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Chapter Two: Theories and Models of Technology Acceptance

2.10 The Model of PC Utilization (MPCU)

Introducción

El territorio es un espacio privilegiado donde tienen lugar las relaciones sociales. Es el espacio donde las personas viven y trabajan, donde tienen lugar las relaciones familiares y las instituciones públicas y privadas intervienen para regular la sociedad; asimismo es el espacio donde la cultura local se sedimenta (Garófoli, 1995). Para quienes lo habitan, un territorio puede representar una trampa de pobreza y subdesarrollo o una oportunidad de mejorar el nivel de vida en la medida en que se aprovechen sus vocaciones.

La extensión de un país no es, por sí misma, un factor de progreso o estancamiento. Hay evidencia que señala que países con una extensión similar a la de El Salvador (i.e. Eslovenia e Israel) han sabido aprovechar su territorio y alcanzado niveles de desarrollo humano alto. Inclusive, países con extensiones que representan menos del 5% del territorio nacional (i.e. Singapur) han sido exitosos en la creación de empleos y de

niveles de vida gratificantes para sus ciudadanos.

Por otro lado, hay países con vastos territorios y recursos que no han sido convertidos en una ventaja para el desarrollo. Es decir, contar con pequeños o grandes territorios no marca la diferencia. La diferencia está en traducir las vocaciones del territorio en oportunidades para la gente.

Este capítulo se divide en cuatro secciones.

La primera reflexiona sobre las diferentes

alternativas para la gestión del desarrollo desde el territorio. En la segunda sección se presenta un diagnóstico del empleo y del desarrollo humano en las distintas regiones del país diferenciadas por la Comisión Nacional de Desarrollo (CND, 1998 y 2000) y se plantea la reivindicación del territorio y de sus vocaciones como un ámbito de oportunidades para la generación de empleo.

En la tercera sección se bosquejan las potencialidades de las regiones para lograr mejores niveles de vida y, sobre todo, mayor equidad en la oferta de oportunidades laborales. En la cuarta se presentan los requerimientos para

aprovechar las potencialidades identificadas para

impulsar una estrategia de desarrollo territorial. En general, las ideas-fuerza de este capítulo muestran que El Salvador cuenta con los

elementos necesarios para que en todo su

territorio se genere suficiente trabajo decente.

No es un país con regiones desprovistas de porvenir. Es un país con regiones que tienen futuro: potenciales turísticos, ubicaciones logísticas envidiables y un pueblo creativo y trabajador. Por tanto, hacer del territorio un activo para el desarrollo constituye una condición fundamental de cualquier apuesta estratégica encaminada a alcanzar un desarrollo

humano alto que dignifique a los trabajadores y

a la población en general.

Visión regional para el desarrollo

En años recientes, el desarrollo local, la descentralización y el uso del territorio como un activo para la generación de empleo han tenido resonancia en el debate nacional y en la puesta en marcha de experiencias territoriales novedosas. Muchos de los procesos dejan como principal lección que la organización político-administrativa del país no se ajusta a

la configuración actual de los tejidos sociales,

económicos, ambientales y culturales en el ámbito local, ni responde a la necesidad de contar con motores creadores de empleo en el territorio.

En el marco de ese debate, diversas organizaciones se han pronunciado y presentado propuestas para enfrentar el desafío de alcanzar un desarrollo territorial balanceado, en las cuales se sugiere desde la reducción del número de municipios hasta la constitución de regiones.

