1.3.1. Dignidad desde la Antropología
La dignidad de la persona es un tema que da pie para elaborar un tratado de antropología cristiana, una tarea enorme para nuestros propósitos. Es preciso, pues, delimitar el asunto. En este apartado analizaremos la dignidad de la persona desde el documento Gaudium et spes, esto es, “en la parte doctrinal es relevante que la dignidad de la persona humana se funda en que el hombre ha sido creado a imagen de Dios […] El Concilio subraya la dimensión comunitaria de la dignidad humana”.90 Partimos de
que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, con plena conciencia y libertad inalienables. La dignidad más alta que tiene la persona es su vocación a la unión con Dios, desde el mismo instante de su nacimiento el hombre es invitado a la relación con su Creador. Es el amor infinito de Dios que ha hecho posible su creación y es Él quien lo sostiene. Podemos decir que el hombre vive su plenitud, en cuanto obedece a su proyecto para el cual ha sido creado. El esclarecimiento del hombre está al final, se da en Jesucristo; no en el origen, no en Adán. Por eso, no basta el estudio del hombre, para intentar conocer al hombre, sino que se requerirá el conocimiento de Jesucristo,
89 Papa Francisco, “No caigamos en la tentación de la resignación: papa Francisco”, Lopezdoriga digital, México, 16 de febrero del 2016, https://lopezdoriga.com/nacional/no-caigamos-en-la-tentacion-
de-la-resignacion-papa-francisco/ [consultado 18 de diciembre de 2017].
90 Concilio Ecuménico Vaticano II, “Constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo
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que es “Dios, que con su bondad y sabiduría ha querido revelarse a sí mismo”91 al ser
humano. El hombre es un misterio, un misterio que se esclarece a la luz de Jesucristo. Jesucristo, siendo Dios encarnado nos enseña cómo debemos situarnos en este mundo.
1.3.1.1 Fe y dignidad
El hombre potencializa su dignidad a través de la luz que nos trae la fe. Al respecto la fe cristiana tiene algo que decir, como se ve a continuación:
Para la fe cristiana, en efecto, la pregunta sobre el hombre es crucial. Ante todo, porque el cristianismo cree en un Dios salvador del hombre; tiene, pues, que ocuparse de éste con la misma perentoriedad con que se ocupa de aquél: la teología cristiana es entonces, esencial e irrenunciablemente, antropología.92
Al sentirse la persona redimida por Jesucristo, la dignidad se ensancha, esta moción es otorgada por la misericordia del Redentor. Al poseer esta gracia, el ser humano latinoamericano, redimido en Jesucristo, recibe el “llamamiento nativo a ser el tú de Dios de la cual deriva la dignidad del ser humano porque cada hombre, todo hombre, es algo único e irrepetible”.93 El llamado que se hace al ser humano es a tomar en serio su
dignidad con la que ha sido creado, ello para que se sienta responsable de su vida y de la vida de su prójimo. A su vez se invitará a que respete y valore su misma vida y la vida de los demás seres humanos que se despliegan en este mundo porque, “quien venera y respeta la imagen de Dios, respeta a Dios aunque no lo reconozca explícitamente. Y viceversa: quien no acepta el diálogo con la imagen, no acepta a Dios aunque lo confiese explícitamente”.94 El hombre no puede saber lo que él es, ni la sublimidad de
su vocación, sino mirando a Cristo. Porque Jesucristo es el prototipo de hombre, realmente semejante a nosotros. A la luz de la fe en Jesucristo, el hombre tiene la esperanza de acrecentar su dignidad, porque el encuentro con Cristo puede servir para restablecer la autenticidad y la grandeza de la dignidad de toda persona, como ocurrió con Zaqueo (Lc 19, 1-10). El encuentro con Cristo, posibilita a los seres humanos el camino de la liberación y de la salvación. Jesús no solo acoge a la persona, sino que la reivindica por dentro, es decir el hombre al sentirse sanado por Jesucristo se le posibilita caminar por la vida con esperanza. Finalmente, la vida y palabra de Jesús, acogida en la
91 Concilio Ecuménico Vaticano II, “Constitución Dogmática Dei Verbum sobre la Divina Revelación”.
En documentos completos, por Concilio Ecuménico Vaticano II. Madrid: Biblioteca de autores cristianos, 2007, # 2.
92 Ruiz De la Peña, Imagen de Dios, 9. 93 Ibíd., 178.
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fe, consuela, sana y restituye en la relación con Dios y con el prójimo. Jesús es la fuente de bendición de la que brota la salvación para todos los hombres, y la fe es la disposición principal para acogerla.
1.3.1.2. Dignidad en la Religiosidad Popular
La dignidad en cada persona de la religiosidad popular Latinoamericana está presente porque Jesucristo ha redimido a los seres humanos y ha elevado a la persona a un alto grado de dignificación. En Latinoamérica un sinnúmero de rostros que beben de la religiosidad popular reconocen su dignidad, porque tienen una relación personal con Jesucristo.
