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3. ASSESSING ECONOMIC IMPACT AND EFFICIENCY OF HIGHER

3.1. Model Application Guidelines

El interés que, para el Régimen, logró despertar el Consejo Superior de Investigaciones Científicas queda patente en la dotación presupuestaria y las ventajas crediticias que recibió desde su fundación. El análisis de sus datos económicos tropieza, como primera barrera, con la enorme inflación de la peseta en los años de postguerra y, como segundo escollo, con el propio contenido de la Memoria… del Consejo, que no presentan un mismo modelo contable; ambos problemas han sido brillantemente superados en los trabajos de Antoni Malet, a quien seguimos en este epígrafe (Malet, 2008a; 2008b).

Los presupuestos generales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas fueron elevados para el gasto que podía permitirse el Estado (tabla 3). Crecieron progresivamente durante el tiempo en que se prolongó el modelo autárquico en España, y decrecieron después, a partir de la aprobación del Plan de Estabilización, multiplicándose su cuantía diez veces si tomamos en cuenta el dato en millones de pesetas constantes.

227 José María Rey Arnaiz tardó ocho años en obtener el grado de licenciado en Farmacia; logró tres matrículas de

honor, cinco notables y dieciséis aprobados. En los cursos que daban acceso al doctorado, obtuvo tres sobresalientes y tres aprobados (Reparaz, 2015).

228 Entrevistas mantenidas por Rosa Basante y Guillermo Reparaz con Gonzalo Giménez Martín (Madrid,

Tabla 3. Presupuestos del CSIC en moneda corriente y constante [1940-1962] Año A B Año A B 1940 3,0 14,77 1952 104,1 160,79 1941 4,4 16,67 1953 104,1 158,26 1942 8,7 30,84 1954 108,1 162,33 1943 11,1 39,58 1955 108,1 156,05 1944 12,4 42,37 1956 122,1 166,50 1945 15,9 50,74 1957 122,1 150,31 1946 18,0 43,77 1958 124,4 135,07 1947 42,5 87,82 1959 114,0 115,36 1948 -- -- 1960 155,4 155,40 1949 56,9 104,50 1961 143,9 141,47 1950 67,5 111,83 1962 112,4 104,28 1951 81,7 123,71

A: Presupuesto CSIC [millones de pesetas] / B. Presupuesto CSIC [millones de pesetas, moneda constante para 1960]. Fuente: Malet (2008b).

El crecimiento presupuestario del CSIC parece fuera de cualquier discusión; las razones que condujeron a ello pudieron ser ‘poco científicas’, pero el Régimen no escatimó en las peticiones que recibió del Consejo.

Aunque los presupuestos del CSIC se fueron incrementando, este crecimiento no resultó igual para todos los campos de la Ciencia; durante los primeros años, las Humanidades y las Letras fueron muy bien tratadas, aunque recibiesen menos dinero que los centros de Ciencias. Este reparto de bienes no es ni mucho menos casual, durante los primeros años de funcionamiento del Consejo se potenciará el ‘fomento del espíritu’ y la ‘recuperación de los valores’ que defendía el Movimiento. Los institutos de Arte e Historia, desde los que se podían ‘sustentar’ estos valores, conocieron un especial desarrollo en los primeros años de la década de 1940; sin embargo, se produjo un abandono progresivo de estas disciplinas conforme fue avanzando el tiempo, antes incluso del comienzo de la Segunda Guerra Mundial; Antoni Malet (2008b) señala cómo las Humanidades, que disfrutaron del 30% del presupuesto del CSIC, pasaron a recibir, en 1962, sólo un 13%.

No sufrieron tanto las Ciencias Médicas, Biológicas o Químicas; casi se puede decir todo lo contrario. Si todos los Patronatos experimentaron un crecimiento presupuestario más o menos similar,

hubo uno que triplicó sus ‘posibilidades’: el Patronato ‘Alonso de Herrara’; dentro de él, además del Instituto de Edafología y Fisiología Vegetal, se encontraban prácticamente todos los Institutos o Secciones de ciencias afines. El presupuesto de este Patronato se triplicó en veinte años, aunque su dotación económica seguía siendo incomparablemente menor que la del Patronato ‘Juan de la Cierva’.

El Patronato ‘Juan de la Cierva’ merece capítulo aparte y es que, además de estar excelentemente bien dotado económicamente, llegando en ocasiones a superar la suma de los otros siete Patronatos, recibía subvenciones económicas de otros Ministerios o de organismos autónomos, como el Instituto Nacional de Industria [INI], por lo que era más ‘otro CSIC’ dentro del CSIC. No en vano, el Patronato ‘Juan de la Cierva’ fue el “más activo y el que más logros conquistó” (Garma, Sánchez Ron, 1989: 60)229.

José María Albareda se permitió introducir algunas ‘mejoras presupuestarias’ en la distribución de los fondos de los Institutos; por ejemplo, en 1948, solamente seis años después de la creación del Instituto de Edafología, ya superaba en presupuesto al Instituto ‘Cajal’, quizás el más emblemático, activo desde la época de la Junta para la Ampliación de Estudios. En 1950, aunque los dos habían visto aumentar sus presupuestos, el dirigido por Albareda casi duplicaba su asignación económica, mientras que el crecimiento del Instituto ‘Cajal’ fue muy leve.

