Conceptualizar y analizar a la familia y otras estructuras sociales como sistemas
remite su origen a 1937, con la formulación de la Teoría de los Sistemas elaborada por Von Bertalanffy cuya publicación fue en la década de los 40`s (Bertalanffy; 1991). Asimismo, al trabajo de Gregory Bateson quién analizó las relaciones humanas y las diversas formas de interacción que se presentan en éstas y, finalmente a la cibernética de Wiener (1948). Todo lo anterior estuvo acompañado y fue posible debido a que en el mundo de la Ciencia hubo inquietud respecto a ciertos problemas complejos (en particular de índole biológica, humana y social) que no se podían estudiar con los métodos hasta entonces ocupados, por lo que estaban siendo dejados de lado, tal como situaciones de relación, interacción e intercambio, que se presentan en los sistemas abiertos.
Watzlawick, Bavelas y Jackson (1997, p. 119) lo expresan del siguiente modo:
La distinción (que permitió la teoría de los sistemas generales) entre sistemas cerrados y abiertos ha liberado a las ciencias que se ocupan de los fenómenos de la vida de las cadenas de un modelo teórico esencialmente basado en la física y la química clásicas, esto es, un modelo de sistemas exclusivamente cerrados. Puesto que los sistemas vivientes tienen tratos cruciales con su medio, la teoría y metodos de análisis
adecuados a cosas que pueden colocarse un un recipiente aislado y sellado resultaban notablemente paralizantes y equívocas.
De tal manera que se propició la búsqueda de métodos, modelos y conceptos que fueran funcionales para las necesidades encontradas. Veamos a continuación, brevemente, los antecedentes de la Terapia Familiar o sistémica:
Bertalanffy, fue un biólogo vienés, quien se encontraba insatisfecho (como otros biólogos de su tiempo) con el método científico entonces conocido (enfoque mecanicista ocupado de cursos causales lineales, con mucha efectividad para pocas variables pero no así para situaciones más complejas y que procura separar los elementos para obtener el máximo control) ya que no le permitía estudiar a los organismos vivos en toda su complejidad. Él reconoció que cada ser vivo está ubicado en estructuras mayores sucesivamente más incluyentes y que hay una interconexión y comunicación entre dichas estructuras. Asimismo que los seres vivos tenían un grado de complejidad y organización que era poco comprendido, estudiado y hasta minusvalorado. Desarrolla así la Teoría General de Sistemas como hipótesis de trabajo para poder avanzar en sus investigaciones. La mostró al público en 1937 en un seminario, para después guardarla por aproximadamente 10 años, debido a qué, como él dice “era mal visto teorizar en biología” (p. 93 en Bertalanffy; 1991). Cuando finalmente se atrevió a exponerla fue bien recibida y se inició su aplicación en diferentes áreas de la Ciencia.
La Teoría General de Sistemas posee dos acepciones:
Como Ciencia básica; Teoría General de los Sistemas, que parte de una definición general de sistema como totalidad organizada de componentes interactuantes. Donde acompañan a esta definición diversos conceptos que se han utilizado ya en la teoría de la información, la teoría de los juegos, la teoría de la decisión, las matemáticas relacionales y que pueden ser aplicados a fenómenos concretos, tales como: la interacción que se presenta entre diversos mamíferos que pertenecen a una agrupación o la de las naciones, en su relación con el entorno mayor y entre ellas mismas (cuestiones multivariables o
multicausales de gran complejidad).
Como Ciencia aplicada o Ciencia de los sistemas, íntimamente vinculada a la automatización moderna y la tecnología. En esta última se incluyen la Ingeniería de sistemas, la investigación de operaciones y la Ingeniera humana, entre otras (Ackoff y Hall, en Bertalanffy; 1991).
Así, el punto de vista sistémico posibilitó el hecho de estudiar fenómenos sin aislar sus elementos sino, por el contrario, relacionarlos, con el fin de comprenderlos en su interacción contextual e intrínseca.
