DEBT OVERHANG, NATURAL RESOURCES AND GROWTH IN SIERRA LEONE: A PERCEPTIONS AND DOCUMENTS
5.1 METHODOLOGY AND EMPIRICAL ESTIMATION
5.1.2 THE MODEL AND HYPOTHESES
Se conoce como Padres Apostólicos a los autores cristianos que escribieron en los primeros dos siglos de la Iglesia. Su testimonio es valioso, pues se trata de la generación posterior a los Apóstoles. Ellos intentan responder a las situaciones problemáticas por las que atravesaban las comunidades cristianas: tensiones internas, dificultades pastorales. Sus escritos más que especulación son la trasmisión de experiencias de vida, que intentan orientar a los discípulos, p. ej. el manual de normas comunitarias de tipo disciplinar y litúrgico para los predicadores itinerantes, conocido como la Didakhé o doctrina de los Doce; la carta del obispo de Roma, Clemente
103
BARRUFFO, A. Laico. En: FIORES, S. – GOFFI, T. Nuevo diccionario de espiritualidad. 1983. España, Paulinas.796p. Cabe anota la diferencia ontológica que se da entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial.
Romano, dirigida a la Iglesia de Corinto, las cartas de Ignacio de Antioquía que dan a conocer la solidaridad de la Iglesia104.
El surgimiento de nuevas comunidades cristianas y las problemáticas que éstas vivían, entre ellas la aparición de las herejías, originó la progresiva estructuración de las mismas, pues aunque Jesús no le dio a su movimiento un determinado carácter institucional, eso no significa que éste se convirtiese en una comunidad invisible105. Esto ya es notorio en los textos neotestamentarios, especialmente en las cartas pastorales106. Para lograr la unidad en la fe y en la disciplina se llegó a la formación del canon bíblico y la configuración de la sucesión apostólica que demuestre al “Christus praesens” resucitado, en la comunidad unida y en las personas carismáticas que la sirven; luego vendrán la estructuración sacramental y el derecho y finalmente la ministerialidad107.
Por tanto, como dice Leonardo Boff: “lo decisivo de la Iglesia en los tres primeros siglos no fue su aspecto institucional. La unidad era garantizada por el acuerdo de la fe y por el mismo valor por los martyría públicos y no tanto a través de las estructuras institucionales108”. Y en palabras de -Hans Küng-: “esta Iglesia ecuménica de los primeros siglos no era una Iglesia monolítica organizada de un modo centralista, sino más bien una koinonía, o communio, una comunidad de Iglesias, entendida, ante todo, por una forma sacramental- espiritual y no jurídico-institucional.
En definitiva, se trataba de una asociación de Iglesias federadas en la que los diversos obispos locales (o párrocos) se sentían ligados colegialmente, ciertamente subordinados a los metropolitas y patriarcas, reconociendo al obispo de Roma en su calidad de primero de los patriarcas, “primus inter pares”109
. El centralismo por parte del ministerio ordenado se desarrolló a partir del Edicto de Milán, asunto que hemos tratado en el primer capítulo y que llevó a concepciones eclesiológicas y prácticas pastorales de carácter jerarcológico.
104
Para profundizar puede acudir a: PATIÑO FERNÁNDEZ, José. 2005. Los Padres de la Iglesia: Una tradición como búsqueda teológica. 2a ed. Bogotá, San Pablo. 39-82pp.
105
LOHFINK, G. Op. cit. 38p.
106
Con el nombre de cartas pastorales se hace referencia a las dos cartas a Timoteo y la carta a Tito, cuya autoría es atribuida a San Pablo.
107
Cf. ESTRADA, Juan A. 1996. Op. cit:55-62.
108
BOFF, Leonardo. 1983. Op. cit. 80p.
109
KÜNG, Hans. 1986. Cambios de la Iglesia en la Marcha del Pueblo de Dios. [En línea] <http://www.servicioskoinonia.org/relat/265.htm> [12 julio 2007].
Durante este tiempo, todavía se seguía el principio: “lo que a todos afecta debe ser decidido por todos”. Así pues, la distinción de grados en el Orden y la configuración de la imagen de un laicado, durante el siglo III, no significaba exclusión en relación a la misión evangelizadora de la Iglesia, pues los dirigentes de las comunidades son conscientes de que el rumbo misión debe ser acordado por todos. Así lo demuestran los testimonios que presentamos a continuación.
San Cipriano, los cánones de Hipólito y las Constituciones Apostólicas, particularmente el primero, de mediados del siglo III, enuncian el sufragio popular como elemento indispensable para la validez en la elección del obispo; esto también aplica para la ordenación, donde el pueblo expresa al obispo su punto de vista sobre el candidato, en vistas a elegir al más digno110. Queda claro que no es votación popular sino la manifestación del parecer o consentimiento de la comunidad, la cual conoce bien al candidato.
También dice en su epístola XIV, dirigida a sus presbíteros y diáconos: “En cuanto a lo que me han escrito mis hermanos en el sacerdocio, Donato, Fortunato, Novato y Gordio, no he podido responder por mí solo, puesto que desde el principio de mi episcopado determiné no tomar ninguna resolución por mi cuenta sin vuestro consejo y el consentimiento de mi pueblo, Mas cuando con la gracia de Dios llegue a vosotros, entonces trataremos de común acuerdo lo que se ha hecho o ha de hacerse, como lo exige la consideración que nos debemos unos a los otros”111
. Él increpaba los laicos que se querían sustraer de las tareas pastorales, pues éstos son parte del Pueblo de Dios y están obligados a llevar el mensaje de salvación a los demás112.
En el caso de los laicos, éstos participaban en los concilios ecuménicos, provinciales y sínodos, teniendo como modelo el presentado en Hch 15,26- 16,4, (Sínodo de Jerusalén), donde se establece el mecanismo que debe seguirse: la decisión de los apóstoles y presbíteros, que es precedido por el contacto, la acogida y la información por parte de la comunidad. En otros concilios consta que cuando el tema es sacramental, es decir que requería competencia teológica, eran los expertos en esto, los obispos, quienes deciden. Algunos laicos fungían como directores de escuelas, tal es el caso de
110
Cf. CONGAR, Yves. Op. Cit. 288-290pp.
111
CAMPOS, J. 1964. Obras Completas de San Cipriano: T. I. Madrid, B.A.C. 409-412p.
112
Orígenes, otros predican y enseñan, como se atestigua en la Didascalia 11,56 4113. Ellos deben llevar a otros a la Iglesia114.
Por otra parte, atendiendo a la constitución dogmática LG 44, la vida consagrada no pertenece a la estructura jerárquica de la Iglesia. Esta novedosa manera de vivir la fe cristiana apareció hasta la segunda mitad del siglo III; primero en Oriente y luego en Occidente, bajo las formas eremítica y monacal, cuando muchos cristianos laicos emigraron de las ciudades hacia el desierto, con la intención, al parecer, de vivir su fe de una manera más auténtica; debido a la relajación moral que comenzaba a experimentarse en las comunidades cristianas, entre otras razones, a causa del incremento cuantitativo de sus miembros.
Su intención distaba mucho de querer dedicarse a realizar obras apostólicas, profundizar en el estudio o influir en la transformación de la Iglesia y la sociedad. Su gran preocupación no radicaba en lo que debían hacer, sino en lo que debían ser, por lo cual consideraron que era necesaria la “fuga mundi”115. “Los monjes primitivos aspiraban sólo a ser cristianos “sin más”, en
radicalidad, autenticidad y coherencia”116
.
2.1.3 Pronunciamientos magisteriales.