De acuerdo con la Red para el Desarrollo Local, “el desarrollo territorial enfrenta una situación de excesivo fraccionamiento y heterogeneidad municipal y una división político-administrativa del país que ya no responde a las dinámicas actuales del desarrollo nacional” (PNUD, 2004). En la Estrategia Nacional de Desarrollo Local, formulada en 1999 por el Grupo Consultivo convocado por el Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local (FISDL), se enfatizaba la necesidad de

“transformar y unificar el marco territorial

en el cual se da la reforma institucional de los dos niveles de gobierno, nacional y municipal” (PNUD, 2004). La Comisión Nacional de Desarrollo (CND), en las Bases del Plan de

La extensión de un país no es, por sí misma, un factor de progreso o estancamiento. Esto significa que contar con pequeños o grandes territorios no marca la diferencia en el desarrollo de las naciones. La diferencia está en traducir las vocaciones del territorio en oportunidades

Nación, señalaba que “la actual concentración de decisiones gubernamentales, actividades económicas y servicios públicos es incompatible con el desarrollo integral de El Salvador; y la atomización municipal no es una forma viable de descentralización” (CND, 1998). Por su parte, la Política Nacional de Ordenamiento y Desarrollo Territorial (PNODT) subraya que en el país ha privado la toma de decisiones sectorial y poco articulada a la base territorial, lo cual plantea tres importantes desafíos: resolver la inequidad territorial, reducir la vulnerabilidad y mejorar la competitividad territorial (MOP, 2007).

Frente a esta problemática, la construcción de espacios intermedios de gestión territorial, entre el Estado nacional y la escala más “local” (municipio), aparece como una necesidad ineludible si se pretende realizar una gestión inteligente, que contribuya a mayores niveles de desarrollo humano y a la creación de trabajo decente a lo largo del territorio. Además, la adopción de una visión regional para el desarrollo se convierte en una necesidad si se pretende lograr una gestión integrada del desarrollo que aproveche las potencialidades de cada territorio y contrarreste la tendencia concentradora de la región Metropolitana.

En el presente Informe se retoma la propuesta territorial formulada por la CND de dividir al país en cinco regiones, porque permite entender los desafíos y oportunidades para el desarrollo territorial de mejor manera que la división político-administrativa convencional del país a escala departamental, municipal o de mancomunidades. Las cinco regiones de dicha propuesta son la región Norte del Río Lempa, la región del Golfo de Fonseca, la región Centro-Sur Comalapa, la región de Los Volcanes y la región Metropolitana del Gran San Salvador (véase mapa 6.1). A cada una de estas, la CND les atribuye un eje esencial o apuesta estratégica. Tal propuesta, planteada en el documento Acciones territoriales del Plan de Nación (CND, 2000), reconoce que el desarrollo humano requiere una escala espacial mínima, que se asocia al concepto de región, y que acoja un volumen de población que genere y sostenga una dinámica económica. El departamento podría ser tomado como una célula para el desarrollo espacial, pero la agregación de dos

La construcción de espacios intermedios de gestión territorial, entre el Estado nacional y las municipalidades, es una necesidad ineludible para alcanzar mayores niveles de desarrollo humano y para crear oportunidades de trabajo decente a lo largo del territorio

o más departamentos (es decir, una región), se acerca mejor al análisis de los conglomerados sociales que se articulan en los corredores económicos o ejes de desarrollo (PNUD, 2002). Asimismo, la propuesta de la CND se vincula con la necesidad de redimensionar el papel de los territorios, reorientar la inversión pública y crear mejores condiciones para la desconcentración y la descentralización del Estado.

A la vez, el aprovechamiento de las potencialidades del territorio implica una visión integral del desarrollo que incluye una adecuada gestión medio ambiental. En El Salvador, la atención de las políticas públicas en materia de crecimiento económico ha tendido a concentrarse en aspectos macroeconómicos. Con frecuencia se ha perdido de vista la relevancia que los recursos naturales del país y la calidad ambiental tienen como determinantes de la competitividad y de la atracción de inversión. Entre diversos grupos del sector público y privado prevalece la idea de que el desempeño ambiental tiene poca o ninguna relación con el clima de negocios o, peor aún, que constituye solo un costo de transacción para los negocios y el crecimiento económico.

