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Project Management

Step 13 Sale of Tender Envelopes (at least 7 business days) [Clause 46] Step 14 Receive the Envelopes (proposal) from the Qualified Bidders

4. Determine Financing Requirements and Funding Strategy 1 Introduction

4.2 Financial Model 1 The Model

4.2.2 The Model Cases

Una estrategia consiste en disolver la ya disuelta sustantivación de la cultura. El investigador no tiene la obligación de construir un sistema de elementos cerrados bajo el concepto de la cultura. La idea de límite es reinterpretada en su sentido positivo como espacio de contacto, y la cultura se vuelve un elemento lábil, inter/cultural. “Es en la emergencia de los intersticios (el solapamiento y el desplazamiento de los dominios de la diferencia) donde se negocian las experiencias intersubjetivas y colectivas de nacionalidad (nationness), interés comunitario o valor cultural” (Bhabha, 2007: 18). No obstante, a pesar

de que “el espacio inter es decisivo (en cursiva en el original)” (García Canclini, 2006: 26), esta estrategia plantea una nueva dificultad a la simple reconceptualización del objeto estudio como proceso vivo, dificultad que ha sido perfectamente planteada por James Clifford:

“La conexión intercultural es la norma y lo ha sido durante mucho tiempo. Es más, hay

fuerzas globales poderosas que canalizan estas conexiones. El etnógrafo y el nativo, el

imán y el hindú, están ambos ‘viajando por Occidente’ (…). Ahora bien, cuando los

viejos esquemas de conexión a través del Océano Índico, África y Asia Occidental se

ven realineados según los polos binarios de la modernización occidental, ¿existen aún

posibilidades de un movimiento discrepante?” (Clifford, 1999: 15-16).

De acuerdo con este argumento, no resulta posible salir de la esfera de influencia de Occidente en el presente. Sin embargo, si retrocedemos nuestros pasos en el sentido estrictamente lineal del tiempo de la Modernidad occidental, llegamos a un punto donde este condicionante se vuelve casi transparente. Es muy posible que si además avanzamos hacia adelante, incluso no demasiado, lleguemos al mismo punto, como ha demostrado Renato Ortiz en su libro O próximo e o distante. Japão e Modernidade-Mundo (2000): una vez que las producciones materiales e inmateriales nacionales son reapropiadas por otros consumidores, resulta difícil sostener la vigencia de una creatividad cultural extraña. Occidente se desvanece en gran parte si encaramos origen y proceso, y más que una lente precisa con la cual leer el mundo se vislumbra un caleidoscopio donde casi todas las direcciones en algún punto se cruzan. Si se asume la premisa metodológica de trabajar sobre los procesos interculturales, no es posible excluir de ellos ninguna corriente, ni por hegemónica ni por subalterna. Esto no significa obviar del estudio la consideración

necesaria de las relaciones de poder, de si ese intercambio que supone la interculturalidad es llevado acabo en condiciones de igualdad o sometimiento. Significa que no siempre y en todo lugar se ha viajado por Occidente, y que esos itinerarios importan en la medida en que no sólo no han desparecido sino que se han tornado cada vez más visibles. Quizás lo que resulta en cambio más viable es aprovechar la existencia de un referente que se impone sobre los otros, que determina la fluidez de los intersticios contemporáneos, de forma instrumental, como el eje de unión y diferencia, pero cuya uniformidad puede ser a su vez desmontada. Es decir, siempre es posible cambiar de eje dependiendo de nuestra posición y de hecho, así parece haber sucedido, a pesar del imán y del hindú, a pesar del etnógrafo y del nativo. Puede que esto constituya el legado más importante de los intelectuales anticoloniales como Aimé Césaire, Franz Fanon o Léopold Sédar Senghor. En palabras de éste último:

“Es un hecho, y de dimensión mundial: todas las culturas de todos los continentes,

razas, y naciones son, hoy, culturas de simbiosis, en las que los cuatro factores

fundamentales que son la sensibilidad y la voluntad, la intuición y el raciocinio

representan, cada vez más, unos papeles equilibrados. A este diálogo que se realiza a

escala de lo Universal, todos los continentes han contribuido, el más viejo, África,

como el más joven, América. El principal problema, hoy en día, para la humanidad, es

que cada continente, raza o nación, cada hombre o mujer tome conciencia,

finalmente, de esta Revolución cultural, que, sobre todo, enterrando el desprecio

El problema de la cultura como lugar, es un problema que debe lidiar con la necesidad de tomar una posición epistemológica y ética, sostenible. Diríase que a “lo Universal” en tanto concepto, con una historia propia ligada a la entelequia occidental, se une paradójicamente “lo Universal” en tanto proyecto político donde Occidente pierde su preeminencia mientras los universales se multiplican. Ciertamente en la actualidad nos vemos confrontados continuamente con los límites de lo Universal, aunque el término haya caído en desuso y sea tratado como un antiguo aristócrata en decadencia, que ha perdido ya todos sus títulos nobiliarios y sus ricas pertenencias. La cuestión central que rodea y sostiene esta estrategia consiste en observar desde un eje dado, impuesto, supuesto o presupuesto, cómo éste se articula en relación a coordenadas espacio/temporales muy distintas, y viceversa, eliminando toda consideración teleológica única, al desplazar y multiplicar los ejes de referencia sobre el espacio cultural. No es posible afirmar únicamente que “los contactos son situaciones cruciales para una modernidad que aún no ha terminado de configurarse” (Clifford, 1999: 12), porque los contactos entre diferentes culturas han sido siempre la pauta, si es adoptada en toda su plenitud el calado de la interculturalidad. Solo hace falta escuchar con atención un poco de música local y tradicional, o abrir cualquier diccionario, para percibir la antigüedad de los intersticios y sus conexiones transnacionales y transculturales, no homogéneas. En resumidas cuentas: “esta reconceptualización cambia el método (…). Para entender a cada grupo hay que describir cómo se apropia de y reinterpreta los productos materiales y simbólicos ajenos” (García Canclini, 2006: 21). Pero cambia también el estatuto enunciativo de la investigación, las relaciones entre el sujeto y el objeto de estudio, puesto “que la

cultura es política se sigue lógicamente del abandono de la noción tradicional de una imagen unitaria de la ‘cultura’, y del reconocimiento de su pluralidad” (Jackson, 1994: 4). Más difíciles de salvar, son los obstáculos que se presentan al abordar la segunda posibilidad ligada al título que Senghor otorgó a la conferencia de la cual ha sido extraído el fragmento citado: El diálogo de las culturas (Universidad de Tubinga, Premio Doctor Leopold Lucas, 27 de mayo de 1983).