METHODS, PROCEDURES AND TECHNIQUES
POLICY IN THE SADC COUNTRIES
6.4.1 Model Specification
Este proyecto piloto de Prevención Social del Delito, aplicado en el Distrito II se amplió a los distritos III y IV.75 Y fue inspirador de la Dirección de Asuntos Juveniles de la Policía Nacional,
creada en 200 y encabezada por el Comisionado Hamyn Gurdián. La recién creada Dirección de Asuntos Juveniles declara que “propicia, promueve y actúa con un nuevo modelo de atención policial basado en la prevención, rehabilitación y reinserción social de niños, adolescentes y jóvenes junto a la comunidad para promover una cultura de paz.” Ciñéndose al marco jurídico e institucional establecido, esta dirección opta por un modelo policial preventivo para avanzar en el tratamiento de las causas de la violencia y las infracciones cometidas por niños y niñas, adolescentes y jóvenes, no limitándose al modelo reactivo, centrado en las consecuencias. Su objetivo general consiste en “establecer un modelo policial preventivo que pueda avanzar progresivamente en la disminución y tratamiento de la violencia e infracciones a la ley cometidos por niños, niñas, adolescentes y jóvenes, en el marco jurídico e institucional establecido.” (Cordero
75
et al., 2006:140). El diagnóstico policial propone no considerar la violencia juvenil, expresada en
delitos contra las personas y la propiedad, como un fenómeno aislado, sino en sus “nexos con delitos o problemas de otra índole como violencia intrafamiliar, ausentismo escolar, abandono de estudios, abuso de alcohol y de sustancias psicotrópicas.” (Policía Nacional, s.f.)
La creación de esta Dirección de Asuntos Juveniles, en un contexto centroamericano que opta por modelos represivos, ha puesto a la policía nacional nicaragüense en la mira de organismos internacionales. El modelo se ha revelado enormemente rentable en legitimación y generación de fondos: el BID concedió a Nicaragua un préstamo de 7.2 millones dólares destinados a un programa de seguridad ciudadana que tiene por foco la violencia y delincuencia juvenil (Cordero
et al., 2006:78). El mismo Comisionado Hamyn Gurdián ha estado publicitando la excepcionalidad
de la policía nicaragüense: “Hemos presentado nuestras formas de trabajar con la juventud y nos diferencian radicalmente con toda Latinoamérica. Ya no vamos detrás de lo que ocurrió, sino antes de lo que está ocurriendo. Tenemos la relación policía-derechos humanos.” Gurdián insiste en que la policía nicaragüense supera los modelos penales y represivos y busca entender y atender al sujeto en su contexto: “La policía con funciones exclusivamente legalistas y apegadas al concepto legal de que la norma dice ‘roba el que comete el delito de hurto’. Nos vamos a lo penal y entonces nos quedamos muy cortos. Pero nosotros trascendemos lo penal. Nosotros caracterizamos más allá de un enfoque sociológico, criminológico y antropológico. Tenemos un enfoque ecológico, que implica ver al individuo enfocado hacia la sociedad. Y no al revés: la sociedad viendo al individuo y penalizando la pobreza, penalizando los tatuajes.”
La Dirección de Asuntos Juveniles basó sus acciones en un diagnóstico sobre las pandillas: “Se estudiaron las causas de la violencia con 805 jóvenes pandilleros, las principales causas son: extrema pobreza, la desintegración de los hogares, la falta de oportunidades y de educación, anti-valores que insistentemente se reproducen en el seno de la sociedad y la falta de atención gubernamental a los sectores más pobres.” (Cordero et al., 2006:100). También mencionan otros elementos, como el vivir en barrios donde hay pandillas, lo cual supone retomar el enfoque de la asociación diferencial de Sutherland (1988:24): “La hipótesis que sugerimos como sustitutivo de las teorías convencionales es que la delincuencia de cuello blanco, al igual que cualquier otro tipo de delincuencia sistemática, se aprende; se aprende en asociación directa o indirecta con quienes ya la practican; y aquellos que aprenden este comportamiento delincuente dejan de tener contactos frecuentes e íntimos con quienes se comportan de acuerdo con la ley. El hecho de que una persona llegue o no a ser un delincuente está en gran parte determinado por el grado de frecuencia e intensidad de sus contactos con estos tipos de conductas: el delincuente y el que se conforma a la ley. Este proceso puede denominarse proceso de asociación diferencial.”
