Pese a las innovaciones que pretende Casares en relación con la catalogación del léxico para los diccionarios del español – novedades que incluso son propuestas a la Academia –, la principal obsesión de Casares es dotar a la lexicografía española de unos fundamentos teóricos acordes con los tiempos. Por esta razón dedicó sus dos obras más destacadas sobre metalexicografía a la lexicografía moderna: la Introducción a la lexicografía moderna, al que podemos considerar el primer tratado sobre teoría lexicográfica realizado en nuestro país, y el artículo Qué es lo moderno en lexicografía, último trabajo que el autor dedicó a la teorización sobre la manera de realizar con un método los diccionarios. En realidad sus ideas sobre este asunto están presentes, con diversa profundidad, en la mayor parte de las obras de Casares quien, en definitiva, pretendió situar la lexicografía española al nivel de otras disciplinas de mayor tradición de análisis teórico314.
313 En la nota que sigue a esta afirmación concreta lo dicho en relación con los diccionarios
ideológicos: ‹‹los diccionarios ideológicos se esfuerzan en reproducir esta estructura íntima del vocabulario; vid, el prefacio de F. Dornseiff, Der deutsche Wortschatz nach Sachgruppen (2ª edición, Berlín-Leipzig, 1940). Al hacer esto, sustituyen el método onomasiológico por el método semántico tradicional: parten de nociones y no de palabras [nota del traductor: el lector español puede consultar con mucho fruto la obra de Julio Casares: Nuevo concepto del diccionario de la
lengua y otros problemas de Lexicología y Gramática. (Madrid, 1941)]››.
314 La novedad de sus ideas posibilitaron que su pensamiento fuera reconocido allende nuestras
fronteras, como han señalado otros autores (Ruiz Gurillo, 1997). Así, un maestro de la lingüística como W. Von Wartburg fue el encargado de prologar su obra más trascendente, la Introducción..., en donde dedica palabras de alabanza tanto al DI (‹‹Pronto hubo que reconocer que dicho libro, por su concepción y realización, aventajaba notablemente a todos los diccionarios descriptivos, incluidos [sic.] los de otras lenguas: el Diccionario Ideológico de la Lengua Española representaba la iniciación de un nuevo rumbo en cuanto a la manera de concebir el significado y las posibilidades de aplicación del diccionario››; en Casares 1992 [1950]: X), como a la obra prologada (‹‹En el libro que hoy se publica, y que en su mayor parte procede de las conferencias pronunciadas por Casares ante sus colaboradores, se proyecta en sus líneas generales el plan de trabajo para tan importante obra. Los que hayan dedicado a la Lexicografía toda su vida no podrán menos de admirar la perspicacia con que el Director de esa empresa monumental va previendo todos aquellos problemas que podrían ser para sus colaboradores motivo de vacilación››; en Casares, 1992 [1950]: XI).
Así mismo, buena prueba del reconocimiento en países foráneos a la labor de Casares es la temprana traducción (1958 concretamente) de la Introducción... a idiomas como el ruso. La prensa (J. M. de Cossío, ABC, 22-5-1959) destacó esta noticia: ‹‹Pero los libros tienen sus hados, como suele decirse en latín, y el de Casares la ha conducido a ser traducido al ruso, en perfecta e
El académico granadino no duda al señalar qué se debe entender por lexicografía moderna; como hemos mencionado en el punto anterior cualquier repertorio lexicográfico que aspire a ser moderno tiene que sostenerse en un proyecto previo que dote a cualquier diccionario de una metodología científica rigurosa:
‹‹Desde el punto de vista adoptado en los mencionados cursillos315 la
lexicografía empieza a ser “moderna” en el momento en que, rebasada la primitiva etapa, puramente literaria, y superada luego la preocupación selectiva (aceptación de unos hechos lingüísticos y repulsa de otros), aparece el criterio científico según el cual todos los materiales léxicos han de merecer la misma atención›› (Casares, 1951: 7)316.
