« No hay que olvidar que la locura alegre es menos grave que la triste ».
CELSO, A. C.- Siglo I, Los ocho libros de medicina.
El loco ha despertado en sociedades de todas las épocas, una serie de actitudes muy diversas para con el resto de sus congéneres, con los que estos individuos « tocados », interaccionaban o convivían. Cómo han sido vistos a través de las imágenes, sean portadores o no de dicha locura (en ocasiones atribuida erróneamente), es el tema que se trata de analizar desde el presente capítulo.
2.4.1. Prehistoria
Existe en general, desde la Prehistoria, una tendencia animista que cree en la existencia de espíritus causantes de las enfermedades. Estos hombres primitivos pensaban, que cuando una persona enloquecía, era porque albergaba un demonio o espíritu maligno; y encontraban el modo más sencillo de protegerse, evitándolo196.
Esta forma de concebir la locura se extendía igualmente a las enfermedades físicas. Este animismo, que forma parte del enfoque pasivo - ya mencionado anteriormente cuando tratábamos la ceguera - vuelve a darse en las enfermedades mentales. Las causas mágicas que las ocasionan, se encuentran igualmente asociadas a cierto trasfondo de culpa197.
Scheerenberger recoge estas creencias y los remedios que utilizaban de modo general, para diferentes enfermedades, entre ellas la locura:
« (...) Dos categorías de individuos se ocupaban de tratar a los trastornos físicos y mentales: el curandero empírico y el hechicero o brujo. El hombre neolítico, quizá con ciertos precedentes históricos, creía firmemente en el animismo, esto es, la existencia de espíritus capaces de infligir daños a los vivos. De modo que, si alguien caía enfermo, acudía al hechicero para que exorcizase los malos espíritus. Por su parte, el hechicero confiaba profundamente en los rituales mágicos y en los mecanismos defensivos del tipo de fetiches (objetos con poderes mágicos), amuletos (objetos que protegían frente a la magia negra) y talismanes (objetos propiciadores de la buena suerte). Existía asimismo un tratamiento más formal; los curanderos médicos practicaban técnicas tales como masajes, baños, extracciones, remedios vegetales y sangrías. Recurrían a la trepanación (extracción de pequeñas secciones circulares de hueso de la parte
196 LYONS, A. S. y PETRUCELLI, R. J., Op. cit., p. 31.
197 Recordamos que el enfoque pasivo consistía en aceptar las enfermedades como algo impuesto de
modo sobrenatural, y asociadas a una culpa y a la magia; siendo contrario a la otra tendencia, el
enfoque activo, que buscaba el origen de la enfermedad asociado a causas naturales. AGUADO DÍAZ,
A. L., Op. cit., pp. 37 y ss.; CORTÉS, J. B.- 1978, Proceso a las posesiones y exorcismos: un análisis
histórico, bíblico y psicológico de los demonios, diablos y endemoniados. (Traducción: Mª José Lobo).
más alta del cráneo) para expulsar a los demonios de las personas aquejadas de trastornos mentales y epilepsias »198.
Pese a que en esta época, el infanticidio se practicaba de manera sistemática ante las enfermedades, no parece probable que pudiesen detectar la locura en etapas tempranas. Aunque no resulta difícil imaginar que, a los primeros síntomas que se interpretasen como posesión - tanto en niños como en adultos -, los brutales métodos practicados para liberar al poseído, tales como la trepanación, terminasen con la vida de los enfermos mentales. Ello si no eran exterminados antes, cuando peligraba la supervivencia del grupo.
2.4.2. Mesopotamia y Egipto
En culturas como la mesopotámica, también se entendían las enfermedades mentales como un castigo divino, a través de la posesión por estos espíritus malignos199.
En Egipto, donde existe una gran especialización médica en la curación de las enfermedades, la locura parece ser atribuida a causas de origen sobrenatural. Se intentaba sanar a estos enfermos mediante rituales, que expulsasen a los espíritus malignos o demonios, protegiéndose de tales espíritus mediante rezos a las divinidades. En los casos más severos de enfermedad mental, los egipcios utilizaban hechizos donde empleaban sustancias animales como los excrementos200.
Según Moreno Villa, el tener locos era una costumbre asiática, cuya moda se extendió por Persia, Egipto y terminó pasando a Grecia y Roma. Por Aguado sabemos, que ya los faraones egipcios, tenían en sus cortes a personas con deficiencias trabajando como bufones. Parece que tanto los enanos como los locos, desempeñaron entre otros, este oficio que sirvió para la distracción de los poderosos desde tiempos antiguos, y que se extendería durante siglos201 .
