3.1 Information Entropy
4.2.3 Micro-Retro Reflector Texture Coding
garantizar la estabilidad macroeconómica no se reduce a mantener una baja inflación y un déficit fiscal sostenible, sino que debe incluir también las principales variables reales, crecimiento y empleo. Desde la crisis de la deuda en 1982 y durante parte de los años noventa, sin embargo, la política macroeconómica en la región privilegió casi exclusivamente el control de la inflación y la reducción de los desequilibrios fiscales, por lo que la evolución de las variables reales ha dependido casi integralmente de la coyuntura externa.
Como resultado, la conducta de la política macroeconómica en los países de la región ha sido más bien procíclica, empujando a la actividad privada en tiempos de auge, y siendo restrictiva en períodos de desaceleración. La abundante entrada neta de recursos en los primeros años del decenio de 1990 se asoció al acelerador financiero (aumento del crédito interno, de los índices de precios bursátiles) y a los efectos riqueza (de los patrimonios financieros e inmobiliarios, o de sobrevaluación del tipo de cambio real) para impulsar un crecimiento alto, que culminó en 1997 con un alza de 5.2% del PIB regional y un déficit externo de 3.5%. A partir de 1998, como se mencionó anteriormente, el entorno internacional se volvió más complicado y las transferencias externas netas se secaron. Las condiciones monetarias internas retomaron a partir de entonces una postura más restrictiva, acentuando los efectos recesivos del contexto externo.
3 CEPAL, Globalización y desarrollo (LC/G.2157(SES.29/3)), documento preparado para el vigesimonoveno período de sesiones de la
CEPAL (Brasilia, Brasil, 6 al 10 de abril de 2002), Santiago de Chile, 2002.
Este sesgo procíclico de la política macroeconómica ha acentuado la volatilidad de la economía real, traduciéndose en mayor incertidumbre, menor inversión de largo plazo y bajo crecimiento. Este último, a su vez, incidió en un mayor desempleo y en el agravamiento de los problemas sociales de la región.
Para ilustrar la dificultad de conciliar los equilibrios macroeconómicos internos y externos en América Latina en circunstancias en que predominan las restricciones externas, basta considerar que, en el frente interno, se estima necesario registrar una tasa de crecimiento del PIB de al menos 4% para que la tasa de desempleo disminuya un punto porcentual (véase el Estudio económico 2000-2001, p. 73). Lamentablemente, estas tasas de crecimiento sólo se han podido lograr incurriendo en un creciente déficit comercial, debido a la mayor elasticidad-ingreso de las importaciones, respecto de la relación marginal exportaciones-PIB.
Como se puede observar en el gráfico III.2, éste ha sido el caso en América Latina desde 1990. El aumento de las importaciones y de las exportaciones asociado durante este período con un crecimiento de 4% del PIB ha sido de 14.5% y 11.8%, respectivamente, para el conjunto de la región, o sea una diferencia de 2.7 puntos porcentuales, traduciéndose en un aumento de la brecha comercial. Si se considera la mediana de los países, sin ponderarla por el tamaño de las economías, estos valores se reducen a 10.1% y 7.8%, respectivamente, o sea una diferencia de 2.3 puntos, que revela probablemente una diferencia de comportamiento entre economías grandes y pequeñas.
A esta brecha se agrega la obligación contractual –independiente de la coyuntura económica– de servir la deuda externa. Así que, cuando el acceso al financiamiento internacional se restringió, con el fin de reducir la brecha externa las autoridades nacionales ajustaron las políticas monetarias, para enfriar la economía nacional: aumentó la volatilidad del crecimiento y se agudizó el desempleo. Cabe mencionar que, a diferencia de los países desarrollados, en el caso de las economías latinoamericanas, el concepto de sobrecalentamiento no se relaciona forzosamente con un crecimiento cercano a la frontera del PIB potencial, pero depende fundamentalmente de las condiciones
Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras oficiales.
Gráfico III.2
COMERCIO EXTERNO Y CRECIMIENTO, 1990-2001 (Tasa de variación anual)
-2,0% -1,0% 0,0% 1,0% 2,0% 3,0% 4,0% 5,0% 6,0% -15,0% -10,0% -5,0% 0,0% 5,0% 10,0% 15,0% PIB Imp. Exp. 10.1 14.5 7.8 11.8
externas y muy bien se puede dar en situaciones de bajo crecimiento interno.