José Ignacio González Faus y Manuel Marzal, tuvieron contacto significativo con muchas personas de devoción popular y que directamente percibieron la manera de estas personas relacionarse con Dios y con el mundo. González Faus nos va a decir que, es “muy importante para la antropología, y muy liberador para la existencia humana, el llegar a comprender que el hombre no vale por lo que hace, sino porque Dios le ama”.95
El hombre de la religiosidad popular por el hecho mismo de existir tiene un valor insuperable y la percepción de su dignidad se acrecienta con el conocimiento de la humanidad de Jesucristo. Pero es comprensible que algunas personas de la religiosidad popular por su forma de entender a Dios no sean capaces de comprender a fondo la dignidad dada al ser humano, porque muchos de ellos tienen la certeza de que Dios premia y castiga, como lo vemos en la apreciación de Manuel Marzal: “la religión de las mayorías de América Latina, muchos católicos del continente creen que Dios premia y castiga ya en esta vida”.96 En mi opinión, pueden desprenderse dos formas de concebir
a Dios, la primera, tener la convicción de que los seres humanos somos frágiles y débiles y por eso experimentamos el sufrimiento; lo segundo, concebir que Dios envía castigos y por eso sufrimos. Con esta forma de ver a Dios, el ser humano puede atribuirle al Creador los sufrimientos, más aun se puede resignar, porque se tiene en la mente que, los acontecimientos negativos que suceden es voluntad de Dios y encogerse de hombros ante la vida. En efecto la dignidad se la asumirá solamente desde los derechos pero no desde las obligaciones, es decir en la persona puede surgir el peligro
95 José Ignacio González Faus, Proyecto de hermano: Visión creyente del hombre (Santander: Editorial
Sal Terrae, 1991), 519.
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de creer que la dignidad se pone en vigor solamente en el tema de derechos, de exigirlos pero no caer en la cuenta de que la dignidad también es, libremente ejercitarse en los deberes que son hacerse responsable no solamente de la propia vida sino de la vida del prójimo. La dignidad que da Dios “comienza por la transformación del hombre justifcandolo”.97 Jesucristo nos ha elevado a la dignidad más alta, pero corresponde al
ser humano entender y hacer vida la dignidad desde los deberes y derechos.
Para el documento de Aparecida, Jesucristo nos da la dignidad plena, nos potencializa con su amor:
En el rostro de Jesucristo, muerto y resucitado, maltratado y glorificado por el Padre, en ese rostro doliente y glorioso, podemos ver, con la mirada de la fe el rostro humillado de tantos hombres y mujeres de nuestros pueblos y, al mismo tiempo, su vocación a la libertad de los hijos de Dios, a la plena realización de su dignidad personal y a la fraternidad entre todos.98
Necesitamos nuevas generaciones de cristianos que ayuden en la construcción de una sociedad donde constantemente se respete y valore la dignidad de toda persona humana. Una auténtica dignificación llevará a una verdadera compasión que no margina a nadie, ni humilla, ni excluye, ni desprecia a las personas que no cumplen con determinados cánones de salud, de belleza o de utilidad. La tarea más próxima de nuestros pueblos es tener la plena conciencia de que en el Dios vivo manifestado en Jesucristo se encuentra el sentido más profundo de nuestra vida, por ende la dignidad inconmensurable. El reconocimiento de la dignidad personal y comunitaria ayudará a que “cada persona humana viva de acuerdo con la dignidad que Dios le ha dado”.99 La dignidad de la
persona humana, obedece a un solo proyecto divino. A través de este proyecto divino, emerge la verdad sobre el ser humano y la dignidad de toda persona humana. Desde una honda conciencia de la dignidad, dada por el Creador, resulta poco probable que, la cultura actual en la que vivimos (mundo globalizado) nos absorba y nos deshumanice. El influjo acaparador:
…de los ídolos del poder, la riqueza y el placer efímero se han transformado, por encima del valor de la persona, en la norma máxima de funcionamiento y el criterio decisivo en la organización social. Ante esta realidad, anunciamos, una vez más, el valor supremo de cada hombre y de cada mujer. El Creador, en efecto, al poner todo lo
97 González Faus, proyecto de hermano, 488.
98 Celam, Documento de Aparecida, “En V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del
Caribe”, # 32.
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creado al servicio del ser humano, manifiesta la dignidad de la persona humana e invita a respetarla (cf. Gn 1, 26-30).100
El hombre es creatura divina que tiene dignidad, y, por la toma de conciencia de su dignidad, posee una soberanía que le exonera de subordinación a cualquier otra realidad creada, vive por sí y para sí. De aquí su estructura inalienable. Hombre “dotado de inteligencia y voluntad libre y que por tanto de esa misma naturaleza directamente nacen al mismo tiempo derechos y deberes”.101 Estos derechos y deberes al ser universales no alienan al ser humano y más bien le ayudan a responsabilizarse de su vida y de la vida del prójimo.