Pero la partida en la que conviene detenerse para explicar las actuaciones de José María Albareda es la denominada, ‘gastos generales’. Estos incluían las celebraciones de los plenos, las becas de investigación pre-doctoral, las visitas de profesores extranjeros, el mobiliario, la biblioteca general, los premios anuales y un largo etcétera. Su administración dependía exclusivamente de la Comisión Permanente y de la Secretaría General, es decir, del propio Albareda.

229 Santiago López García (1994) divide en tres etapas el desarrollo del Patronato ‘Juan de la Cierva’: una primera,

hasta la llegada a la presidencia del Patronato de Juan Antonio Suanzes Fernández (1891-1977), en 1942, momento en que se produce la verdadera definición de sus funciones; un segundo período, comprendido entre 1946 y 1953, con un Patronato ‘independiente’ del CSIC, donde conoce su época de mayor esplendor, es aquí cuando su presupuesto fue mayor; y, finalmente, el periodo que comienza en 1954, donde se produce una estabilización, en parte por los cambios en el contexto internacional de España, que modificaron las necesidades de investigación estatales. La actividad del Patronato ‘Juan de la Cierva’ se vio mermada tras la aprobación del Plan de Estabilización, éste no sólo premiaban a las empresas estatales, sino a aquellas que necesitaran un mayor empuje en I+D. En opinión de Santiago López García, y en términos de acercamiento tecnológico, que mide el éxito de una actividad en relación a su productividad, durante el periodo 1946-1953 el Patronato ‘Juan de la Cierva’ no se consolidó por dos razones: la ‘falta de capital humano’ y, paradójicamente, la ‘falta de recursos económicos’ (López García, 1999: 10-11). Un análisis de los presupuestos del Patronato ‘Juan de la Cierva’ durante sus primeros años de existencia señala que gran parte del esfuerzo económico se empleó en la construcción de edificios; a partir de 1954, cuando las obras estuvieron finalizadas, los proyectos para paliar las necesidades autárquicas habían perdido cierto sentido gracias a los pactos firmados con Estados Unidos, por lo que la investigación tecnológica y el propio Patronato ‘Juan de la Cierva’ quedaron muy debilitados.

Lo llamativo no es tanto la disponibilidad arbitraria de este fondo, sino la cantidad destinada a esta parte del presupuesto. En 1943 representaba el 29% del total del CSIC, en 1950 suponía el 33%, pero es que, en 1962, había ascendido hasta el 51% del presupuesto. Antonio Malet (2008b) establece un factor de crecimiento de 24,86, es decir un 2.486%, muy superior al mostrado por el presupuesto general, que solo ascendió un 1.418 %. El crecimiento de la partida económica que Albareda dispuso de manera personal sólo se puede comparar con el del Patronato ‘Alonso de Herrera’, del que José María Albareda era vicepresidente y que alojaba ‘su’ Instituto; aunque las reestructuraciones del CSIC aumentaron considerablemente el tamaño del Patronato, los Institutos de Biología inaugurados, en Barcelona y Zaragoza, por deseo expreso de José María Albareda, son los que realmente explican el aumento presupuestario de este Patronato.

La libre disponibilidad, por parte de José María Albareda, de la partida de ‘gastos generales’, le permitió financiar tanto las actividades como las estancias en el extranjero de los estudiantes del Club Edaphos. Los incrementos, casi desproporcionados, de esta partida presupuestaria están en concordancia con las intenciones del propio Albareda de controlar cuanto ocurriera en el Consejo Superior de Investigaciones Científica. Sus atribuciones crecieron a medida que su poder aumentó, y dispuso de los fondos necesarios para continuar sus proyectos.

Ciertamente la disponibilidad de fondos, aún la del propio José María Albareda, sólo permitió investigar en una situación precaria. En su ‘haber’ debe incluirse la voluntad de evitar una situación centralista de la investigación; potenció la fundación de centros periféricos, aunque luego algunas de estas delegaciones apenas desarrollaran sus propios programas o librasen sus pequeñas guerras provincianas para mantener su statu quo. Otro de sus grandes logros, en buena parte potenciado desde el capítulo de ‘gastos generales’, fue el dotar de fondos bibliográficos a los centros del Consejo, “bibliotecas, con niveles de excelencia en lo que concierne a fondos y a su funcionamiento” (Muñoz Ruiz, 1998: 12).

No conviene olvidar que, hasta el final de la autarquía, en el período anterior a la fundación de la Comisión Asesora de la Investigación Científica y Técnica [CAICYT] en 1958, el reparto de los fondos entre los distintos grupos de investigación respondía únicamente a criterios jerárquicos dentro del Consejo. Salvo en el caso del Patronato ‘Juan de la Cierva’, no existían entes con capacidad de decidir qué debía investigarse, qué líneas de investigación habrían de seguirse, o qué grupos de trabajo habrían de financiarse. Hasta 1964 no disponemos de datos que refrenden la existencia de dotaciones presupuestarias específicas para la investigación en la Universidad.

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