Desde estas premisas, es imposible no considerar la dimensión renovadora y hasta saboteadora de la narración. Puesto que en ella la agencialidad del ser humano se materializa, dándose cita el cuidado de sí en la participación del mundo de la vida. Cuidado entendido como el retorno al ser, en la tarea de conocerse a sí mismo, de ocuparse de sí mismo, en palabras de Foucault:
“preocuparse por uno mismo implica que uno reconvierta su mirada y la desplace desde el exterior, desde el mundo, y desde los otros, hacia sí mismo. La preocupación por uno mismo implica una
47 RICOEUR, P. (2007). Tiempo y narración I, op.cit. p. 130-134 48 IBÍDEM, p. 165
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cierta forma de vigilancia sobre lo que uno piensa y sobre lo que acontece en el pensamiento”50.
Cuidado que se inscribe en las narraciones, pues en ellas persistirían las significaciones y sentidos que se re-crean en la responsabilidad de cuidarse.
En este contexto, destacar la dimensión saboteadora de la narración es relevante, no obstante, hemos de aclarar que cuando hablamos de sabotaje lo hacemos en relación a la acción modeladora de la narración, como vimos en el acápite anterior, bajo la figura de lo mediación simbólica pública, en la configuración de significados e interpretaciones en y desde la participación en el mundo de la vida. Acción mediadora que “crea sujetos51
(cuerpos, gestos, acciones, discursos, subjetividades) que se representan, perciben y conciben el mundo y a sí mimos según modelos previamente codificados”52
.
Puesto que como indicaba Foucault, los modos de ser se desvelan en una irreductible y provisoria anterioridad, es decir,
“estos contenidos que su saber le revela como exteriores a él y más viejos que su nacimiento, lo anticipan, desploman sobre él toda su solidez y lo atraviesan como si no fuera más que un objeto natural o un rostro que ha de borrarse en la historia”53
.
Esta acción modeladora de la estructura ser-mundo, no sería el problema según Asensi, quién al igual que Jameson, admite que el problema es más bien el carácter ideológico que muchas veces se esconde, llegando a naturalizar esa modelación. Asimismo, si se parte de esta constatación, podríamos imaginar
50 FOUCAULT, M. (1994). Hermenéutica del sujeto. Madrid: Ediciones de la Piqueta, p. 35 51 Que de acuerdo a la perspectiva de Foucault, es entendido en dos direcciones, “sujeto a alguien por medio del control y de la dependencia” y la otra, “ligado a su propia identidad por conciencia o autoconocimiento” Ambos, como concluye este autor, “sugieren una forma de poder que subyuga y sujeta”, FOUCAULT, M. (2001). El sujeto y el poder. En M. Foucault, Más allá del estructuralismo y la hermenéutica (págs. 241-259). Buenos Aires: Nueva Visión, p. 245
52 ASENSI, M. (2007). Crítica, sabotaje y subalternidad. Lectora(13), p. 136
53 FOUCAULT, M. (1968). Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. Buenos Aires: Siglo XXI. p. 305
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que “un sistema modelizante se defina por su carácter incitativo, apelativo y performativo”54.
En este marco, el sabotaje, similar desde nuestro punto de vista a la de- construcción en la narración, implica que ella se explicita como un discurso atético, puesto que tiene la disposición a dar cuenta de la ideología55 en la que habita, quebrando el silogismo y haciendo más viable la crítica56 y la de- construcción.
Así, cada narrativa acoge una reflexión y mediante ésta intenta superar preconcepciones, iniciando una nueva comprensión de cosas que antes fueron vistas con prejuicios. “Pero eso supone que los prejuicios que guían mi pre- comprensión intervienen siempre… incluso en su abandono, que siempre puede llamarse también reajuste. La experiencia es saber extraer de todas las contingencias una nueva pre-comprensión”57.
De esta manera, la de-construcción se presenta para minar, descomponer y desmantelar la lógica de los relatos. Asumiendo que encontrará callejones sin salida y caminos sin regreso, pues la deconstrucción es la crítica. Una estrategia puramente contingente, vulnerable, que busca las grietas, las entradas y no necesariamente encuentra las salidas o los retornos. Una estrategia parasitaria, contingente, con total dependencia de lo ya dicho y de lo nombrado58.