El diagnóstico policial sitúa el detonante del proceso que conduce a la violencia juvenil organizada en la necesidad de identidad, pertenencia y afecto, que en ciertas condiciones (familiares76)
produce jóvenes vulnerables y en riesgo, jóvenes con problemas de comportamiento y rebeldía. Finalmente se incluyen entre las causas la falta de oportunidades de empleo, la ineficiencia institucional y la impunidad (Policía Nacional, s.f.). La naturaleza ecléctica del diagnóstico (teorías de la anomia, asociación diferencial, subculturas, etc.), lleno de observaciones yuxtapuestas que no acaban de articularse en una explicación de conjunto, debilita su capacidad persuasiva, dispersa el debate y no facilita la edificación de un todo coherente de políticas. De hecho, en la mayor parte de su diagnóstico, la Policía Nacional de Nicaragua incluso se estanca en una etapa pre-Sutherland, buscando y enunciando los elementos psicopáticos y sociopáticos que explican la delincuencia, sin profundizar en las estrategias de diversos grupos sociales ante un cuerpo legal entendido como una construcción social efímera que refleja la correlación de fuerzas entre
grupos sociales de intereses contrapuestos. En definitiva, hay una reificación del concepto de conducta desviada que se pretende corregir: el comportamiento transgresor de normas aparece cualificado valorativamente y considerado como poseedor de una cualidad propia. La policía no cuestiona el crimen de cuello blanco ni las definiciones de crímenes, porque está prisionera en el paradigma positivista que asume como casi “naturales” las reglas cristalizadas en leyes. Se sobreentiende que la policía está para perseguir a los rateros y abigeos, mientras la delincuencia empresarial y estatal es asunto de los medios de comunicación y los partidos políticos, entre otros. ¿Por qué una empresa maquiladora que paga bajos salarios y penaliza la sindicalización no es considerada como asociación para delinquir? La policía no reflexiona siquiera sobre su rol en la criminalización secundaria, que ocurre cuando los pandilleros denuncian que “si algo malo pasa en el barrio, lo primero que hacen es venir a buscarme porque ya tengo el color de vago.” En definitiva, tras el diagnóstico y acciones policiales está la ideología de que hay un grupo de jóvenes problemáticos y no un orden social perverso. Es decir, que más que “jóvenes en riesgo” se trata de “jóvenes que ponen en riesgo” a los ciudadanos satisfechos con el actual estado de cosas. Por eso el primer objetivo específico de la Dirección de Asuntos Juveniles es el establecimiento de un “mapa de riesgo de la violencia y la delincuencia juvenil, así como los costos y el mapa de actores a intervenir.” (Cordero et al., 2006:140). Y de ahí que sus propuestas de tratamiento tengan un énfasis en civilizar: capacitación con familias y en centros escolares sobre drogas, alcoholismo, resolución pacífica de conflictos y valores cívicos; evitar la deserción escolar; creación de espacios públicos recreativos y culturales; capacitación para el empleo; policía comunitaria; y centros de atención de jóvenes con problemas de comportamiento. El énfasis de las acciones con los pandilleros es la educación para formar microempresarios, atención psicológica, actividades de recreación, educación formal, creación de incubadoras microempresariales y apoyo a los mecanismos de comercialización. Se trata de formas de intervenir en los comportamientos seleccionando y ofreciendo ciertos modelos. Se trata de aplicar técnicas de socialización para domar al no tan buen salvaje y para convertirlo en un ser productivo, útil al sistema. Tanto la Secretaría de la Juventud como la Policía Nacional ofrecen programas que domestican: así como en el siglo XIX el trabajo en las fincas cafetaleras se presumía orientado a civilizar a los indígenas, ahora el trabajo –la inserción laboral– es la puerta hacia el mainstream. Por eso las culpas de la violencia se redistribuyen de modo que apenas tangencialmente apunten hacia el Estado y el desorden social. Las causas más abordadas son la familia disfuncional y la desintegración familiar. La unidad de análisis es ubicada en el nivel micro.
El modelo de prevención es presentado como un modelo proactivo, que trata de llegar a la niñez, adolescencia y juventud antes de que “pasen la línea que está entre el riesgo y la delincuencia.” Se presenta igualmente como un modelo que “trata de rescatar también a los jóvenes que han cometido delitos para darles una oportunidad en la vida y que se sientan valorados como jóvenes.” (Cordero et al., 2006:65). En los primeros experimentos del modelo, a los diagnósticos siguió la aplicación de un plan dividido en etapas. De las 805 personas estudiadas, 460 se apegaron al Plan de la Policía Nacional. Con esos 460 jóvenes se inició una segunda fase del Plan armisticio, que incluía su desalzamiento. Con otros grupos se ha avanzado hasta obtener 40 empleos permanentes para jóvenes, reinserción de 40 jóvenes en el sistema de educación formal, integración de 124 jóvenes al trabajo de seguridad en eventos como Expica 2002 y Bazar de Verano 2002, 12 becados en politécnicos, participación en eventos religiosos con las iglesias católica y evangélicas, conformación de una liga juvenil de baseball con 4 equipos, conformación de una liga juvenil de futball patrocinada por la empresa privada y el Ministerio de Gobernación y realización de la Primera Copa de la Amistad con la participación de 69 equipos integrados por 664 niños, niñas y adolescentes (Cordero et al., 2006:100-101).