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Chapter 3 Basic construction of triangular microstrip antennas for Circularly

3.5 Model equilateral triangular truncated-tip antenna

2.3.1. La teología y su quehacer

¿Qué entendemos por teología? Es una pregunta que epistemológicamente pudiera ser inadecuada para el contexto de los testimonios de divina revelación y los testimonios de tradición evangélica. En la mentalidad hebrea al hablar de Dios y su acontecer histórico como palabra, como hecho, como texto, como amor, misericordia y justicia no trata con una noción epistémica sino con un acontecimiento en la historia de un pueblo. No habla de un tratado conceptual sino de una experiencia de salvación, liberación, de recreación de la vida y humanización. No se refiere a una categoría especializada de lujo destinado a los entenderes de los expertos, sino que remite a un acontecimiento que irrumpe no sólo en el ámbito privado

28 Mèlich, J. C. “El sentido pedagógico de la vida humana”, En Ortiz Osés, A. & Solares B. & Garagalza, L. (Eds). Claves de la Existencia. El Sentido Plural de la Vida Humana. (Barcelona: Anthropos Editorial; México: Universidad

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sino, y de manera fundamental, en el ámbito de la comunidad. ¿Es la teología un conjunto de verdades históricas y de fe sobre el Dios de Israel y el Dios de Jesús o una reflexión continua, dinámica y plural sobre la manera como Dios se revela y salva (humaniza) en cada momento de la historia humana?

El ejercicio – el quehacer – teológico a diferencia de otros modelos de objetivación de la realidad consiste en una hermenéutica de fe imposible de realizar sin que el sujeto de esta se involucre afectiva (pasión), efectiva (inteligente) y holísticamente en ella30. Desde su definición

etimológica se trasluce su sentido e inteligencia: su origen es Dios mismo en la manifestación que él hace de sí mismo (donación) en la historia para actuemos de acuerdo con su querer que percibimos en lo más fontanal de todo ser humano. “El acto y forma de vida, mediante los cuales acogemos la palabra de Dios, nos confiamos a ella y la correspondemos con nuestro ser entero, es la fe. Tal acogimiento de la interioridad revelada de Dios se tiene que inscribir en nuestras capacidades de conocimiento y de acción, de amor y de relación” 31. La teología emerge cuando una persona y comunidad audiente-respondente guiada por la búsqueda de su fe antropológica, su capacidad estructura inteligente, volente y sentiente que, religada a lo real, a la experiencia de fe como acontecimiento de fidelidad mistagógica, se abre a la forma y al significado que entraña la revelación y acontecer de Dios en lo humano como acto dinámico salvífico que transforma la vida y las condiciones humanas. A esto nos referimos al decir que la teología es quehacer.

La teología en su quehacer es una dimensión constitutiva del saber humano, y su hablar de Dios es problema, enigma y misterio eminentemente humano, pero que no se reduce un mero problema antropológico sino trascendental. En tal sentido, Dios se hace manifiesto al ser humano como relación, comunicabilidad, exigibilidad, alteridad, don y tarea, en términos de amor, justicia, derecho, solidaridad, misericordia, compasión y liberación humana. Sin este horizonte de liberación antropoevangelico, la teología es quehacer anacrónico, momificado en el tiempo, convertido en ideología y de interés crematístico. En otras palabras, no se hará praxis pedagógica, es decir, educabilidad y transmisibilidad performativa en tanto que no “se encuentre así misma en el contacto crítico y pedagógico con las culturas, las situaciones eclesiales y las experiencias humanas fundamentales”32. Carácter que tiene lugar en la

30 Granados, Juan Manuel. “Teología y teologías”. (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana). Subsidio ad usum studenti para la materia de Síntesis Bíblica. 24 de junio del 2008.

31 González, O. El quehacer de la Teología. Génesis. Estructura. Misión. (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2008), 4. 32 González, O. El quehacer de la Teología. Génesis. Estructura. Misión, 14

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confrontación de su quehacer con el progreso interpretativo de la teoría científica y la deslocalización de la racionalidad instrumental y cientista hacia las racionalidades emergentes (política, anamnética- solidaria, liberadora, discurso-comunicativa, alteridad, pluralista, complejidad e interdependencia, mística y existencial33). Esto le ha exigido a la teología, la tarea epistemológica y existencial de entrar en la crítica hermenéutica, narrativa, lingüística y teopolítico (como diremos en el capítulo siguiente siguiendo a Pablo).

Por último, al quehacer teológico le es sintomático el quehacer del teólogo que consiste en aportar a la comunidad humana la experiencia académica, sus experiencias de palabra, con la Palabra, que le han sido donadas y construidas en su ejercicio de estudio y familiaridad con las Sagradas Escrituras, la dinamicidad de la memoria teológica y los horizontes posible de su quehacer (intercultural-interreligioso, hermenéutico-genero, ético, utópico y anamnético, simbólico-interdisciplinar, teopolítico34) y que le han permitido, al teólogo mismo y a la comunidad teológica, la creación de comunidades académicas, de vida y acción inteligentes, ecuménicas y plurales, dado que su quehacer es eminentemente eclesial y universalizable, serio, científica y responsablemente35.

2.3.2. Identidades y quehacer teológico

Que la identidad es polisémica, ya lo hemos mostrado en el apartado central de este capítulo. Que es teórica y metodológicamente más adecuado hablar de identidades también ha sido planteado. Ahora ¿desde qué perspectiva establecer una posible, urgente y necesaria relación entre identidades y su construcción con la teología, o mejor dicho con el quehacer teológico? ¿Cómo entender o asumir según el quehacer de la teología la cuestión de las identidades como construcción humana, manifestación y fenómeno humano?

