indígenas? Inclusive utilizan el término «mexicano» para designar al otro, ¿no?
Marcos: Ciudadanos, dicen. Gente de la ciudad.
Y.: ¿No hay esa exterioridad del mexicano que entrelaza la solidaridad indígena, la solidaridad maya y hace hasta cierto punto un ejército maya?
Marcos: Sí, ésa es la verdad. Eso es lo que ocurre en los hechos. Cómo decirte, hay dos niveles de discurso, uno interno, de cohesión y de espejo: «Somos nosotros, somos dignos, por eso peleamos.» Y otro nivel, exterior, que tiene mucho cuidado en eso, en tratar, porque a veces no lo logramos, de no excluir, sobre todo de que los mexicanos no nos vean desde afuera: sino que nos vean desde dentro. Pero los com- pañeros tienen un gran sentido de cuerpo, como un ejército de indios, un ejército indígena.
Y.: Se consideran como hermanos...
Marcos: Sí, finalmente nosotros somos los hermanos y los otros son los otros, y es lo mismo el griego, el ruso, que el mexicano del Distrito Federal.147
Y.: ¿Eso no influye en el hecho de que los zapatistas finalmente tienen dificultades para salir de lo indígena en cuanto a reclutamiento, no hablo del Frente, sino del Ejército Zapatista?
Marcos: Sí, definitivamente. Digamos que de pronto pareció que para hacer lo que hacíamos nosotros había que estar desesperados. Durante todo el 94, la mayoría de los mexicanos no había vivido aún la crisis política y económica en carne propia. Había también gente muy lúcida, pero la mayoría veía Chiapas como una excepción. «Sí, pobres indígenas, tienen razón, por eso se alzaron, porque están medio en el fo- llón... Yo todavía tengo cauces políticos, tengo un nivel económico brillante o con perspectivas.» La crisis no ha reventado todavía en el 94. Y, por otra parte, el discurso zapatista se está construyendo y se concentra en lo que es su fundamento: la cuestión indígena.
Los planteamientos más exitosos de la lucha zapatista en el 94, los que son mejor recibidos y que ayudan a damos a conocer mejor, no son los comunicados o las cartas o los cuentos de Marcos, sino los periodistas que entran a las comunidades y presentan lo que hay detrás del pasamontañas. De pronto, a través de los periodistas, la gente de afuera descubre lo que hay detrás del ejército zapatista. Hay comunidades y están organizadas así y conocen a la gente, y descubren que es otro mundo. Un mundo diferente, con su propia organización política, su propia organización social y que así sobrevive en resistencia. Eso es un golpe fuerte para muchos mexicanos, que se dan cuenta de que mientras parecía que no había problema, en una parte de México funcionaba otro Estado. Y que ese Estado era mejor que el que ellos tenían.
Pero eso, lo que dices del discurso indígena es interesante, porque yo recuerdo las discusiones de los primeros días, sobre los primeros comunicados, entre los delegados y en el comité, y luego en el diálogo de la Catedral. La preocupación princi- pal del Comité y de los delegados era que el movimiento no se redujera a la cuestión indígena. Al revés, si hubiera sido por ellos, por lo menos esa parte del comité, el discurso hubiera abandonado completamente cualquier referencia indígena.
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«Existimos por fin»
Después del 12 de octubre del 92, el segundo gran espejo es el 1 de enero del 94: se dan cuenta de que pueden hacer la guerra, que pueden, sobre todo, encabezar un movimiento, que lo pueden dirigir. Durante todo el 93, la pregunta que nos hacíamos era si íbamos a poder, cuánta gente íbamos a poder movilizar para la guerra. La podíamos movilizar para reuniones, para consultas, la podíamos movilizar en sus lugares, en sus poblados, en sus comunidades, en sus parajes, pero no sa- bíamos si teníamos la capacidad de movilizada para que saliera a pelear con la perspectiva de que tal vez no regresara. Ésa era la duda que perduró todo el 93. Se hizo muy aguda en noviembre y en diciembre. Y no supimos la respuesta hasta las cuatro de la tarde el día 1 de enero del 94. A las cuatro de la tarde se rinde la guarnición de Ocosingo. Cae Ocosingo y es la última cabecera municipal que cae. Las Margaritas cae a las tres de la mañana, San Cristóbal a la una de la mañana, Al- tamirano a las seis de la mañana, Huixtán, Chanal, Oxchuc al paso de las tropas que están avanzando para hacer una pinza sobre Rancho Nuevo, y a las cuatro, cinco de la tarde, me avisan por radio que se rinde la guarnición de Ocosingo y cae en nuestras manos. Ése era el objetivo. Supimos que habíamos tenido éxito. En el sentido de que nos habíamos dado a conocer, de que ya existíamos.
Y.: Volviendo un poco atrás. Hablaba de Corralchén como una ruptura importante en el año 93.
Marcos: Para las comunidades indígenas, la tropa de combate y la gente de la ciudad, esta batalla volvió real la guerra. De pronto la guerra no era algo que iba a pasar... Sabíamos que el límite eran las 12 de la noche del 31 de diciembre de 1993, porque es el plazo que da el comité cuando toma el mando. Dice: «Un año de plazo para empezar la guerra, no más, si no, nos vamos por nuestro lado.» Las comunidades habían advertido que si no marchábamos con ellas, entonces ellas iban a avanzar por sí solas y nos daban de plazo un año.