Frente a este tipo de visiones, es imperativo subrayar que, si bien la competitividad y el desarrollo dependen de variables macroeconómicas, políticas, institucionales y sociales, los aspectos microeconómicos de la competitividad basados en la calidad del ambiente son determinantes para la capacidad de un país. La experiencia de empresas en países desarrollados así como numerosos estudios ofrecen amplia evidencia de que un mejor desempeño ambiental está positivamente relacionado con la calidad del clima de negocios. Algunos de los hallazgos más relevantes del Reporte de competitividad global 2007-2008 (World Economic Forum, 2007) indican que las empresas de los países más competitivos del mundo, incluyendo Japón, Alemania, Suecia, Dinamarca e Irlanda, opinan que las regulaciones ambientales de sus países aumentan su competitividad y rentabilidad. De hecho, también en los países en desarrollo la mejora de las normas ambientales incrementa la competitividad y estimula la inversión extranjera. Está demostrado que la globalización tiende

a penalizar los bajos niveles de desempeño ambiental a medida que las tendencias de los mercados internacionales favorecen el comercio de bienes y servicios que se originan en procesos productivos amigables con el medio ambiente. El hecho de que los países con mejores regulaciones ambientales sean también líderes mundiales en competitividad no es una casualidad (Pratt, Rivera y Quiroga, 2005).

También en el caso de El Salvador, su potencial de desarrollo para un futuro más competitivo está estrechamente relacionado con el desarrollo balanceado de su territorio y el manejo adecuado de su medio ambiente. Los desafíos que el país debe enfrentar en este terreno son ingentes. Tal como lo señalaba la Estrategia nacional del medio ambiente

(MARN, 2004), las presiones sobre el ambiente generadas por actividades humanas en El Salvador en las últimas tres décadas han ocasionado una sensible reducción en la calidad y cantidad de sus recursos naturales. De no revertirse este proceso, el potencial del país para desarrollar industrias impulsadas por la inversión y la innovación –tales como los agronegocios de alto valor agregado, la industria alimentaria, el turismo y otras industrias que dependen de los

recursos naturales– se verá significativamente

mermado. En tal sentido, un buen desempeño ambiental constituye un requisito para lograr mayores accesos a mercados y mayor productividad y calidad en las inversiones, así como para impulsar una estrategia de crecimiento económico que reduzca la pobreza, incremente el desarrollo humano y que sea ambientalmente sostenible.

Diagnóstico del empleo y del desarrollo humano en las regiones

Como se ha mencionado en el capítulo 2 de este Informe, el objetivo primordial de cualquier estrategia o pacto social inspirado en el paradigma del desarrollo humano debiera ser el que todas las personas en edad de trabajar, y con capacidad y voluntad de hacerlo, dispongan de un empleo productivo, higiénico, seguro, bien remunerado y protegido con redes de seguridad social.

Sin embargo, las capacidades de generación

de trabajo decente difieren mucho entre

regiones, quizá como consecuencia de haber seguido “un enfoque de desarrollo con distorsiones graves y profundas, en el que territorios, segmentos poblacionales e importantes sectores económicos han sido ignorados y excluidos de las decisiones y

beneficios del desarrollo” (CND, 2000). No

se ha tomado en cuenta que “El Salvador no es un espacio homogéneo” sino que está constituido por “un conjunto diferenciado de realidades territoriales” (PNUD, 2005).

La diferenciación territorial de la economía y del empleo obedece a muchas variables.

Algunas son de índole geológica o geográfica,

tales como las características de los suelos y la disponibilidad de agua. Otras, de índole histórica, que podrían tener carácter secular, tales como la cercanía a rutas comerciales o la distribución de la propiedad sobre la tierra y

otros recursos naturales, podrían haber influido

sobre la acumulación económica posterior.

El capital humano en el territorio Distribución de la población

Los cambios demográficos ocurridos en el país

desde 1950 al 2006 han sido rápidos y drásticos. La población salvadoreña de hoy es más grande, más urbana, más instruida y con más salud. En los últimos 50 años, la población total se triplicó1.