54 ASENSI, M. (2007). Crítica, sabotaje y subalternidad, op.cit. p. 138 55
Entendiendo por ideología, “una reacción estructurada a las tensiones estructuradas de un rol social”. Así, la ideología suministra “una salida simbólica” a las agitaciones emocionales generadas por el desequilibrio social. Y como es posible suponer que semejantes agitaciones y perturbaciones son, por lo menos de una manera general, comunes a todos los que desempeñan un determinado papel u ocupan una determinada posición social, las reacciones ideológicas a tales perturbaciones tenderían a ser similares, una semejanza que se vería reforzada por los presuntos caracteres comunes de la “estructura básica de la personalidad” de “los miembros de una cultura particular, de una clase o de una categoría laboral”. GEERTZ, C. (2001). La interpretación de las culturas, op.cit., p. 179
56 ASENSI, M. (2007). Crítica, sabotaje y subalternidad, op.cit. p. 142
57 GADAMER, H.-G. (1998). Verdad y método II. Salamanca: Ediciones Sígueme, p.239 58 KALVA, E. (2006). Hablaré, pues, de Derrida ya no presente. A Parte Rei (43), p. 2
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Esta innovación que se posibilita en la narración, se movería en la vehemente lucha no por resolver, sino por complicar. Un saber mordaz y anti- original, del que se conocen sus espacios, pero no sus hendeduras. Una zigzagueante estrategia que retoma los senderos de la creación, muy a pesar de la fuerte tradición que la contiene. Es ahí donde hacemos frente a la acción modeladora del relato.
A esto podemos agregar, que la de-construcción y el sabotaje están interesados en lo excluido, en aquello que posibilita contradecir al consenso, que no se enfoca necesariamente en el contenido significativo de las narrativas, sino en las condiciones y premisas de éstas. En este sentido, su potencial radicaría en “los sorprendentes recursos que se revelarían en la búsqueda”. Definiéndose en su habilidad de pensar el propio pensamiento, en torno a los pre-juicios y supuestos que ellos ofrecen como punto de partida para hablar de nuestros relatos y los factores que lo fundamentan59.
Desde la perspectiva de Bateson, lo podríamos conceptualizar como un fenómeno propio de la flexibilidad, pues según este investigador
“La flexibilidad se constituye en la comprensión de cómo funciona el ambiente-civilización, que viene a corroborar que la validación de una idea dentro de determinado corte temporal, no equivale a una prueba que ésta sea o no verdadera o pragmáticamente útil durante un largo tiempo, más bien la potencialidad de la flexibilidad descansa en descubrir que varias de las premisas profundamente arraigadas en nuestra manera de vivir son, sencillamente, falsas, y que se vuelven patológicas cuando se las instrumenta con técnicas modernas”60.
59
CULLER, J. (1984). Sobre la deconstrucción. Teoría y crítica después del estructuralismo. Salamanca: Cátedra , pp. 15-16
60 BATESON, G. (1991). Pasos hacía una ecología de la mente. Buenos Aires Argentina: Editorial Planeta, p.536
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Una capacidad que se abre al lento cambio de características básicas, tan lento en ocasiones que muchas de las llamadas patologías en la actualidad serían el resultado del agotamiento de la flexibilidad.
Tal innovación se plasmaría con mayor énfasis en algunos recursos narrativos, entre ellos los tropos, éstos serían el “ámbito de las configuraciones o transfiguraciones del mundo”, pues ellos catalogan, concretan, dan coherencia y estructuran las vivencias en el mundo, constituyendo “aquello que se retiene cognitivamente”, conformando patrones “conceptuales que no son solo formas a partir de las cuales se concibe un mundo ya clasificado, sino sobre todo, formas que contribuyen a constituir ese mundo”61
.
Estos recursos narrativos constituirían una especie de patrones de actividad o esquemas, que asocian o transforman las relaciones entre los elementos disponibles en el mundo de la vida, es decir, que como pivotes estos elementos se combinan en cada relación, implicando transformaciones de su carácter tropológico, puesto que ellos median “en el traspaso de las fronteras entre marcos de referencia”62
.
En suma, en su carácter cognitivo ellos reconstruyen, revelan y desvelan nuevos elementos, nuevas conjunciones y relaciones existentes en la estructura ser-mundo, constituyéndose “en el punto de crecimiento del lenguaje como ámbito de posibilidad”63
.