Surgió así una nueva forma de ver los problemas; una concepción armónica de no exclusión, que se llegó a llamar la exploración científica del todo y de sus totalidades.
Éste y otros enfoques que empezaron a permear en la ciencia permitieron la posibilidad de entender a la construcción científica como un modelo que representa determinados aspectos o panoramas de la realidad, reconociéndose así que no hay un modelo que lo abarque todo o que sea la única perspectiva válida.
Tenemos por otro lado a Wiener quien acuñó el nombre de Cibernética en 1948 y a quien Bertalanffy (1991) le atribuye el enorme progreso del campo.
La cibernética se puede entender como una derivación o uno de los modelos de la Teoría General de Sistemas. Es el estudio de cómo los sistemas complejos afectan y luego se adaptan a su ambiente externo; se centra en fenómenos de control y comunicación: ambos fenómenos externos e internos del sistema. La cibernética trata acerca de sistemas de control basados en la retroalimentación. Esta capacidad es natural en los organismos vivos y se ha imitado en máquinas y organizaciones. El lenguaje interdisciplinario que brindó la cibernética permitió construir sistemas artificiales y entender a los naturales.
deriva la ingenieria humana y la ergonomía (busca que humanos y tecnología trabajen en completa armonía), entre otras.
Vemos de esta forma que la cibernética es una ciencia interdisciplinar, ligada tanto a la física como al estudio del cerebro y al de las computadoras; tiene que ver con los lenguajes formales de la ciencia y proporciona herramientas con las que describir, de manera objetiva, el comportamiento de todos estos sistemas. Bateson llegó a afirmar que ésta era “el más grande mordisco a la fruta del árbol del Conocimiento que la humanidad haya dado en los últimos 2000 años”.
En este sentido cabe mencionar que este mismo personaje vislumbró las posibilidades que la cibernética daba para el estudio de las interacciones humanas de modo tal que, con ella, se podía tener una base epistemológica y un lenguaje apropiado para referirse al cambio personal y social.
La cibernética permitió así un procedimiento formal para examinar procesos interaccionales y métodos de cambio, además de permitir y promover un respeto, aprecio y admiración por los sistemas naturales (Keeney; 1987).
Veamos ahora a Gregory Bateson, cuya persona tiene una fuerte formación en la biología, su profesión fue la antropología y sin embargo fue llamado etnólogo, desde 1949 hasta 1962 en el Hospital de la Administración de Veteranos en Palo Alto (p. 10 Bateson; 1991). Él laboró (como él mismo lo refiere) en el área de la antropología, la psiquiatría, la evolución biológica y genética y la nueva epistemología que resultó de la teoría de los sistemas y de la ecología (Bateson; 1991, p. 12). Él utilizó conceptos de estas ramas para comprender el comportamiento humano.
Entre las aportaciones de Bateson se encuentran el analizar cómo la cultura se perpetúa a si misma, la forma en que se presentan las interacciones entre los seres humanos y cómo estas pueden ubicarse en uno de dos tipos de relación, simétrica o complementaria además de estudiar la naturaleza general de la comunicación en términos de niveles, utilizando para ello la teoría de los Niveles
Lógicos de Russell. En este último rubro encontró cómo ocurre, por la discontinuidad entre niveles, la paradoja.
Hemos revisado hasta aquí, someramente, a los tres pilares que formaron la cuna de lo que hoy conocemos como Terapia Sistémica Familiar la cual concibe al individuo como sistema y a éste, inmerso en sistemas mayores tales como la familia, la escuela, la empresa y la sociedad. Donde, la familia, por otra parte, se concibe como un sistema abierto con funciones dinámicas, que se mantiene en constante interacción al interior y con intercambio hacia el exterior (Bertalanffy; 1991). Derivando así los siguientes supuestos (Andolfi; 1991):
a) La familia es un sistema en constante transformación b) La familia es un sistema activo que se autogobierna
c) La familia es un sistema abierto en interacción con otros sistemas
Además de principios básicos (Sánchez y Gutiérrez; 2000), tales como:
Todo sistema familiar es una unidad organizada a través de sus propias reglas, donde los elementos de organización son independientes pero a la vez interconectados. Es decir, en el caso de la familia, sus miembros tienen una interacción hacia adentro del sistema, pero también independencia para relacionarse con otros sistemas externos a este primero. Y toda situación que afecte a uno de sus subsistemas, afectará al sistema total y viceversa.