La proporción de la población clasificada como

rural disminuyó de 74.3% a 40% entre 1950 y 2006. Por otro lado, de acuerdo con las cifras presentadas a partir del VI Censo de población

(MINEC y DIGESTYC, 2008), se reporta que la esperanza de vida al nacer ha aumentado de 45.3 años en 1950 hasta un poco más de 70 años en 2007; mientras que el analfabetismo se redujo, de 61% en 1950, a 16% en 2007.

No obstante que ha habido mejoras palpables en los indicadores socioeconómicos a lo largo del país, los patrones de generación de empleo y de distribución de la actividad económica continúan mostrando una marcada heterogeneidad territorial.

Como se observa en el gráfico 6.1, la región

Metropolitana cuenta con el menor grado de

Un buen desempeño ambiental es requisito para lograr mayor acceso a mercados y mayor productividad y calidad en las inversiones, así como para impulsar una estrategia de crecimiento económico que reduzca la pobreza e incremente el desarrollo humano

ruralidad (15%), como resultado de los fuertes procesos de urbanización experimentados. De

acuerdo con la Oficina de Planificación del Área

Metropolitana de San Salvador (OPAMSS), el área urbanizada de esta región aumentó de 5,200 hectáreas en 1966 a aproximadamente 10,000 hectáreas en 1995 (OPAMSS, 2008). La urbanización no ha tenido la misma intensidad en las otras regiones del país: los grados de ruralidad van desde 42% en la región de Los Volcanes, hasta un máximo de 65% en la región del Norte del Lempa.

En términos de la aglomeración espacial de la población, las regiones muestran también

marcadas disparidades (véase gráfico 6.2).

La región Metropolitana concentra un poco menos del 40% de la población total, así como a 7 de las 10 ciudades más grandes del país. Las regiones del Golfo y de Los Volcanes, por su parte, concentran cerca del 21% de la población

total, respectivamente. Por último, las regiones de Comalapa y Norte del Lempa únicamente aglutinan al 11% y 9% de la población total, respectivamente.

Las disparidades regionales tienen costos económicos y sociales. En particular, la excesiva aglomeración espacial de la población tiene altos costos en términos de pérdidas de crecimiento económico. Un estudio del Banco Mundial (Henderson, 2000), basado en una muestra de ochenta países con datos quinquenales para el período 1960-1995, encontró que, para

el caso específico de El Salvador, la excesiva

concentración de la población representa una pérdida de crecimiento económico de 1.1% anual2. Los costos para un país por la excesiva

aglomeración no se confinan a pérdidas de

crecimiento económico, sino que comprenden también aumentos de la tasa de mortalidad infantil, del número de alumnos por maestro

Mapa 6.1. Regionalización de El Salvador propuesta por CND

Gráfico 6.1 Grado de ruralidad de las regiones

Fuente: Elaboración propia con base en MINEC Y DIGESTYC, 2008.

0 10 20 30 40 50 60 70 Metropolitana Los Volcanes Centro Sur Comalapa Golfo Norte del Lempa Po rc en ta je 15 42 52 58 65

en las escuelas y del uso de agua contaminada3.

De especial importancia es el costo en términos de la inestabilidad macroeconómica que resulta de las disparidades territoriales. Como señalan Gaviria y Stein (2000), en países con acentuadas diferencias territoriales de población, las tasas de crecimiento son más volátiles que en países con estructuras regionales de población más balanceadas. Es decir, una distribución más homogénea de la población tiende a fortalecer la estabilidad económica.

Logros educacionales

En cuanto al acceso a educación, nuevamente existen grandes diferencias entre regiones. Para el cálculo se han considerado dos indicadores de educación, a saber la escolaridad promedio y la tasa de alfabetización.

Como se muestra en el gráfico 6.3, la región

líder en términos de la escolaridad promedio de sus habitantes es la región Metropolitana, con 7.5 años de estudios aprobados, lo cual representa 1.7 años de estudio más que el promedio nacional al 2006 (5.8 años de estudio aprobados). Las cuatro regiones restantes muestran logros bastante

deficientes si se comparan con el nivel de la

región Metropolitana e incluso con el promedio nacional. La segunda región mejor posicionada es la de Comalapa (5.3 años de estudio), seguida por la de Los Volcanes, con 5.2 años de estudio. En el tramo más bajo se encuentran la región del Golfo y la del Norte del Lempa, con 4.7 y 4.4 años de estudio aprobados, respectivamente.