A esto se suma, la materialización de su doble posibilidad, trasladarse de la morada del lenguaje figurado para lexicalizarse o irrumpir con fuerza persuasiva en el domicilio del lenguaje vivo y encarnado; “puesto que como elemento del discurso posee un doble talante, derivado de su parcialidad, de este modo, mientras iluminan un aspecto de lo que señalan, otros aspectos
61
JOCILES, M. (2005). El análisis del discurso: de cómo utilizar la propuesta de Jesús Ibáñez desde la antropología social. Revista Avá. Revista de Antropología.(7), p. 151
62 TURNER, T. (2006). Tropos, marcos de referencia y poderes. Revista de Antropología Social, 15, p. 99
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pasan simultáneamente desapercibidos, lo que obliga a una consecuente modestia en su utilización”64
.
De esta forma, la narración y sus recursos recrearían la necesidad de todo ser de dar cuenta de los acontecimientos humanos, en consecuencia, su comprensión dependería de la capacidad de reproducir los procesos por los cuales se produjeron, es decir, narrativizar-tropologizar estas acciones.
Así, por ejemplo, cuando algunos sujetos heterosexuales interpelan sobre la celebración del día del orgullo gay, aludiendo que no existiría un día del orgullo heterosexual, no caen en cuenta que ese acontecimiento corresponde en efecto a narrativizaciones vividas, tropologizaciones de experiencias que se producen por la acción de exponerse. De ahí que la única forma de representarlas o de contra- argumentar sería mediante la propia narrativa.
Pensemos en otra figura: “tiene pluma y siempre se le ha notado”, esta idea como síntesis narrativa adecuada a un contenido biográfico anuncia una trama y una significación, que visibiliza con su correspondiente desaprobación aquello que ha sido narrativizado/tropologizado, haciendo decible una experiencia abstracta.
El enlace de forma y contenido produce el símbolo, “que dice más de lo que dice, pero en el discurso histórico siempre dice lo mismo: historicidad”65. Asimismo, estas enunciaciones muestran como los fragmentos culturales que discurren a través de las narraciones, proporcionan retrospectivamente la oportunidad de elegir un pasado, como “una forma de negar cualquier otro elemento de la situación de la que descienden realmente, y actuar como si fuese una comunidad que se auto-modela, en vez de un epifenómeno de fuerzas impersonales”66
.
64
ROMÁN, J. A. (2007). Lo que las metáforas obran furtivamente: discurso y sujeto. Forum Qualitative Sozialforschung/Forum: Qualitative Social Research, , 8 (2), pp.5-6
65 WHITE, H. (1992). El contenido de la forma: narrativa, discurso y representación, op.cit., p. 24
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Desde aquí podríamos comprender que la narración en general y la tropología en particular, pongan especial énfasis en la acción de los seres humanos en la elección de un pasado, como una proyección particular de posibilidades que se esforzarían por realizar o cumplir en su propio futuro.
En otras palabras, la narración y sus tropos nos ofrece las bifurcaciones en los saberes y procedimientos con los que se construyen los relatos, las formas no univocas de presentación y negociación de las concepciones sobre la realidad y la existencia humana, dándonos pistas de dónde y qué deconstruir. Específicamente, los tropos aportan el asombro, ese de repente en la narración, anunciando las tensiones entre los modos de causalidad (que actúan en la distancia) existentes entre una humanidad considerada como fenómeno natural, a merced de fuerzas físicas, y una humanidad productora de significados. Es decir, entre un modo paciente y un modo agencial.
No obstante, dentro de “las narrativas maestras de que disponen para dar sentido a lo que de otro modo no podría considerarse más que un ciego juego del azar y la contingencia”67
, el sujeto puede disponer en ellas su trama personal.
Así lo confirma el tropo de la “pluma” en los procesos de visibilización de algunos sujetos LGTB, ella constituiría una manera propia de sentir y representar la presión del mundo en un determinado transcurrir. Ella, entre otras muchas cosas más, posee una franja de afinidad con el mundo, refractando y proyectando desde ese mundo. Mundos y representaciones que solo podemos descubrir imbuyéndonos en los contextos en que tienen lugar.