La estructura familiar posee jerarquías y está formada por subsistemas. Los patrones que rigen al sistema familiar son circulares y no lineales.
Cada miembro del sistema, aporta una perspectiva diferente de dicha organización.
En los sistemas abiertos la evolución y los cambios son inherentes.
Los sistemas familiares mantienen su estabilidad por el mecanismo de la homeostasis.
Con esta nueva epistemología, la terapia sistémica se consolida gracias a la relación y comunicación que se dió entre científicos de varias disciplinas (psiquiatras, psicoanalistas, psicólogos, sociólogos, antropólogos, biólogos, ingenieros, filósofos) quienes buscaban entre otras cosas, encontrar la naturaleza de la patogenia en los sistemas sociales (Zuk y Boszormenyi-Nagy; 1985).
Se buscó encontrar las leyes que regían a estos sistemas, el por qué de las conductas repetitivas, el cómo surge la enfermedad mental en algunos contextos y en otros no, en cómo las interacciones que se dan en una díada pueden semejarse a las que se dan en una comunidad, etc. Así el estudio psiquiátrico y psicológico pasó del individuo a la díada, posteriormente a la tríada para, finalmente llegar a grupos aun mayores. La epistemología y el estudio pasó así, del interior del individuo (psicoanálisis y psiquiatría) a la comunicación entre personas.
Hoy por hoy, un terapeuta familiar puede incidir en sistemas como el individuo, la familia, o cualquier otra agrupación que éste forme. Es decir, puede trabajar en y con el contexto donde se ubica el individuo con alguna problemática en particular. Esto se debe a que, para la teoría sistémica, los individuos están interrelacionados de manera tal que un cambio en cualquiera de los miembros del sistema afecta a los otros, lo que a su vez afectará al primero en una cadena circular de influencia.
La Terapia sistémica es una terapia que actúa en el nivel del sistema de relaciones (Fishman y Rossman 1986). Es un enfoque psicoterapéutico que se aboca al sistema y sus subsistemas. Puede atender, según el modelo que siga, a la familia nuclear, a la familia extensa o incluso, en algunos casos, a una extensa red social.
La orientación sistémica tiene como elemento central de toda indagación a la interacción (Rolland; 2000).
Entre los elementos que investiga y valora, se encuentran: Los límites
La estructura Las alianzas Las coaliciones
Los roles y las funciones asumidas Las Triangulaciones
La Flexibilidad vs la rigidez Las Formas de Comunicación Las interrelaciones
El Conflicto
El Paciente identificado y su interacción con la familia
El Ciclo de vida, entre otras cosas (Zuk y Boszormenyi-Nagy; 1985)
Los modelos terapéuticos que tratan a la familia con los conceptos sistémicos, se ocupan de las fuerzas que promueven el cambio, cuidan de las que brindan
estabilidad al sistema, identifican a la comunicación como un proceso complejo, reconocen los dinamismos que intervienen en la familia, perciben a ésta dentro de un contexto más amplio, sociocultural y trabajan, principalmente en el aquí y ahora.
En este punto me parece importante detenerme para explicar los conceptos de
cambio vs. Estabilidad, anteriormente mencionados; desde el enfoque sistémico, se procura respetar y cuidar de la organización que tiene cualquier sistema, para permanecer. En la práctica, se puede traducir de esta manera: las familias pueden oponerse al cambio de la misma forma en que pretenden ser diferentes. En este sentido, Selvini (1998) sugiere que los terapeutas podemos apoyar la parte de la estabilidad buscando incrementar la fuerza que impulsa el cambio.