No tenemos constancia existan imágenes de individuos locos en esta época, cuya existencia como bufones es probable se conozca, únicamente a través de documentos escritos.
198 SCHEERENBERGER, R. C., Op. cit., pp. 6-7. 199 Íd., Op. cit., p. 11.
200 LYONS, A. S. y PETRUCELLI, R. J., Op. cit., p. 97.
201 MORENO VILLA, J.- 1939, Locos, enanos, negros y niños palaciegos: Gente de placer que tuvieron
los Austrias en la Corte Española desde 1563 a 1700. LA CASA DE ESPAÑA EN MÉXICO. SERIE DE
2.4.3. Grecia y Roma
« (...) si fuera simple de afirmar que la demencia es un mal, tal afirmación estaría bien. Pero resulta que, a través de esa demencia, que por cierto es un don que los dioses otorgan, nos llegan grandes bienes [...]. La “ manía ” nos es dada por los dioses para nuestra mayor fortuna ».
PLATÓN.- Siglo V a. J. C., Fedro.
Existe durante toda la Antigüedad, la idea de que los espíritus se encontraban errantes por el aire, y podían introducirse en los cuerpos de varias maneras, siendo una de ellas mediante los sueños. En el mundo griego a estos espíritus conocidos como démones (daimones), se les atribuía ser los causantes de las enfermedades, dentro de las que se encuentra la locura. Existían muchos tipos de démones, a los que se atribuían capacidades sobrenaturales, no siendo todos dañinos. De los maléficos, se creía que podían actuar a su antojo sobre el ser humano, pero también ser combatidos y expulsados mediante exorcismos202. En
los comienzos de la antigua Roma, seguía imperando el animismo, que poco a poco fue derivando en la creencia de una intervención divina y no demoníaca; aunque las ideas sobre la posesión por espíritus no desaparecieron con el paso del tiempo203. Personajes tales como Celso,
Plutarco, Apuleyo y Filostrato, entre otros, defendían que los démones eran capaces de entrar en el cuerpo de las personas y trastornarlo, provocando fenómenos tales como hacerle hablar en otras lenguas desconocidas hasta entonces por el poseído. Aunque podían ser expulsados mediante ciertos hechizos, recogidos en textos tanto religiosos como paganos204.
En esta época, diferentes enfoques sobre la locura existían de modo paralelo: por un lado, puede ser vista con un origen sobrenatural, ya sea por la posesión de un demonio o de una intervención divina. Pero por otro, la medicina griega va a comenzar a defender un origen de la locura
naturalista, así como del resto de las enfermedades, entendidas como
causas internas del propio cuerpo y no externas. Con el paso del tiempo, iremos viendo como este naturalismo irá olvidándose, para cobrar más fuerza la corriente demonológica, que encuentra el origen de la locura en la posesión por espíritus o demonios.
Platón, quien defendía la creencia popular, de una causa divina o sobrenatural en la locura, propuso uno de los primeros intentos de asilos para locos; manifestando así la necesidad de aislarlos, para evitar que pudieran dañar a sus semejantes205.
202 Fernández López, I., Prieto Fernández, L. y Gascó, F., en: ALVAR, J. y cols. (ed.).- 1992, Héroes,
semidioses y daimones. EDICIONES CLÁSICAS. ARIS, Nº 1, Madrid, pp. 207, 232 y 235. Véase un
ejemplo de alguno de estos exorcismos en Textos de magia en papiros griegos. 1987. (Traducción: José L. Calvo Martínez y Mª Dolores Sánchez Romero). GREDOS. BIBLIOTECA CLÁSICA, Nº 105, Madrid, IV, 9.
203 CORTÉS, J. B., Op. cit., pp. 32 y 34. 204 ALVAR, J. y cols. (ed.), Op. cit., p. 232.
205 En sus Leyes, llega a diferenciar dos formas de locura: la procedente de una enfermedad, y la que
es producto de un comportamiento que desobedece las normas establecidas. Ésta última es vista como un quebrantamiento de la forma gobierno y el cumplimiento de la ley. En el Fedro, distingue cuatro clases de locura: la locura de amor, la profética o enviada por los dioses (mantikė), causa de la adivinación; la báquica o ritual, causada por castigos y curada mediante purificaciones; y la inspiración poética, enviada por las Musas. Según Bennett, Platón en la República compara el buen
Médicos como Hipócrates o Galeno, defienden en sus tratados la naturaleza física de las enfermedades mentales, en un ambiente donde la demonología es la creencia imperante. Con estas teorías, el comportamiento de los enfermos mentales comienza a ser atribuido a causas naturales
(enfoque activo).