Entonces, cuando estamos preparando, en términos organizativos político- militares, el ataque a las ciudades se da el choque de Corralchén, y esto provoca primero un desajuste militar sobre el ataque a Ocosingo. Por eso tarda más en caer, porque la maqueta que encuentran entonces es una reproducción del palacio municipal de Ocosingo, y entonces tenemos que dar por sentado que el enemigo ya sabe que el ataque va a ser sobre Ocosingo y jugar con esa variante.
Pero lo más importante es que es la primera vez que la tropa choca con los soldados. Ya con la presencia de la guerra, algunos piensan y deciden retirarse. Oficiales, algunos de ellos, yeso también afecta a los planes. Entonces tiene que haber un reajuste. El 31 de diciembre se nos llegó a ir gente. Realmente, todo lo que estuvo pasando en 1993 nos decía que era una locura. Teníamos todo en contra hasta el 10 de enero del 94. Hasta antes de la madrugada del 1 de enero de 1994, todo nos decía que no debíamos salir. Se nos iba tropa, teníamos dificultades, no conseguíamos vehículos, había problemas en algunas comunidades y Corralchén fue lo que vino a meter ese ruido. No a meter ese ruido, porque finalmente permitió definir a mucha gente, muchos planes antes de hacerlos efectivos, lo que nos dio un poco de ventaja. -Por ejemplo, nosotros usamos ese antecedente de Corralchén para confirmar los datos de la inteligencia militar de que el ataque iba sobre Ocosingo; entonces amagamos el ataque sobre Ocosingo desde el 30 de diciembre y eso nos permitió desplegar las fuerzas hacia Altamirano y San Cristóbal de Las Casas. El enemigo puso atención en Ocosingo, el ataque de Ocosingo lo retrasamos lo más posible para que pensaran que era por ahí, que si no era por ahí pues no iba a pasar nada. Hasta que cayeron las otras cabeceras, entonces se decide el ataque sobre Ocosingo.
defensivas, no haya reaccionado rápida o preventivamente?
Marcos: Es un problema de valoración. Por un lado, la misma valoración que teníamos nosotros sobre la imposibilidad de un movimiento guerrillero exitoso; por otro, la valoración de que se trataba de una guerrilla, no de un ejército masivo; y la otra, el descontento por problemas de tierras que había en la Selva, hizo pensar qut la movilización de que se estaba rumoreando era para una toma de alcaldía más, con muchos indígenas. Cuando el 30 de diciembre se empieza a detener carros para poder, salir, hay quienes informan sobre gente armada, encapuchada, uniformada de camisola café y de pantalón negro, que estaba haciendo eso. El mando de la séptima región militar, que entonces era el general Godínez Bravo, se traslada a Ocosingo, hace una valoración y piensa que es eso, que son grupos o bandas paramilitares, o grupos de campesinos armados, con pocas armas, porque las armas que se muestran son rifles 22 yescopetas viejas, lo que hace pensar que va a ser una toma de tierra o una toma de alcaldía, pero que no habrá nada más. No hay nada que diga todavía que se trata de un movimiento de esta envergadura. Pero antes, según sabemos por soldados que había s infiltrado en el ejército federal -cuando ya va a ser la gue a, les decimos que se salgan-, nos informan que después de la batalla de Corralchén el ejército analiza, por supuesto, que hay un grupo guerrillero y establece una estrategia para perseguido. Cercado, cerrar y darle trato de narcoguerrilla. Pero para esto reciben la orden de más arriba de que tienen que esperar a enero. O sea, que empiece a funcionar el Tratado de Libre Comercio.148 Entonces, nosotros sabíamos que tenían preparada una ofensiva contraguerrillera, o sea, contra un grupo guerrillero con 40, 60 guerrilleros, entre el 6 y el 10 de enero de 1994 en la Selva. Eso lo sabemos a finales de diciembre, por el 25, 28, y entonces decidimos que teníamos que salir ya, porque si nos esperábamos tendríamos que pelear dentro. Y ahí queda, en términos militares, echada la suerte el 1 de enero de 1994.
La coyuntura política
Y.: ¿Qué peso tiene la coyuntura política nacional en ese momento clave? El destape del candidato a la Presidencia, el hecho de entrar en la última fase del sexenio, el TLC? Era un momento en que el régimen estaba políticamente muy frágil...
Marcos: Sí, ya a la distancia vimos que estaba frágil, pero en ese entonces parecía que no. Parecía que el régimen era sólido, no parecía que iba a haber muchos problemas con el candidato. Colosio tenía el respaldo de Salinas.149 Salinas era el hombre más fuerte del país, tenía todos los hilos, todos los controles. Realmente la apariencia del régimen mexicano en 1993 era sólida y homogénea. Nosotros hicimos esta consideración, pero los compañeros decían que había que salir. Nosotros dijimos, bueno, lo que tenemos que hacer es aguantar hasta las elecciones. Salir, se nos va a caer el mundo encima, tenemos que seguir guerrillereando cuando menos hasta las elecciones. Si logramos mantenernos, necesariamente van a tener que hacer una tregua, o intentar el diálogo o una negociación, para que las elecciones tengan lugar sin problema.
