4.3 A critical reflection on my methodology
4.3.1 Mixed qualitative methods
La relación entre el Sistema de Protección Social y el riesgo de vulnerabilidad en la vejez, tiene relación con la vulnerabilidad que las personas experimentan durante su vida activa (Arroyo, 2006), ya que en América y el Caribe la principal puerta de entrada al Sistema de Protección Social y, por ende al de jubilación, es el sector formal de la economía, en un contexto donde la mayoría de la población tiene una vinculación precaria con el mercado laboral, y donde las personas “ejercen oficios o son pequeños emprendedores, pero se mantienen dentro del sector informal y entran y salen del mercado laboral” (Arroyo, 2009, pág. 99). Así, se da la contradicción entre un sistema de jubilación al que se accede por la vía formal de la economía, en una región donde gran parte de la población entra por la vía informal7. Como consecuencia, el sistema de pensiones “solo abarca
7
Para el año 2012, dentro del total del empleo no agrícola, el 47,7% correspondía a trabajo informal (OIT; FORLAC, 2014). Además hay desigualdad en la distribución del empleo informal según género, edad, nivel de educación e ingresos, donde “el porcentaje de empleo informal es mayor entre los segmentos menos educados –abarca al 75% de los trabajadores que no tienen educación y al 63% de los trabajadores que tienen solo educación primaria– y entre los más pobres –72% de los trabajadores en el primer quintil de ingresos (más pobre). El empleo informal no agrícola es más frecuente en sectores
43
actualmente a una fracción de los trabajadores. Ello queda particularmente de manifiesto en los sectores rurales y en el sector informal de la economía” (Prado & Sojo, 2010, pág. 16). De este modo, “la fuerte segmentación de los mercados laborales de la región, [y] los sistemas de protección social que se restringen a los formatos contributivos formales[,] tienden no solo a reproducir la desigualdad de los mercados laborales, sino a agudizarla” (Cepal, 2010, pág. 199)8.
En este momento, es necesario hacer una breve alusión a cómo la crisis de los Sistemas de Jubilación no son una problemática vigente sólo en la región, sino que es un fenómeno presente en otros países con un contexto socio histórico propio en lo que respecta a la protección social y que por sus diferencias reafirma la necesidad de discutir la naturaleza particular de la vulnerabilidad en la vejez en América Latina. En efecto, Pierre Rosanvallon en su libro La Nueva Cuestión Social. Repensar el Estado Providencia, afirma que a partir de la década de los 70 los Sistemas de Seguridad Social de los Estados de Bienestar europeos comienzan a entrar en crisis, por el decaimiento del círculo virtuoso del fordismo, principal centro de generación de la protección social (Rosanvallon, 2011). De este modo, el desempleo estructural y el retrocedo del Estado Providencia, pone en cuestión el sistema que nació para “vencer la inseguridad social” y “eliminar el temor al mañana” (Rosanvallon, 2011, pág. 7), a través de la la técnica de los seguros y los dispositivos de producción de solidaridad, emergiendo con ello nuevas formas de pobreza y de exclusión social que Rosanvallon llama nueva cuestión social (Rosanvallon, 2011). En definitiva, lo que explica el autor es que la técnica de los seguros aplicada a la gestión de lo social si bien permitió unificar bajo el enfoque del riesgo problemas diferentes (tales como la enfermedad, la vejez, el desempleo y los accidentes de cualquier naturaleza), posibilitando el paso desde la asistencia al del seguro social como la constitución de un contrato entre el Estado y la ciudadanía, en la actualidad el crecimiento estructural de la
como la construcción (69%); el comercio, restaurantes y hoteles (56%), y el transporte, almacenamiento y comunicaciones (57%). Afecta, asimismo, a 56% de los jóvenes de 15 a 24 años, y a 50% de las mujeres” (OIT; FORLAC, 2014, pág. 5). 8
Un agravante de esta situación es que “ni siquiera todos los trabajadores insertos en empleos urbanos formales y en sectores de alta productividad cuentan con una protección garantizada por la vía contributiva” (Prado & Sojo, 2010, pág. 16), pasando a ser parte del grupo que no tiene seguridad sobre un ingreso previsional futuro que le permita niveles mínimos de supervivencia. Esto se debe probablemente a la privatización de la previsión para la vejez, que no es capaz de asegura ni siquiera a los trabajadores formales pensiones de calidad.
44
desocupación, por la imposibilidad de la industria de seguir creciendo al ritmo necesario al mantenimiento del Estado Providencia (es decir, la crisis del fordismo), ha provoca que la seguridad social ya no aparezca como el centro aglutinador del progreso, emergiendo nuevas aporías, inscritas en la disociación entre lo económico y lo social (Fagiolo, 2013).
Frente a este diagnóstico Isuani y Nieto describen las soluciones que se han dado desde la investigaciones de los países centrales a la crisis de los sistemas de protección social de los Estados de Bienestar, dado que “las promesas de autosuficiencia individual, integración social e igualdad ya no tienen en el empleo estable y bien remunerado un elemento constitutivo de su realización” (Isuani & Nieto Michel, 2002). Los autores llaman la atención sobre el hecho que la solución a dicha crisis sigue estando en el mercado del trabajo como eje central de las posibilidades de política social, en tanto se mantiene la idea sobre el rol preponderante que asume éste como espacio organizador de las relaciones sociales. Esta cuestión contrastaría con la especificidad de la problemática de la protección social en América Latina, donde “el capitalismo nunca llegó a organizar las relaciones sociales de manera total alrededor del Mercado del Trabajo” (Isuani & Nieto Michel, 2002), en tanto éste se ha caracterizado mayoritariamente por la informalidad. En este sentido, el fenómeno de la nueva cuestión social y la incapacidad del mercado laboral para absorber al conjunto de la población en riesgo de vulnerabilidad, no sería algo nuevo en la región, sino la constante que ha provocado la exclusión de una importante porción de la población de los sistemas de protección social. Así, plantean que las soluciones latinoamericanas al riesgo de vulnerabilidad, dada la precaria inmersión al mercado laboral formal, “no da cabida a tamaña dosis de optimismo. La enorme porción de personas situadas en situación de desocupación o subocupación no permite plantear como adecuada una política de ingreso que apunte centralmente a un retorno al mercado del trabajo formal” (Isuani & Nieto Michel, 2002).
Dicho esto se seguirá a continuación con la descripción de las especificidades de la región en las problemáticas de los Sistemas de Jubilación que dadas sus fallas generan el riesgo de vulnerabilidad en la vejez a una importante porción de los adultos mayores en Latinoamérica.
45
1.2. Las fallas del sistema previsional y el riesgo de vulnerabilidad en la vejez en América