Hipócrates encuentra la salud en un equilibrio de los cuatro humores: sangre, flema o pituita, bilis amarilla y bilis negra o melancolía. La locura era consecuencia del estancamiento en el cerebro, de la bilis negra
(atra bilis) o melancolía (mélaina kholé). A partir de su teoría establece
clasificaciones que perdurarán en el tiempo, tales como manía, melancolía o frenesí206.
Galeno toma de Hipócrates su teoría de los humores y encuentra el origen de la locura en la sangre. Desde sus escritos, apuntaba a la
sequedad como la responsable de que la bilis negra, favoreciese la locura en los temperamentos melancólicos, siendo la humedad favorecedora de las demencias, entre otras causas207.
Areteo de Capadocia es quien mejor describe las enfermedades mentales más destacadas, esto es, la manía y la melancolía208.
En Roma en el siglo I, Celso diferencia tres tipos de locura, y propone unos métodos curativos que defienden la « hipótesis del miedo » para la curación de la locura, tales como: encadenamientos, encierros en la oscuridad, sangrías, castigos corporales, privación de alimento, ventosas y purgantes. La intención es asustar al enfermo por el que no se debe sentir compasión209. Estos tratamientos, torturando el cuerpo del
enfermo, parecen no tener otra funcionalidad que asustar a los demonios causantes de la enfermedad para que se alejen del cuerpo (enfoque
pasivo).
obrar con la salud de la psique, y la injusticia con la enfermedad; también considera este autor la hipótesis de que en general, en la obra platónica, la locura es « impulso desenfrenado e ignorancia a la vez », pues actúa como un loco aquel que obra de modo ignorante. Véanse PLATÓN-. 1988, Las
Leyes. (Edición: José Manuel Ramos Bolaños). AKAL. CLÁSICA, Nº 15, Madrid, p. 498; Íd.- 1986 (3ª
reimpresión), Diálogos: Fedón; Banquete; Fedro. (Traducción: Carlos García Gual y cols.). GREDOS. BIBLIOTECA CLÁSICA, Nº 93, vol. III, Madrid, Fedro, 244 a y ss.; Íd.- 2005 (30ª edición), La República o
el Estado. (Traducción: Patricio de Azcárate). ESPASA. AUSTRAL, Nº 296, Madrid, IV; cfr. BENNETT, S.-
1984, Razón y locura en la antigua Grecia. (Traducción: Felipe Criado Boado). AKAL. UNIVERSITARIA, Nº 64, Madrid, pp. 34, 179-180, 201 y 227-228; y CORTÉS, J. B., Op. cit., p. 33.
206 Estas sustancias o humores se localizaban en el corazón (sangre), el hígado (flema), el bazo
(bilis amarilla) o el cerebro (bilis negra o melancolía). Si los cuatro humores se correspondían con los cuatro elementos: fuego, tierra, agua y aire; a cada uno de ellos les pertenecía una cualidad: calor, sequedad, frío o humedad. BENNETT, S., Op. cit., p. 37, PORTER, R., Op. cit., pp. 45 y ss.; AGUADO DÍAZ, A. L., Op. cit., p. 47; MARTÍNEZ SAURA, F., Op. cit., p. 13; y cfr. HIPÓCRATES.- 1997,
Tratados Hipocráticos. (Traducción: J. A. López Pérez y E. García Novo). GREDOS. BIBLIOTECA
CLÁSICA, Nº 90, vol. II, Madrid, Sobre los humores, 13; Predicciones I, 15-20; Íd.- 1990, Tratados
Hipocráticos. (Traducción: Assela Alamillo Sanz y Mª Dolores Lara Nava). GREDOS. BIBLIOTECA
CLÁSICA, Nº 143, vol. VI, Madrid, Sobre las afecciones internas, 48; Íd, Op. cit., vol. VIII, Sobre los
días críticos, 3; RISTICH DE GROOTE, M.- 1973, La locura a través de los siglos. (Traducción: Jaime
Piñeiro). BRUGUERA, Barcelona, p. 14.
207 GALENO.- 1997, Sobre la localización de las enfermedades (De locis affectis). (Traducción: Salud
Andrés Aparicio). GREDOS. BIBLIOTECA CLÁSICA, Nº 248, Madrid, III, 6, 162 y 165-167; BENNETT, S., Op. cit., p. 50; y RISTICH DE GROOTE, M., Op. cit., p. 28.
