3.8 Data collection methods
3.8.3 Methods for Objective 2: Effectiveness of LHM cup
sería un enunciado como ‘tengo la cabeza grande’, que dicho en el español andino, por influencia del quechua, sería tengo mi cabeza grande, en la que, como vemos, se sustituye el artículo la por el posesivo
átono de primera persona mi. Porto amplía la extensión de este grupo de verbos, incluyendo en él a todos aquéllos que llevan implícita o explícitamente la idea de posesión, como regalar, prestar, vender,
comprar, robar, etc.
- Según el régimen preposicional. Cuando el sustantivo es término de la preposición con, se comporta como con el verbo tener. En el español estándar son frecuentes enunciados del tipo ‘mis sillas son ligeras, con el asiento de rejilla’, que dicho en el ámbito andino, por hablantes de lengua materna quechua, presentaría la sustitución del artículo por el posesivo, es decir, de mí mis sillas son ligeras, con
su asiento de rejilla.
Finalmente, Fernández (1991) establece una diferencia semántica entre el uso del artículo o del posesivo en ciertas construcciones en las que el sustantivo es término con la preposición con. En este caso, el artículo se emplea cuando el aspecto es pasajero (llamó al niño con la voz dulce), mientras que se usa el posesivo cuando la cualidad es permanente o duradera (me miraba con sus ojos tiernos). En el ámbito andino peruano, en ambos casos se emplearía el posesivo, sin distinción alguna. Es decir, llamó
al niño con su voz dulce, me miraba con sus ojos tiernos.
Por su parte, Demonte (1988), intentando dar una explicación racional del uso del artículo en lugar del posesivo, realiza algunas observaciones interesantes que conviene señalar. Entre ellas destaca, en primer lugar, la importancia que tiene a este respecto la distinción entre posesión alienable e inalienable, ya que el posesivo morfológico se debe eludir cuando la posesión es inalienable, mientras que puede explicitarse (aunque se tienda a no hacerlo) cuando es alienable. Ej. ‘mi jefe le puso la mano en el hombro a Pedro’, ‘mi jefe se quitó la casaca /su casaca’, que en el contexto andino peruano no distinguiría el uso del artículo en lugar del posesivo, dando como resultado enunciados del tipo: mi jefe le
puso su mano en su hombro de Pedro, mi jefe se quitó su casaca. En segundo lugar, afirma que el valor posesivo se adscribe únicamente a los sintagmas nominales cuyo núcleo es un nombre concreto que puede ser, por ello, objeto de posesión material. Dentro de esos existe una escala: en primer término se encuentran aquellas expresiones que designan partes del cuerpo y prendas de vestir y en segundo término, las palabras que expresan relaciones personales y de parentesco; sólo después estarían los
demás casos. En tercer lugar, afirma que en los enunciados con verbos de experimentación (verbos psicológicos) se empleará el artículo en lugar del posesivo cuando la relación entre el verbo y argumento tema puede recibir la interpretación posesiva. Es por esta razón que el artículo ocupa el lugar del posesivo en un enunciado como ‘a Juan le duelen las manos’. No obstante, esto no ocurre en el español andino peruano, en el que, de manera inminente el artículo es sustituido por el posesivo sus manos de
Juan le duelen.
En base a lo dicho, creemos que también en los enunciados posesivos del español andino, la sustitución del artículo o del presentador nominal articular por el posesivo es un rasgo conectable con la inexistencia del mismo79 en la lengua quechua. Sin embargo, las teorías pragmáticas existentes, en
concreto la teoría de la localización de Hawkins (1978), nos pueden ayudar a explicar este fenómeno desde un punto de vista eminentemente comunicativo.
Hawkins (1978) sostiene que existen palabras como los adjetivos indefinidos y los demostrativos que no dan lugar a interpretaciones ambiguas debido a que se supone que el oyente tiene algún conocimiento o control sobre los objetos referidos; en cambio, al usar un indefinido, el hablante indica que la existencia y la identidad del referente no forman parte de la experiencia común, compartida por el oyente. Este sería el motivo por el que en muchos contextos, el oyente realice interpretaciones inespecíficas. Esta existencia de interpretaciones específicas e inespecíficas (Leonetti, 1990) es un problema pragmático en las lenguas que poseen artículo, y también en las que no lo tienen como es el caso del quechua.
79 Sin embargo, dado la inexistencia de artículo en quechua, existen morfemas como -qa, junto a otros enclíticos
que desempeñan la función de presentadores/reconocedores y que permiten la realización efectiva de tal función (Calvo, 1993:42).
Ej.
Partiendo desde esta base teórica, creemos que la sustitución del artículo por el posesivo también tiene una explicación similar: el hablante intenta reforzar el hecho de que el oyente obtenga la idea de que el posesor efectivamente tiene una forma de control –posesión– sobre el o los objetos referidos, y al mismo tiempo le indica al oyente que el referente existe, y es localizable bajo esas circunstancias. Añadiendo un posesivo al elemento poseído, se evitaría que haya interpretaciones inespecíficas o ambiguas por parte del oyente.
