• No results found

LA SOLUCIÓN MINDFULNESS

196

Variedades de depresión

La depresión se presenta de muy variadas formas. Puede ser leve o grave, breve o duradera. Puede surgir preferentemente en circuns- tancias ambientales o deberse a una predisposición biológica. Cuan- do es grave, puede resultar paralizante: succiona toda alegría, arrui- na relaciones, entorpece el trabajo y nos hace desear que ojalá toda nuestra vida hubiera pasado ya. Pero, incluso cuando la depresión es leve, hace difícil poder disfrutar realmente de y apreciar la vida.

Puede parecer extraño, entonces, que no sea inhabitual estar deprimidos sin saberlo. Muchos de nosotros creemos que la depre- sión va rodeada siempre de melancolía, pero puede aparecer como una misteriosa pérdida de energía o interés. Podemos sentirnos agi- tados por pequeñas molestias, culpables de determinados pensa- mientos o acciones, indecisos, pesimistas o estragados por pensa- mientos críticos con nosotros mismos. Unas veces la depresión aca- rrea síntomas físicos como el insomnio o dormir poco, dormir dema- siado, sensación de inquietud, pérdida del interés sexual o tanto una sobre– como una infravaloración personal. Los efectos de la depre- sión pueden también ser leves, de manera que todo lo que notamos nos parece algo aburrido, confuso, falto de interés.

Aunque no nos consideremos unas personas particularmente deprimidas, la práctica de la plena conciencia puede ayudarnos a afrontar constructivamente los estados anímicos negativos cuando éstos nos visitan. Para ver por qué esto puede tener mucho sentido, reservemos un momento para reflexionar sobre cómo podría estar afectándonos la depresión (por favor, sirvámonos para ello del inven- tario de la página siguiente).

¿Qué hemos descubierto? Casi todo el mundo reconoce tener algunas de estas experiencias al menos ocasionalmente. Si bien muchas de ellas pueden también surgir de alguna molestia física, de malos hábitos de salud o de problemas de falta de atención, la depre- sión suele ser la culpable cuando confluyen varios.

En el resto del capítulo se contemplarán algunas maneras en que aparece la depresión, y se verá asimismo cómo la práctica de la plena

ENTRAR EN LUGARES OSCUROS 197

conciencia puede ayudarnos a abordarla aparezca en la forma que sea. Asumir la tristeza y otras emociones a través de la práctica de la plena conciencia nos ayudará a no quedar atascados en la depresión. Y podría sorprendernos descubrir que la depresión puede incluso servir de oportunidad para un despertar psicológico o espiritual cuando es abordada desde la plena conciencia.

Puede ser que algunas veces una práctica dada empeore las cosas y no sea la más adecuada para nuestra situación actual. Daré algunas ideas para cuando podamos probar una práctica concreta; pero, como cada uno es hijo de su padre y de su madre, lo mejor será expe- rimentar –y confiar en– nuestro propio juicio sobre lo que conviene a nuestras necesidades en este preciso momento. Sobre todo cuando la depresión está entorpeciendo nuestra vida cotidiana, también podría- mos beneficiarnos de otras maneras de afrontarla, como por ejemplo la psicoterapia, la medicación o un programa de autoayuda más deta- llado. Al final del capítulo hablaré de cómo determinar el tipo de ayu- da que podríamos necesitar y dónde encontrar asistencia.

INVENTARIO DE LA DEPRESIÓN

1– Raras veces 2– A veces 3– A menudo 4– Muy a menudo 5– Casi siempre

Utilizando esta escala del 1 al 5, evaluemos la frecuencia con la que ocurre cada una de estas cosas:

• Me siento triste, abatido o infeliz. (______)

• Noto que estoy perdiendo o ganando peso sin dieta. (______)

• Pierdo interés por cosas que solían tener importancia para mí. (______)

• Noto falta de energía o de fuerza. (______)

• Tan pronto me cuesta trabajo dormirme por la noche como duermo más de lo que creo que debería. (______)

• Me siento culpable o tengo mala conciencia. (______)