Sin embargo, cabe aquí mencionar que, estos conceptos se relacionan también con ciertas críticas que ha recibido el enfoque sistémico familiar, en particular en lo relacionado a la violencia en el hogar; esto es, la posibilidad de caer en la idealización de “la familia” sin tener en cuenta las grandes diferencias que puede
aquellas otras en que sus miembros están sufriendo serios perjuicios por pertenecer a dichas organizaciones, pudiéndose así ocasionar el fenómeno que Ravazzola (2005) llama “no ver que no vemos”: defender la estructura por la estructura misma. Donde, si una mujer violentada se topa con un terapeuta familiar que “no ve que no ve” puede entonces culpabilizarla dejando a la vez enmascarados los abusos de poder -tras el éxito que implica haber conseguido convocar y mantener dentro de la estructura terapéutica al abusador- reforzándose en esta mujer su negación de daños y riesgos, la repetición del ciclo de la violencia y el hecho mismo de que las mujeres (que viven en estas condiciones) dejen de lado su protesta y sigan sacrificando su bienestar personal a fin de conservar la unión familiar.
En este sentido, es importante mencionar que aquél o aquella Terapeuta Sistémico que desee atender a quiénes le consulten adecuadamente, ha de estar bien enterado de todo aquello que atañe a la familia, capacitándose continuamente en lo relacionado al ámbito profesional, con una revisión constante a la ética universal así como a la propia del área de trabajo así como a todo lo referente a la legalidad y los derechos humanos universales e inalienables.
Para terminar este capítulo cabe mencionar que, en México el movimiento familiar o enfoque sistémico de la psicología ha ido creciendo. Una forma de notarlo son las escuelas que imparten esta especialidad. Antes de 1980 se construyeron dos escuelas privadas para este fin, de 1980 a 1990 se formaron 5 más, de 1990 a 2000 el crecimiento se dio principalmente en provincia, popularizándose el modelo y extendiéndose a Universidades Públicas. Así, hoy, mas de 20 instituciones educativas ofrecen dicho entrenamiento (Eguiluz; 2004).
En este mismo sentido, es sabido también que, en diversos países se están aplicando los principios sistémicos y la terapia familiar, con modelos o herramientas acordes a la problemática de cada lugar.
Dentro de esta temática, la Universidad Nacional Autónoma de México, dentro de su Facultad de Psicología, brinda la Residencia en Terapia Familiar, la cual promueve:
La investigación
La práctica (en clínicas debidamente equipadas, pertenecientes a la Institución o con acuerdos con ésta, con acompañamiento y supervisión de los catedráticos para sus estudiantes, quienes brindan la atención terapéutica a familias y personas).
La formación de futuros terapeutas familiares (quienes con ética, compromiso y participación social inciden en las problemáticas del país). Los modelos o enfoques con que se cuenta actualmente para atender a las familias son:
Modelo Estructural Modelo Estratégico Modelo Breve
Modelo De La Escuela De Milán Modelo Post Milán
Modelo Constructivista Enfoque Narrativo Enfoque Colaborativo Con Equipo Reflexivo
2. CARACTERIZACIÓN DE LOS ESCENARIOS DONDE SE
REALIZA EL TRABAJO CLÍNICO
Introducción
La Universidad Nacional Autónoma de México, cuenta con la Coordinación de Servicios a la Comunidad Universitaria y al Sector Social. Esta Coordinación desarrolla acciones vinculadas con las funciones sustantivas de docencia, investigación y servicio, primordialmente con aquellos responsables de prestar servicios de atención comunitaria, a través de diversos Centros y Programas. De esta Coordinación es de quien dependen los Centros Comunitarios “Dr. Guillermo Dávila” y “Dr. Julián Mac Gregor Sánchez y Navarro”, escenarios en donde fue desarrollado el trabajo clínico de la Residencia en Terapia Familiar. Asimismo, se pudo contar con una tercera sede clínica, el Hospital Psiquiátrico Infantil Juan N. Navarro.