No obstante, hay indicios de que la fuerte elasticidad- ingreso aparente (o sea, ignorando los efectos de precios y tipo de cambio) de la demanda de importaciones que se registró durante la primera parte de los años noventa ha tenido componentes transitorios y que tiende a disminuir en los últimos años. Comparando la situación en el período 1990-1995 (véase el gráfico III.3), y en 1996-2001 (gráfico III.4), la elasticidad aparente de las importaciones ha disminuido y su valor actual está por debajo del coeficiente marginal de exportaciones, tanto para el promedio regional, como para la mediana de los países.
Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras oficiales.
Gráfico III.3
COMERCIO EXTERNO Y CRECIMIENTO, 1990-1995 (Tasa de variación anual)
-8,0% -6,0% -4,0% -2,0% 0,0% 2,0% 4,0% 6,0% 8,0% -30,0% -25,0% -20,0% -15,0% -10,0% -5,0% 0,0% 5,0% 10,0% 15,0% 20,0% PIB Imp. Exp. 8.5 10.0 17.4 11.2
Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras oficiales.
COMERCIO EXTERNO Y CRECIMIENTO, 1996-2001 (Tasa de variación anual)
Gráfico III.4 0,0% 1,0% 2,0% 3,0% 4,0% 5,0% 6,0% 7,0% 8,0% -20,0% -15,0% -10,0% -5,0% 0,0% 5,0% 10,0% 15,0% PIB Imp. Exp. 4.1 9.3 13.8 11.6
Se observan varios factores, tanto estructurales como coyunturales. Primero, la elasticidad-ingreso de las importaciones no es un parámetro constante y suele moverse en la misma dirección que la tasa de crecimiento. Asimismo, al inicio de los años noventa, el coeficiente de importaciones reaccionó exageradamente al recuperarse la capacidad para importar tras varios años de fuerte restricción. Influyeron además las rebajas arancelarias y la liberalización comercial, el flujo a veces excesivo de capital externo y la sobrevaluación del tipo de cambio.
A fines de los años noventa, muchos de estos factores han desaparecido: los procesos de reforma y apertura han entrado en su fase de maduración, las entradas netas de capital externo han disminuido muchísimo y el tipo de cambio real ha recuperado parte del atraso cambiario en varios países. También ha disminuido enormemente la tasa de crecimiento del producto y de la demanda interna (en particular de la inversión, de alta incidencia de importación). Por lo tanto, el valor en tendencia de la elasticidad implícita de importaciones ha bajado a 2.4, de un máximo de 3.8 en 1993.
Lamentablemente, en las condiciones externas e internas presentes, la región está lejos de poder esperar crecer a la tasa de 4% necesaria hoy en día para reducir el desempleo, y aun menos al 6% necesario según la CEPAL para aportar un inicio de solución a los problemas de pobreza y desigualdad. La coyuntura
mundial es poco alentadora y las demandas externa e interna carecen del dinamismo suficiente para sostener dichos ritmos de crecimiento. Tampoco está asegurado que un repunte de la economía no desemboque nuevamente en un alza de la elasticidad de importaciones netas y un ensanchamiento del déficit comercial.
Para evitar todo ello, se requiere tomar medidas en dos frentes. Primero, es necesario aplicar una política sistemática y activa de promoción de las exportaciones. Las medidas macroeconómicas incluyen todas aquellas destinadas a mantener un tipo de cambio real competitivo. Las de índole microeconómico incluyen políticas de diversificación de las actividades exportadoras y la ampliación de los encadenamientos productivos, que profundiza el efecto de arrastre de la demanda interna y externa sobre la actividad económica y el empleo. En el otro frente, es preciso disminuir la dependencia de las economías latinoamericanas del ahorro externo para aliviar el peso de la deuda externa y de su servicio. Las finanzas públicas robustas y un desarrollo estable y profundo de los sistemas financieros nacionales tienen efectos positivos para el ahorro nacional y el financiamiento de la inversión, y reducen la vulnerabilidad de las economías ante los ciclos de financiamiento externo. Para lograr estos objetivos, la CEPAL, en el mencionado documento “Globalización y desarrollo”, propone una nueva agenda para la era global, basada en una complementariedad entre desarrollo global, regional y nacional.