Responder a la pregunta ¿Qué somos? Se vuelve una tarea peligrosa desde el punto o enfoque en que la asumamos. Sin embargo, no podemos dejar de anotar que al responder a la pregunta ¿Qué somos? Nos envuelven sistemas de poder (culturales, mentales, étnicos y religiosos) y tendencias que en sus visos o de hecho son autoritarias y miméticas. Como lo expresa Diego

33 Cf. Escalante, L. Alfredo. “Teología fundamental en tiempos de globalización”, Revista Iberoamericana de Teología, vol. VI, No. 11 (Jul-dic. 2010), 61.

34 Cfr. Tamayo, J. J. “El lugar de la teología para otro mundo posible”. Conferencia dictada en el marco del Foro Mundial de Teología y Liberación que tuvo lugar en Porto Alegre del 21 al 25 de enero de 2005, en

http://www.iglesiaviva.org/222/222-31-TAMAYO.pdf

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Irarrázaval, “como personas y grupos sociales somos heterogéneos y cambiantes. La trayectoria humana es elaborada con muchos retazos heredados y con potencialidades inéditas. Constantemente son resignificados nuestros modos de ser”36. Al tratarse de un concepto, un

fenómeno y una característica humana ampliamente estudiada, depende su comprensión en muchos casos, desde la disciplina del saber humano en que se la estudie, y se la comprenda y defina.

Sería un gravísimo error si la teologia, en su quehacer, evadiera tal situación ya que, al ser una temática compleja, conviene entablar, sin dogmatismos ni fundamentalismos, diálogos con las perspectivas socio científicas y hermenéuticas que se dan en el escenario histórico-académico y práxico. Dicho de otro modo, al quehacer teológico, no le es posible dialogar con el mundo sociocultural, científico y hermenéutico, si él mismo no se concibe ampliamente plural, eminentemente pedagógico e interdisciplinar, como el tratamiento mismo de las identidades. En este sentido, la cuestión de las identidades para la teología es moción del Espíritu, “signo de los tiempos” y emergencia de un “loci theologici” profundamente humano. Es pues en estos términos que planteamos dicha relación entre quehacer teológico e identidades. De hecho, y siguiendo a L. Pagán, el quehacer teológico, como disciplina del conocimiento humano, como estructura racional, análisis y pedagogía de la fe, “la comprensión dinámica de la racionalidad en sus distintas manifestaciones, y de la religiosidad, en sus plurales expresiones […] se hacen fenómenos irrefutables. Esto incluye, naturalmente, al quehacer teológico como esfuerzo humano para entender relación del ser humano con lo sagrado, la naturaleza y la sociedad”37.

La teología en estos últimos tiempos vive una especie de descolonización intelectual y espiritual38 en el ámbito político, pedagógico, cultural e investigativo, que quizá no es

coyuntural, sino más bien de corte medular, y en el cual podemos proponer nuevas fuentes para la construcción de la identidad en el contexto actual y de la identidad de la teología misma, dado que desde ella “emerge una creatividad crítica que requiere del diálogo ecuménico, el oír con atención las múltiples voces teológicas y la impresionante polifonía de la oikumene

36 Irarrázaval, D. “Identidad polisémica”, Teología y Vida, Vol. XLVI, No. 4 (2005), 615-624.

37 Rivera Pagán, L. “Entre elegías y herejías” En Vigil, José María (org.). Bajar de la cruz a los pobres. Cristología de la liberación. (Comisión Teológica Internacional de la ASETT-EATWOT) en http://www.servicioskoinonia.org/LibrosDigitales (versión 2.01), 203. Por ejemplo, los teólogos latinoamericanos, muchos de origen europeo, entendieron que la teología acontece no solo como “Misteryum Salutis” sino fundamentalmente “Misteryum Liberationis”.

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cristiana”39. En este sentido, el problema de la comprensión de la identidad y de la construcción

misma de la identidad del quehacer teológico en el campo de las ciencias humanas y en la cotidianidad de los contextos sociales, culturales y religiosos, no le es ajeno sino vinculante epistemológica, ética y teologalmente.

En este panorama repensar la teología y su quehacer es tarea urgente. Deslocalizar o descentrar su eje de interpretación epistemológica eminentemente dependiente casi de manera absoluta de los andamios filosóficos occidentales. El quehacer teológico en su nuda realidad ha de preguntarse por el sentido no sólo antropológico de la existencia humana sino por el sentido del querer de Dios para la vida humana: el acontecer de su designio salvífico en la condición humana que posibilite la humanización hasta el extremo, en diálogo continuo con las diversas ciencias humanas, históricas y sociales, y las diferentes tradiciones teológicas, “dado que lo que en última instancia está en juego en la reflexión teológica es el destino e identidad de la existencia humana en el horizonte de lo sagrado y la solidaridad con toda la creación y la sociedad”40.

39 Ibidem, 204.

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C

APÍTULO

III

P

RETEXTO

GÁLATAS 1, 11-24:

CONSECUENCIAS PEDAGÓGICAS PARA EL QUEHACER TEOLÓGICO

Este capítulo se enfoca fundamentalmente en cómo la forma de texto paulino determina según la construcción de la identidad en Gál 1,11-24 unas consecuencias para la pedagogía de fe. Esta es la médula de la investigación. Para desarrollar tal finalidad, describiremos que estamos entendiendo en el contexto de esta investigación por “pedagogía de fe”, para posteriormente desarrollar lo esencial del capítulo: Gál 1,11-24 como consecuencia para la pedagógica del quehacer teológico. Cerraremos con una especie de epílogo de las cuestiones abiertas que nos dejan tales implicaciones pedagógicas.

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