208 PORTER, R., Op. cit., p. 51.
209 De los tipos de locura que diferencia Celso el primero es el frenesí, al que se llega por unas fiebres
que van aumentando en virulencia. El segundo está caracterizado por un tipo de temperamento melancólico. El tercer tipo, según Celso, son las « imágenes engañosas » y las « aberraciones mentales », que no son sino las alucinaciones y delirios. CELSO, A. C.- 1966, Los ocho libros de
medicina. (Traducción: Agustín Blánquez). IBERIA, vol. I, Barcelona, pp. 138 y ss.; MARTÍNEZ
Sorano de Efeso en el siglo II, sigue una tendencia contraria a la de Celso, fundando un centro donde se atiende, de modo humanitario, a enfermos mentales así como a deficientes. Su tratamiento defiende una terapia basada en el cuidado de los enfermos con actividades tales como descanso, lecturas y representaciones teatrales (enfoque activo)210.
Desde la medicina, se utilizan plantas para sanar la locura, como el eléboro, o la mandrágora. El uso del eléboro no daba siempre buenos resultados, pudiendo causar la muerte. De la mandrágora se pensaba que servía para el tratamiento de la melancolía, aunque igualmente podía causar la locura211.
2.4.3.1. Culpa: Respeto y diversión
La locura, como viéramos en la ceguera, es uno de los castigos preferidos por la divinidad. Sobre la locura pesa además, un componente de culpa, pero también otro sagrado. Ello hace que sea vista tanto como un castigo, así como una bendición o gracia. Esta ambivalencia, no es otra que la locura entendida como el más terrible de los castigos, además de otorgadora de ciertos dones212. Así, ésta no sólo era concebida como
posesión, también significaba un contacto sobrenatural, que otorgaba al loco el don de la adivinación, al hacerle capaz de profetizar dando mensajes de los dioses. Este contacto divino despierta hacia la figura del loco, no sólo piedad y temor, sino también respeto y veneración. Al respecto dice Gazeau:
« La locura se consideraba en la Antigüedad símbolo de un entendimiento sobrehumano. Hipócrates lo atribuia á una inspiración del cielo, y se creía generalmente que los locos podían dar oráculos infalibles »213.
Vemos así que desde el mundo antiguo, el loco se asemeja a la figura que viéramos del ciego: ambos tienen un contacto con lo sobrenatural, ambos inspiran veneración y temor, y también sobre los dos recae una culpa. Pero el modo de manifestarse del loco, guarda una mayor relación con lo sobrenatural; pues a pesar de que todas las enfermedades se atribuyesen a la posesión, en el comportamiento del loco, que podía ser visto en sus ataques como fuera de sí mismo, consideramos resulta más sencillo pensar en una intervención sobrenatural responsable de tales acciones. Por ello, tampoco resulta extraño que se le creyera capaz de dar mensajes del mundo sobrenatural, sirviendo de oráculo y capaz pronosticar vaticinios.
210 Íd., Op. cit., p 53.
211 Otras plantas relacionadas con la locura son: la Hierba Mora de la Locura (Solanum dulcamara),
enloquece y mata; Peucédano, Yerbatum (Peucedanum officinalis), indicada para el frenesí. Para la locura se aconsejaban dietas: tisanas de cebada e hidromiel para el frenesí, y purgas para la locura de tristeza y la de alucinaciones; para las tres se aconsejaba no tomar vino. HIPÓCRATES.- Op. cit., vol. VI, Sobre las afecciones internas, 48; RISTICH DE GROOTE, M., Op. cit.. p. 17; RAHNER, H.- 2003, Mitos griegos en interpretación cristiana. (Traducción: Carlota Rubíes). HERDER, Barcelona, pp. 219 y ss.; MARTÍNEZ SAURA, F., Op. cit., tablas 3-A, XI; 5, XIV y XXI. Véase también DIOSCÓRIDES.- 1998, Plantas y remedios medicinales (De materia médica). (Traducción: Manuela García Valdés). GREDOS. BIBLIOTECA CLÁSICA, Nº 254, vol. II, Madrid, IV, 65; 68, 1-2; 162, 1-3.
212 BARASCH, M., Op. cit., p. 54.
213 GAZEAU, A.- 1998, Los bufones. (Traducción: Cecilio Navarro). LIBRERÍA “PARÍS-VALENCIA”,
Además, sus acciones o arrebatos inesperados, así como su discurso especial y delirios, fuera de las reglas sociales, y siempre que no supusieran un peligro para sus semejantes, es de entender que causaran divertimento en la monotonía de la vida cotidiana. Los locos ingeniosos y más hábiles podían desempeñar el oficio de bufón junto al enano. Algunos locos ocupaban así un cargo social, desempeñando un oficio y sirviendo como oráculo en determinados lugares. El trastornado era considerado así, ya desde tiempos antiguos, a partir la doble condición de bufón y personaje sagrado.