Lo que nosotros sabíamos era que las perspectivas del principal partido de oposición de izquierda, que era el PRD en 1993, eran bastante malas para las elecciones de 1994. O sea, se estaban preparando para una derrota grande, venían
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Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos, Canadá y México.
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Algunos observadores vieron en la sublevación zapatista una respuesta indirecta de sectores del PRI descontentos con la designación, en noviembre de 1993, de Luis Donaldo Colosio como candidato oficial para suceder a Carlos Salinas. Colosio fue asesinado el 23 de marzo de 1994. Las elecciones
presidenciales, legislativas y de gobernadores de diversos estados, entre ellos Chiapas, tuvieron lugar el 21 de agosto de 1994.
de la derrota del 91 y veían con mucho escepticismo sus posibilidades electorales. El triunfo sería del PRI, y en todo caso tendrían que pelear el segundo o tercer lugar con Acción Nacional.150
En un análisis más interno con los compañeros del comité, planteamos la posibilidad de que todo fuera un escenario montado, que la supuesta solidez de Salinas de Gortari no fuera tal, que realmente estuviera frágil y se estuviera cons- truyendo algo. Nuestra hipótesis era que Salinas, a la hora en que trata de dirigir el tránsito de México a la modernidad, es decir, de insertado de lleno en el mercado mundial y en el proyecto neoliberal, tiene necesariamente que afectar a grupos de poder que están anclados en proyectos históricos de otro tipo. Dentro del poder, no estoy hablando de un proyecto histórico de izquierda: Y que eso podría haber provocado resentimientos o rencores dentro de la clase política mexicana, y que, por lo tanto, tal vez no vieran con animadversión un movimiento de rebelión en contra de Salinas de Gortari. Era una posibilidad que nos planteábamos. Pero lo que planteábamos más seriamente era: vamos a salir, nos van a aniquilar, pero esto va a llamar la atención sobre el problema indígena y atraerá necesariamente la mirada del régimen y la del mundo por acá.
Según nosotros, la estrategia de Salinas de Gortari dentro del neoliberalismo era construir una campaña de publicidad, presentando en el extranjero un país estable, un buen producto que estaba vendiendo. Si nosotros lográbamos afectar esa campaña publicitaria, íbamos a conseguir dos cosas: demostrar lo que realmente estaba pasando, lo que este proyecto político, económico, significaba para este país, para una parte del país, para los indígenas; pero además, íbamos a lograr que México mirara hacia su parte indígena y se diera cuenta de que estaba olvidando a una parte de él. Era una guerra contra el olvido. Pero no le veíamos ningún futuro militar ni político más allá de eso. Sabíamos que era una guerra desesperada; lo que tratábamos de hacer era que fuera lo más útil posible para la gente con la que estábamos en deuda: las comunidades indígenas.
El precio de la sangre indígena (los combates de enero)
Y.: ¿No imaginaban que su actuación podía traer la guerra sobre esas comunidades?
Marcos: Sí, precisamente por eso necesitábamos dar un golpe muy fuerte, que llamara la atención. Teníamos que lograr que les costara muy caro atacar a la población civil. Pensábamos que iban a reaccionar en los términos clásicos de la contrainsurgencia,: perseguir a la fuerza armada y neutralizada, controlar y pasar de su lado a las fuerzas civiles. Pensábamos que seguirían el modelo de Vietnam en los territorios no ocupados, eso que llamaban la guerra de mentes y corazones. Pero si lográbamos llamar rápido la atención, el aniquilamiento o el hostigamiento o el ataque a las comunidades, contra la población civil, se iba a dificultar. Pero comoquiera que fuese, para eso se preparó la guerra. Las comunidades indígenas estaban preparadas para el repliegue y la resistencia, y contaban con que un hecho militar exitoso al principio iba a permitir que si el gobierno echaba a andar esa máquina de muerte, no lo hiciera impunemente. Teníamos que elevar el costo de la sangre indígena...
Y.:¿Apelando esencialmente a la opinión nacional e internacional?
Marcos: Sí, diciendo que este país estaba asesinando indígenas. Algo así como
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Partido Acción Nacional (PAN): partido de derecha, fundado en 1939 y que se ha transformado en los últimos años en la principal fuerza de oposición, superando al Partido de la Revolución Democrática (PRD), de izquierda.
meter la sangre indígena en la bolsa de valores. Era lo que queríamos hacer.
Y para eso necesitábamos un tiempo, las comunidades tenían que prepararse, y resistir el tiempo necesario para que la opinión pública mundial y nacional empezara a bullir y obligara al gobierno, cuando menos, a tener cuidado con la población civil; aunque a los zapatistas, a los combatientes, nos atacaran con todo, como ocurrió en los primeros días.
M.:Pero ¿también existía el sueño de que, con el ejemplo del 1 de enero, otros