Una situación similar ocurre con las tasas de alfabetización. La región Metropolitana despunta (90.3%) y se coloca 9 puntos porcentuales por encima de la región que le sigue (Comalapa, 81.2%). Luego se encuentran la región de Los Volcanes, Norte del Lempa y del Golfo, con 80.6%, 76.1% y 73.6% de la población alfabetizada, respectivamente.

Dinámica económica La generación de riqueza

Las regiones del país, además de las disparidades

demográfica y educativa, tienen una muy

desigual distribución de la producción. La

región Metropolitana es la principal generadora de riqueza, equivalente en términos absolutos a la producción acumulada de las otras cuatro regiones. Entre la región Metropolitana y la del Norte del Lempa (la que genera menos riqueza) existe una relación de 11 a 1 en el PIB regional4. La región Metropolitana es, pues,

el centro económico de El Salvador (véase

gráfico 6.4).

En términos relativos, el dinamismo económico de la región Metropolitana aporta un 58% del PIB nacional, seguido por el 15% que aportan, cada una, la región de Los Volcanes y la del Golfo, y por el 7% y 5% de la región de Comalapa y Norte del Lempa, respectivamente

(véase gráfico 6.5).

La concentración de la producción nacional en la región Metropolitana tiene que ver con la distribución espacial de los establecimientos

económicos (véase gráfico 6.6). El 47.1% de los

establecimientos están localizados en la región Metropolitana, mientras que, en el otro extremo, en la región Norte del Lempa únicamente se localizan el 5.9%. Por otra parte, el número de ocupados por establecimiento en la región Metropolitana es el doble de las otras regiones.

Oportunidades de empleo

Uno de los retos que la mayoría de países

enfrenta es crear empleos que dignifiquen

a su gente a lo largo de su territorio. El Salvador no es la excepción. En parte, las estadísticas de subutilización laboral y demás

Gráfico 6.2 Aporte poblacional por regiones (en porcentaje)

Fuente: Elaboración propia con base en MINEC Y DIGESTYC, 2008.

Región Norte de Lempa

Región Los Volcanes Región Golfo de Fonseca

Región Centro Sur Comalapa Región Metropolitana 9 21 21 11 40

indicadores reportados en el capítulo 2 de este Informe resultan de una combinación de factores tales como la concentración de actividades productivas en una sola región, los bajos niveles educativos de la población en la periferia y la escasa infraestructura con la que se cuenta fuera de la región Metropolitana, entre otros. La conjunción de esos factores, aunada a la falta de una estrategia de creación de empleo que aproveche las ventajas del territorio, profundiza los problemas de acceso a empleos que permitan ampliar las opciones y capacidades de la gente.

Para romper el círculo vicioso de la falta de oportunidades laborales en la propia localidad, mucha gente sale de sus lugares de origen en busca de mejores opciones, ya sea hacia regiones más prósperas dentro del país –lo cual implica mayor concentración de trabajadores y menor probabilidad de acceder a un trabajo digno en esas regiones– o hacia el exterior, principalmente a los Estados Unidos de Norteamérica. Permanecer en el lugar de origen implica estar destinado a un empleo

deficiente, no solo en términos de ingresos,

sino en cuanto al desaprovechamiento de capacidades productiva e innovadora.

En términos generales, la región Metropolitana ofrece la mayoría de oportunidades de empleo al interior del país. Cinco de cada diez empleos se generan en ella. También en términos de la calidad del trabajo, la región Metropolitana ofrece las mejores oportunidades. Al otro extremo se sitúa la región Norte del Lempa. Las tres regiones restantes se

encuentran en una situación intermedia y son