Chapter 4. Trade-offs Between Quantity and Quality of Life – The Influence of
4.5 Methods
Otro de los aspectos que afecta directamente a la comunidad, es la permanencia de las condiciones espaciales –en cuanto a infraestructura- del campamento minero. A pesar de que hace más de 30 años finalizó la explotación minera de la Compañía Merceditas, actualmente existe un propietario que compró la rematada empresa, adjudicándose con ello, aparte del complejo industrial,
la mayoría de las casas de esta parte del campamento. A su vez, la otra mitad aún continúa en manos de la Compañía Industrial El Volcán S.A. Las empresas mineras hasta el día de hoy no se han desprendido de las casas, optando en el caso del sector del campamento de Merceditas, por facilitarlas tanto a los antiguos habitantes como a las familias que han llegado en los últimos años. Respecto a la parte de la Volcanita, la empresa mantiene el arriendo de sus casas. Según don Carlos Gómez está política de facilitar y arrendar las viviendas del pueblo comenzó a suceder por lo siguiente:
“Llegaba gente acá y se metía a las casas, empezó a destruir las casas, entonces la mejor opción fue arrendar las casas a personas que quisieran vivir acá y cuidar las casas. Entonces así como ahora se ve gente que ha llegado hace cuatro, cinco, seis años […] llegaron como a ese trato con el dueño de las casas, para que no se destruyeran. Y por acá en la Minera también [Merceditas], por ejemplo había un señor, el señor Miller, él por ejemplo era el administrador de acá y él cuando venía gente a turistiar por acá él le facilitaba las casas. Y paso que cuando él murió me da la impresión de que compró otra persona acá, entonces como tu ves el contrató a personas que hoy día cuida. Hoy día tu ves que las casa están con rejas, también por el mismo motivo que llegaban turistas y destruían las casas y empezaron a robarse todo adentro, porque como quedo poca gente entonces empezaron todos como a destruir, a saquear. Entonces la opción del nuevo dueño fue contratar personas que cuidaran y mantengan las casas”103.
El problema de tal situación es que al vivir en un lugar que no es propio, está el peligro permanente de que en cualquier momento las condiciones puedan cambiar, rematándose las casas, vendiendo el terreno, cobrando arriendos más caros, etc. Al respecto don Carlos dice: “el problema de vivir aquí yo creo que pasa por el tema de la gente que aquí no tiene su casa […] porque va llegar un momento dado que a lo mejor la empresa va a decir haber esto se termina, tomen sus cositas y lo lamento yo…. las cosas pueden cambiar, no se si hoy día o mañana o en 50 años más”104. Esta inseguridad produce que la mayoría de los residentes no intervengan en las viviendas, manteniéndolas tal y como estaban, prefiriendo vivir en casas en mal estado que producir algún tipo de reparación, ya que al no ser suyas sienten que cualquier inversión es dinero perdido.
El caso de la familia de Martín Bustos es diferente, dado que arriendan una casa de la Compañía Industrial El Volcán S.A. Ellos aún sabiendo de las posibilidades de que el arriendo sea una situación transitoria deciden arriesgarse e invertir en el lugar. Es por esto que ellos representan a algunos de los habitantes del pueblo que quieren que la condición espacial de la comunidad cambie, ya que “sabiendo en el estado que está sería bueno que entremos en alguna donación o en alguna opción a compra del lugar […] Las casas son de material liviano típica de campamento
103 Entrevista a don Carlos Gómez. Op. cit. 104
o sea se pueden caer… seria bueno que nos la pasen a nosotros”105. Don Juan Bórquez opina algo similar, él expresa que siempre ha sido su anhelo tener su casa propia:
“Yo no quiero que me den y mucho menos andar limosneando tampoco, para eso trabajo, la quiero comprar. Estas casas cuánto valen, a ENAMI le salió por centavos. Póngale que la compañía las venda a 300 mil pesos por la casa […] si me dan una garantía para pagarlo, demás la compro […] Nosotros tenemos que ser dueños y ahí se compone toda la cuestión porque mientras no seamos dueños como me voy a poner a arreglar la casa aquí y ya llegue la persona y me hace entregarla toda arreglada. Y así si soy propietario, cada día mí casita va a estar mejor y así vamos a estar todos tranquilos”106.
Según don Francisco Bustos (padre de Martín), él habría tratado de proponer algunas de estas alternativas a la Junta de Vecinos, pero no tuvo una recepción positiva. El temor de muchos de sus miembros a que las empresas pudieran tomar alguna represalia (como la expulsión de las casas o el despido de los cuatro vigilantes de la minera), fue más fuerte que plantearse el desafío de negociar con las empresas. Por lo demás, no a todos les preocupa cambiar sus condiciones habitacionales; muchos se sienten cómodos con no pagar arriendo o cancelar reducidas cifras, viendo como un gasto innecesario el tener su casa propia. Tal forma de pensar, estaría relacionada a que un grupo específico de personas en el pueblo mantienen sólo una relación habitacional con el lugar, al igual que en la cultura de enclave. Son personas itinerantes que arriban al pueblo por necesidad de una casa, o la posibilidad de un trabajo, pero que después de un tiempo lo abandonan siguiendo nuevas fuentes laborales. Para don Carlos es la “gente que vive a la orilla del camino, que bueno es gente que vive en sus casitas bien pobrecita; es gente que como que vive los momentos no más, un tiempo que le da el trabajo en el fundo y después esa gente igual emigra para otros lados, donde esté la pega”107.
Finalmente, que sean dos las Compañías mineras dueñas de las casas del pueblo, ha traído varios contrastes dentro de la comunidad. Al llegar a El Volcán uno se encuentra con un lugar ordenado, limpio, con una pequeña y arreglada plaza, creyendo que ese lugar es el centro de la localidad, aunque solamente corresponde a la mitad del pueblo (Compañía Mercedita). Cruzando unos hitos que delimitan la propiedad de la compañía de cobre, uno se enfrenta a otra realidad (Compañía El Volcán), a un lugar mucho menos cuidado, con los espacios abiertos abandonados, con ruinas de la antigua industria y grandes acumulaciones de escombro y material minero en desuso (yeso). Llega la noche y las diferencias se acrecientan, ya que solamente las calles del lado del antiguo campamento Merceditas están iluminadas, mientras que la oscuridad reina en la otra parte del pueblo. Además en esta parte aún hay un grupo de casas que no tienen luz ni agua potable. En el pueblo se pueden percibir a simple vista el abandono por parte de la Compañía Industrial El Volcán S.A. de sus propiedades, preocupándose solamente por el cobro de los arriendos. Aunque ya no son los mismos propietarios en el sector del campamento de cobre la
105
Entrevista a Martín Bustos. Op. Cit.
106 Entrevista a don Juan Bórquez. Op. Cit. 107
situación es diferente, porque están constantemente preocupados por la mantención del lugar, a través, como vimos, del contrato de cuatro personas para su cuidado.