• Ni siquiera cuando ocurren cosas buenas me siento realmente alegre. (______)

LA SOLUCIÓN MINDFULNESS

198

• Me resulta difícil concentrarme en cosas tales como leer, ver la tele o practicar alguna otra afición. (______)

• Me siento atascado, atrapado o pillado. (______)

• Me siento inquieto o agitado y me cuesta trabajo relajarme realmen- te. (______)

• Me siento un fracasado. (______)

• Me cuesta trabajo tomar decisiones. (______) • El sexo ya no me interesa particularmente. (______)

• No me siento muy vivo ni comprometido con la vida. (______) • Me sorprendo llorando incluso cuando no ocurre nada particular-

mente malo. (______)

• No me gusto demasiado. (______)

• Me resulta difícil motivarme por algo. (______) • Me siento sometido. (______)

• No tengo mucha confianza. (______)

• O no tengo apetito o no puedo dejar de comer. (______) • El futuro no pinta muy bien para mí. (______)

• Los demás me irritan. (______) • Me siento cansado de la vida. (______)

Todo o nada

La tristeza y la depresión mantienen una curiosa relación. Pode- mos sentirnos tristes con una tristeza que forma parte de un estado anímico deprimido, podemos estar deprimidos por sentirnos tristes demasiado a menudo y podemos incluso ponernos tristes por estar deprimidos y perdernos muchas cosas de la vida. La manera de hacer frente a la tristeza puede tener también mucho que ver con lo depri- midos que estemos.

Hay pocos de nosotros que sean grandes aficionados a la tristeza. Al igual que ocurre con la ansiedad, nuestra postura habitual es tra-

ENTRAR EN LUGARES OSCUROS 199

tar de liberarnos de ella. Puede que busquemos distraernos, esperan- do concitar algún sentimiento positivo volviendo la atención a otras cosas. Puede que tratemos de animarnos, concitando pensamientos felices (como canta Maria en The Sound of Music: “Simplemente recuerdo mis cosas favoritas, y entonces no me siento tan mal”). Y luego, por supuesto, están los viejos sucedáneos del alcohol, otras drogas, la comida, el juego, las compras y el sexo.

Pero tal vez deberíamos tener cuidado con lo que deseamos. Sin la tristeza en cuanto parte integrante de nuestra vida emocional, ¿podría- mos ser realmente capaces de reconocer la alegría? El hecho es que somos conscientes de los estados negativos en parte por su contraste con los positivos. Conocemos el miedo por su contraste con la seguri- dad; la ira por su contraste con el amor, el afecto o la aceptación; y la tristeza por su contraste con la alegría o la felicidad. Así pues, conoce- mos todo comparándolo con su opuesto: lo grande con lo pequeño, lo lleno con lo vacío, lo mojado con lo seco, lo caliente con lo frío.

Y el tener tristeza en nuestra vida no sólo hace posible reconocer la alegría. También puede hacer posible sentir alegría. Ocurre algo curio- so siempre que intentamos amputar algún lado de nuestra experiencia emocional: que en tales ocasiones malogramos el otro lado también. Las emociones son como las olas del mundo físico. Imaginemos una ola ya en el agua ya descrita en un osciloscopio (parece una S ladea- da). ¿Qué ocurre si recortamos la parte baja? Pues que la parte alta también se allana. Recortar el polo de una experiencia sensorial o emocional hace que se retraiga también el otro polo. Asimismo, si matamos el gusanillo del apetito llenando el estómago con demasiado pan, el resto de la comida nos resultará menos apetecible. Y muchos de los que se echan atrás en una aventura romántica para evitar even- tuales heridas suelen acabar echando de menos las alegrías del amor. El intentar eliminar los sentimientos dolorosos merma nuestra vida emocional, conduciendo a una inercia general. Este aspecto ilustra lo que ocurre en la depresión. En el intento por evitar la tristeza, quitamos fuerza a la alegría y al interés. Al final, o

bien lo tenemos todo –los altos y los bajos de la vida– o bien no tenemos nada.

Sin la tristeza, tal vez no podríamos reconocer –ni sentir– la alegría.

Related documents