa en gran medida en el conocimiento de los otros y de sus circunstancias, y no meramente una suposición.

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