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La selección del sitio adecuado para la siembra de pastos que se reproducen por vía vegetativa, requiere que sea un terreno preferentemente plano y de fácil acceso, con buenas condiciones de fertilidad, y adecuado para la especie que va a multiplicarse; es decir, debe de tener el medio en el cual se desarrollen de la mejor manera posible, preferentemente cerca al sitio donde se va a utilizar el material vegetativo para establecer las nuevas praderas, esto con la finalidad de ahorrar tiempo y costos en el traslado del material de siembra y obtener altos rendimientos.

Fecha de siembra

La siembra de semilleros debe ser durante la temporada de alta disponibilidad de humedad, lo que ocurre en el trópico durante los meses de Junio a Septiembre, esto para contar con condiciones adecuadas de humedad, temperatura y luz, lo que permite tener una mayor velocidad de crecimiento y con ello lograr un desarrollo adecuado del pasto que va a servir como semilla para la producción de material vegetativo.

La siembra o plantación del material vegetativo se debe establecer preferentemente al inicio de la temporada de lluvias en los meses de Junio y Julio, tiempo durante la cual, la pradera o semillero se establece más rápido, de esta forma, a los tres o cuatro meses ya se puede empezar a utilizar el material de siembra producido en el mismo año, con lo que se acelera el tiempo de utilización de las nuevas praderas. También en algunas regiones donde el temporal tiene mayor duración, el establecimiento puede lograrse en los meses de Octubre a Febrero, aunque cuando se siembra en estas fechas, se tiene un establecimiento más lento, debido a que las condiciones climáticas que prevalecen son de menor precipitación y días más nublados y frescos que conjuntamente retrasan la velocidad de crecimiento de los pastos.

Preparación del terreno

Se deben realizar las prácticas de preparación del terreno de manera óptima y de acuerdo a los requerimientos de la especie a sembrar. Como actividad principal, se requiere eliminar la vegetación presente mediante chapeo y/o quema o bien con la utilización de herbicidas no selectivos como el glifosato, para posteriormente efectuar un barbecho y los pasos de rastra necesarios para dejar el terreno mullido; de requerirse, es aconsejable nivelar el terreno para evitar inundaciones; los pasos de rastra deben realizarse a intervalos adecuados para eliminar la maleza que germine. Estas labores se llevan a cabo al iniciar la época de lluvias, con la finalidad de efectuar la siembra,

al establecerse el temporal y no tener problemas de disponibilidad de humedad (Enríquez et al., 2011).

Selección de semilla

Pastos de corte del tipo Taiwán, Maralfalfa, Ct-115, OM-22, King grass, y otros cultivares que pertenecen a la especie P. purpureum, Pangola, Estrella, Pará, etc. se multiplican a través de material vegetativo, ya sean cepas, tallos, o guías, debido a que la semilla que producen es poca y con un porcentaje muy bajo de germinación.

Para el caso de los cultivares de Pennisetum, la siembra por cepas es muy efectiva pero también muy costosa, por lo cual es preferible hacer la siembra con tallos o estacas (trozos de tallo con dos a tres nudos) mientras que para las especies de crecimiento rastrero el medio de propagación son los tallos o guías. Invariablemente el material que se utilice como semilla deberá tener más de cuatro meses de rebrote, a esta edad, el material de siembra se encuentra en un estado de madurez apropiado, con las cañas o estolones bien desarrolladas que garantizan un buen establecimiento de la pradera.

Siembra de pastos que se reproducen por estacas

Cuando la siembra se hace con estacas o esquejes, las cañas son cortadas en trozos de tallo que contengan tres nudos, y se plantan dos estacas por punto enterrándolas a la mitad del lomo del surco en un ángulo aproximado de 45°, con distancias de 80 a 90 cm entre hileras o surcos y de 40 a 60 cm entre estacas, procurando enterrar dos de los tres nudos. EL material vegetativo se puede colocar también en el fondo del surco depositando las cañas enteras a cordón simple o doble (punta con cola) en el fondo del surco y taparlas con una capa de tierra delgada, de no más de 5 cm. Este último evita las “fallas” al máximo y asegura una alta densidad de población, con lo que se logran mayores rendimientos de material vegetativo (Granados et al., 2001; López y Enríquez 2011).

Figura 11. Material vegeta vo maduro con desarrollo de botes vegeta os listos para la siembra, izquierda pasto humícola, derecha tallos de Taiwán.

