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Chapter Three: Methods

3.1 Method in Theory

3.1.1 Mixed-Method Design

La Parashá de Tetzavé (ordenanza) se acompaña de la Haftará del profeta Yejezkel. Aquí, de forma clara y precisa, el profeta nos describe cómo será la redención futura (en tiempos mesiánicos), ya muy pronta en nuestros días, B”H,   y  cómo  se  construirá  el  Tercer Bet Hamikdash.

También nos habla en forma profética de cómo serán los sacrificios que se llevarán a cabo en la inauguración del Tercer Templo de Jerusalem. La Haftará termina narrando que después de concluir con todos los sacrificios, y desde el octavo día, los Kohanim harán sus ofrendas de ascensión (Olot) y sus ofrendas de paz (Shelamim). El Pasuk acaba   diciendo:   “Y Yo (Hashem) me congraciaré con ustedes, afirmó el Eterno” (Yejezkel 43:27).

Hace poco, me platicó Nissan Jaque que acompañó a un pariente cercano a operarse a la ciudad de Nueva York. El hospital se encuentra en el Leer East Sido de la ciudad y es propiamente un hospital de pacientes judíos, en su mayoría.

El día de la operación, Nissan se sentó en la sala de espera; la cirugía de su querido pariente estaba calculada para durar tres horas; sin embargo, se prolongó por varias horas más.

Mientras esperaba, comenzó a platicar con un americano que no tenía aspecto de judío. Las preguntas lógicas siempre son las mismas y este americano le confesó que, aun cuando éste era un hospital en general para la comunidad judía, el doctor de su hijo trabajaba allí, por lo cual se encontraban justamente en este lugar.

Séfer Shemot Haftarat Tetzavé

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—¿De qué están operando a su hijo?

El hombre abrió su corazón y le contó su historia:

—Mire usted —le dijo—, mi hijo nació con un problema pulmonar, del que sólo ocurre un caso en 10 millones. Dentro del pulmón hay un mecanismo de purificación del aire, y mi hijo nació sin él. Cuando sucede esto, una operación permite que las criaturas puedan sobrevivir a lo sumo dos años, ¡no más! Mi hijo nació hace 28 años con ese problema.

Yo, personalmente, no vi para qué alargar la agonía por dos años.

Sin embargo, mi esposa insistió tanto que continuamos con el procedimiento quirúrgico.

Después de los dos años, mi hijo no murió —caso único en el mundo—. Luego de ocho años, se le hizo una segunda operación.

Milagrosamente, mi hijo tiene hoy 28 años, lleva cinco cirugías y sigue vivo.

El médico que lo ha tratado siempre, es judío. Después de la primera operación, nunca nos ha cobrado nada.

Nuestro seguro médico no cubre operaciones de este tipo, ya que consideran que no tiene esperanza ni ninguna base para su éxito.

Sin embargo, esta vez es diferente. El doctor nos dijo que tiene un método nuevo para hacer que ésta sea la última operación, y que el pulmón trabaje perfectamente por sí mismo. Estamos muy emocionados y muy esperanzados. Así, este día parecía eterno para ambos.

Finalmente, Nissim recibió la buena noticia de que, B”H, todo salió muy bien, y fue a visitar a su familiar. Por otro lado, pasaron muchas horas más (13 horas) hasta que salió el médico Yehudí y dio la buena nueva a la familia de Misisipí:

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—Su hijo está bien, sano y salvo, y ya no tendrá que ser operado.

Es increíble que un médico tan importante sea el único en todo el mundo que haya logrado una proeza inigualable y tan grande con este niño. El doctor confesó que este es su Korbán (sacrificio para Hashem); para que se sepa en todo el mundo que un médico judío trabajó en un caso imposible y gratis, sólo para bendecir el nombre de su Creador.

Y agregó:

—Todos mis sacrificios valieron la pena. Es como una ofrenda para mi D-os.

Sobre esto se puede decir el Pasuk de  nuestra  Haftará:  “Y Yo (Hashem), me congraciaré con ustedes, afirmó el Eterno”.

Nos   cuenta   “El   tesoro   de   los   Midrashim”   que, en una ocasión, los dos más grandes Tanaím de sus tiempos, Rabí Eliezer Ben Orquenos y Rabí Yehoshúa Ben Jananiá, subieron juntos al Réguel (Jerusalem).

Cuando estaban en el camino, se les presentó un ángel. Llevaba consigo una Jaluká de Rabanán (vestimenta para después de 120 años). Esta vestimenta se nutre de los actos que realiza la persona en su vida. Era una Jaluká preciosa, brillante y luminosa, realmente excepcional. Sin embargo, tenía un detalle: le faltaba el cuello.

Rabí Eliezer dijo:

—¡Seguramente es para Rabí Yehoshúa!

—No —dijo el Malaj (ángel)—. Las vestimentas de ustedes son aún más hermosas. Ésta pertenece a un hombre justo de Ashkelon, llamado Rab Yosef.

Los dos Tanaím sintieron una gran curiosidad. ¿Quién sería este hombre justo al que nadie conocería?

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Después de estar en Jerusalem, se dirigieron a Ashkelon. Al llegar allí, empezaron a indagar quién era Yosef y dónde vivía.

La gente de la ciudad estaba sorprendida con la presencia de ambas luminarias, ya que era un verdadero honor y un gran acontecimiento tenerlos ahí. Pero fue mayor su asombro al saber que buscaban a Yosef.

Fueron informados de que éste vivía a las afueras de la ciudad. Cuando llegaron allá, desconcertó a los dos Guedolim darse cuenta de que era sólo un campesino. Sobrevivía con su pequeña producción. Yosef se sintió muy halagado con la presencia de los Rabanim. Este era el acontecimiento más sorprendente de su vida.

Se sentaron a dialogar y los sabios le platicaron que vieron su Jaluká y lo maravillosa que ésta era.

—¿Cuáles son tus actos? —le preguntaron. Yosef les contestó, admirado:

—Mi   padre,   Z.Tz.”L.,   era   un   hombre   muy   rico.   Cuando   falleció, su dinero desapareció misteriosamente y la gente empezó a hablar de mí. Decían: “¿Por qué no da Tzedaká? Él es el único heredero”. Por ende, decidí dejar Ashkelon y vivir apartado con mi familia. Trabajo la tierra. La mitad de mi ingreso lo doy de Tzedaká, y con la otra mitad vivo muy humildemente.

Los Tanaím le dijeron:

—Esa Tzedaká te ha hecho una Jaluká maravillosa. Trata de hacer un esfuerzo aún mayor para que te den también el cuello que le falta.

—¡Imposible! —dijo—. Apenas tengo para comer. Así se despidieron de él.