Como comenté anteriormente, son muchos los autores que escriben sobre el tema de la memoria, pero escasean los que tratan la ‘memoria cultural’ o la relación entre la memoria cultural y la literatura. Al respecto cabe destacar los dos autores alemanes ya mencionados, Weinrich y Aleida Assmann, cuyas reflexiones son de gran interés para el estudio de la literatura intercultural.
En su obra Leteo. Arte y crítica del olvido (1999a), Weinrich desarrolla, con ayuda de un gran número de ejemplos tomados principalmente de la literatura, una larga reflexión histórica y filosófica para mostrarnos la forma en que la cultura occidental ha bebido de las aguas de Leteo, el río del olvido. De gran interés resulta para nosotros el análisis que Weinrich realiza sobre la memoria en determinadas obras literarias de autores como Paul Celan, Adelbert von Chamisso, Paul Valéry, Elie Wiesel o Semprún, entre otros.
Aleida Assmann, por su parte, analiza en su obra (2003) tres traumas de guerra en la literatura: Die ägyptische Helena (1928), de Hugo von Hofmannsthal,
Slaughterhouse Five (1969), de Kurt Vonnegut, y Ceremony (1977), de Leslie
Marmon Silko. En el primer caso, Assman analiza la relación trauma-mito, en el segundo, trauma-fantasía y, en el tercer y último ejemplo, la relación trauma- identidad.
Trauma wird hier als eine körperliche Einschreibung verstanden, die der Überführung in Sprache und Reflexion unzugänglich ist und deshalb nicht den Status von Erinnerungen gewinnen kann. (A. Assmann 2003, 278)
En la obra Ceremony de Leslie Marmon Silko, una novela que trata sobre la relación entre trauma e identidad, Aleida Assmann nos habla de una cualidad de la tierra que el protagonista descubre y que nada tiene que ver con la aridez y la fertilidad o su
inmediata productividad: él descubre su vivacidad. La tierra vive en los animales, en percepciones sensoriales y especialmente en las historias. Recuperar la tierra significa recuperar las historias que han sido escritas en la topografía del país. «Das Land ist mehr als nur eine Grundlage materieller Versorgung; es ist selbst das kulturelle Gedächtnis, und der Protagonist lernt, seine eigene Geschichte als Teil dieser uralten Geschichten zu lesen» (ibid., 290-297). La tierra, según nos explica Assmann en su análisis sobre la obra de Silko, es más que un medio de cultivo para abastecerse; es la propia memoria cultural a la que el protagonista vuelve a estar unido. Está revestida de historias y el protagonista aprende a leer su propia historia como parte de esas historias ancestrales.
La memoria cultural de los indios de Laguna Pueblo, al igual que en el caso de los aborígenes australianos, no sólo está escrita en los cuerpos de los soldados, cuyas heridas y cicatrices conservan físicamente la memoria de la batalla, sino también en la topografía de su país. «Die nukleare Rüstungsindustrie schreibt sich mit ihrem wachsenden Zerstörunspotential auch in den Erdkörper ein. Deshalb kann Traumatherapie auch niemals Individualtherapie sein, sondern steht in engstem Zusammenhang mit der Makrogeschichte einer ebenfalls traumatisierten Erde» (ibid.,294). La topografía de la región de Laguna, vivificada con historias y mitos indios, es al mismo tiempo la topografía de la investigación nuclear. En Trinity Site se hizo explotar la primera bomba atómica y los laboratorios, en los que se colocó la primera piedra para la nueva arma de destrucción, se hallan en las montañas Jemez, en unas tierras que el gobierno quitó al pueblo indio de Cochiti, Los Álamos, a unos cien kilómetros al nordeste de él. En un espacio tan pequeño se hallan los lejanos mundos de la mitología india y la tecnología occidental. Los indios estaban allí antes de que llegaran los blancos, y las estrellas estaban allí antes de que llegaran los indios.
La pérdida de identidad se equipara con la pérdida de una relación sensorial hacia el país y la curación sólo puede llevarse a cabo como un restablecimiento gradual de esa relación. La memoria cultural de los indios de Laguna Pueblo, personificada en el curandero, es mucho más antigua que las de los inmigrantes blancos.
Ambas novelas americanas, Ceremony y Slaughterhouse Five, de los años 60 y 70 tratan un trauma de la Segunda Guerra Mundial desde una distancia de más de dos o tres décadas.
La narración, nos dice Assmann, es un argumento, una trama que se construye de forma lineal, siguiendo una cadena de sucesos según los pasos que Aristóteles denominaba principio, conflicto y desenlace. En ambas novelas, sus autores se apartan de la narración lineal y se sirven de una misma técnica para desarrollar el trauma: el collage.
Als Verfahren hat die Collage nicht nur etwas Zufälliges, sondern auch etwas Gewalttätiges oder zeugt von einem Einschlag von Gewalt, was sich in einer bestimmten Metaphorik der Rede niederschlägt: Sie “zerbricht” das Rückgrat der Erzählung, die zeitlich-chronologische Abfolge, sie “zerreißt” Ereigniszusammenhänge und sortiert die Fragmente in freien Arrangements. Collage ist nicht nur eine Form des Ordnungsverlusts, sondern auch der Erschütterung von Ordnung (ibid.,, 287)
Silko renuncia incluso al principio de organización de división de capítulos: en lugar de entreespacios y números, aparecen los decorados de la tradición india, al principio sólo las hebras de unos subtextos que a lo largo de la novela van tejiendo cada vez más una red.
Al contrario que Vonnegut, Silko presenta no solo la manifestación sino también la curación del trauma, otorgando así a su texto una progresión narrativa y performativa.