El origen de esta concepción –que Casares señala con la publicación del diccionario de los hermanos Grimm (1832) y, sobre todo, del Diccionario Oxford (1928), repertorios además de tipo histórico con lo que la concepción de modernidad de Casares se refiere en gran medida a las obras de esta clase–, es para nuestro autor consecuencia de las nuevas orientaciones adoptadas por la Lingüística histórica desde el siglo XIX. Fruto de dichos fundamentos es que el lexicógrafo ya no se limita a realizar una lista de palabras con trascripción en otros idiomas ni a recopilar una serie de vocablos de uso recomendable sino que sus preocupaciones van más allá: ‹‹su preocupación desde ahora es la de recoger,
inteligente traducción en la que el prólogo de Wartburg es sustituido por uno, y bien extenso, del gran filólogo ruso G. B. Stemanov, en el que se analiza la obra con plena conciencia de su trascendencia y se la propone como modelo y guía para cualquier empresa similar a la del Diccionario Histórico de la Academia››. Este libro es demandado en países como Rumanía. En una carta fechada el 3-3-1960, el profesor de la Universidad de Bucarest, Nicolae Philipovici pide a Casares algunos ejemplares de este libro ante el interés de los estudiantes de las universidades de Bucarest, Yassi y Cluj.
315 Casares fue el encargado de dirigir un curso, que tuvo lugar en el salón de actos del CSIC, de
seis conferencias con el título genérico de “La Semántica y la estilística como axiales de la Lexicografía” (cfr. ABC, febrero de 1949). Las lecciones de este curso fueron recogidas, junto a los escritos dedicados a la justificación del Seminario de lexicografía, a la planificación del Diccionario Histórico y las ideas pronunciadas en los coloquios organizados por el Instituto de Humanidades, posteriormente en la Introducción... tal y como afirmamos anteriormente en el apartado dedicado a las cuestiones externas de la obra de Casares.
316 Hasta transformarse en moderna la lexicografía, como se vislumbra en la cita anterior, esta
ciencia pasa por dos etapas previas: una primera primitiva, de finalidad principalmente práctica, en la que las múltiples obras existentes ‹‹pretenden facilitar el estudio de otras lenguas, muertas p vivas, o la explicación del vocabulario de la propia›› (Casares, 1951: 8) y, por otra parte, una segunda fase, que comienza en el siglo XVIII, ‹‹caracterizada por el criterio selectivo y estético, que toma como norma el “buen” uso para guiar a los hablantes y escritores por el difícil camino del “buen” gusto›› (Casares, 1951: 9).
estudiar y catalogar todas las creaciones léxicas que se han incorporado a la lengua, sin distinguir un uso bueno y otro malo›› (Casares, 1951: 9).
Si recordamos los precedentes de Casares, el mérito de este argumento no está tanto en la idea en sí, que ya la habían advertido Lenz, Costa Álvarez o Menéndez Pidal, sino en la concreción y vehemencia con la que la expresa el Secretario perpetuo.
Así pues, cualquier diccionario que recoja las unidades lingüísticas según estos parámetros es un diccionario moderno. De este modo, como ya había anticipado en el Nuevo concepto..., los diccionarios ideológicos no son más que uno de los tipos de repertorios que pueden organizar el material seleccionado según unas premisas verdaderamente científicas. Otro asunto es, pues, qué tipo de diccionario es el más eficaz para resolver las dudas al usuario, el verdadero juez de estas obras puesto que es, al fin y al cabo, quien más las maneja. La conclusión al respecto a la que llega Casares, tras examinar las opiniones de autores como R. W. Chapman317 y W. Von Wartburg318, es que la obra más completa no es ni el diccionario por conceptos ni el diccionario histórico-genético –este último es una de las novedades de la lexicografía europea del momento y se convierte, como veremos en el apartado correspondiente, en el modelo que propone Casares para el DHLE–, sino que cada uno de ellos tiene una finalidad determinada:
‹‹Lo que sí espero haber probado [...], es que el más apasionado partidario de la ordenación ideológica, sin sentirse culpable de deserción, puede colaborar con entusiasmo en un diccionario histórico como el que se propone publicar la Academia Española, puesto que no se trata de optar entre dos sistemas, el ideológico (sincrónico) y el histórico (diacrónico), que se excluyan el uno al otro, sino de satisfacer dos finalidades diversas, pero igualmente científicas, que mutuamente se favorecen y completan›› (Casares, 1951: 21).