Figura 12. A la derecha, siembra en el fondo del surco a cordón simple y cubrimiento ligero con erra del material de siembra. A la izquierda, siembra de estacas en el costado del surco de P. purpureum , observe el ángulo de inclinación y la exposición de un nudo fuera del suelo.

Siembra de pastos que se reproducen por estolones o guías

Si los pastos a sembrar son de crecimiento estolonífero, tales como: Estrella de África, Pangola, Humidicola y Pará, entre otros, la siembra puede hacerse de dos formas: 1) en surcos o líneas espaciados a 80 o 90 cm o bien, 2) al voleo. Para el primer caso, las guías o estolones son depositados en el fondo del surco para posteriormente cubrir ligeramente el material con una capa de tierra que no sobrepase los 5 cm. La ventaja de este método de siembra es que se puede controlar la maleza mediante un paso de la cultivadora, con lo que se mantiene limpio el campo de multiplicación (Meléndez, 1996). La siembra al voleo consiste en esparcir las guías sobre el suelo recién preparado, uniformemente y de manera generosa, para posteriormente enterrar el material de siembra con un paso ligero de rastra.

Figura 13. A la izquierda, siembra pasto Alemán (Echinochloa

polystachya) con material vegetativo a espeque. A la derecha, siembra

de pasto estrella al voleo, con el paso de rastra que permite la incorporación y cubrimiento de las guías al suelo para asegurar su desarrollo.

Control de malezas

Es muy importante que el cultivo siempre se encuentre libre de malas hierbas, pero esto es aún más importante durante los dos primeros meses después de la siembra del semillero. Si el terreno se preparó de manera convencional, como se describió anteriormente, la maleza no debería ser un problema muy grave, pero si se considera que la maleza puede causar retrasos o daño serio al cultivo, ésta deberá ser eliminada ya sea en forma manual o mecánica o bien con la utilización de productos químicos.

Figura 14. A la izquierda, control manual de malezas; a la derecha, control mecánico (escarda) en un semillero de Pennisetum purpureum, en etapas tempranas de desarrollo.

Existe una gran variedad de productos químicos en el mercado para combatir maleza de hoja ancha, lo importante en este caso es seleccionar el producto apropiado, en la dosis que se recomienda y bajo las condiciones en que debe realizar la aplicación, por lo que es muy importante seguir las recomendaciones indicadas en el envase del producto lo más correctamente posible. En forma general, durante el establecimiento pueden aparecer malezas herbáceas las cuales se pueden controlar con herbicidas a base de 2,4-D, del cual hay un sin número de nombres comerciales que pueden ser utilizados (Enríquez et

Fertilización

La fertilización es una práctica muy importante en el establecimiento de semilleros, esto surge por la necesidad de disponer de la mayor cantidad de material vegetativo para la siembra de nuevas praderas, es por ello que el semillero debe de fertilizarse tanto durante y después del establecimiento, ya sea que se utilice para producir más semilla para siembra o bien se integre al pastoreo. Los nutrimentos que más requieren los pastos son nitrógeno y fosforo, los cuales son los más deficientes en los suelos tropicales y los que se extraen en mayores cantidades, por lo que ambos deben ser suministrados periódicamente para cubrir las deficiencias de estos macronutrientes. La dosis de fertilizante recomendada es de 46 y 23 kg/ha de N y P, respectivamente, lo que equivale a 100 kg de urea y 50 de superfosfato de calcio triple, los cuales se aplican de los 30 a 40 días después de la siembra y cuando las plantas ya estén iniciando su crecimiento activo.

Figura 15. Fertilización durante el establecimiento (izquierda) y posterior a la primera cosecha (derecha), para suministrar al pasto los nutrimentos necesarios para un adecuado y rápido crecimiento.

Después de haber iniciado la cosecha del semillero, es conveniente fertilizarlo con el doble de la cantidad utilizada durante el establecimiento, o sea con una dosis de 92 y 46 kg/ha de N y P, respectivamente, lo que equivale a la aplicación de 200 kg de urea y 100 kg de superfosfato de calcio triple. Si no se utilizan estas fuentes de fertilizantes es necesario conocer la concentración del elemento para

hacer el ajuste con la cantidad recomendada. La cantidad total de fosforo se aplica en una sola ocasión y el nitrógeno se reparte en dos a tres aplicaciones al año. La aplicación debe de realizarse al voleo e inmediatamente después de realizar la cosecha.

Utilización del Material Vegetativo

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