M ATERIALS AND M ETHODS
METHODS FOR CHAPTER
materia de una resolución del Congreso fechada el 28 de febrero, que Tagle refrendó como encargado por este, interinamente, de dicha administración. En el mismo documento recibió el grado de coronel del ejército aunque lo había sido solo de las milicias.
EI 4 de marzo el Congreso le confirió el grado de Gran Mariscal de los ejércitos de la República y dispuso que usara la banda bicolor como distintivo del Poder Ejecutivo que administra. Esta última disposición rige todavía.
Ya antes, el 31 de octubre de 1822, cuando funcionaba la Junta Gubernativa, la misma Asamblea había otorgado a Riva-Agüero una de las tres medallas que se fundieron para distribuirse entre los beneméritos de la patria. Aludió a este hecho el Presidente en su exposición al Congreso al aceptar la banda y no aceptar, en cambio, “el último ascenso de los guerreros más ilustres”. Dijo que el Perú tenía generales preclaros y que con la clase de coronel quería bajar a la tumba.
Nicolás de Aranívar, presidente del Congreso, repuso que se trataba de un premio por sus heroicos sacrificios en favor de la libertad e independencia en circunstancias bien difíciles y tam- bién que se quería dar el decoro necesario a la alta dignidad que ocupaba y el honor debido al rango elevado del primer magistrado de la República. A los mismos militares les interesaba, seguía diciendo, que el que está a la cabeza de los negocios, el que es superior por su empleo, no fuera inferior en rango a quienes mandaba y le obedecían.
Lo positivo fue, sin embargo, que el Congreso premió no solo con el poder político sino con el más alto grado militar al caudillo que había provocado la rebelión de la fuerza armada contra él y que no había actuado en una sola campaña o en una sola batalla.
[ tomo 1 ]
[ primer período: la época fundacional de la república ]
el increMenTo del ciego espÍriTu de facciÓn
en los peruanos frenTe al adversario coMÚn
hasTa novieMbre de 1823
CAPíTULO 2 ● i La obra de Riva-Agüero.
Los auxiliares colombianos y el discutido convenio sobre reemplazos ● Otros as-
pectos de la obra de Riva-Agüero ●Dis-
cordia entre Riva-Agüero y el Congreso
●El acuerdo con la nominal deposición
de V por el Congreso ● Los españoles
en Lima ● Regreso de Sucre a Lima. Ta-
gle provisoriamente en el mando ● Di-
solución del Congreso por Riva-Agüero
● Reinstalación del Congreso en Lima.
Elección de Tagle como presidente ● ii
Llegada de Bolívar al Perú ● Fracaso de
la expedición a intermedios ● iii Nego-
ciaciones de Riva-Agüero con el Virrey y con Bolívar ●Deposición de Riva-Agüero
por sus jefes militares ●Presión y destie-
rro de Riva-Agüero ●El debate alrededor
de una expedición de Riva-Agüero des- de Europa ●El juicio contra Riva-Agüero
CAPíTULO[2]
el increMenTo del ciego espÍriTu de facciÓn
en los peruanos frenTe al adversario coMÚn
hasTa novieMbre de 1823
62
L
PERÍODO 1 [ CAPÍTULO 2 ]
[ I ]
A OBRA dE RiVA AGÜERO. LOs AUXiLiAREs COLOMBiAnOs Y EL disCUTidO
COnVEniO sOBRE REEMPLAZOs.- Uno de los acontecimientos más importantes ocurridos
durante el gobierno de Riva-Agüero y que dio lugar a grandes debates posteriormente, fue el convenio sobre auxilios colombianos.Los antecedentes de este asunto son varios. El ministro Monteagudo que acompañara a San Martín en el Protectorado, se dirigió a Sucre el 23 de junio de 1822 pidiéndole que, junto con la división peruana, cuya participación en Pichincha fuera tan notable, viniesen al Perú “a lo menos mil quinientos o dos mil quinientos colombianos”. Cuando regresó esta división, trajo alrededor de 850 soldados colombianos en reemplazo de sus bajas. Bolívar ofreció a San Martín ayuda militar para el Perú, en la famosa entrevista de Guayaquil. La división colombiana al mando de Juan Paz del Castillo, compuesta por cuatro batallones, llegó a Lima en julio de 1822. En setiem- bre de 1822, ya en la época de la Junta Gubernativa, ofreció Bolívar cuatro mil hombres más; pero la Junta Gubernativa respondió que solo necesitaba cuatro mil fusiles (octubre de 1822). El clima en el Congreso peruano era entonces de frialdad hacia Colombia, según ya se ha dicho en el capítulo anterior. O’Leary cree, como Restrepo, que