317 La obra de este autor que nombra Casares se titula Lexicography y fue publicada en 1948, es
decir, sólo tres años antes de la publicación del artículo en el que se encuentra la cita: “Qué es lo moderno en lexicografía”. Es una prueba de que el granadino tuvo tiempo para estar al día de las novedades de teoría lexicográfica europeas. No olvidemos además que en la mayoría de las obras publicadas en un idioma distinto al español, es el mismo Casares quien ejerce de traductor.
318 En el ya mencionado “Prólogo” a la Introducción... el lexicógrafo alemán sólo realiza un pero
al plan estructural que propone Casares para el DHLE: el no postular la ordenación ideológica de todas las unidades sino por abecé (cfr., Casares, 1992 [1950]: XII).
La obra en que la concepción lexicográfica de Casares se muestra de manera más extensa es la Introducción..., colección de discursos pronunciados durante los tres años anteriores, y cuya heterogeneidad es precisamente la que no la hace merecedora de la consideración de tratado o manual de lexicografía teórica propiamente dicho. A pesar de este hecho, la idéntica finalidad de cada uno de los trabajos que componen las cuatro partes fundamentales del libro dotan de coherencia plena al libro:
‹‹Se han reunido trabajos de índole diversa, aunque todos se concibieron con la misma finalidad: exponer los problemas que plantea el progreso de la Lexicografía, en general, y más particularmente en relación con el tratamiento científico del caudal léxico español›› (Casares, 1992 [1950]: XIII).
Esta diversidad de trabajos justifica, además, la no inclusión de bibliografía en este libro319.
A pesar de tales carencias, la Introducción... presenta una estructura propia de una obra de pretensiones científicas. De esta forma, las dos primeras partes están dedicadas a deslindar el objeto de estudio de la Lexicografía y otras disciplinas directamente relacionadas con ella: la lexicología, la etimología, la semántica y la sintaxis320. La tercera trata sobre la manera más adecuada de plasmar las UFS en el diccionario, mientras que la última se centra en la elaboración del plan para el DHLE. La relevancia de tales cuestiones hace necesario que nos ocupemos de cada una de ellas independientemente.
319 El Secretario perpetuo, que utiliza aquí el compuesto lexicografía teórica por primera y casi
única vez en sus estudios de esta índole, es consciente sin embargo de la existencia de algunos estudios de metalexicografía que, sin embargo, no tienen la calidad de los prólogos de los diccionarios modernos: ‹‹Dado el carácter informal con que se presenta esta obra, se comprende que no le cuadre el acostumbrado aparato bibliográfico que, en todo caso, no sería muy copioso. Cabría citar tal o cual artículo de revista o esta o aquella página de los tratados generales de semántica o de lingüística en que se hace de pasada alguna referencia a la Lexicografía en plano teórico; pero la información verdaderamente complementaria para el designio que aquí se persigue se ha de buscar en los prólogos de los grandes diccionarios modernos›› (Casares, 1992 [1950]: XV).
320 Casares tiene muy claro que la Lingüística es un conjunto de varias ciencias, no una serie de
disciplinas, más o menos cercanas pero aisladas. De ahí la dificultad de desvincular los objetivos de cada una estas disciplinas: ‹‹es tan íntima y esencial la interdependencia de las múltiples ramas en que hoy se divide la lingüística, que no es posible cultivar una de ellas sin llamar en su ayuda a las restantes›› (Casares, 1992 [1950]: 29).