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3.2 A hybrid approach to MDE of ETCS components

3.2.2 Model-driven testing

ISO

L a com unidad perfecta de varias aldeas es la ciudad, que tiene ya, por así decirlo, el nivel más alto de autosuficiencia, que nació a causa de las necesidades de la vida, pero subsiste para el vivir bien. De aquí que toda ciudad es por naturaleza, si también lo son las co­ munidades primeras. L a ciudad es el fin de aquellas, y la naturaleza es fin. E n efecto, lo que cada cosa es, un vez cum plido su desarrollo, decimos que es su naturaleza, así de un hombre, de un caballo o de una casa. [12 53 a] A dem ás, aquello por lo que existe algo y su fin es lo m ejor, y la autosuficiencia es, a la vez, un fin y lo m ejor. De todo esto es evidente que la ciudad es una de las cosas naturales, y que el hombre es por naturaleza un animal social, y que el insocial por na­ turaleza y no por azar es o un ser inferior o un ser superior al hom­ bre. Com o aquel a quien H om ero vitupera:

sin tribu, sin ley, sin hogar,6

porque el que es tal por naturaleza es también amante de la guerra, como una pieza aislada en el juego de damas. L a razón por la cual el hombre es un ser social, más que cualquier abeja y que cualquier animal gregario, es evidente: la naturaleza, como decimos, no hace nada en vano, y el hombre es el único animal que tiene palabra. Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para m anifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo in­ justo. Y esto es lo propio del hombre frente a los dem ás animales: poseer, él solo, el sentido del bien y del m al, de lo justo y de lo injus­ to, y de los demás valores, y la participación com unitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad. Por naturaleza, pues, la ciudad es anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesa­ riamente anterior a la parte. E n efecto, destruido el todo, ya no ha­ brá ni pie ni mano, a no ser con nombre equívoco, como se puede

I

m

ciudad

decir una mano de piedra: pues tal será una mano muerta. T odas las cosas se definen por su función y por sus facultades, de suerte que cuando estas ya no son tales no se puede decir que las cosas son las mismas, sino del mismo nombre. A sí pues, es evidente que la ciudad es por naturaleza y es anterior al individuo; porque si cada uno por separado no se basta a sí mism o, se encontrará de m anera semejante a las demás partes en relación con el todo. Y el que no puede vivir en com unidad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios.

En todos existe por naturaleza la tendencia hacia tal com unidad, pero el prim ero que la estableció fue causante de los mayores benefi­ cios. Pues así como el hombre perfecto es el m ejor de los animales, así también, apartado de la ley y de la justicia, es el peor de todos. La injusticia más insoportable es la que posee armas, y el hombre está naturalmente provisto de armas al servicio de la sensatez y de la v ir­ tud, pero puede utilizarlas para las cosas más opuestas.

Por eso, sin virtud, es el ser más im pío y feroz y el peor en su lascivia y voracidad. L a justicia, en cambio, es un valor cívico, pues la justicia es el orden de la com unidad civil, y la virtud de la justicia es el discernimiento de lo justo.

L A F A M IL IA

LA ESCLAVITUD

En el Libro I de la Política (caps. 3-7), Aristóteles aborda el tema de la fa­ milia entendida en sentido amplio: padres, hijos, esclavos y propiedades. Esta consta de tres relaciones: la relación entre marido y mujer, la relación entre padres e hijos y la relación entre amo y esclavos. El Estagirita trata de esta última en primer lugar, se opone a quienes consideran la esclavitud como algo obvio y también a quienes la consideran algo siempre innatural c intenta demostrar que, en algunos casos, puede ser natural. Además de la justificación puramente ideológica de su tesis, basada en la relación en­ tre cuerpo y alma, Aristóteles comprende la verdadera razón de ser de la esclavitud: la necesidad de que alguien cubra las necesidades materiales de la familia en una sociedad donde aún no se conoce la máquina.

El texto que sigue procede de Política, op. cit., Libro I, caps. 3-7, págs. 53-64.

3. [1253 b| U na vez que está claro de qué partes consta la ciudad, es necesario hablar, en prim er lugar, de la administración de la casa, pues toda ciudad se compone de casas. Las partes de la adm inistra­ ción doméstica corresponden a aquellas de que consta a su vez la casa, y la casa perfecta la integran esclavos y libres. Ahora bien, como cada cosa ha de ser exam inada ante todo en sus menores elementos, y las partes primeras y mínimas de la casa son el amo y el esclavo, el m ari­ do y la esposa, el padre y los hijos, de estas tres relaciones será necesa­ rio investigar qué es y cómo debe ser cada una. Son, pues, la heril, la

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