(133) de tu madrina su gatito es blanco el gatito de tu madrina es blanco (134) el otro día me corté mi cabello el otro día me corté el cabello (135) es su sobrino de su compañero es el sobrino de su compañero (136) tenía sueño, por eso me lavé mi cara
tenía sueño, por eso me lavé la cara
(137) su novio de mi profesora viene a esperarle todos los días
...…el novio de mi profesora viene a esperarla todos los días (138) sus caballos de mis primos están lejos
... los caballos de mis primos están lejos (139) sus ojos de Juan son negros chillos
...los ojos de Juan son muy negros
En todos los enunciados, el carácter específico del poseedor está ligado a la asignación del objeto de dominio –poseído–. De esta forma, el hablante andino peruano intenta que no exista carencia de información, y pretende que el oyente sepa que no sólo se está mencionando al referente, sino también quiere que quede clara la situación en la que éste se encuentra.
La idea que subyace a los enunciados de tu madrina su gatito es blanco; el otro día me corté mi
cabello; es su sobrino de su compañero; tenía sueño, por eso me lavé mi cara; su novio de mi profesora viene a esperarla todos los días, sus caballos de mis primos están lejos y sus ojos de Juan son negros
chillos es la convicción que tiene el hablante de que no sólo quiere dar a conocer expresiones en las que se pretende identificar a los referentes ‘su gatito, mi cabello, su sobrino, mi cara, su novio...’. En estos casos, el problema fundamental de la referencia es el de transmitir al interlocutor tanto la identidad de un referente como asegurar que se entienda su condición de elemento poseído.
Finalmente, esta perspectiva puede ser matizada aún más a partir de la verdadera significación del concepto “posesión” en la cultura quechua y, por tanto, de la cultura andina. Partiremos afirmando que el significado y las implicaciones de la posesión en el quechua difieren bastante de la concepción occidental. En la cultura occidental, la posesión se entiende como algo privado, mientras que en la cultura quechua, heredera de la tradición Inca, se entiende más bien como una forma de reciprocidad comunitaria, basada sobre todo en la posesión de la tierra80y la justa distribución de la riqueza.
En el imperio Incaico, la propiedad era comunitaria. Cada súbdito poseía una parcela de tierra, que le permitía el sustento. La distribución de tierras se realizaba de tal manera que tanto los hijos varones como las mujeres al nacer eran poseedores de una cierta cantidad de tierra cultivable. Dado que todos eran ya poeedores de la tierra desde muy temprana edad, se adquirían también tempranamente las nociones de tenencia, respeto y reconocimiento de la propiedad de los otros. Esto nos permite comprender por qué el poblador andino peruano, heredero de la tradición y costumbres de la cultura quechua, hace tanto hincapié en remarcar la naturaleza del poseedor, del poseído, y en general resalte la posesión en sus intercambios comunicativos.
80 El Imperio de los Incas fue un pueblo agrícola, ésta fue la actividad más importante y sobre la cual se basó su
5. CONCLUSIONES
Todo lo analizado anteriormente nos permite concluir que el doble posesivo o posesivo redundante que se presenta en el español andino peruano es una transferencia de rasgos gramaticales propios del quechua, concretamente de la frase posesiva por mediación del genitivo que tiene dos elementos: el elemento posesor y el elemento poseído: el primero marcado por el genitivo –q/–pa y el segundo por el sufijo de persona nominal.
Además, existen tres aspectos que refuerzan la formación de este tipo de construcciones: la tematización del poseedor, la jerarquía en la naturaleza de los elementos de la posesión y la sustitución del artículo por el posesivo.
La tematización del poseedor se realiza generalmente con entidades específicas, y por tanto de interpretación referencial. Sin embargo, desde el punto de vista informativo pueden, en ocasiones, representar referentes conocidos o nuevos. El poseedor tematizado, en el español andino peruano, responde a las propiedades formales funcionales más importantes exigidas para su producción (Contreras, 1976; Dik, 1978, 1989, 1997), Lambrecht (1981) o Li y Thompson (1976) como son la ubicación inicial a la izquierda, que es considerada la posición óptima para la expresión de la función tema; el contorno o autonomía prosódica; y una estructura formal acorde mediante el empleo de preposiciones (Lambrecht, 1981; Dik, 1978, 1989, 1997; Gundel, 1988).
Asimismo, en lo concerniente a la jerarquía de la naturaleza del elemento poseedor y del poseído, existe una jerarquía implicacional de rasgos que marca las posibilidades de un referente para ser tema, en el que predomina el rasgo [+humano].
Igualmente, la sustitución del artículo por el adjetivo posesivo, especialmente en la posesión de carácter inalienable, en el sur andino peruano, está relacionada con la inexistencia del primero en la lengua quechua.
En todos los casos, el posesivo antepuesto de primera, segunda o tercera persona aparece duplicado por el complemento genitivo introducido por la preposición ‘de’ que marca al poseedor.