Dice Gazeau al respecto:
« Los ricos y los poderosos tuvieron desde muy temprano á su lado pobres diablos, casi siempre deforme y contrahechos y á veces, verdaderos locos, encargados de hacer reír, ó bien de darles á conocer los sucesos futuros y los designios de los dioses. La locura se consideraba en la Antigüedad como símbolo de entendimiento sobrehumano »214.
El loco de la vida cotidiana ha tenido escasa o nula repercusión en las representaciones artísticas. Al menos el loco tal y como es entendido en un sentido popular, del que nos ocupamos en el presente capítulo, y al que se le atribuyen conductas irracionales. Por ello, hemos de destacar la ausencia de imágenes sobre la locura cotidiana, durante el período de la Antigüedad, quedando ésta relegada al terreno de los mitos, donde sí ha sido, por el contrario, muy abundante, según veremos en su apartado correspondiente215.
2.4.4. Israel
En el Israel antiguo, las prácticas mágicas y creencias demonológicas decayeron durante algún tiempo. Esto fue debido al pensamiento judeo- cristiano del Antiguo Testamento, ligado a la idea de pecado, y que prohíbe la magia y castiga a quienes la practican. Ciertas prescripciones desde la Biblia, resultan bastante esclarecedoras:
« No dejarás con vida a la hechicera »216.
Por lo general se piensa que el hombre encuentra en Dios la protección de todos los padecimientos, que suelen terminar tras el arrepentimiento y el perdón217.
Pocos siglos antes de la llegada de Cristo, el estudio exegético de los pasajes bíblicos, y la influencia de la cultura mesopotámica, hacen que resurjan con fuerza las antiguas creencias animistas. Los demonios o seres sobrenaturales no eran ajenos a estos judíos, cuyos textos bíblicos
214 Íd., Op. cit., pp. 13 y 197.
Este libro de Gazeau, Los bufones, es edición facsímil del original en francés: GAZEAU, A.- 1882, Les
bouffons. HACHETTE ET CIE. BIBLIOTHÈQUE DES MERVEILLES, Paris. En adelante cuando citemos
a dicho autor, nos estamos refiriendo a la edición de 1998 citada en la página anterior.
215 Véase Locura desde los mitos, capítulo 6, en las pp. 301 y ss. 216 Ex. (22, 17).
217 Ya vimos anteriormente, en el capítulo primero, cómo era considerada la enfermedad desde el
Deuteronomio y Levítico, donde el demente, junto a los demás enfermos, era rechazado por su impureza, fruto de la desobediencia a Yahvé. CORTÉS, J. B., Op. cit., p. 34; véanse pp. 47-49 del capítulo 1.
ya los mencionaban, junto con Satanás, en constante lucha contra Yahvé y sus ángeles. Posteriormente, en el pensamiento cristiano, el enfrentamiento entre Espíritu Santo y Diablo, por hacerse con el alma de los individuos, no hace sino mantener esta creencia en seres sobrenaturales que acechan al hombre; resucitando y manteniendo, las antiguas creencias demonológicas populares. Por ello, al instaurarse el cristianismo como religión oficial, no resulta difícil imaginar el fortalecimiento de la creencia, que explica la locura como consecuencia de un origen sobrenatural. El Nuevo Testamento tiene además, muchas escenas de expulsión de los demonios, no sólo por Jesucristo, también por sus apóstoles218.
Tampoco hay que olvidar que en esta época, la locura es entendida como una enfermedad consecuencia del pecado.
A semejante incomprensión de la enfermedad mental, podemos añadir, que dentro de la etiqueta de loco, era sencillo se incluyesen discapacitados mentales y otras deficiencias como la epilepsia. El considerado como perturbado, no tenía porqué serlo en sentido estricto; pues el desconocimiento de las enfermedades, para la inmensa mayoría de la población, encasillaba las diferentes discapacidades bajo un mismo grupo.
Podemos imaginar la cantidad de agravios que tuvo que sufrir la persona del loco desde la Antigüedad, en el caso de que lograra librarse del infanticidio, y sobrevivir a la miseria mediante la mendicidad o la compasión. Pues es de entender, que no todos los locos tuvieron la suerte de ser cuidados por sus semejantes, ocupar un puesto entre los poderosos como bufones, ni de servir a modo de oráculos de los designios divinos; oficio este último ligado a la magia, y sobre la que ahora pesaba un gran recelo.
Si consideramos además, a la propia persona del loco, conviviendo con