los guayaquileños emigrados después de la incorporación de su provincia a dicha República contribuyeron a crear tal ambiente. Paz del Castillo no aceptó la indicación de la Junta para que colaborara en la expedición de Intermedios, y expresó que deseaba tener reunida a su división y que ella no estaba todavía equipada y lista; sus instrucciones decían que debía comprometerla solo con absoluta probabilidad de triunfo y que procurase realizar sus operaciones en territorios de la región norte. En octubre de 1822 ya empezó a exigir que las bajas de sus soldados por causa de muerte, deserción o invalidez fuesen compensadas con peruanos, y pretendió, además, que se diera preferencia a los colombianos enrolados en la antigua división que participara en la campaña de Pichincha. Ello no había sido objeto de un acuerdo escrito; pero Paz del Castillo aseguraba que San Martín le había hecho una oferta verbal. Se quejó, además, de que sus tropas no eran suficientemente atendidas, socorridas y equipadas. Se produjo así, en noviembre y diciembre, un desagradable cambio de notas con el Ministerio de Guerra. Paz del Castillo propuso el texto de un convenio para la permanencia de sus tropas cuyo artículo sobre reemplazo de bajas colombianas con peruanos fue rechazado. Terminó por regresar a su país (enero de 1823).
Al asumir el mando Riva-Agüero, pidió a Bolívar, como ya se ha indicado, el envío de los cua- tro mil soldados ofrecidos en setiembre de 1822; y mandó como comisionado para ello al gene- ral Mariano Portocarrero. Cuando Bolívar respondía en Guayaquil el discurso de presentación del emisario peruano, ya dos mil soldados colombianos habían sido embarcados y los buques que los conducían bajaban el río Guayas. Pocos días después marcharon dos mil más; el acuer- do adoptado entonces fue despachar un total de seis mil hombres que fueron mandados por Sucre hasta la llegada de Bolívar. El convenio sobre auxilios se firmó entre Portocarrero y Paz del Castillo el 18 de marzo de 1823. El Perú se comprometió en ese documento a lo que se había negado en los días de la Junta Gubernativa, o sea al pago de los sueldos, vestuarios, equipo y gastos de regreso de los colombianos; y también a reemplazar las bajas de estos con soldados
63 [ CAPÍTULO 2 ] PERÍODO 1
Junio
1823
[ PERÚ ]19
debido a la
invasiÓn espaÑola
en liMa, el
congreso Traslada
sus sesiones al
puerTo del callao.
MÁs Tarde, el dÍa 26
del MisMo Mes,
parTe de sus
MieMbros se insTalÓ
en TruJillo. en esa
ciudad, el congreso
fue disuelTo por el
presidenTe riva-
agÜero.
peruanos. Ramón Herrera, ministro de Riva-Agüero, firmó en Lima otro convenio, más favorable para el Perú, con el coronel colombiano Urdaneta (Lima, 29 de marzo de 1823). Riva-Agüero aprobó este último, pero el gobierno de Colombia, por intermedio de Sucre, gestionó la ratifica- ción lisa y llana del que celebraran Portocarrero y Paz del Castillo, aduciendo que las tropas habíanse movilizado en virtud de él. Dicha ratificación se verificó, al fin, después de no pocos titubeos, el 3 de junio de 1823. En el convenio Herrera-Urdaneta se estipulaba que las bajas de la división de Colombia serían reemplazadas, no con peruanos, como aceptó Portocarrero, sino con los soldados colombianos existentes en los cuerpos del Perú y, en su defecto, con prisioneros españoles. Más tarde, en las conferencias de Guayaquil celebradas en 1829, el plenipotenciario peruano Larrea y Loredo, presentó como argumentos en contra del pacto Portocarrero-Paz del Castillo la falta de autoridad de Riva-Agüero para mandarlo firmar y el carácter informal del docu- mento respectivo; la atingencia de que los reemplazos habían podido ser hechos durante la campaña pero que no eran procedentes después de ella;y el principio de que no existía poder con facultades suficientes para decretar la expatriación perpetua de un crecido número de ciu- dadanos inocentes.
De las fuerzas colombianas que participaron en las campañas finales de la independencia del Perú volvieron a su patria, según dijo el plenipotenciario Gual en una de dichas conferen- cias, de cinco a ocho mil. Muchos de ellos eran peruanos de nacimiento en virtud del arreglo sobre reemplazos.